L'Olivera: Un Emprendimiento Social que Cultiva Tierra y Gente
El emprendimiento social abarca a las empresas que tienen un claro objetivo social. Esta tendencia, aunque ahora está aflorando por la buena imagen que transmite, se lleva dando mucho tiempo en muchos negocios. Los consumidores son cada vez más conscientes de cómo es el comportamiento de las empresas y sus hábitos de consumo pueden variar para premiar a esos negocios que anteponen el beneficio de algún aspecto de la sociedad. Eso no significa que se olviden de los beneficios económicos.
Emprendimiento e innovación social van de la mano. Una vez que conoces el concepto eres capaz de detectar el emprendimiento social en ejemplos de tu día a día e incluso de grandes compañías y proyectos de nuestro país y del resto del mundo.
En este contexto, exploraremos el caso de L’Olivera, una cooperativa que ejemplifica este modelo, combinando la producción de productos de alta calidad con la inclusión social de personas con discapacidad y en riesgo de exclusión.
“Ruta de Emprendimiento Verde e Inclusivo”
¿Qué es L'Olivera?
L’Olivera es una cooperativa de trabajo y de iniciativa social ubicada en el mundo rural y periurbano. Se trata de un proyecto colectivo en el ámbito rural, alineado con otras experiencias que se daban en diversos lugares de Europa. La economía del grupo quiso ser agraria desde el principio, como la de los vecinos del pueblo; y cooperativa, por las potencialidades de esta forma de organización.
La cooperativa nació en 1974, en Vallbona de les Monges (Lérida). El nombre de L'Olivera (el olivo) hace referencia a un árbol de crecimiento lento, que acaba enraizando profundo y puede llegar a ser centenario. Hace casi 40 años, un grupo de tres jóvenes con un padre escolapio de ideas avanzadas, se instaló en este pequeño pueblo rural para crear una experiencia alternativa, socializadora, cargada de utopía.
Desde entonces, L’Olivera desarrolla su actividad con una estructura y funcionamiento democráticos, de acuerdo con los principios cooperativos. Su objetivo es proporcionar puestos de trabajo a las personas socias, a través de su esfuerzo personal y directo, mediante una organización comuna de la producción.
L’Olivera es un proyecto que es quiere colectivo e inclusivo, hecho de muchas manos y muchas voces, como piedras de distintas formas construyen un margen de piedra seca. Un paisaje humano que va encajando piedras irregulares, personas diferentes, con el fin de construir un proyecto sólido, piedra a piedra, persona a persona. Desde los márgenes, desde esta periferia habitada, patrimonio de la memoria cultivada, esbozamos nuestra identidad. Nuestra y de todas aquellas que la quieran hacer suya.
Creemos en las personas y las situamos en el centro de nuestra actividad económica y social. Creémos que la dimensión social y la economía productiva deben ir de la mano. Trabajamos para generar oportunidades laborales y sociales a través del trabajo inclusivo y a escala humana. Somos intérpretes de la tierra, la trabajamos respetando los ciclos de la naturaleza y aplicando los criterios de la agricultura ecológica para elaborar productos de nuestra herencia agraria que sean reflejo de su tierra.
En sus inicios, L’Olivera adquirió una finca de cuatro hectáreas, donde se plantaron viñas y olivos. Ahora, la cooperativa dispone de una superficie de 20 hectáreas de los dos cultivos bajo la modalidad de producción ecológica. El año pasado comercializó 180.000 botellas de vino y produjo 23.000 kilogramos de aceitunas.
El área agroalimentaria de la cooperativa representa aproximadamente la mitad de la facturación de L’Olivera, que supera los 3,3 millones de euros anuales.
L’Olivera es un proyecto que se vive en dos paisajes: el rural, en Vallbona de les Monges, en la Catalunya interior de secano, y el urbano, en la masía de Can Calopa de Dalt, en el Parque Natural de Collserola, en Barcelona. Vallbona representa la utopía inicial, la que en el año 1974 nos impulsó a implicarnos en esta aventura que nos ha llevado hasta la actualidad.
El Compromiso Social de L'Olivera
Hoy en día, trabajan en L’Olivera más de 80 personas en su mayoría personas con algún tipo de discapacidad y en los últimos años también personas que han tenido algún problema de inserción social o laboral. La cooperativa, no sin dificultades, ha conseguido dos objetivos, por un lado fabricar unos productos de excelente calidad como son sus vinos y aceites y, por otro, integrar y trabajar con personas con otras capacidades.
De Ahumada recuerda que en el ADN de L’Olivera siempre ha estado presente “la filosofía de vivir en familia, acoger gente y eliminar los estigmas que pesan sobre las personas con discapacidad, los más vulnerables, los migrantes o los afectados por enfermedades mentales”.
En el ámbito social, L’Olivera se inspira en el modelo de Planificación Centrada en la Persona (PCP), un modelo que sitúa en el centro el respeto de los deseos, las potencialidades y las necesidades de soporte de las personas que atiende, haciendo de la persona la protagonista de su propia vida, de sus elecciones, de su visión y de su círculo de apoyo.
Para hacerlo posible, en L’Olivera se integran profesionales formados específicamente en este modelo. Para cada usuario, se elabora un Plan Individual de Rehabilitación (PIR) y un Plan de Trabajo (PT) a corto plazo. Cada persona atendida tiene un referente asignado que guía los procesos de intervención y hace su acompañamiento.
El servicio ocupacional de inserción es una alternativa a la integración laboral de las personas con discapacidad intelectual que, a pesar de que tienen aptitudes laborales y productivas, no se pueden incorporar aún a los centros especiales de trabajo por falta de formación laboral o de capacidad de trabajo.
Además, L’Olivera Fundación se encarga de gestionar el 0,7% de la facturación de la cooperativa para proyectos sociales del tercer o cuarto mundo con los que L’Olivera tiene algún contacto directo. Así, del 2008 al 2010, esta fundación ha dedicado este porcentaje a la construcción de un pabellón en la escuela El Mina para discapacitados sensoriales en Nouakchott (Mauritania).
Actualmente, continuamos abrazando proyectos de cooperación internacional como en Guatemala, en la comunidad de San Pablo de Tacaná, donde trabajamos con el proyecto LUZ DE TODOS, un programa que impulsa la creación de proyectos de generación de energía eléctrica mediante la construcción de pequeñas centrales hidroeléctricas comunitarias gestionadas por las propias comunidades del lugar.
La Producción de Vinos y Aceites
L’Olivera es intérprete de la tierra, la trabajamos respetando los ciclos de la naturaleza y aplicando los criterios de la agricultura ecológica para elaborar productos de nuestra herencia agraria que sean reflejo de su tierra. Tenemos el compromiso de habitar el paisaje, hacerlo vivible y construir colectivamente un presente y un futuro acogedores. Creemos en los alimentos como embajadores de un territorio y como base para una cultura alimentaria vinculada al origen. Alimentos que trasladen también valores culturales: aquellos que los vinculan a una identidad, que nos hablan de una forma de hacer y de ser, que nos expresan la singularidad cultural del lugar de donde provienen.
Mantenemos el trabajo manual sobre la viña y los olivos, etiquetamos a mano y numeramos una a una las botellas. Somos intérpretes de la tierra y trabajamos aplicando los criterios de la agricultura ecológica. Desde 2010 estamos también en Can Calopa, una masía situada en el Parque Natural de Collserola, donde recuperamos la viña y elaboramos el único vino de la ciudad de Barcelona. Un proyecto de agricultura social que también genera oportunidades de inclusión social para jóvenes con necesidades especiales.
Las viñas forman parte de la subzona Valls del Riu Corb, dentro de la Denominación de Origen Costers del Segre. La mayor parte de la uva que elaboramos la cultivamos en las propias fincas y el resto proviene de viticultores familiares cercanos. Desde nuestros inicios apostamos por las variedades históricas como elemento central en la expresión de un origen. Una geografía vitícola que expresa y vincula clima, suelos, paisaje y variedades.
Tota la vendimia la llevamos a cabo de forma manual entre finales de agosto y octubre. Las viñas que abastecen la bodega de L’Olivera son las únicas que quedan en el término de Vallbona. Un panorama que nos habla de un cultivo que había sido importante en la economía local.
Con el trabajo que realizamos en la bodega queremos expresar todo el potencial que atesora la uva que desde un año antes se ha estado preparando en el campo. Los procesos son suaves y respetuosos, y empleamos productos naturales. Fermentamos en depósitos de acero inoxidable y barricas de roble de diferentes orígenes y toneleros. Seguimos de cerca este proceso, analizando el mosto y el vino, catándolo y decidiendo las mezclas finales. El vino es el fruto de todo este trabajo, que es una interpretación colectiva del paisaje que habitamos, una personalidad buscada, una voluntad fruto de la acumulación de conocimiento compartido y contrastado.
En un contexto de incremento de los costes de producción por la falta de agua, la sequía y el encarecimiento energético derivado de la Covid-19, L’Olivera planteó un enfoque para intentar mejorar y optimizar la producción y la comercialización.
Actualmente, L’Olivera comercializa sus productos en Catalunya, las Islas Baleares, Valencia, Andorra y está extendiendo las ventas a Italia, Francia, Alemania, Hungría, Corea del Sur o a los países nórdicos.
Can Calopa: Un Proyecto en la Ciudad
La iniciativa de L’Olivera en la Masía de Can Calopa representa la consolidación de un modelo agrícola iniciado en el mundo rural y trasladado al mundo urbano. Desde 2010, L’Olivera gestiona las viñas propiedad del Ayuntamiento de Barcelona en la masía de Can Calopa, en la sierra de Collserola.
En este entorno natural pero a la vez muy cercano a zonas urbanas, donde la lógica conduce al abandono o al desarrollo urbanístico desequilibrado, la agricultura ha sido una actividad en regresión, sobre todo después de la llegada de la filoxera en la segunda mitad del siglo XIX, que supuso el abandono de la viña.
Incluye el cultivo y mantenimiento de los campos de viñedo y olivos de la finca de Can Calopa así como las tareas de elaboración en la bodega de la masía, donde se integran actualmente 7 personas trabajadoras. El proyecto social en Can Calopa cuenta con una residencia en régimen permanente abierta todo el año. Es un recurso intermedio entre la residencia y la vida autónoma.
En enero del 2021, L’Olivera inicia un nuevo ámbito de actuación con la creación de la Empresa de Inserción L’Olivera-Can Calopa, encargada de la gestión del espacio de La Vinoteca de Can Calopa, el espacio de degustación de vinos situado en las instalaciones de la masía Can Calopa de Dalt. Su objetivo es la integración sociolaboral de personas en riesgo de exclusión social.
Formación y Voluntariado
En L’Olivera creemos en la formación como una herramienta útil para avanzar en la construcción del propio proyecto así como en la divulgación de los valores que de este se desprenden. Es por este motivo que L’Olivera cuenta con un ámbito específico dedicado a la formación en el sentido más amplio.
Desde sus inicios, L’Olivera es una entidad acogedora, un espacio integrador que acoge sensibilidades y necesidades diversas. Es por este motivo que, desde hace años, ofrece un programa de voluntariado a través de distintas alianzas.
Además, L’Olivera es uno de los socios de la red de voluntariado internacional WWOOF (World Wide Opportunities on Organic Farms), que ofrece oportunidades de voluntariado en diferentes granjas orgánicas en todo el mundo.
El Futuro de L'Olivera
Proyectándose hacia el futuro inmediato, L’Olivera quiere continuar potenciando el eje social, un concepto que está en el núcleo de su proyecto productivo. Su reto ha sido siempre hacer alimentos que partan de la herencia agraria y que sean el reflejo de su tierra y de su gente.
La vinculación a la tierra se concreta con iniciativas como la recuperación de fincas mediante la producción de alimentos. Hace pocas semanas, la apuesta recibió un aval en forma de reconocimiento. El Aceite Finques, que desde hace más de 20 años se elabora en L’Olivera, fue reconocido con el premio al Mejor Aceite de Oliva Virgen Extra de Catalunya en la primera edición de la Nit de l’Oli, unos premios que otorga el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Catalunya.
En definitiva, L’Olivera es un ejemplo inspirador de cómo un emprendimiento social puede generar un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente, al tiempo que produce productos de alta calidad y promueve la inclusión laboral de personas con discapacidad y en riesgo de exclusión social.
Si tienes la oportunidad, no dudes en visitar la cooperativa L’Olivera en Vallbona de les Monges (Lleida). Allí además de la interesante visita, podréis disfrutar de una cata de vinos.
