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Historia y Funciones de la Minería del Carbón en España: De la Real Compañía a HUNOSA

by Admin on 16/05/2026

La minería ha sido un factor clave en el desarrollo económico y social durante siglos, tanto en Asturias como en el resto de España. Las condiciones geológicas y tectónicas de la franja asturiana han favorecido desde hace millones de años el origen y formación de yacimientos minerales de todo tipo. El carbón de hulla, propio de Asturias, tiene entre un 80 y un 90 % de carbono.

Los Orígenes y el Desarrollo Inicial de la Minería del Carbón

Las primeras y pequeñas explotaciones de carbón datan de finales del siglo XVI, y la primera licencia documentada para la extracción de carbón tiene fecha de 1593, firmada por Felipe II. La segunda mitad del siglo XVIII estuvo marcada por el inicio de la minería industrial en Asturias, fomentada por los ilustrados de la época. En 1780, Carlos III dictó una ley para incentivar la creación de compañías que se encargasen de la extracción del carbón. En este momento, la extracción del combustible fue establecida como actividad industrial, y figuras como Gaspar Melchor de Jovellanos, fomentaron la extracción de hulla para estimular la economía del país.

Dichas minas fueron singulares por muchas razones. La llegada de los belgas en 1833 supuso el comienzo de la explotación moderna del yacimiento, al borde del mar, en el mismo lugar que desde 1593.

Durante la guerra de la independencia, la extracción de carbón se ve paralizada. No es hasta casi la segunda mitad del siglo XIX cuando vuelven a funcionar las minas. En 1833, se funda la Real Compañía Asturiana de Minas, reflejo del capital extranjero aportado por la familia belga Lesoinne y los catalanes Joaquín Ferrer y Felipe Riera. Esta empresa se convierte en la más grande de Asturias. No por repetida deja de ser menos cierta la frase de Jordi Nadal: una de las «dos primeras empresas carboneras dignas de tal nombre», la Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón.

Abandonado el fallido proyecto siderúrgico, en 1953 se refunda la Real Compañía en la Compagnie Royale Asturienne des Mines para la metalurgia del zinc con una nueva mina. Esta nueva mina contaba con el primer pozo vertical de Asturias para explotar una capa de carbón excepcional en Asturias: en torno a 20º de buzamiento y hasta 10 m de potencia.

La Minería del Carbón en León

El carbón ha constituido durante los últimos 150 años la principal sustancia mineral que se ha explotado en la provincia de León. Los carbones leoneses son hullas y antracitas procedentes de la acumulación de materias vegetales en el período Carbonífero de la era Paleozoica, con una antigüedad de 300-360 millones de años. Las cuencas mineras se encuentran repartidas por toda la zona norte de la cordillera: Valderrueda, Sabero, Ciñera-Matallana, La Magdalena, Villablino, Fabero-Sil y Bembibre.

Los primeros registros de minas de carbón se producen en el siglo XVIII en la zona de Bembibre, cuando al construir el Camino Real se descubren varias capas de carbón mineral. La primera cuenca que se empieza a explotar de forma industrial es la de Sabero. En la segunda mitad del siglo XIX se empieza a gestar la explotación industrial de los recursos carboníferos de la provincia de León, ligados al progresivo desarrollo industrial y urbano del país, donde ya se empieza a construir una red de ferrocarriles que posibilitarán un transporte económico frente a los tradicionales carros.

Una vez dotadas de comunicaciones las diferentes cuencas mineras, su evolución y desarrollo va ligado a las diferentes coyunturas económicas y políticas. Destaca el período conocido como la "orgía hullera", coincidente con la I Guerra Mundial (1914-1918) en el que el carbón alcanza un elevado precio para la exportación a los países en guerra y se abren numerosas explotaciones. Tras la "orgía hullera" se produce el cierre de la mayoría de las explotaciones por falta de rentabilidad y escasa o nula dirección técnica.

Otro de los momentos de mayor actividad en la minería del carbón se produce después de la Guerra Civil Española (1936-1939). Es un período conocido como "autarquía", ligado a la reconstrucción del país y a la búsqueda de una independencia energética y de materias primas. La totalidad de las cuencas leonesas entran en un período de desarrollo importante.

El Auge y la Crisis del Carbón Asturiano

Las minas, mayoritariamente situadas en el interior de Asturias tenían importantes problemas para transportar su carbón debido a las pobres condiciones de las vías de comunicación. El sevillano Alejandro María Aguado impulsa la construcción de la carretera carbonera para solucionar este problema. Otro gran avance para el desarrollo de la minería se produjo con la inauguración del ferrocarril en 1852, comunicando Langreo y Gijón. De este modo se multiplicó la capacidad de transporte, iniciada por la carretera carbonera.

Llegado el nuevo siglo, la extracción de carbón se contabilizaba en 1.900.000 toneladas. Durante la Primera Guerra Mundial el carbón asturiano vivió una de sus épocas doradas, todas, casi siempre, tan brillantes y prometedoras como breves e ineficaces. La competencia del carbón inglés casi desapareció. Crecieron los pedidos, la producción y las empresas obtuvieron cuantiosos beneficios. Sin embargo, estas magníficas condiciones no se aprovecharon para solucionar los problemas que arrastraba el sector hullero en Asturias. La extracción del carbón asturiano se contabilizó en 3.400.000 toneladas en este período.

Al terminar la guerra reapareció el carbón inglés, que volvió a conquistar los mercados con sus bajos precios y provocó un importante retroceso en la producción nacional. El carbón asturiano contaba con numerosas complicaciones que dificultaban su extracción y comercialización. Esta situación llevó a la patronal a solicitar de nuevo más medidas proteccionistas que llegaron durante los primeros años veinte ante la grave crisis que presentan las empresas en 1922. Desde el gobierno se incide en la obligación de consumo del carbón nacional en todas las industrias. Esto provocó que la minería asturiana se recuperase volviendo a aumentar la producción de forma espectacular. En 1932, se vuelve a ratificar la obligatoriedad del consumo y se refuerza esta disposición en 1935.

Los buenos vientos propiciados por el soplo del Estado duran poco. La Guerra Civil castigó especialmente a Asturias por la situación latente desde la Revolución de octubre de 1934. Los años cuarenta y cincuenta del siglo XX son los años de mayor esplendor del carbón asturiano. La hulla se convirtió en un producto estratégico, ya que la Segunda Guerra Mundial primero, y el posterior bloqueo económico y aislamiento internacional después, impidieron que pudiesen llegar otras fuentes de energía como el petróleo. La hulla asturiana supuso casi tres cuartas partes de la producción nacional durante dos décadas. Como había pasado durante la Primera Guerra Mundial, el incremento del mineral extraído se logró, mayormente, gracias al aumento de la mano de obra. Las posibilidades de empleo, que parecían inagotables, atrajeron un número importante de emigrantes de otras provincias.

El final de la década marcaba el momento álgido de “la fiebre del carbón” en Asturias, un proceso que resultó determinante en la industrialización de la comunidad, dando lugar al establecimiento de la industria siderúrgica, a una profunda mejora de las comunicaciones interiores y a un desarrollo económico y social sin otro parangón semejante en la historia.

La electrificación progresiva de los ferrocarriles españoles y la entrada en el mercado de nuevos combustibles derivados del petróleo para calefacción (fuel-oil, gasoil, gas), supuso un notable recorte en el consumo de carbón en los años 60-70. Sin embargo, la crisis del petróleo de los 70 y la construcción de las centrales eléctricas en las inmediaciones de todas las cuencas leonesas dio lugar a un nuevo despegue de la minería del carbón. Es en este período cuando se desarrollan las grandes minas a cielo abierto.

La Intervención Estatal y la Creación de HUNOSA

Volviendo al relato cronológico. La liberalización del mercado precipitó definitivamente al carbón asturiano en la crisis que había venido bordeando gracias al sucesivo aumento de las medidas proteccionistas que se habían aplicado desde principios de siglo. El Gobierno franquista se vio obligado a lanzar un plan de salvación de la industria extractiva asturiana a través de la denominada acción concertada y el Régimen de Ayuda a la Minería. La acción concertada se aplicó a partir de 1965, consistiendo en créditos del 75 por ciento para la inversión, subvención de la producción por cuatro años y ventajas fiscales para las empresas. A cambio se tenía que mejorar la productividad, animando a la vez, a la concentración empresarial. Pero, a pesar de las ayudas gubernamentales, las condiciones generales de las compañías no mejoraron. En 1966 los empresarios, que no habían sido capaces de afrontar la crisis, pidieron la nacionalización de sus empresas al Gobierno, ya que las pérdidas económicas eran irreparables.

La solución fue la entrada del Instituto Nacional de Industria (INI) en el sector hullero, creándose en 1967 la empresa Hulleras del Norte Sociedad Anónima (HUNOSA). La concentración vino de la mano del Estado, que adquirió la totalidad de las acciones de la mayoría de las empresas mineras privadas que operaban en la cuenca central que se encontraban descapitalizadas, en crisis y reduciendo su producción:

  • Duro Felguera
  • Hullera Española
  • Fábrica de Mieres
  • Carbones Asturianos
  • Industrial Asturiana Santa Bárbara
  • Compañía de Carbones, Industria y Navegación
  • Compañía Industrial Minero Astur
  • Nueva Montaña Quijano

En 1968 se incorporaron nuevas empresas privadas: Hulleras de Veguín y Olloniego, Hulleras del Turón y Carbones La Nueva; en 1969 lo hicieron Nespral, Tres Amigos, Minera de Langreo y Siero, Carbones de Langreo, Coto del Musel y Minas de Riosa. En 1970 se cerró una de las “operaciones de salvamento” más costosas en la historia del INI. Aún llegarían luego Mina Encarnada, Minas de Lieres y Minas de Figaredo.

Finalizado el proceso integrador, la empresa se encontró con la necesidad de racionalizar su estructura productiva a través de la concentración de explotaciones, que llevó aparejado un cierre de minas, bien por carecer de reservas o bien porque su yacimiento se iba a explotar en el futuro más racionalmente desde otro pozo. Además de la concentración de explotaciones, fue preciso iniciar una serie de fuertes inversiones, para dotarlas de nuevas instalaciones e infraestructuras. Adicionalmente, se acometieron importantes cambios en la organización empresarial y se adecuaron las plantillas de personal a las demandas productivas de la sociedad, en un proceso de mejora permanente de las condiciones de trabajo.

Hunosa no ocultaba la difícil tarea que tenía por delante. Así, en 1973, cuando se valoró el cumplimiento del plan en vigor, la propia compañía expresaba que era “absolutamente imposible lograr en Hunosa el equilibrio de resultados e incluso estabilizar las pérdidas”. Y todo pese a que la primera crisis internacional del petróleo supuso un alivio momentáneo a la crítica situación hullera. En este proceso de integración, la empresa pública se configura como el agente fundamental de la evolución de la minería regional y, junto a Ensidesa, no solo por su aportación a la economía sino a lo social, implicando un nuevo sistema de trabajo y relaciones laborales.

El Impacto Socioeconómico y Laboral de la Minería

Los cambios que impulsó el carbón fueron profundos y vertiginosos. En lo territorial, las praderías dieron paso a tramas urbanas, y el crecimiento de población se disparó más de lo que nadie había imaginado. Como ejemplo cabe citar a Langreo, que pasó de los menos de dos mil habitantes a mediados del siglo XVIII cuando se realizó el Catastro del Marqués de la Ensenada a los más de setenta mil de finales de los años sesenta ya en el siglo XX. El comercio agrícola basado en los productos del campo y la ganadería dio paso al industrial.

Las condiciones de vida del obrero mixto, que mantenía como ocupación principal la agropecuaria, también evolucionaron. En 1871, se daba cuenta por los empresarios de la creación de una caja de socorros, de la construcción de viviendas, centros médicos, escuelas, etc. Más adelante, en 1917, manifestaban abiertamente que daban atención preferente a lo que representa el bienestar del obrero y su mejoramiento moral y material. La creación de Casa de Oficios, sanatorios y colegios corroboraban esta manifestación. Los obreros fueron profesionalizándose con este proceso paternalista de atenciones sociales que perseguía, entre otros fines, reducir la conflictividad.

Movimientos Sociales y Derechos Laborales

Los movimientos sociales fueron inherentes al proceso industrial. Las condiciones de vida y trabajo dieron lugar en el último tercio del XIX a las primeras huelgas y asociaciones locales de trabajadores, inicialmente de carácter mutualista. En 1910 se puso en marcha el Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA). Los tiempos también cambiaban en el movimiento obrero. De la acción individual, a la mancomunada; de la empresa familiar se pasará a la sociedad anónima; del emprendedor industrial al accionista que delega funciones en técnicos y expertos.

Precisamente, la patronal se organizaría para dar respuesta al sindicato mayoritario, que en 1912 contaba con diez mil afiliados y en 1919 se acercaba a los treinta mil. La crisis de los años veinte y la escisión comunista debilitaron al sindicato, que se recuperó gracias a la favorable legislación laboral de la dictadura y República de la época, que convirtieron a la organización en intermediaria oficial entre mineros y patronos. Sus dirigentes se vieron desbordados por la radicalización de sus afiliados ante lo que consideraban deriva fascista del gobierno que dio lugar a la revolución de 1934. Ya consolidado, el movimiento obrero sería también motor de cambio en la reforma social logrando la puesta en marcha de la baja en caso de enfermedad y las indemnizaciones en caso de accidente o fallecimiento, entre otros.

En esa misma línea de mejoras, se impulsó la concesión de viviendas, el crédito en los economatos laborales o las inversiones en educación; y, también, reformas en materia de accidentes de trabajo, condiciones de trabajo de las mujeres y los niños (se prohibió el trabajo subterráneo a menores de 16 años). El fuerte crecimiento de la población en las comarcas mineras debido a la llegada masiva de inmigrantes conllevo la construcción de las numerosas barriadas que siguen poblando el territorio. La formación también se multiplicó. Las empresas buscaban un obrero formado y para ello no dudaron en abrir nuevos colegios y facilitar la llegada de órdenes religiosas vinculadas a la enseñanza como ocurriría con los Hermanos de La Salle. Los avances corrieron parejos en muchos campos. La minería ha sido durante siglos un sector duramente castigado por la siniestralidad laboral y las enfermedades específicas del sector, como la silicosis. Esta realidad conllevó también un esfuerzo técnico para tratar de atajar la situación y mejorar las condiciones de seguridad en los trabajos con la aplicación de nuevas tecnologías.

La lucha clandestina de las mujeres en la cuenca minera de Asturias

La Mujer en la Minería

Innegable es también la influencia de los cambios industriales impulsados por la minería del carbón en el proceso de incorporación de la mujer al trabajo minero y siderúrgico a mediados del siglo XIX. Un cuadro de José Uría ya recoge en 1899 a un nutrido grupo de mujeres trabajando en el machaqueo de mineral en la fábrica de Duro. En 1901, Rafael Fuertes Arias dice que hay más de mil mujeres trabajando en la hulla, y el geógrafo Aladino Fernández asegura que tras la Guerra Civil era normal que trabajaran en la industria ante la falta de mano de obra masculina. En los setenta del siglo pasado, la situación se revertiría y la mujer tendría que empezar otra lucha para volver a la mina.

Finalmente, el 17 de enero de 1996, cuatro mineras entraron por primera vez al pozo en Santiago, Aller, y Pumarabule, Siero. Alcanzar este hito acarreó largos pleitos y necesitó una sentencia del Tribunal Constitucional tras una demanda interpuesta por varias mujeres que habían entrado en Hunosa en 1985 y a las que sólo se les permitía desarrollar labores de exterior. En 1992, el órgano más elevado en la interpretación de la Constitución reconoció el derecho de las mujeres a trabajar en las explotaciones mineras en las mismas condiciones que los hombres.

La Integración Europea y el Declive del Carbón

La incorporación de España a la Comunidad Europea y sus políticas energéticas impuso restricciones añadidas a la minería pública. Cabe destacar el Tratado CECA de 1952, por el que varios estados europeos aceptan políticas comunes en materia industrial. Posteriores decisiones dentro del mismo tratado promovían el final de las ayudas estatales a la estabilización de la producción, limitándolas únicamente a las empresas viables y competitivas que acometiesen planes severos de reconversión antes de 1990.

En el año 2010 el Gobierno español aprobó la Decisión del Consejo Europeo relativa a las ayudas estatales destinadas a facilitar el cierre de minas de carbón no competitivas; a través de la cual, se obligaba a los Estados Miembros afectados a presentar un Plan de cierre de sus minas de carbón no competitivas, legalizando estas ayudas al cierre que vienen percibiendo distintas empresas productoras de carbón de España. Esta Decisión de la Unión Europea, aprobada en diciembre de 2010 y aceptada por España, fijó 2018 como fecha de cierre de las minas que no sean competitivas.

Año Evento Clave Impacto
1593 Primera licencia de extracción de carbón en Asturias. Inicio de la minería de carbón documentada.
1780 Carlos III dicta ley para incentivar compañías de extracción. Fomento de la minería industrial en Asturias.
1833 Fundación de la Real Compañía Asturiana de Minas. Comienzo de la explotación moderna, liderazgo empresarial.
1852 Inauguración del ferrocarril Langreo-Gijón. Multiplicación de la capacidad de transporte de carbón.
1914-1918 Primera Guerra Mundial ("Orgía Hullera"). Aumento significativo de pedidos, producción y beneficios.
1922 Crisis del sector y medidas proteccionistas. Recuperación temporal por obligatoriedad de consumo nacional.
1936-1939 Guerra Civil Española y período de "Autarquía". Auge del carbón como producto estratégico.
1952 Tratado CECA. Inicio de políticas comunes europeas en la industria minera.
1965 Plan de salvación del Gobierno franquista. Acción concertada y Régimen de Ayuda a la Minería.
1967 Creación de HUNOSA. Nacionalización de empresas mineras en Asturias.
1973 Primera crisis internacional del petróleo. Alivio momentáneo a la situación hullera crítica.
1992 Sentencia del Tribunal Constitucional. Reconocimiento del derecho de las mujeres al trabajo minero subterráneo.
2010 Decisión del Consejo Europeo sobre cierre de minas. Establece 2018 como fecha límite para el cierre de minas no competitivas.

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