Grandes Empresarios de Izquierda: ¿Realidad o Contradicción?
La pregunta sobre si se puede ser de izquierda y millonario genera debate. Para responderla, es crucial definir con precisión qué entendemos por riqueza y progreso. Existen diversos tipos de riqueza, según su origen, concepción y empleo. No es lo mismo ganar dinero mediante la explotación, la especulación o la destrucción del medio ambiente, que creando empresas productivas y limpias.
Así, no es lo mismo la riqueza que se derrocha en ostentación que la que se invierte en mejorar el nivel de vida de la sociedad. El dinero es poderoso y, como todos los poderes, puede ser decente o indecente. Es decente el poder que aumenta la autonomía de los ciudadanos e indecente el que la limita. En conclusión, hay riquezas compatibles con las ideas progresistas, y otras que no lo son.
El progreso no es un concepto económico sino ético. Progresar significa satisfacer cada vez con mayor extensión y prontitud las exigencias de la dignidad humana, tanto económicas como jurídicas, políticas o sociales. La riqueza personal puede ayudar a este proceso o entorpecerlo. Quien defiende un derecho absoluto de propiedad o una negación absoluta de la propiedad es reaccionario, y quien defiende la función social de la propiedad es progresista.
El Debate Sobre la Riqueza y la Ideología
Desde la misma pareja fundacional del materialismo histórico, la figura del rico comprometido con opciones de izquierda no ha cesado de repetirse. Engels disponía de una más que mediana fortuna y, de hecho, fue quien mantuvo económicamente a Marx durante largas épocas de su vida. Sin ello quizá El capital no se hubiera podido escribir. Desde entonces, han sido muy numerosas las personalidades que, disponiendo de situaciones holgadas o acaudaladas, han sido no sólo militantes sino dirigentes políticos de izquierda. Ello en tiempos en que la izquierda cuestionaba la propiedad privada.
Ahora, cuando apenas queda ya izquierda que cuestione la propiedad privada y el capitalismo de mercado se ha convertido en una especie de «naturaleza de lo social» no parece que la pobreza deba ser una condición previa para optar por compromisos de izquierda. Siempre que «ser de izquierdas» no sea una máscara que encubra la defensa de políticas antiigualitarias.
En toda ética, y más si hablamos de ética política, los contextos son fundamentales. En el actual, no es exigible el abandono del patrimonio personal para actuar con criterios de izquierda. Sí, en cambio, resultan exigibles comportamientos éticamente adecuados en el uso de esos bienes que condicionan desde su procedencia hasta la finalidad que se aplica a las rentas que generan, por no hablar del pago de impuestos. No todo está permitido a quien es rico y de izquierdas. Una situación que puede incrementarse conforme prolifere «el capitalismo de la cultura». Piénsese en artistas, escritores o deportistas.
Entiendo que ser de izquierda significa defender que, por el hecho de nacer, toda persona debe tener asegurada una vida digna en sentido amplio: educación, empleo... Todo ello en libertad, garantizando que la distribución de la riqueza sea lo más igualitaria posible y con respeto para toda la gente. Tras un análisis serio, un grupo muy amplio de intelectuales, entre los que se encontraba Marx, llegaron a la siguiente conclusión: «No es la conciencia la que determina la existencia; es la existencia la que determina la conciencia». Y esto es un hecho claro.
Los recursos grandes conducen, por lo general, a las posiciones que ya conocemos. Sin caer en «determinitis»: esa inflamación de la cosa determinativa, esa exageración de los principios. Hay gente -no excesiva, ésa es la verdad- que, habiendo estado ligada al capital, puede adquirir una conciencia que les lleve a ser de izquierdas. En las clases sociales hay capas, y no es lo mismo el pequeño propietario o el técnico, el profesional que tiene un salario elevado, que el gran capitalista.
Un millonario de izquierdas -alguno puede haber- es algo rarísimo, verdaderamente rarísimo. En principio, no parece que debiera existir contradicción entre ser progresista y gozar de una situación económica desahogada, incluso de un patrimonio cuantioso, siempre que ese patrimonio se haya obtenido de manera lícita. Ser de izquierdas implica tan sólo defender unas reglas de juego y una estructura social que impidan las desigualdades lacerantes, y una dinámica política que corrija tales desigualdades en el caso de que se produzcan.
Desde la izquierda nunca se ha promovido la caridad o la beneficencia, sino la justicia, justicia que difícilmente se instaura por el voluntarismo individual de repartir el patrimonio propio entre los pobres. Cabría afirmar, también a priori, que abrazar una ideología de izquierdas tiene tanto más mérito cuanto mejor es la condición económica de la que se dispone. Si la izquierda es coherente, sus medidas se encaminarán a conseguir una mayor igualdad y por lo tanto beneficiarán a los de abajo y perjudicarán a los de arriba.
Si, en principio, ser rico y de izquierdas no es contradictorio, sí es raro y difícil. Como afirmaba Marx, el ser social determina la conciencia y aquellos que están instalados en una situación de privilegio no serán muy proclives a asumir planteamientos que persigan reducir las desigualdades. Pero es que, además, en la actual estructura social y económica poseer una ideología de izquierdas es una clara rémora para ascender en la escala social, incluso en la profesional. El poder económico paga y sabe lo que quiere.
La Percepción de la Riqueza en la Izquierda
A la vista de esa campaña demagógica, un «rico» no puede ser de izquierdas, ni diputado en sus filas, aunque su patrimonio sea ridículo comparado con los que llenan al menos las primeras filas de la lista electoral del PP a la Asamblea de Madrid. Por lo visto, las gentes con posibles en España sólo pueden estar en las filas de la derecha, única legítima representante de los que tienen suficiencia económica. Por un razonamiento a contrario, todos los desposeídos deberían ser de izquierdas per se. Ni lo primero ni esto último coinciden con la realidad.
Estos términos, referidos a la política, nacen el siglo XVIII, en los comienzos de la Revolución Francesa. Los integrantes de la Asamblea Constituyente estaban divididos en dos grupos enfrentados. Unos, que deseaban mantener el orden monárquico y los intereses de la aristocracia, estaban sentados a la derecha del Presidente de la Asamblea. Hoy día tratar de definir las posiciones ideológicas de una persona en base a los criterios políticos y sociales de la Francia del siglo XVIII es tan ridículo como peligroso.
Si a esa tendencia natural a mostrar de un solo color monolítico la variedad contradictoria que todos llevamos dentro (y la no tan natural propensión a anunciarlo a los cuatro vientos: nunca me he fiado de las personas que tienen clarísimo lo que son y lo repiten de continuo), le sumamos el hecho de que los pijos que abundan en la cultura abrazan habitualmente el ideario progre para ABSOLVERSE MORALMENTE A ELLOS MISMOS, o tomar distancia con los desmanes y tropelías oligárquicas de sus antepasados reaccionarios, ya tenemos el cuadro completo de izquierdistas de salón encantados de conocerse.
Coño, que uno ya sabe que algo de inevitabilidad hay en que los que tradicionalmente obtuvieron desde criajos la mejor educación y refinamientos, sean quienes conduzcan en mayor proporción la evolución de las sociedades: casi todos los ilustrados no dejaron de ser lechuguinos de apellidos ilustres, qué le vamos a hacer. Y tengo amistades con el futuro resuelto desde la cuna que saben reírse de ese podio heredado… y reconocerlo. ¡Pero qué otros de su laya, no finjan una camaradería con la plebe que no solo no sienten, sino que además casi nunca han tenido ocasión de demostrar, pues en su mayoría no se rozan con nosotros ni hartos de Château d’Yquem!
En Madrid, los ricachones son mucho más ostentosos que en Barcelona. Y andan enfarlopados todo el tiempo. Los distingues ideológicamente porque si se meten las rayas de coca en privado, son de derechas; y si las comparten en público, de izquierdas. También, claro está, exudan esa chulería de Pichi que a veces se agradece por campechana y otras resulta execrable por lo menospreciativa y clasista. En Madrid es muy difícil disimular si perteneces a las clases altas.
Los pijoprogres madrileños también despliegan contigo una actitud paternal y condescendiente, pero a ello se suma el descaro de unos apellidos compuestos y una pulcritud en el vestir que parece salida del vestuario sobrante de Amar en tiempos revueltos.
La Oligarquía y el Poder Económico
El pasado 26 de noviembre Zapatero recibía a los principales 37 empresarios del país, unas semanas después de que se encontraran con el rey. Aunque supuestamente el objetivo de la reunión era analizar la situación de la economía, tuvo un claro carácter ejecutivo: el gobierno se comprometió a acelerar las "reformas" emprendidas (laboral, pensiones, cajas de ahorro...) como le exigían los empresarios ("que no le tiemble el pulso"). A cambio, los representantes de la burguesía española adquirieron un vago compromiso de "arrimar el hombro".
Si en los años 70 se hablaba de "las cien familias", recientemente el diario Público desvelaba que "un selecto grupo de veinte familias controla el 37,1% del Ibex (las 35 mayores empresas cotizadas), pese a que las acciones que poseen equivalen a un 12,2% del índice". A través de consejeros afines y participaciones cruzadas cada vez menos personas tienen más poder en las empresas.
Como explicó Lenin, en la fase imperialista del capitalismo, la preponderancia de la burguesía financiera es absoluta. Yendo al detalle, en la reunión había banqueros como Botín o Francisco González, que condujo la privatización de la banca pública para seguir al mando del BBVA. El Banco Popular, tradicional punto de apoyo del Opus Dei, o el Sabadell controlado por la burguesía catalana, también estaban. En cuanto a las Cajas, las dos mayores (La Caixa y Caja Madrid) hicieron valer su pretensión de convertirse en grandes grupos bancarios.
Después venían Telefónica, Repsol, Endesa o Gas Natural, antiguas empresas públicas construidas con impuestos y tarifas altas y entregadas al capital financiero para desgracia de sus trabajadores y de todos los consumidores. Últimamente también se dedican a saquear América Latina, y por supuesto, lo que hacía falta según ellos para salir de la crisis era subir la luz, el gas y la gasolina.
También asistió una nutrida representación de los constructores, seis en total. No cabe duda de que los Del Pino Calvo-Sotelo, Entrecanales, Villar Mir, Florentino Pérez, Koplowitz o Del Rivero son un ejemplo del emprendedor español, innovador y desvinculado del ladrillo, así como del respeto de la normativa laboral a través de sus contratas y subcontratas en las obras. Como se va a recortar el gasto en obra pública, se están introduciendo en otros negocios como aeropuertos y servicios privatizados.
Sus accionistas más destacados, La Caixa (por algo Catalunya es la comunidad con más peajes) y la familia March, descendientes del ilustre banquero que financió el golpe fascista de 1936. Hablando de antecedentes ilustres, César Alierta, presidente de Telefónica vinculado al PP, es hijo del alcalde franquista de Zaragoza, y entre los Benjumea, tradicional familia de la burguesía sevillana y dueña de Abengoa, se cuentan varios ex ministros del dictador y numerosos títulos nobiliarios.
Un pequeño grupo de empresas de tecnología, como la citada Abengoa, Gamesa, Indra o Hispasat (las dos últimas también fueron públicas y se privatizaron), son el ejemplo perfecto del "nuevo modelo productivo" del que tanto se ha hablado últimamente. Es el sector público el que paga sus desarrollos e innovaciones además de los beneficios de sus accionistas, sea directamente a través de subvenciones o indirectamente con mayores tarifas eléctricas.
Los hoteleros Escarrer (Sol Meliá) y Riu se quejaron amargamente de lo abandonado que está el sector por el gobierno. Desde luego, sería conveniente que éste vigilara más de cerca las condiciones laborales y la represión sindical que impera en la hostelería. Y hablando de represión sindical, también estaba presente Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés, empresa pionera en la creación de sindicatos amarillos y el despido de trabajadores "rebeldes".
Otro sector pionero en ataques contra los trabajadores, que ha perfeccionado las tácticas de EREs, despidos y chantaje continuo es el del automóvil, que estaba representado por el presidente de su patronal, ANFAC. La prensa destacó la ausencia de Roig, el presidente de Mercadona, y de la superestrella del empresariado español, Amancio Ortega, dueño de Zara, que dejó en manos de su consejero delegado acudir a la cita.
Saltándose toda la escenografía del parlamentarismo y de las instituciones "democráticas", la oligarquía dictaba al gobierno las acciones a seguir. Paradojas de la democracia burguesa, es gracias a la fuerza de la clase obrera que el PSOE está en el gobierno. Asimismo, las fortunas de estos oligarcas parásitos, que ahora quieren haceros pagar la factura de su fiesta, proceden del trabajo no remunerado a la clase obrera, que es la única clase que genera riqueza.
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El Elitismo en la Izquierda
Algo muy similar ocurre en nuestro país, como explicó el periodista Esteban Hernández en un brillante artículo, titulado '¿Qué hacemos con los nuestros? El gran dilema de la izquierda'. Allí hablaba de la "burbuja de Arganzuela", feudo madrileño de Podemos y Ahora Madrid, donde viven muchos de sus altos cargos, periodistas y humoristas emblemáticos. "Este barrio de Lavapiés (el distrito de Arganzuela en general) es una buena muestra de lo que ha hecho la izquierda en este tiempo. Se han olvidado de las clases obreras nacionales, se han dedicado a salir en televisión, a hablarnos de hegemonía, de corazones, de reguetón, de los inmigrantes, de las bicicletas por la ciudad, de centros ocupados y de los toros, y los que eran suyos les han abandonado".
El artículo de Hernández refleja la incapacidad de 'los partidos del cambio' para conseguir el apoyo de los votantes más pobres, cuyos intereses teóricamente representan. "En España hoy, casi diez años después del inicio de la crisis económica, casi el 50% de las personas que no tienen ingreso alguno siguen votando al bipartidismo", revela el demoledor informe que se analiza en el texto. Sin duda, la desconexión cultural con 'los de abajo' es un síntoma de la desconexión política.
Un habitante de la periferia de Madrid que se desplace a Lavapiés para tomar unas cañas empezará a escuchar palabras tan éxoticas como 'poliamor', 'posfordismo' y 'pollavieja'. Esta última alude a los varones blancos de más de cincuenta años que llegaron a posiciones de poder durante la era dorada de la alternancia de PP y PSOE.
Parece que medio siglo no ha sido suficiente para que la izquierda comprenda que no es aceptable mirar por encima del hombro a las clases populares por su supuesta falta de sofisticación intelectual. Además esta actitud, cargada de narcisismo, pasa enorme factura electoral.
Intelectuales de referencia en la izquierda como Santiago Alba Rico hace tiempo que vieron claro este problema. Lo expuso en el artículo 'El lío de Podemos y los tres elitismos', publicado en 2014. Entre otras cuestiones, Alba Rico denunció el riesgo de 'elitismo democrático', una expresión que parece contradictoria, pero que no lo es en absoluto.
Denunciaba que el funcionamiento del partido morado "acaba por dejar fuera a esa mayoría social -votante virtual de Podemos- sin la cual no se puede ganar y que ni lee ni revisa los documentos en Plaza Podemos, no asiste a las asambleas de los círculos, trabaja o busca trabajo sin parar, tiene muy poco tiempo para militar y ve además mucha televisión, lo que no le impide tener una noción bastante clara de lo que es la justicia y aspirar a un cambio real en favor de mayor igualdad, transparencia y democracia".
Cuando los activistas no están cómodos con algo -religión, familia tradicional, ejército…- le cuelgan la etiqueta de 'facha' en vez de intentar ofrecer una alternativa que sintonice con las necesidades y aspiraciones de 'los de abajo' (léase los españoles más vulnerables).
Para la mayoría de activistas de barrio 'cool' la familia es una entidad anticuada, asfixiante y tirando a casposa, a pesar de que esta institución fuese el mayor factor de solidaridad interpersonal para hacer frente a la crisis económica. Por ejemplo, según un reportaje de la BBC, el 22,1% de los abuelos tuvieron que ayudar a mantenerse a sus hijos o nietos.
La propuesta proviene de la politóloga Arantxa Tirado y el rapero Nega, autores del ensayo 'La clase obrera no va al paraíso' (2016). A pesar del éxito del libro, que anda por la quinta edición, la izquierda 'cool' se ha negado a entrar en el debate, confirmando las sospechas de elitismo y desconfianza hacia las clases populares.
Romano y Nega analizan la composición social de Podemos (Pablo Bustinduy, Ramón Espinar, Jorge Lago…) y llegan a la siguiente conclusión: "Un partido capitaneado en su mayoría por personas no ya de la clase media liberal, sino de la alta burguesía depredadora y del alto funcionariado estrechamente ligado al 'establishment' no resulta idóneo para defender los intereses de la clase trabajadora", señalan.
Hasta que no se sitúen en el centro las cuestiones materiales, tanto las grandes como las pequeñas, la izquierda española seguirá viviendo en una burbuja.
Corrupción y Enriquecimiento Ilícito
Las andanzas de los nietos de Fidel Castro, todos forrados, demuestran que el abuelo utilizó la revolución para amasar un gran patrimonio familiar. Uno de ellos, Sandro Castro, no pudo evitar colgar en las redes sociales su paseo por La Habana a 140 kilómetros por hora en su lujoso Mercedes. Se le entiende todo. Como a otro nieto, Tony Castro, cuando se exhibe en su yate o de compras por Madrid. El salario medio en Cuba ronda los 30 dólares al mes.
Que los Castro se hicieran millonarios con el poder no debe sorprender. Es habitual entre los popes izquierdistas latinoamericanos que no pueden explicar su enriquecimiento si no es gracias a la política. Es el caso de la familia Kirchner y de muchos de sus ministros, dos de ellos condenados por corrupción. O el de los mandatarios de la dictadura chavista de Venezuela, cargados de dólares en medio de un mar de miseria que ahoga a los venezolanos.
En esta relación, destaca la trayectoria del exjuez Baltasar Garzón. Bien conocidas son sus minutas abultadas para la defensa de izquierdistas enriquecidos. Garzón se ha desplazado desde su imagen de santón de la justicia universal a la mucho más rentable de apóstol del lawfare, ese cuento que consiste en montar un chiringuito muy rentable sobre la base de una supuesta persecución de jueces y periodistas fachas a líderes progresistas.
A Lula, Correa, Maduro y los Kirchner les perseguirían, arguye, no por enriquecimiento ilícito, sino por ser de izquierdas, y digan lo que digan las pruebas judiciales. El pasado día 17, el Tribunal Supremo de Cabo Verde sentenció a favor de conceder la extradición a Estados Unidos de Álex Saab, acusado de ser el testaferro de la familia de Nicolás Maduro y de lavar cientos de millones de dólares procedentes de la corrupción. ¿Quién se ha encargado de su defensa? Baltasar Garzón.
Como antes se hizo cargo Garzón de la de ‘El Pollo’ Carbajal, también demandado por la justicia estadounidense por razones similares. En el caso de este general chavista, sabemos por escritos de la empresa encargada del pago que la minuta ascendió, al menos, a 1,85 millones de euros. Le contrataron, explican, por “su relevancia internacional adquirida en la defensa de la justicia universal”.
Los intentos de desprestigiar a la justicia de Cabo Verde para evitar la extradición de un personaje como Saab producen vergüenza ajena. Como sus declaraciones a la periodista Patricia Janiot en Univision cuando esta, perpleja al ver cómo alguien con imagen de juez defensor de los derechos humanos coopera con Maduro, le preguntó si consideraba al régimen una dictadura o una democracia.
Garzón le respondió que “Venezuela tiene su propio sistema político, como Estados Unidos u otros”.
Las PYMES y la Explotación Laboral
Es inobjetable diferenciar a las pequeñas empresas comerciales, agrarias, artesanales, de los grandes monopolios empresariales y financieros, como Alvarez, Ortega, Botín, los representantes de la “marca España”, en tanto son estos grandes monopolios privilegiados los que estrangulan y liquidan permanentemente a las pequeñas empresas.
| Tipo de Empresa | Número de Asalariados | Porcentaje del Total de Empresas |
|---|---|---|
| Micro | 0-9 | 99,88% |
| Pequeñas | 10-49 | - |
| Medianas | 50-249 | - |
Por la propia lógica de la competencia capitalista, en las PYME la sobreexplotación del trabajo es el pan de cada día. Si el gran capital quiere liquidar al pequeño, el pequeño descarga esa presión sobre sus trabajadores. ¿Cómo? Reduciendo personal, flexibilizando las tareas, aumentando los ritmos de trabajo, extendiendo la jornada laboral, y sobretodo, pagando los peores salarios, cuando los trabajadores no están directamente “en negro” o currando gratis mediante el lucrativo negocio de las pasantías.
Esto explica por qué los representantes de las PYME no se opusieron a la Reforma laboral, el peor ataque a los derechos de los trabajadores en las últimas décadas. Al contrario, abrazaron con gusto sus detalles más picantes, como la vía libre para hacer despidos colectivos (EREs), o poder despedir por faltas de asistencia al trabajo con sólo 20 días por año, o la reducción de la cuantía en los despidos improcedentes.
En sólo un aspecto las PYME se opusieron a la Reforma laboral: la eliminación del Fondo de Garantía Salarial, por el cual cuando una empresa con menos de 25 trabajadores despedía a un empleado, el Estado se hacía cargo del 40% de la indemnización. El mecanismo se terminó el 1 de enero de 2014.
