Leonardo Da Vinci y su Códice para el Liderazgo: Lecciones de un Genio para la Empresa del Siglo XXI
Leonardo da Vinci, el gran artista del Renacimiento y modelo del uomo universale, fue también un genio científico. Aparte de su exquisita y escasa obra pictórica, hubo un Leonardo dedicado a la observación rigurosa, el experimento y la formulación exacta de principios generales a partir de la experiencia empírica.
Lo observamos en los miles de páginas de sus cuadernos de notas, que solo han empezado a ser estudiados a fondo en las últimas décadas. En ellos, encontramos anticipaciones de muchos desarrollos posteriores de la ciencia moderna. Sus contemporáneos sabían que Leonardo dedicaba buena parte de su tiempo al estudio de la filosofía natural, que es como se llamaba a la ciencia entonces. De ello, se conservan más de seis mil páginas de los cuadernos de Leonardo. Contienen miles de dibujos y gráficos acompañados de textos deliberadamente crípticos, como fragmentos escritos de derecha a izquierda, que deben leerse con un espejo. Estos cuadernos se hallan esparcidos por toda Europa formando parte de colecciones privadas. Los tratados que Leonardo tenía la intención de publicar abarcaban todo tipo de disciplinas, desde las matemáticas a la anatomía.
Este legado describe la figura de Leonardo, y en el contexto del coaching con propósito, también se le presenta como emprendedor. Pero aquí no nos interesa analizar su genio científico, sino el estudio de las principales lecciones de Leonardo, aplicables de forma imprescindible al desarrollo de cualquier liderazgo emprendedor o liderazgo transformador, y por extensión al desarrollo personal y profesional de los directivos y ejecutivos de cualquier organización.
Para ello, nos basaremos en el libro «Leonardo, el primero que se comió el queso o las grandes lecciones de Leonardo Da Vinci para dirigir con éxito el cambio de época», de Ramón Montaner (2002). Este libro utiliza como título la analogía de un best seller de la época, titulado «¿Quién se ha llevado mi queso?» de Spencer Johnson, una fábula sobre inteligencia emocional y gestión del cambio. En el libro de Montaner, se nos cuenta que a Leonardo le tocó vivir también en un cambio de época, y se nos presenta como un modelo a imitar, extrayendo la esencia de su pensamiento a través del análisis de sus hechos, pensamientos y, sobre todo, su actitud frente a la vida y los cambios.
La Marca Leonardo Da Vinci y el Talento
Son muchos los misterios que se esconden tras la genialidad de Leonardo da Vinci, quien fue capaz de forjar una marca que no se ha depreciado después de varios siglos. Juan Carlos Cubeiro, uno de los mejores expertos españoles en desarrollo del talento, liderazgo y coaching, afirma que la marca Leonardo da Vinci posee un valor que puede calcularse, como el de cualquier empresa, artista o deportista con alta reputación. Hay compañías especializadas en ello y, según David Aaker, gurú en el tema, la marca Leonardo valdría más que la Coca-Cola, estimada en unos 70.000 millones de dólares (50.000 millones de euros).
Lo curioso es que Leonardo no se propuso convertirse en la marca del genio por excelencia, sino que acabó sus días en la Francia de Francisco I. Los franceses, a lo largo de la historia, han sido los mejores embajadores de cualquier marca, y no olvidemos que la cuarta parte de la obra pictórica de Da Vinci se encuentra en el Louvre, el primer museo abierto al público. A lo largo de 500 años, Leonardo ha sido biografiado por Giorgio Vasari en el siglo XVI, autor de un famoso Tratado de la pintura en el XVII, el preferido de los academicistas franceses de bellas artes en el XVIII, y de los apasionados de la independencia italiana en el XIX. Ha sido considerado “el primer científico” y, más recientemente, inspirador de los estadounidenses amantes del esoterismo, que han querido ver en su obra La última cena, San Juan y la Gioconda mensajes heréticos. No hay un Leonardo, sino varios, y todos muy atractivos. Todos tenemos en mente su famoso autorretrato, como una especie de Sócrates, Merlín o chamán occidental. La marca Leonardo se reinventa a sí misma cada cierto tiempo.
Leonardo tuvo hasta 16 ocupaciones: pintor, escultor, arquitecto, diseñador de interiores, anatomista, ingeniero, agrónomo, óptico, geólogo, botánico, urbanista, músico, gastrónomo, matemático, organizador de fiestas y, supuestamente, filósofo herético. Fue un alma inquieta y profundamente observadora. Hoy sería imposible dominar tantas ciencias y artes a la vez. Afortunadamente, son los equipos formados por personalidades complementarias los que pueden actuar como una mente leonardesca. Cuando la polivalencia se entiende como flexibilidad, como adaptabilidad al entorno cambiante, como inteligencia contextual, es una ventaja en el mundo de los negocios. Cuando se interpreta como que las personas somos intercambiables, como creía y aceptaba el taylorismo clásico, hoy es un absurdo peligroso. Las personas no valemos para todo. El talento requiere de vocación y de disfrute.
En opinión de Juan Carlos Cubeiro, la gran lección de la vida y obra de Leonardo es que la genialidad no es cuestión de genética, sino de valentía. No se nace con ella, se desarrolla a partir del atrevimiento. Leonardo da Vinci fue un genio porque creó obras verdaderamente geniales, pinturas que son el exponente de la civilización occidental e ingenios que se anticipan en siglos. Y lo consiguió cambiando de entorno, de contexto, cuando aquel en el que vivía ya no le aportaba lo suficiente. Pudo ser un buen pintor de madonnas en la Florencia de los Medici, pero se animó a trabajar para Ludovico Sforza, para César Borgia, para el Papado, para Francisco I de Francia. Y a cada paso que dio, se elevó su aprendizaje, su reputación y su legado.
¿Se puede ser un genio como Leonardo Da Vinci hoy en día?
Liderazgo Transformador: Los Valores de Leonardo Da Vinci
El libro de Montaner resume el legado de Leonardo da Vinci en una lista de valores útiles en este mundo cambiante: "El pez grande ya no se come al pequeño, sino que el pez rápido se come al lento", resaltando la adaptación y la rapidez como ventajas competitivas. Estos rasgos son esenciales para un liderazgo transformador.
La lista de valores o cualidades de Leonardo (en italiano) coincide con muchos de los valores actuales que hoy en día se solicitan para un liderazgo transformador:
- CURIOSITÀ: CURIOSIDAD CREATIVA
Estimular la curiosidad creativa investigándolo todo y en todo momento, a través de la observación meticulosa, buscando cualquier oportunidad para disparar la imaginación o dejándola vagar, anotando todo lo que se te ocurra. - APPROFONDIRE: PROFUNDIZAR EN LOS TEMAS
Sugiere profundizar en los temas y no quedarse en la superficialidad, teniendo muy presente que percibimos a través de los sentidos. Contrastemos nuestras percepciones y hechos objetivos con nuestra experiencia personal, profundizando sin miedo. - PROBARE: PROBAR
Invita a ir rápido probando las cosas, disponiendo de una base sólida antes de imaginar y practicar. Poniendo en práctica lo que uno se imagina, superando las críticas, sin importar la posibilidad de fracasar y perseverando hasta conseguir el objetivo. - AMBIGUETÀ: AMBIGÜEDAD
Propone ser tolerante con la ambigüedad, familiarizándose con ella, observando las distintas formas que toma cada situación, combinando los extremos y contemplando la sonrisa de la Gioconda. - ADATTAMENTO: ADAPTACIÓN
El liderazgo transformador nos dice que debemos tener objetivos claros para poder adaptarse a cada situación. Escuchando las ideas de los demás, pidiendo consejo y aceptando críticas, pero manteniendo la propia personalidad y corrigiendo inmediatamente cualquier desviación del objetivo. - AZIONE: ACCIÓN
Sugiere estar siempre preparado para actuar, teniendo en cuenta que la acción es el resultado del pensamiento. Cuando la decisión está tomada, no hay lugar para la duda. Hay que ser práctico en la acción y explotar el éxito de las acciones realizadas. - PERSPECTIVA AÉREA: PERSPECTIVAS
Siempre presente en su legado: tener una perspectiva distinta mediante el alejamiento de lo inmediato y la simplicidad en todo. Desarrollando la «vista de pájaro», haciendo micromapas e innovando a partir de la realidad. Lo que hoy denominaríamos metodologías de «Design Thinking». - FORZA: FUERZA
Otro rasgo presente en su figura: fuerza interior para proyectar hacia fuera mediante el desarrollo de un Gran Proyecto Profesional o Personal (GPP). Superando las dificultades, siendo consciente de las emociones, afrontando los grandes retos con serenidad y cultivando la belleza del espíritu. - DOMINARE RISORSE: DOMINIO DE LOS RECURSOS
Otro rasgo de su liderazgo transformador: hacer grandes cosas con pocos recursos. Mediante el conocimiento de las fuentes de poder, creando relaciones, desarrollando la capacidad de persuasión y presentando soluciones gráficas. Lleva un diario personal. - VOCACIONE: VOCACIÓN
Significa nuestra aportación al mundo, vinculada a nuestra fuerza interior. Dejando que aflore el genio que todos tenemos, expresando lo que llevamos dentro. Persistiendo en el empeño de lo que estamos haciendo, perseverando en hacer algo grande. Y, en definitiva, dar respuesta a: «Dime si has hecho algo». - CONOSCERSI: AUTOCONOCIMIENTO
Conocerse a sí mismo, siendo realista con respecto a uno mismo. Desarrollando la agilidad mental, estando en forma y aprendiendo a relajarse.
Comparativa de Modelos de Gestión: Leonardesco vs. Taylorista
Juan Carlos Cubeiro contrapone empresas leonardescas a empresas tayloristas (doctrina del norteamericano Frederick W. Taylor), que es el modelo, expreso o tácito, de la mayor parte de las compañías.
| Característica | Modelo Taylorista | Modelo Leonardesco |
|---|---|---|
| Visión del Management | Ciencia pura | Ética, ciencia y arte |
| Visión del Ser Humano | Perezoso por naturaleza (requiere control) | Innato deseo de aprender y contribuir |
| División del Trabajo | Quienes piensan (dirección) y quienes ejecutan | Fomenta la colaboración y el pensamiento cruzado |
| Especialización | Fomenta compartimentos estancos | Polivalencia, flexibilidad, adaptabilidad al entorno |
| Enfoque | Cortoplacismo, imitación, conformismo, desinterés | Curiosidad, vocación, aprendizaje, iniciativa, dinamismo, maestría, reputación, legado |
| Ventaja Competitiva | Eficiencia, producción masiva | Innovación, creatividad, velocidad, sorpresa positiva al cliente |
| Valor de la Compañía | Basado en activos tangibles | Más del 85% en intangibles (marca, clientes, conocimiento, reputación) |
Los entornos tayloristas, que fueron enormemente útiles a lo largo de décadas, hoy fracasan porque el valor de las compañías está formado, en más de un 85%, por intangibles de negocio, aspectos tales como el prestigio de la marca, la fidelidad de los clientes, el conocimiento de los profesionales, la flexibilidad y la capacidad de respuesta, la reputación corporativa. Los entornos tayloristas fracasan porque la velocidad es determinante en el mundo empresarial (no es el pez grande el que se come al chico, sino el rápido al lento) y la sorpresa positiva de los clientes es más valiosa que la aburrida uniformidad, por lo que la creatividad y la innovación se imponen a la prudente y supuesta eficiencia.
Por el contrario, los entornos leonardescos fomentan la curiosidad, la vocación, el aprendizaje, la iniciativa, el dinamismo, la maestría, la reputación, el legado. Como ejemplos, se podrían citar a Toyota, Nokia o Apple, aunque las empresas no son 100% leonardescas ni 100% tayloristas, sino que tienen distintas proporciones de una y otra.
Cuando hablamos de contexto o de entorno, nos estamos refiriendo a un espacio físico y/o mental en el que las personas interactuamos en mayor o menor medida, puesto que más del 85% de nuestro tiempo profesional lo pasamos en actividades que involucran a dos o más personas. El ambiente de trabajo (el mal llamado “clima laboral”) supone entre un 30% y un 40% de los resultados de negocio; por ello, la creación, la innovación, el servicio al cliente depende de la materia prima individual (la capacidad y el compromiso de cada uno) pero, aún más y de manera creciente, de las condiciones para que surja un pensamiento cruzado, para que se difundan generosamente unos de otros, para que hablen y se escuchen entre ellos, para fomentar la interacción, la inteligencia compartida.
La Genialidad como Resultado de la Valentía y el Aprendizaje Continuo
La dislexia, que es genética entre un 60-70%, no es en absoluto una desventaja, puesto que permite pensar más rápido y hacerlo mediante imágenes (de 400 a 2.000 veces más veloz que el procesamiento verbal). Cosa distinta es que el sistema educativo suela penalizar a los disléxicos. Sin embargo, para Leonardo la naturaleza fue su escuela. El proceso formativo del genio florentino no se detuvo nunca. Además de las enseñanzas de Verrocchio y su equipo, aprendió de los retratistas de los Países Bajos, de los humanistas del Renacimiento, incluso de Maquiavelo (aunque sus valores fueran muy distintos). Recogió sus observaciones y pensamientos en decenas de miles de páginas de sus cuadernos desde que tenía 30 años.
Los mejores directivos no dejan nunca de aprender, de estudiar, de reflexionar, de formarse, de practicar el coaching. Están, personal y profesionalmente, en la mejora continua. No hay peor arrogancia que creer que uno ya lo sabe todo. Liderar es marcar la pauta, es infundir energía, es conseguir que las personas con las que uno se relaciona den lo mejor de sí mismas. El estilo leonardesco en pintura se basa en apreciar las emociones de los personajes (como en la Mona Lisa o La última cena), en saber escucharles. Leonardo defendió la paz y la libertad como principios vitales y mostró un altísimo nivel en competencias esenciales para un líder, como son la valentía o el coraje, la capacidad de comunicar, el optimismo, la serenidad y el interés por los demás. Gracias a sus discípulos (los "miembros de su equipo"), nos han quedado sus pinturas, sus tratados, sus cuadernos. Leonardo da Vinci nos enseñó, como pocos, que el talento no es fijo, no está predeterminado, sino que se desarrolla; por eso un humilde hijo ilegítimo, con pocos estudios, disléxico, asexual, nacido en un pueblecito, pudo llegar a convertirse en el mayor de los genios.
Juan Carlos Cubeiro, en su libro «Leonardo da Vinci y su Códice para el Liderazgo. Cómo el entorno propicia la genialidad», viene a demostrar que el talento superlativo de Leonardo, el genio por excelencia, no fue fruto de condiciones sobrenaturales (de ese talento prodigioso, extraordinario, predestinado, ese don inexplicable) sino de su propia valentía al saber y atreverse a cambiar de contexto cada vez que percibía que aquel en el que estaba le aportaba cada vez menos. En apenas 67 años, Leonardo vivió en Anciano, en Vinci, en Florencia, en Milán, en Mantua-Venecia-Roma, de nuevo en Florencia y Milán, para acabar como invitado real en el Valle del Loira. Por ello el hijo ilegítimo de un notorio toscano acabó como huésped del poderoso Francisco I de Francia. Qué gran lección de esperanza para los que tienen vocación (artística, emprendedora, empresarial): seguir su propio camino, cambiar de vía cuando haga falta, buscar constantemente entornos propicios.
La Importancia del Entorno para la Innovación
No sabemos muy bien cómo tener éxito empresarial en un futuro, pero sí sabemos cómo no tenerlo: aplicando al pie de la letra las mismas recetas que funcionaban en el pasado. Vivimos en un mundo diferente, aunque el día a día nos impida darnos cuenta. Un mundo en el que, como principio general, el Talento es más escaso que el Capital, un mundo en el que el impacto de la Globalización, que ya se hace notar, se va a multiplicar por cuatro en las próximas dos décadas; un mundo en el que la capacidad tecnológica se duplica cada 18 meses; un mundo en el que la obsolescencia en los conocimientos ocurre cada tres años.
Sin embargo, sabemos que la capacidad de innovar de cualquier organización, y por tanto de superar las expectativas del cliente, es la ventaja competitiva clave. En un mundo empresarial así, innovar va mucho más allá de ciertos procesos de mejora continua y de ciertos proyectos de envergadura. Procesos y proyectos son condición necesaria, imprescindible, pero no suficiente. Para marcar realmente la diferencia, la innovación ha de ser la cultura, el modo habitual de hacer las cosas en la organización.
Esto es así porque, a finales de la primera década del siglo XXI, Innovar es liderar: esto es, marcar la pauta en el sector, plantearse constantemente retos ambiciosos, contar con una estrategia ilusionante e implantarla con eficacia, conseguir que los profesionales que integran la organización puedan dar lo mejor de sí mismos. Innovar es también Comunicar al mercado lo que la empresa hace, su modo de ser y de actuar, sus valores y su propia Responsabilidad Social. Innovar es además atraer el Talento que mejor encaja con nuestra propia cultura, saber compensarla a través del entendimiento de sus propios deseos y necesidades, fidelizarlo adecuadamente y desarrollarlo en la medida de su potencial. Innovar, Liderar, Comunicar y Atraer/Fidelizar/Desarrollar Talento se han convertido en sinónimos, como no podía ser de otra manera. Citando al experto en Capital Intelectual Thomas Stewart: “Las mejores organizaciones no lo son por contratar a los mejores, sino por establecer procesos y sistemas que animen a las personas a pensar, y permiten que ese pensamiento se ponga en práctica”.
Para animar a los directivos y al resto de profesionales de toda organización a pensar, a reflexionar sobre lo que hacen y lo que pueden hacer mejor, a compartir sus conocimientos para obtener aprendizaje, y para que ese fructífero pensamiento se ponga en práctica, se necesitan entornos bien distintos (en realidad, diametralmente opuestos) a los del siglo pasado. Los entornos del siglo XX en los que hemos trabajado han sido, de una forma u otra, herederos de Frederick Taylor, el ingeniero que trabajó para Henry Ford y concibió la “organización científica del trabajo” hace unos 100 años. A través de la medición de tiempos y su posterior análisis consiguió mejorar la producción masiva y la eficiencia. Sin embargo, los entornos tayloristas están basados principalmente en criterios como la desconfianza hacia el trabajador, la especialización de tareas y una profunda división entre quienes piensan y quienes actúan.
Necesitamos entornos para el talento, para la clase creativa, para la innovación. Un entorno leonardesco, así definido en la situación actual, es un entorno para la atracción y el desarrollo del talento individual y colectivo a través de la incentivación de ocho claves: la curiosidad, la vocación, el aprendizaje, la iniciativa, el dinamismo, la maestría, la reputación y el legado. Aspectos esenciales en el siglo XXI que potencian el Talento, entendido como Capacidad por Compromiso. Un entorno muy diferente al taylorista al que estamos acostumbrados, pues bajo la apariencia de la eficacia, promueve el cortoplacismo, la imitación, el conformismo, el desinterés y la apatía y, en cierto modo, la demagogia. Un entorno determinante para la innovación. Un entorno leonardesco es un entorno para la Creatividad, un entorno para el Liderazgo, un entorno para la Innovación. Un entorno en el que hombres y mujeres puedan ser en realidad más felices (entendiendo la felicidad como un reto apasionante, no como vida acomodaticia), poniendo en valor lo que mejor saben, quieren y pueden hacer para conseguir que sus clientes, sus socios, sus profesionales, la sociedad en su conjunto, también pueda sentirse más feliz.
