Estructura Social y Liderazgo en Manadas de Lobos: Lecciones para el Trabajo en Equipo
Los lobos, con su presencia imponente en campañas publicitarias, películas y logotipos, nos inspiran por sus cualidades físicas y su estructura social. La naturaleza, paradigma de eficiencia, nos ofrece valiosas lecciones sobre cómo gestionar nuestras relaciones sociales y laborales. Trabajar en equipo puede ser un desafío, pero imitar a los lobos, que viven en manadas, cooperan y ejemplifican el trabajo en equipo, puede marcar la diferencia.
Para que el trabajo en equipo sea exitoso, se necesita confianza entre los miembros, compromiso con el proyecto y una clara comprensión de la misión de cada uno. En la naturaleza, animales como los lobos demuestran un alto nivel de sociabilidad y cooperación.
Una manada de lobos mostrando cohesión y movimiento coordinado.
Cómo ser un líder al estilo de los lobos
Gestionar grupos de personas implica lidiar con emociones. Aunque antes se pensaba que el conocimiento del negocio era suficiente para ser un buen jefe, ahora sabemos que las emociones desempeñan un papel fundamental. Un líder debe esforzarse por tener trabajadores satisfechos y felices.
Otro consejo valioso es aprender de las abejas melíferas y estar dispuesto a recibir retroalimentación de compañeros y superiores para mejorar continuamente. La comunicación efectiva es clave para evitar malentendidos y fomentar un ambiente de trabajo colaborativo.
#33 "La Sabiduría de los Lobos" por Elli H. Radinger | Lecciones de vida, liderazgo y conexión
Es común querer evitar los malentendidos entre compañeros, amigos, la pareja o el jefe. Para los animales, los conflictos forman parte de la vida y, por lo tanto, se lo toman como algo normal. Surgen cuando los intereses de dos partes no coinciden. Usemos de los animales sus métodos de reconciliación para poner en práctica en la oficina. No se trata de evitar los conflictos sino impedir que sean destructivos.
El mito de la dominancia en las manadas de lobos
Durante mucho tiempo, se ha creído que las relaciones jerárquicas entre perros y lobos se basan en la dominancia y la sumisión. Investigaciones realizadas en el siglo XX, con manadas de lobos en cautividad, llevaron a clasificar a los miembros en alfas, betas y omegas, según su posición en una jerarquía rígida y dinámica.
Sin embargo, estudios más recientes han cuestionado estas conclusiones, señalando que las manadas en libertad están formadas por familias, con una pareja reproductora y sus descendientes. L. David Mech, en sus estudios sobre los lobos de la isla de Ellesmere en Canadá, observó que los ejemplares adultos se separan del grupo para formar sus propias manadas.
La diferencia entre las manadas en cautividad y en libertad radica en las relaciones conductuales. Mech explica que aplicar la información extraída de lobos en cautividad a la estructura familiar de las manadas en libertad es como "intentar sacar conclusiones sobre la dinámica de una familia de seres humanos a partir del estudio de seres humanos en campos de refugiados".
Una familia de lobos en su entorno natural.
El perro: ¿un lobo domesticado?
Aunque tradicionalmente se creía que los lobos dominantes exigían sumisión a los demás, estudios modernos sugieren lo contrario. Los miembros de la manada muestran posturas sumisas al dominante de forma voluntaria, para evitar conflictos. La Dra. Myrna Milani señala que los ejemplares que pretenden dominar con la fuerza bruta tienen menos posibilidades de subsistir.
Además, se cuestiona si las conclusiones sobre la jerarquía en las manadas de lobos son válidas para el perro. El perro no es un lobo, y aunque existen similitudes, también hay diferencias significativas. Estudios demuestran que los perros pueden comunicarse con los humanos de manera más efectiva que los lobos, gracias a años de domesticación.
Todo esto implica que la relación con nuestros perros no tiene por qué estar basada en la jerarquía y el sometimiento. Demostraciones de fuerza solo conducen a una pérdida de confianza del perro hacia nosotros.
Dominancia vs. Mala educación
La dominancia se define como la necesidad de ser importante, de influir y manejar el ambiente. Es una característica de la personalidad que se moldea con el tiempo. Una buena educación crea un ser equilibrado, con buena resistencia a la frustración y suficiente autocontrol.
Si bien en cualquier grupo social debe haber un orden, no está claro que ese orden sea tan importante para los perros como para ser el núcleo central de su educación y de sus problemas. Es muy habitual que la jerarquía sirva para explicar un amplio abanico de trastornos: cuando es agresivo con las personas o con otros perros, cuando se mea en la cama del dueño, cuando roba comida de la mesa… Que un perro gruña mientras come es tomado habitualmente como un síntoma de dominancia.
Ser dominante no significa ser agresivo, y ser agresivo no significa ser dominante. La mayor parte de las veces en que un perro tiene tiranizados a los dueños o les agrede el problema es de educación, no de jerarquías. Al perro le deben quedar claro los límites y las normas que reinan en casa para la convivencia de todos y tiene que saber que depende de los dueños para sus necesidades básicas. Si se hace bien, el perro aprenderá rápido y sin necesidad de usar ningún tipo de violencia.
El profesional del mundo canino debe avanzar junto con la ciencia y buscar la mejor relación posible entre el perro y su dueño. Actuar como «el líder de la manada» en casa, con nuestros perros, es una idea que ya no comparte la comunidad científica dedicada al estudio del perro doméstico y del lobo.
Si bien ningún estudio científico pone hasta ahora en entredicho el parentesco entre el perro y el lobo, no podemos obviar que se trata de cánidos diferentes. Como tales, presentan características distintas y su comportamiento no está regido por las mismas pautas. Estudios llevados a cabodurante la década de los 70 determinaron la importancia de las relaciones jerárquicas en manadas de lobos en cautividad. Inmediatamente, estos conceptos se extrapolaron al perro doméstico, dando lugar a teorías que hacían hincapié en la voluntad de nuestros perros de ostentar la posición más alta dentro de la manada (la familia en la que vivían).
Hoy en día se sabe que los lobos, cuando han sido estudiados en condiciones de libertad y no en cautividad, muestran una proporción muy baja (prácticamente anecdótica) de conductas agresivas hacia miembros de su propia manada. Su estructura es la de una familia, con el padre y la madre (la pareja reproductora) por encima y los cachorros de ese año y el anterior por debajo. Cada miembro ocupa su lugar en la manada (família) y raramente se producen conflictos. Existe una jerarquía, pero no se establece mediante la lucha sinó que tiene un origen afiliativo.
Estudios científicos muestran que la mayoría de los perros que presentan «agresividad por dominancia» no hacen ejercicio suficiente, son más miedosos, más excitables y reaccionan más a los ruidos intensos. Todo esto no encaja demasiado con la imagen de Alfa, ¿verdad? Por supuesto, algunas normas de obediencia básica son recomendables y necesarias para mantener la harmonía en el hogar.
Una pareja de lobos alfa, mostrando liderazgo y cohesión.
El líder actúa, cómo no, desde dentro de la manada. Está ahí cuando hay que estar. En los momentos oportunos. En la empresa, pasa lo mismo, tú puedes ser líder. Pero ser líder significa que estés ahí. A veces te tienes que posicionar atrás, observar y empujar a tu equipo. Otras te tocará meterte en medio, sentirlos a todos y actuar en consecuencia. Lo que no puedes es estar como la vieja loba solitaria. Su subsistencia es dura. Ha perdido su entorno social, su capacidad de caza en equipo y su diferenciación como manada.
En el mundo del comportamiento y la educación canina existe un mito arraigado que ha influenciado durante décadas la manera en la que entendemos la relación con nuestros perros, el mito de la dominancia. Este ha guiado algunas de las corrientes más populares dentro del mundo del adiestramiento e incluso ha sido utilizado como justificación de situaciones de maltrato que hemos dado por normalizadas.
Desde libros hasta programas de televisión, hemos sido bombardeados con la idea de que nuestros perros buscan constantemente ascender en la jerarquía social y ponerse por encima de su tutor. Para contrarrestar esto, nos han dicho que tenemos que erigirnos como “el líder de la manada” para hacer a nuestro perro “sumiso” a través de someterlo con técnicas como el Alpha roll, toques, tirones de correa, gritos, golpes…
Estas técnicas, a parte de no tener ninguna evidencia científica, comprometen gravemente el bienestar de nuestros perros, pudiendo a ocasionar diferentes lesiones a nivel físico, así como consecuencias emocionales, como indefensión aprendida y estrés postraumático.
Alternativas al enfoque de la dominancia
En lugar de establecer nuestra autoridad como líderes de una manada que directamente no existe, debemos cultivar una relación sana basada en la confianza y el respeto, comunicación y comprensión del perro e importancia del vínculo entre guía y perro para una mejor calidad de vida para ambos. Algunos consejos prácticos para la vida cotidiana serían aprender a leer e interpretar el lenguaje canino para comprender mejor a nuestro compi y por tanto, a comunicarnos mejor con él; establecer rutinas y prevenir riesgos, para ayudar al perro a prepararse emocionalmente para lo que viene a continuación, y prevenir situaciones conflictivas y ofrecer alternativas a estas; y fomentar la confianza y la cooperación, para obtener una relación basada en la colaboración y el respeto mutuo.
