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Comunicación

Historia del Mercado de Las Colinas: Un Legado de Cultura y Tradición

by Admin on 31/10/2025

El mercado de Las Colinas, un lugar lleno de historia y tradición, se encuentra en un entorno geográfico y culturalmente rico. Para comprender la historia de este mercado, es esencial explorar el contexto de la región en la que se ubica.

Mapa de Andalucía, España

Andalucía y el Aljarafe: Un Contexto Histórico

La Andalucía del Guadalquivir fue concebida, desde su conquista, como una parte diferenciada de los restantes territorios del reino castellano, dotada, por tanto, de personalidad propia. La región, por lo tanto, fue considerado como un espacio unitario denominado genéricamente Andalucía. Sin embargo, a efectos administrativos, no se respetó la unidad histórica de la región.

El avance castellano bajomedieval se hizo patente, sobre todo, con la conquista del valle del Guadalquivir, paso inevitable que aseguraría el dominio del Estrecho, por donde penetraban con facilidad los contingentes militares musulmanes del otro lado para fortalecer los ejércitos de sus hermanos de religión. Y entre todas las ciudades que jalonaban aquella magna empresa sobresalía la amurallada Sevilla.

Calles de Sevilla

La Conquista de Sevilla y su Impacto

Situada en un llano, esto podría favorecer la ilusión de un rápido saqueo, pero determinadas circunstancias geo-topográficas aseguraban lo contrario. El gran río ofrecía una barrera natural que no pasó desapercibida para los estrategas cristianos, y, por otra parte, su navegabilidad permitía la llegada de refuerzos del exterior. De otro lado, la vecina comarca del Aljarafe proporcionaba los avituallamientos necesarios para soportar un cerco prolongado.

De esta manera, los reconquistadores cambiaron hasta el paisaje. Cientos de miles de hectáreas cubiertas de frondosos bosques fueron incendiadas para evitar el refugio de los perseguidos. Así las cosas, Fernando III envió en 1246 varias expediciones de castigo sobre los campos de Jerez y Carmona, dirigiendo después muchos efectivos a devastar el Aljarafe, al propio tiempo que permitía el aprovisionamiento de sus mesnadas. Dos años después se dispusieron campamentos en Tablada y Aznalfarache, con lo que se controlaron las salidas de la ciudad, quedando ésta totalmente separada de su región nutricia. Desde agosto de 1247, los cristianos, tras haber conquistado casi todas las poblaciones de los alrededores, tenían Isbiliya cercada y los ríos bloqueados.

Completamente aislada, Sevilla se rindió capitulando sin condiciones y teniendo sus moradores que abandonarla sólo con sus bienes muebles y semovientes, tras de lo cual, el 23 de noviembre de 1248, su conquistador haría en aquella entrada triunfal.

El Aljarafe: De Alquerías Andalusíes a Pueblos Cristianos

Aquellas casas de labor de la romanidad, enlazadas entre sí por una red infinita de caminos, senderos y cañadas, y convertidas luego en alquerías andalucis, dieron lugar, tras la conquista que los cristianos hicieron de la comarca en el siglo XIII, a muchos de los actuales pueblos y ciudades del Aljarafe, o se quedaron simplemente cumpliendo la misma función primitiva de haciendas olivareras. Otros enclaves rurales no tuvieron tanta suerte y se fueron despoblando, bien por epidemias frecuentes y devastadoras en otras épocas, o por la cercanía de algún núcleo importante de absorción.

Centros administrativos de primer orden que lo fueron en las épocas romana y musulmana, siguieron ostentando esa distinción en adelante como Aznalcázar, Sanlúcar la Mayor y San Juan de Aznalfarache, quedando una cuarta Tejada convertida en “campo” yermo. En el Aljarafe islámico existían multitud de pueblos, que algunos cuentan por miles. Lo cierto es que debió estar densamente habitado como demuestra el repartimiento que se hizo tras la toma de la capital, donde aparecen reseñadas numerosas agrupaciones humanas dedicadas sobre todo al laboreo agrícola, siendo la alquería la mínima expresión resultante, algo así como un cortijo cerealero o una hacienda de olivar de nuestros días.

Y como alquería musulmana se reseña Ombret la actual Umbrete. La mayor riqueza agrícola de la Sevilla islámica radicaba en las enormes extensiones de olivar del Aljarafe, del que se extraía un aceite de primera calidad, dulce, transparente, e inalterable con el paso del tiempo. La ruta de Poniente continúa encontrándose con el Aljarafe, el iqlim o distrito rural más rico y elogiado de la Sevilla islámica. Durante siglos, estas feraces tierras rojizas fueron paraje predilecto de la aristocracia sevillana, que poseyó aquí fincas y casas de recreo. Así, San Juan de Aznalfarache se convirtió en una de las cuatro cabeceras del Aljarafe a fines del siglo XII.

Adentrándose por un camino rural a pocos kilómetros de Bollullos de la Mitación, se halla la Ermita de Cuatrovitas, raro y encantador vestigio de una alquería musulmana que acabó despoblándose. La ermita no es sino la mezquita, apenas modificada, de esta población yerma. La herencia almohade se ve también en la rica arquitectura del Aljarafe, cuyos patrones estilísticos derivan directamente de las fórmulas musulmanas. Muestra de ello son las ermitas de los despoblados de Gelo y Castilleja de Talhara, así como las iglesias de otras dos poblaciones que fueron cabeceras de comarca en época medieval: Aznalcázar (de Hisn al-qasr, el castillo del palacio) y Sanlúcar la Mayor.

En dirección a Niebla, hacia el oeste, más allá del valle del Guadiamar, se extienden los campos de Tejada, hoy Tejada la Vieja. Sobre una loma permanecen los restos de su fortaleza de tapial, uno de los castillos que integraron su red defensiva.

La Repoblación y el Rol de la Iglesia

Una vez concluida la conquista de Sevilla, el rey santo y, poco después, tras fenecer, su hijo y sucesor Alfonso X, llamado “El Sabio” (que siempre sintió verdadera debilidad por esta tierra), se emplearon en repartir la ciudad y su tierra con el fin de crear una población estable y asentada que asegurase la invasión a la manera de otras empresas anteriores de avance realizadas por los castellanos y aragoneses. La Iglesia no podía estar ajena al deseo de dotarla de todo lo necesario para su sustento, contando con el entusiasmo del rey sabio y del arzobispo hispalense don Remondo (como se conocía a Raimundo de Losaña, el número 53 que accedía a la mitra sevillana).

Pero la donación de Umbrete quedaría, según parece, suspendida, al existir una merced posterior, de 21 de noviembre de 1260, a modo de confirmación, en la que el rey cede a don Remondo y al cabildo catedralicio, la villa y castillo de Cazalla, la villa de Brenes, la aldea de Tercia y la alcaría o alquería de Umbrete, con la condición de que éstas deberían regirse por el fuero de Sevilla y, por lo tanto, apelando a su concejo: “Damos e otorgamos a vos don Remondo, arzobispo de Sevilla, e al cabildo de esta eglesia misma, e a todos vuestros sucesores, el nuestro castillo e la nuestra villa que dicen Cazçalla, e la nuestra villa que dicen Brenes, e la nuestra aldea que dicen Tercia, e la nuestra alcaría que dicen UMBRET.

En 1261, celebrada la concordia entre don Remondo y el cabido, Umbrete quedó en manos del arzobispo, según documentos del 21 y 22 de noviembre de aquel año. Desde entonces, y hasta el siglo XIX, la historia de Umbrete iba a quedar ligada al Arzobispado de Sevilla, siendo los sucesivos prelados sevillanos considerados Señores de Umbrete.

La misma incertidumbre que existía en cuanto a los trueques de poblaciones entre quienes ejercían los poderes económico, civil, religioso y militar, al objeto de concentrar y engrandecer propiedades, es la que existía -aunque de otra índole- en el pueblo llano recién instalado. La venganza sarracena latía en el corazón de los nuevos colonos como una amenaza constante y sangrienta. Y no se hizo esperar.

Estas expediciones de saqueo provocaron numerosos abandonos de poblaciones. Las jaras y los matorrales se apoderaron pronto de las fértiles tierras. Ante esta situación, en lo concerniente a la Iglesia, ésta se preocupó de repoblar con campesinos sus heredades, sobre todo en la primera mitad del siglo XIV, mediante un plan urgente que se llevó a cabo a través de la modalidad de la Carta Puebla, dictada por el mismísimo Alfonso X. Se trataba de una fórmula de probada eficacia para la repoblación de territorios yermos, practicada desde antiguo en todos los reinos cristianos peninsulares.

La repoblación interior fue, en términos generales, consecuencia directa de un proceso de claro matiz señorial: el auge de la nobleza y el clero andaluces, por un lado y, por otros, el interés de los señores de la tierra por crear nuevos señoríos y aumentar sus niveles de rentas. Se trataba, en una palabra, de atraer vasallos sobre los que ejercer la jurisdicción y que incrementasen los ingresos señoriales. Esta mentalidad rentista -en una época caracterizada por el descenso general de las rentas señoriales- está en la base de todas las empresas repobladoras.

Orígenes de los Nuevos Pobladores

Pero, ¿de dónde procedían los nuevos pobladores? No existen demasiados datos, pero hay algunos autores que afirman, estudiando la documentación referida principalmente a la zona del Aljarafe sevillano, que estos repobladores procedían en su mayor parte de la propia comarca, y en algún caso, de Sevilla o de otro pueblo de la zona. No obstante, otros autores, más amparados por la lógica, mantienen que esta repoblación se realizó a costa de contingente humanos de fuera de Andalucía, y basan esta argumentación en que los pueblos conquistados por Fernando III el Santo en el siglo XIII iban quedando desiertos de habitantes, debido a los largos periodos de asedio y de luchas.

Si a esto le añadimos los constantes saqueos e incursiones de musulmanes que asolaron en años posteriores la comarca, parece poco probable la primera opción, por lo que se tuvieron que traer grupos poblacionales procedentes de las zonas del norte de España, más pobladas y estables políticamente. Se piensa, así, que los primeros pobladores de Umbrete procedían de tierras leonesas y asturianas, siendo menor el número de gallegos, que no obstante, constituyeron la principal línea inmigrante del resto de la zona.

Este número de pobladores era escaso, y parece que esto pudo ser debido a la mala época que estaba pasando Andalucía, tras pasar por guerras, hambre, epidemias, y malas cosechas. En las condiciones sociales por las que atravesaba nuestra región en el siglo XIV, era muy difícil encontrar personas que estuvieran dispuestas a venir.

La Carta de Población de Umbrete

Umbrete, desolada y yerma, sería poblada nuevamente el 5 de noviembre de 1313 por carta de población que otorgó el arzobispo don Fernando II Gutiérrez Tello, tras privilegio que el infante don Pedro le concedió. Sus primeros pobladores, doce en total, fueron: Juan García, Fernando Pérez, Juan Fernández, Andrés Pérez, Diego Jiménez, Mateo Gil y su hijo Bartolomé, Domingo Yuañes, Domingo Romo, Alvar Pérez y Martín Pérez Esturián.

El arzobispo, como dueño de Umbrete y sus tierras, que estaban hasta entonces sin cultivar, las cedió estas tierras que se hallaban sin cultivar en torno a una antigua alquería musulmana, por este instrumento público para que dichos individuos poblasen la ya denominada aldea y pudiesen construir casas con maderas que les proporcionaría y otros materiales como el “ladriello e ripio de las aldeas viejas”, ya despobladas, existentes en el término de Umbrete, y Aguazal (Aguazul), gozando las tierras y plantando viñas y encinares -estos últimos como nuevo cultivo-, quedando obligados los vecinos a entregar al arzobispo la novena parte del mosto obtenido, prohibiéndose la corta de higueras, encinas y olivos.

Ahora bien, la cesión de tierras y las facilidades otorgadas a los campesinos para que pudiesen edificar casas e instalaciones agrícolas perseguían una clara finalidad económica. Además de Umbrete, los arzobispos sevillanos repoblaron antes de 1350 otras localidades aljarafeñas, como Rianzuela (1352). El cabildo de la catedral, por su parte, repoblaría Sanlúcar de Albaida (la actual Albaida del Aljarafe, en 1302), Gatos (1332), y la Torre de Guadiamar, junto a Sanlúcar la Mayor (1338). Otras aldeas repobladas fueron Benacazón (1332-35) y Castilleja de la Cuesta.

En todos los casos, antes de iniciarse la repoblación, se había producido un proceso de concentración de la propiedad de la tierra en manos de un señor o señores, o de alguna institución eclesiástica (como en el caso de Umbrete). La gran propiedad así formada a raíz de la conquista o en fecha más reciente, se encontraba en un estado casi completo de abandono, como lo evidenciaba las alusiones al tipo de vegetación predominante en la zona. De las viñas, los pobladores estaban obligados a dar al arzobispo la novena parte libre de toda costa según lo daban las poblaciones circunvecinas, por derecho del mosto.

Destino Andalucía | Ruta por los mercados de Sevilla

Evolución del Mercado de Las Colinas

El mercado de Las Colinas, como muchos otros mercados en la región, probablemente evolucionó a partir de estos primeros esfuerzos de repoblación y la necesidad de intercambiar bienes y productos agrícolas. A lo largo de los siglos, el mercado se habría convertido en un centro vital para la comunidad local, facilitando el comercio y la conexión entre los habitantes de la región.

Mercado de Triana, Sevilla

En resumen, la historia del mercado de Las Colinas está intrínsecamente ligada a la historia de Andalucía, la conquista de Sevilla, la repoblación del Aljarafe y el papel de la Iglesia en la configuración de la región. Este contexto histórico proporciona una base sólida para comprender la evolución y la importancia cultural del mercado en la comunidad local.

Cronología de Arzobispos de Sevilla y su relación con Umbrete

Número Arzobispo Periodo
1 Raimundo de Losana (don Remondo) Después de 1259-1286
2 Fernando Pérez Antes de 1286-1289
3 García Gutiérrez 1289-1294
4 Sancho González 1294-1295 (1ª vez)
5 Gonzalo 1295
6 Sancho González 1295-1299 (2ª vez)
7 Juan Almoravid 1300-Después del 5-10-1302
8 Fernando II Gutiérrez Tello 1303-1323
9 Juan III Sánchez 1323-Después del 26-11-1348
10 Nuño de Fuentes 1349-1361
11 Alonso de Vargas 1361-1366
12 Pedro Gómez Barroso 1369-1371
13 Fernando Álvarez de Albornoz 1371-1378
14 Pedro Álvarez de Albornoz 1379-1390
15 Gonzalo de Mena y Roelas 1394-1401
16 Alfonso de Egea 1403-1408, Arzobispo;1408-1417, Administrador Apostólico
17 Diego de Anaya Maldonado 1418-1431 (1ª vez)
18 Lope de Olmedo 1432, Administrador Apostólico
19 Juan de Zerezuela 1433-1434
20 Diego de Anaya Maldonado 1435-Después del 26-9-1437 (2ª vez)
21 Gutierre Álvarez de Toledo 1439-1442
22 García Enríquez Osorio 1442-1448
23 Juan Cervantes 1449-1453, Administrador Apostólico
24 Alonso de Fonseca y Ulloa 1454-1460 (1ª vez)
25 Alonso de Fonseca 1460-1464, Administrador Apostólico
26 Alonso de Fonseca y Ulloa 1464-1473 (2ª vez)
27 Pedro Riario 1473-1474
28 Pedro González de Mendoza 1474-1482, Administrador Apostólico
29 Iñigo Manrique de Lara 1483-1485
30 Rodrigo de Borja y Escrivá 1485
31 Diego Hurtado de Mendoza 1485-1502
32 Juan de Zúñiga 1503-1504
33 Diego de Deza 1504-1523
34 Alfonso Manrique de Lara 1523-1538
35 Juan García de Loaysa y Mendoza 1539-1546
36 Fernando Valdés 1546-1568
37 Gaspar de Zúñiga y Avellaneda 1569-1571
38 Cristóbal de Rojas y Sandoval 1571-1580
39 Rodrigo de Castro Osorio 1581-1600
40 Fernando Niño de Guevara 1601-1609
41 Pedro de Castro y Quiñones 1610-1623
42 Luis Fernández de Córdoba 1624-1625
43 Diego Guzmán de Haro 1625-1631
44 Gaspar de Borja y Velasco 1632-1645
45 Agustín Spínola 1645-1649
46 Domingo Pimentel de Zúñiga Requesens 1649-1653
47 Pedro de Tapia 1652-1657
48 Pedro de Urbina y Montoya 1658-1663
49 Antonio Payno Osorio 1663-1669
50 Ambrosio Ignacio Spínola y Guzmán 1669-1684
51 Jaime de Palafox y Cardona 1684-1701
52 Manuel Arias y Porres 1702-1717
53 Felipe Antonio Gil de Taboada 1720-1722
54 Luis de Salcedo y Azcona 1722-1741
55 Luis Antonio Jaime de Borbón 1741-1754, Administrador Apostólico
56 Francisco de Solís Folch de Cardona 1755-1775
57 Francisco Javier Delgado Venegas 1776-1781
58 Alonso Marco de Llanes 1783-1795
59 Antonio Despuig y Dameto 1795-1799
60 Luis María de Borbón y Vallabriga 1799-1814, Administrador Apostólico
61 Romualdo Mon y Velarde 1816-1819

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