El Interés Neoliberal en la Cultura del Emprendimiento: Un Análisis Crítico
La globalización y el neoliberalismo parecen ser lo mismo. Sin embargo, un análisis más cuidadoso permite reconocerlos como fenómenos esencialmente distintos: en su caso, la globalización resulta ser un fenómeno histórico consustancial al capitalismo; mientras que, el neoliberal, es un proyecto político impulsado por agentes sociales, ideólogos, intelectuales y dirigentes políticos con identidad precisa, pertenecientes, o al servicio, de las clases sociales propietarias del capital en sus diversas formas. La convergencia de ambos procesos forma la modalidad bajo la que se desarrolla el capitalismo en la época actual.
En este marco, el capitalismo también se sostiene, y es exitoso, en la medida en que los oprimidos asumen como propias las ideas y discursos de sus opresores. Dice Paulo Freire en Pedagogía del oprimido que es peligroso cuando “Hablan como ellos, actúan como ellos, piensan como ellos, desean lo mismo que sus opresores”. Este es el telón de fondo para comprender la ideología del emprendimiento.
El Neoliberalismo como Proyecto Político
El carácter neoliberal de la globalización, es decir, el sometimiento del proceso de producción, distribución, circulación y consumo al «fundamentalismo del libre mercado», así como de la vida social a los valores del individualismo, se impone mediante un proceso político dirigido por la clase dominante, o su fracción hegemónica. Cuando el Estado perdió eficacia para cumplir con los fines de acumulación del capital, el libre mercado se convirtió en la propuesta política del capital financiero transnacional con miras a sostener y, sobre todo, apresurar el proceso de globalización y mejorar las condiciones de la reproducción del capital.
En otras palabras, la globalización es un fenómeno histórico, marcado por la desaparición del llamado socialismo real, vinculado a un proyecto político diseñado e impulsado por una clase social hegemónica propietaria del capital y que, entre otras cosas, implica el desplazamiento del Estado de la actividad económica. En consecuencia, se impone una modalidad capitalista sustentada en el libre mercado, lo que, simultáneamente, implica cambios culturales y políticos que responden a la imposición y desarrollo del proyecto en su conjunto.
La Cultura del Emprendimiento en la Óptica Neoliberal
Es así que en el discurso de la economía dominante se promueve la idea del ‘emprendedurismo’ como solución para aquella fuerza de trabajo que no es absorbida dentro del proceso de acumulación del capital, es decir, para el ejército laboral de reserva, o la población desempleada. Bajo este discurso, se les motiva a que inicien con un negocio y que poco a poco irán escalando hasta convertirse en grandes empresarios.
La ideología neoliberal emprendedurista es funcional para seguir reproduciendo el sistema, materialmente y culturalmente. Materialmente porque, por un lado, por la misma lógica del capitalismo monopólico, estos ‘emprendimientos’ terminan siendo expoliados por el gran capital ya sea industrial, comercial o financiero. Y, además, en el plano de la consciencia, porque se reproduce una ‘falsa conciencia’ del sujeto, de querer ser como el opresor. La base del proyecto neoliberal se vuelve entonces un proyecto de la individualización de todo.
La Individualización y el Mito del Talento
Como señalan Santos Ortega (2014), “Una economía hecha de trabajadores que se comportan como unidades-empresa, y no como grupos de asalariados, conlleva la generalización de la forma empresa. (…) una sociedad integrada bajo el principio rector de la forma empresa, que se infiltra en todas las relaciones sociales. También en la familia o en el Estado.”
La ideología emprendedurista impone la idea de que el pobre es pobre porque no quiere ser un emprendedor, llegando a afirmar: “sino emprendes, siempre serás un derrotado”. Incita a la competencia permanente y a ser un “triunfador”, resaltando como valores emprendedores el talento, la innovación, el carisma, entre otros. Quien fracasa es porque, supuestamente, no dispone de signos de éxito.
Esta narrativa esconde que en realidad quien ‘fracasa’ lo hace por el resultado directo de las relaciones de expoliación del capitalismo monopólico. Asimismo, se ocultan los procesos sociales que han posibilitado el “talento” del emprendedor. Es decir, el rico no es rico por sus cualidades de “talento” individual, sino porque su riqueza ha sido creada por las relaciones de explotación de la fuerza de trabajo dentro del proceso de trabajo, la cual crea un plusvalor que no es reconocido ni pagado. A esto se suma la invisibilización del aporte del trabajo no remunerado y del cuidado que realizan, en su mayoría, las mujeres, para reproducir la fuerza de trabajo y mantener la vida. El burgués posee riqueza porque niega, oprime y explota; no hay tal talento, lo que hay es explotación y dominación en las relaciones sociales de producción.
Entonces, con la ideología emprendedurista, el sujeto pasa de asalariado que vende su fuerza de trabajo en el mercado laboral, a considerarse un trabajador como “empresario para sí” (Foucault 2007). Esa es la trampa, es decir, no hay un reconocimiento de su lugar de enunciación como sujeto oprimido, sino un ocultamiento, una falsa consciencia.
Las Relaciones de Expoliación
Las relaciones de expoliación se manifiestan de formas concretas. Por ejemplo, los productores de la producción mercantil simple o de valores de uso, al no poseer autonomía y capacidad de negociación frente al capitalista (ya sea industrial, comercial o financiero), se ven obligados a aceptar un precio de compra inferior al valor de la mercancía o de sus costos de producción, ya que no poseen otra alternativa. Además, la lógica del capital le determina al productor mercantil cómo producir, modificando la jornada y la intensidad de su trabajo. De esta manera se da la subsunción indirecta del trabajo al capital, es decir la expoliación, y la apropiación extraordinaria de valor de su trabajo.
Desigualdad y Polarización bajo el Neoliberalismo
Una de los aspectos que los abogados de la globalización utilizan con mayor frecuencia, de manera apologética y sin ofrecer confirmación alguna de sus dichos, es que la globalización en su modalidad neoliberal trae consigo una serie de oportunidades igualitarias. Los hechos, sin embargo, indican todo lo contrario pues, hasta el momento, el proceso globalizador neoliberal en ninguna parte ha acarreado beneficios compartidos, en todo caso ha mantenido y reforzado los aspectos esenciales del capitalismo -la relación de producción, por ejemplo, basada en la explotación del trabajo por el capital-, cuyo desarrollo desigual significa mantener y profundizar las diferencias sociales y regionales que él mismo crea.
En este sentido, el economista egipcio Samir Amin (1999) advierte que: «La expansión capitalista no implica ningún resultado que pueda identificarse en términos de desarrollo. Por ejemplo, en modo alguno implica pleno empleo, o un grado predeterminado de igualdad en la distribución de la renta.» El propio Amin encuentra la razón de la desigualdad en el hecho de que la expansión del capitalismo se guía por la búsqueda de la máxima ganancia para las empresas, esto es, sin mayor preocupación por las cuestiones relacionadas con la distribución de la riqueza, o la de ofrecer empleo en mayor cantidad y calidad.
De esta manera, se puede afirmar que la expansión capitalista en su etapa de globalización neoliberal puede ser cualquier cosa menos un proceso capaz de permitir mejores niveles de bienestar para la mayor parte de la población. Los siguientes datos permiten aproximarse a las condiciones de desigualdad en el ingreso y la pobreza existentes en el mundo capitalista:
| Contexto/Región | Indicador de Desigualdad o Pobreza | Fuente y Año |
|---|---|---|
| Población mundial | Una sexta parte (16.6%) percibe el 80% del ingreso mundial (promedio $70/día). | Banco Mundial (finales del siglo XX) |
| 63 países más pobres | El 57% de sus 6 mil millones de habitantes recibe solo el 6% del ingreso mundial (menos de $2/día). | Banco Mundial (finales del siglo XX) |
| América Latina | El número de pobres se mantuvo arriba de los 200 millones de personas. | - |
| México (1995-1999) | Ingresos anuales de los trabajadores cayeron a $768, un 42% menos que en 1980-1984 ($1,343). | Saldivar (2000) |
| Mundo | Mil millones de personas luchan por sobrevivir con menos de un dólar diario. | Banco Mundial (2004) |
| América Latina (1981-2001) | Personas en extrema pobreza aumentaron de 35.8 millones a 50 millones. | BID (Enrique Iglesias, 2004) |
Esta situación de empobrecimiento de millones de personas y de regiones en todo el mundo, agudizadas por las políticas de ajuste estructural diseñadas e impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) a los países dependientes, con el apoyo entusiasta de buena parte de sus gobiernos, ha logrado, sin embargo, despertar una creciente inquietud entre cada vez más amplios sectores sociales que empiezan a considerar que su condición puede cambiar a condición de establecer los mecanismos necesarios para regular socialmente el proceso de expansión capitalista con el propósito de contrarrestar sus perversos efectos sobre la mayor parte de la población. Lo cual implica, y exige, un proyecto político alternativo.
El Desplazamiento del Estado y la Mercantilización de Derechos
El neoliberalismo comenzó a imponerse en el mundo a partir de una avasalladora crítica a la intervención del Estado en la economía, que en los hechos pasaba por anular y mercantilizar los derechos conquistados por las clases trabajadoras a lo largo de muchos años de lucha. El brutal ataque contra el Estado de Bienestar, emprendido por los ideólogos neoliberales en las décadas de los setenta y ochenta, tuvo que ver con la conversión de los derechos sociales en servicios mercantiles que sólo pueden ser adquiridos en el mercado a los precios fijados por la oferta y la demanda.
Al efecto, se fortaleció la idea de que el Estado resulta ineficiente para producir bienes y servicios; por tanto, se defendió la idea de que únicamente los dueños del capital son capaces de reconocer correctamente las señales que envía el mercado y responder a ellas de manera eficiente, lo que garantiza no sólo el uso más productivo de los factores de la producción, sino también producir los bienes y servicios socialmente necesarios en la cantidad y calidad con que los consumidores los demandan.
De esta manera, se concluía: si el mercado todo lo resuelve y, además, lo hace de manera eficiente, el Estado nada tiene que hacer en la actividad económica, cuya forma natural de desarrollo se encuentra en el mercado, donde el equilibrio económico se alcanza sin necesidad de la intervención estatal. El desplazamiento del equilibrio entre Estado y mercado en favor de este último, se ha reforzado con una pertinaz ofensiva en el terreno ideológico que, por un lado, «sataniza» al Estado y, por el otro, exalta las supuestas virtudes del mercado y su libre funcionamiento.
El desplazamiento del Estado y la imposición del mercado en la actividad económica, tal y como previeron correctamente distintos sectores sociales opuestos a la privatización de las empresas públicas y de los recursos naturales, trajo consigo formas crecientes de exclusión social, elevó los niveles de desempleo y pobreza, además de agudizar la polarización en sociedades ya de por sí proclives a la polarización. Al mismo tiempo, los servicios públicos como la salud, la educación, la vivienda, la energía eléctrica, el agua potable y, en general, todos los referidos a la seguridad social, al dejar de ser bienes y servicios proporcionados por el Estado han empezado a perderse como parte de los componentes inalienables de los derechos ciudadanos y se han convertido en meras mercancías intercambiadas entre proveedores privados y clientes que actúan en el mercado al margen de cualquier consideración social y, mucho menos, de la responsabilidad gubernamental de atender las necesidades de la población, con el fin expreso de disminuir las desigualdades sociales y regionales.
Emprender en Solidaridad: Hacia una Nueva Conciencia
En el sentido de la deconstrucción y resignificación de las palabras, si queremos darle un nuevo significado al concepto de emprender, diremos que emprender sí pero no en competencia, sino en solidaridad. Como por ejemplo lo entiende la “Asociación Solidaria de Comunidades Emprendedoras en Red” (ASCER) en San Sebastián y San Lorenzo, San Vicente, ellos y ellas lo asimilan y resignifican con otra lógica, con otra mirada, con valores de solidaridad y empatía, de ir propiciando una nueva consciencia.
Su misión es la de “Fomentar un cambio de actitud de los productores y productoras por medio de acciones colectivas justas y solidarias que generen una dinamización económica y productiva local en nuestros municipios”. Estas nuevas relaciones de producción van creando una nueva consciencia del sujeto, una consciencia solidaria.
El MODELO PRODUCTIVO NEOLIBERAL: El neoliberalismo explicado
Esta consciencia solidaria va entendiendo que es necesario disminuir poco a poco las relaciones de vinculación con las empresas capitalistas, y de potenciar, por el contrario, la articulación intra e inter sectorial del sector de la economía solidaria. De esta manera se va creando otra relación con la realidad, se va creando una nueva consciencia del sujeto, ya no individualista y competitiva, sino una consciencia colectiva y solidaria.
