Antoni Benaiges: La Promesa del Mar que Navegó 88 Años
La historia de Antoni Benaiges es la historia de una promesa incumplida, la que le hizo un maestro a su alumnado. Fue una promesa formulada a comienzos de 1936 a los niños y las niñas de la escuela rural de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la comarca de la Bureba, en Burgos. Esta es la historia real del emprendimiento de personas que nunca habían visto el mar, un relato que ha conmovido a España y más allá.
Antoni Benaiges: El Maestro y su Legado
Antoni Benaiges fue un maestro catalán nacido en 1903 en el pueblo de Mont-roig del Camp (Tarragona). Aprobó sus oposiciones y fue destinado en 1934 a la escuela rural de Bañuelos de Bureba, un pueblo de Burgos que no llegaba a los 200 habitantes. Bañuelos era un pueblo casi sin carreteras y sin gas, electricidad y agua corriente de poco más de doscientos habitantes y donde todo el mundo se dedicaba al cultivo del cereal.
Durante esta experiencia como docente, Benaiges entró en contacto con las nuevas técnicas pedagógicas inscritas a la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876 (y vigente hasta la Guerra Civil en 1936) por un grupo de catedráticos que abogaban por alejar la educación de los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral. Previamente a su llegada a este pequeño pueblo, Benaiges había sido destinado a la localidad catalana de Vilanova i la Geltrú, lugar donde conoció las técnicas Freinet.
La Pedagogía Freinet y la Imprenta Escolar
Una de estas técnicas fue la de Freinet, impulsada por el pedagogo francés Célestin Freinet. Consiste en diferentes actividades -todas aparecen en El maestro que prometió el mar: el texto libre, la revista escolar, las asambleas en clase, los planes de trabajo- con el objetivo de estimular la experimentación, la expresión infantil, la cooperación y la investigación de los niños. Hay un principio esencial en la pedagogía freinetista y es que el niño se convierte en el centro del sistema educativo.
Como también cuenta la película El maestro que prometió el mar, Benaiges adquirió una imprenta, tipos y material para que sus alumnos imprimieran sus propios textos y los agruparan en cuadernillos que luego publicaban en revistas. La imprenta, pues, pasaba a tener un papel esencial en el aula: era el instrumento que permitía materializar, captar, ver y tocar todo lo que aprendía. El alumnado construyó un trabajo cooperativo dentro del aula alrededor de la imprenta escolar, fabricando un diario escolar y unos cuadernos de forma periódica que se intercambiaban con otros pueblos donde también se estaban poniendo en práctica experiencias educativas parecidas.
A través de estos cuadernos los niños y las niñas explicaban su día a día, trabajaban el espíritu crítico al escribir aquello que veían y preguntarse el porqué de cualquier duda o acontecimiento que estuviera ocurriendo en el pueblo. La enseñanza abandonó el dogmatismo católico para abrazar la expresión libre y la cooperación en el aula. De hecho, se ve en los escritos del maestro Benaiges que el cuaderno y el periódico no suponían un fin sino un medio, “porque vamos al sentido profundo de la libertad. Sentido vital. El papel rayado es pauta. La pauta es conducción. O lo que es igual, dejarse llevar. (...) El niño, para ser educado, necesita camino libre, trazarse por sí mismo la trayectoria de sus actividades. ¿Que con papel sin rayar el niño escribe torcido? Mejor. Un motivo más para mejorarse yendo derecho. Dejémosle”.
La Promesa del Mar
Estos cuadernillos fueron el centro de las clases de Benaiges, entre ellos uno muy especial titulado: El mar, la visión de unos niños que no lo habían visto nunca. “Aquel cuaderno donde el alumnado de esta escuela de Bañuelos de Bureba se expresaba libremente alrededor de la idea de cómo imaginaban que sería el mar y cómo sería la experiencia de verlo por primera vez era una perla”. Los niños y niñas de Bañuelos no habían visto el mar y en enero de 1936 el maestro les animó a imaginarlo y describirlo.
Algunos de los escritos de los niños reflejan su imaginación:
- “El mar debe ser muy ancho, muy hondo y muy grande. La gente va ahí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro dice que iremos a bañarnos”.
- “El mar será muy grande. Yo no lo sé porque no he estado allá. También será muy ancho y tampoco sé si es ancho o no lo es”, dudaba Natividad Hernáez.
- “En el mar habrá más agua que toda la tierra que yo he visto. El agua estará muy caliente. En las orillas debe ser piedra, porque si no se lo tenía que llevar”, se aventuraba Severino Díez.
- “El mar será muy grande, muy ancho, muy hondo. Dice Fernando que será como de Vallejopablo al cerro de Quebrantalinos de ancho, metros y metros de hondo”, escribió el niño Antonio García.
- “El mar será muy hondo. Será de hondo como dos veces la veleta de la torre. Y tendrá dos metros de largura”, fabuló el niño Baldomero Sáez.
- “El agua estará más caliente que la de lo ríos. El mar es donde se va a baños. Por él pasan los barcos. Al lado habrá alguna casilla para secarse cuando salen de bañarse”, dejó anotado en 1936 la niña Anita Ortiz.
- “El mar es muy grande y para pasar a otro pueblo hay que pasar en barco y me figuro que a veces estará a más de una hora”, contestó el niño José Cuesta.
- “Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir, porque tengo miedo que me voy a ahogar”, escribió en 1936 la niña Lucía Carranza.
- “El mar será muy grande. Mi hermano dice que lo ha visto en Pamplona cuando estaba en el servicio, y que había gente bañándose. El mar estará muy claro, porque si no es tontada que quieran bañarse”, respondió la niña Soledad Palacios.
El maestro tenía pensado hacer aquel viaje con los alumnos a su masía familiar en la costa. Y para ello habló con sus padres. Al fin y al cabo, era una instrucción de la República llevar a los niños de interior a conocer el mar. Benaiges prometió a sus alumnos que les llevaría a ver el mar aquel verano de 1936.
Antoni Benaiges posa con sus alumnos en la escuela del pueblo en 1936.
La Tragedia de la Guerra Civil y el Olvido
La huella de Antoni Benaiges desapareció tras el estallido de la Guerra Civil, en julio de 1936, cuando fue detenido y fusilado por un escuadrón falangista en Briviesca, capital de la comarca a ocho kilómetros de Bañuelos, el pueblo a donde Benaiges iba a pasar los fines de semana. La promesa formulada a la sombra de la guerra. El 18 de julio de aquel año un golpe de Estado pone fin a la legalidad republicana y algunos territorios como Burgos caen en manos de los militares sublevados.
Un día después del levantamiento, Antoni Benaiges fue detenido por las milicias falangistas en la sede de la agrupación socialista de Briviesca, pueblo cercano a Bañuelos de Bureba, donde se implicó de lleno en la vida social y política. Allí estableció lazos afectivos, se inscribió en la Casa del Pueblo y escribió con frecuencia artículos de carácter social en La Voz de la Bureba. Sus ideas le costaron la vida. Benaiges fue torturado, paseado en un vehículo descapotado y humillado públicamente. El 25 de julio es transportado con una camioneta a los Montes de La Pedraja, lugar donde finalmente es asesinado.
Durante y después de la Guerra Civil, los maestros “fueron sometidos a depuración”, con la finalidad de erradicar de las aulas ideas y costumbres contrarias al Régimen franquista. El bando fascista tenía muy claro lo que significaban los maestros y quisieron romper con estas ideas, porque eran la punta de lanza del estado republicano y laico en estos pueblos y la vía de entrada hacia la modernidad y el progreso; y esto, a ciertos sectores, no les gustaba lo más mínimo.
La Fosa de La Pedraja y el Redescubrimiento
La historia del maestro volvió a surgir en 2010 cuando se abrió la fosa común descubierta en La Pedraja (Burgos). A lo largo de la carretera nacional que une Burgos y Logroño se extiende el Monte de La Pedraja. Un paraje natural cuya antigua carretera, estrecha y sinuosa, cubría la nieve con facilidad en los fríos inviernos de principios del pasado siglo, convirtiendo los accesos en intransitables. Un lugar propicio para esconder a los centenares de republicanos represaliados en Burgos y La Rioja al inicio de la Guerra Civil. Las cunetas de estos caminos esconden una parte de la historia de España que pertenece a quienes todavía viven en los pueblos de la zona.
Por aquel entonces, el azar quiso que el documentalista Sergi Bernal encontrara la historia que marcaría quizás el trabajo de su vida. A través de un artículo de la revista Sàpiens sobre Josep Suñol, expresidente del Fútbol Club Barcelona, fusilado y enterrado en una fosa común, Bernal conoce a la historiadora Queralt Solé. Ella le pone en contacto con la Sociedad de Ciencias de Aranzadi y a partir de ellos llega al Monte de La Pedraja. Allí, Bernal documenta las exhumaciones de las dos fosas comunes encontradas en el monte burgalés y sin quererlo dio con un relato preso entre los recuerdos. Ya habiendo acabado el trabajo, la hermana de Miguel Ángel, Eva Martínez llamó a Bernal alertándole de algo. No podía terminar sin conocer una historia más que poco a poco se había ido convirtiendo en una leyenda: “Eva me dijo que había una persona del pueblo de Bañuelos de Bureba diciendo que en las fosas podía haber un paisano mío, un catalán que además había sido maestro de su pueblo.
La historia está basada en el libro homónimo del periodista Francesc Escribano, en el libro de José Antonio Abella Aquel mar que nunca vimos, y en la documentación del fotógrafo Sergi Bernal. La historia del maestro Antonio Benaiges se ha llevado al cine en la película El maestro que prometió el mar, dirigida por Patricia Font, que ha arrasado en taquilla con más de 270.000 espectadores desde su estreno el pasado 10 de noviembre. Su nombre sonó cinco veces en la lectura de las nominaciones a los Premios Goya. También fue llevada al teatro con El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero.
Célestin Freinet y su impacto en la pedagogía y la comunicación
El Cumplimiento de una Promesa, 88 Años Después
Ochenta y ocho años después, en julio de 2024, la Asociación Escuela Benaiges, en colaboración con otras como la de Tabadol en la Cañada Real y la del Barrio de la Cartuja en Granada, han llevado a término aquello que quedó pendiente: la promesa del maestro. Desde las asociaciones llevaron a cabo un proceso de selección, los requisitos eran tener entre 8 y 13 años, no haber visto nunca el mar o, de haberlo hecho, no haberlo podido disfrutar.
Ochenta y ocho años después, 28 niños que nunca han visto el mar se asoman por primera vez al Mediterráneo. Tienen entre ocho y 13 años, en el grupo hay más niñas que niños, todos viven en el sector VI de la Cañada Real de Madrid y en el barrio la Cartuja de Granada y son de esos menores que siempre sacan el palito más corto. Los diez de Granada llegaron a Madrid y pronto maridaron con los 18 de la Cañada Real en un viaje de cinco días que arrancó el martes y que les ha llevado hasta Mont-roig del Camp, pasando por diversas localidades. Con una parada muy especial: Bañuelos de Bureba, donde los niños vieron proyectada la película en la antigua casa del maestro.
Antes de salir desde Madrid, a todos los niños se les entregó un cuaderno como los de Benaiges que han ido rellenando a medida que se acercaban al destino. Un poco antes de llegar, les hicimos la pregunta obligada: ¿Cómo te imaginas el mar?
- “El mar será muy bonito. Tendrá peces. Lo primero que haré será nadar en el agua. Nada más”, nos contesta en 2024 el niño Amir.
- “El mar será grande. Parece que hay arena. Lo primero que haré será jugar con la arena y un poco también con el mar”, nos cuenta la niña Aisha.
- “El mar será azul, y guapo, y tendrá peces, y mucho más. Nos han dicho que vamos a dormir cerca del mar y eso no es bueno, porque hará frío. Y llegará el agua... y hala”, nos responde el niño Barae.
Tras horas de viaje, el sábado a las nueve de la mañana, llegaban al mar. “A mí este viaje me ha encantado”, decía uno de los niños. “He conocido muchas personas, mayores y pequeñas, y me ha gustado un montón..., ojalá repetir otra vez este campamento”. Al final es cierto eso que dicen, que las cosas más pequeñas son las más grandes. Algo tan simple y normalizado como pasar una mañana en el mar, para ellos ha significado algo que nunca olvidarán.
Niños de la Cañada Real y La Cartuja viendo el mar por primera vez.
Un Viaje por la Memoria Democrática
Este viaje ha servido también para romper tabúes y devolver la dignidad a los barrios más desfavorecidos. La aventura empezaba pasando una noche en la Cañada Real. Los niños de la Cartuja fueron acogidos por algunas familias que viven allí. “Para ellos fue un choque con la realidad”, contaba Noelia, una de las educadoras del barrio del sur de Andalucía. Al día siguiente, cogían el autobús de camino a Burgos, donde continuaba la gran aventura. Burgos, Aragón, Navarra, La Rioja... un recorrido por la Memoria Democrática de Antoni Benaiges, el motor de este sueño.
Los alojamientos, transportes, la comida, las actividades y la difusión han sido posibles gracias a la implicación de entidades y Ayuntamientos, como el Museo de la Evolución Humana (Burgos), la Escuela Benaiges (Bañuelos de la Bureba), la Productora Filmax, la Asociación Memorialista La Barranca (La Rioja), la Asociación de Familiares de Fusilados 1936 (Navarra), el Parque de la Memoria (Sartaguda), el Centro de Estudios Maellanos y el CEIP Virgen del Portal (Maella), el Ayuntamiento de Maella, el Ayuntamiento de Mont-Roig del Camp, el Ayuntamiento de Cambrils y el Centro Cultural Blanquerna (Delegación de la Generalitat de Cataluña en Madrid).
La propuesta de maestros como Benaiges era que la educación básica se extendiera, que no estuviera reservada solamente para la gente que valía para hacer una carrera lejos del pueblo sino para todo el mundo y hacer sentir al alumnado que tenía una responsabilidad. “Una manera de construir ciudadanía, donde poder defender su pueblo y dignificarlo. Una educación donde todo el mundo tuviera dignidad, supiera expresarse, escribir y comunicar. En definitiva: hacer ciudadanía del futuro, eso sí, con valores republicanos”, concluye Bernal.
Este viaje es un acto de memoria y también de futuro. La promesa de Benaiges abrió, en efecto, nuevas formas de esperanza para esos niños, sepultadas de golpe por el odio. Ahora toca cerrar el cuadernillo que empezaron otros.
| Año | Niño/Niña | Descripción del mar | Primera acción en el mar |
|---|---|---|---|
| 1936 | Lucía Carranza | El maestro dice que iremos a bañarnos, yo digo que no voy a ir porque tengo miedo que me voy a ahogar. | No ir a bañarse por miedo a ahogarse. |
| 1936 | Natividad Hernáez | El mar será muy grande. Yo no lo sé porque no he estado allá. También será muy ancho y tampoco sé si es ancho o no lo es. | (No especificado) |
| 1936 | Severino Díez | En el mar habrá más agua que toda la tierra que yo he visto. El agua estará muy caliente. En las orillas debe ser piedra, porque si no se lo tenía que llevar. | (No especificado) |
| 2024 | Amir | El mar será muy bonito. Tendrá peces. | Nadar en el agua. |
| 2024 | Aisha | El mar será grande. Parece que hay arena. | Jugar con la arena y un poco con el mar. |
| 2024 | Barae | El mar será azul, y guapo, y tendrá peces, y mucho más. | (No especificado, pero preocupación por el frío y el agua). |
