El Mentoreo: Una Guía Esencial para el Desarrollo Integral y el Éxito Educativo
Conceptualmente, el mentoring o mentoría se configura como una relación entre una persona con mayor experiencia, el mentor, y otra con menor experiencia o incluso nula, el pupilo, alumno, mentorizado o mentoree, para mejorar su desarrollo y sus competencias. Ser mentor es un camino de largo recorrido en el que deben estar muy alineados el ser, el saber y el hacer, porque no se trata solo de ponerse delante de una persona y darle consejos acerca de lo que tiene que hacer o no hacer para lograr lo que quiere.
No todo el mundo ejerce como mentor por los mismos motivos y estos cambian mucho el tipo de mentor/a que somos. Por eso, como buenos peregrinos, no debemos perder nunca nuestro norte, nuestro santuario: acompañar a otros para que logren por sí mismos sus metas. Inicialmente, el mentoreo debe percibirse como un proceso de acompañamiento, no uno de enseñanza, y aunque el mentee efectivamente resulta con aprendizajes, estos se dan según sus necesidades y no según el deseo del mentor (Guerra & Lobato, 2015).
La relación de mentor-mentee debe buscar desarrollar las potencialidades del individuo, principalmente el pensamiento crítico, la capacidad creativa y el desarrollo personal. Así, la mentoría se configura como un intercambio de conocimientos y experiencias entre el mentor y su mentee, facilitando de tal forma el proceso de aprendizaje, la adquisición de técnicas y herramientas educativas y el desarrollo de la consciencia del alumno sobre las estrategias que utiliza para aprender (Alonso, Sánchez, & Calles, 2011).
Historia y Evolución del Mentoreo
El mentoreo, aunque últimamente ha resonado bastante en los ámbitos educativos, no tiene nada de nuevo, pues a lo largo de la historia, encontramos la figura del mentor, misma a la que se le han encomendado muy diversos roles (Casado, Lezcano, & Colomer, 2015). Sus antecedentes históricos datan desde la antigua Grecia, en el que los grandes filósofos mentoreaban a jóvenes en su desarrollo. Etimológicamente hablando, el mentoreo proviene de la palabra “mentor” que hace referencia a Mentor, que fue a quien Ulises encomienda la educación de su hijo Telémaco.
Cuenta Homero en su Odisea, que el mejor amigo de Ulises probablemente era Méntor, al que confió la preparación de su hijo Telémaco, para ser el próximo rey de Ítaca, mientras él partía hacia Troya. De igual forma, hablar de mentoreo nos lleva inevitablemente a referirnos a la mayéutica Socrática, la cual, mediante el diálogo y la oposición de concepciones, lograba acceder y desarrollar el conocimiento en los jóvenes (Haggard, Doufherty, Turban, & Wilbank, 2011).
Sin embargo, no solo en la antigua Grecia se podía apreciar este proceso de acompañamiento, en la época medieval el tutor-mentor representaba un rol de guardia de la vida de sus pupilos, buscando que los mismos se desenvolvieran de una manera correcta, desarrollando buenas costumbres y ejerciendo óptimamente los principios y esencia de la religión (Girves, Zepeda, & Gwathmey, 2005). En las Universidades del medievo, la figura de los maestro-mentor va poco a poco apegándose al área académica, aunque en este momento histórico, el mentor seguía atendiendo gran parte de las cuestiones personales que aquejaban a sus estudiantes.
Así, aunque ha ido evolucionando el concepto y noción de los participantes del proceso, el mentoreo ha sido una herramienta fundamental en la formación de nuevos individuos y en el desarrollo de habilidades profesionales (Cuenca, García, & Aizaguirre, 2016). En la actualidad, la figura más común que tenemos del mentor es aquella que se da en los procesos doctorales, en los cuales asesor y estudiante comparten la responsabilidad del desarrollo de un proyecto de investigación, convirtiéndose el profesor en el guía, supervisor y autoridad que avala la investigación y, por ende, es necesario un trabajo de manera directo y cercano (Hobson, Ashby, Malderez, & Tomlinson, 2009).
El Rol del Mentor: Más Allá de la Enseñanza
El mentoring no es una práctica estructurada, estandarizada y rígida, no es un proceso en el que se sabe de antemano en cada sesión qué hacer y cómo, porque cada persona necesita cosas diferentes, tiene circunstancias y problemas distintos, ritmos y estilos de aprendizaje diversos y objetivos muy personales a lograr.
Ser docente no es una labor que cualquier profesionista pueda desempeñar, ya que no es lo mismo saber de un tema, que tener las competencias para poder enseñarlo. El educar implica a la totalidad del ser humano y de su contexto, por ello, el proceso de aprendizaje resulta tan complejo y debe abarcar sistemas educativos, modelos pedagógicos, medios de comunicación, técnicas didácticas y de involucramiento. Así, propuestas de acompañamiento como el tutoreo y el mentoreo han tomado un rol determinante en el desarrollo de los nuevos modelos educativos, en donde el profesor y alumno comparten un espacio más cercano, que les permite construir el desarrollo de competencias de manera más directa, personal y consistente (Soler, 2003).
Cualidades Esenciales de un Mentor
Las características que definen a un mentor efectivo son multifacéticas y se centran en el acompañamiento y desarrollo del mentee:
- CREYENTE: Un mentor es un creyente. Cree firmemente en que todas las personas tienen un potencial a desarrollar y una inclinación natural a hacerlo. Creemos que las personas son lo suficientemente inteligentes para encontrar las respuestas por sí mismas, no necesitan que otro se las dé.
- SERVIDOR: Un mentor excelente lo es por vocación, tenemos una inclinación natural a acompañar a otros a superarse, a desarrollarse por sí mismos. Esto es lo que nos ayuda a no dirigir, a acompañar orientando, respetando la individualidad de aquellos a quienes acompañamos, sin imponer nuestros puntos de vista, nuestra manera de ver y hacer las cosas. Aceptamos de forma incondicional a nuestros mentees y nos adaptamos a ellos, a sus características personales, a su forma y ritmo de aprender, respetando sus decisiones y no tratando de influirlas o cambiarlas.
- APRENDIZ ETERNO: Estamos siempre abiertos a la experiencia, por mucha que tengamos nos enfrentamos a cada actividad, a cada situación y al propio proceso de ser mentor con una mentalidad de principiante. No nos quedamos instalados en nuestra atalaya de conocimiento, sino que pisamos la arena para aprender de la experiencia de ser mentor, de nuestros mentees y de cada sesión de mentoring.
- HERMANO: El mentoring es una relación de hermano a hermano, de ser humano a ser humano, sin jerarquías, sin relaciones asimétricas o de poder, sin «yo sé y tú no», o «yo sé más». Cuando nos hermanamos las personas se abren y eso es lo que permite aflorar el talento para poder desarrollarlo.
- RESONANTE: La resonancia amplifica y prolonga el impacto de las palabras, las acciones, las sensaciones y los aprendizajes. Hace que tus actos se mantengan presentes, a pesar de la distancia, y sigan sirviendo como fuente de aprendizaje a tu mentee, porque le resuenan una y otra vez en su cabeza. Para resonar necesitamos tener una presencia plena y consciente en las sesiones de mentoring, estar solo centrados en nuestro mentee, sin diálogo interno, sin distracciones, sin interrupciones, escuchando con atención plena, actuando con autenticidad, honestidad y congruencia. Solo así evitaremos que nuestras emociones, creencias, juicios y prejuicios intoxiquen la relación, sesguen la visión que tenemos del mentee y condicionen la forma de guiarlo adecuadamente, según sus necesidades.
Un mentor es un INVERSOR porque invierte en el autoconocimiento, autoconfianza, autorreflexión, automotivación y autofeedback de su mentee, activando sus recursos para que puedan producir resultados de forma independiente. La diferencia entre invertir o intervenir, para resolver o salvar, se traduce, en la mayor parte de los casos, en preguntar en lugar de opinar o responder, en escuchar más que en hablar. Lo contrario genera dependencia. Si rescatamos, solucionamos o respondemos por otros, ¿qué pasará cuando no estemos ahí para hacerlo? ¿cómo resolverán o decidirán?
Invertimos cuando ayudamos a reflexionar a nuestros mentees para que tomen decisiones, cuando no influimos en ellas, cuando no evitamos o impedimos que las tomen, cuando creemos que no son adecuadas o les van a generar problemas. Invertimos cuando estamos ahí para ayudarles a aprender de los errores cuando se equivocan, porque lo contrario lo privará de ese aprendizaje o le desposeerá de la propiedad de su éxito. De la misma forma que un entrenador de fútbol no salta al campo para tirar un penalti porque cree que su jugador lo va a fallar, los mentores no intervenimos en las decisiones de nuestros mentees, no resolvemos sus problemas.
Todo ello se traduce en que más del 60% de la conversación en una sesión de mentoring debe ocuparla el mentee; las ideas, las decisiones y las acciones deben surgir del mentee. Aunque tengamos la respuesta, no debemos darla. Si lo hacemos, se pierde el momento didáctico, la oportunidad del aprendizaje significativo del mentee. Los mentores debemos ser socráticos: hacer la pregunta y dejar que surja la respuesta. Con la respuesta resolvemos, tiramos el penalti y marcamos el gol. Con la pregunta ayudamos a que el mentee aprenda a encontrar sus respuestas, a resolver sus problemas, a tirar penaltis y marcar goles.
Un mentor es también un LIBERTADOR: somos aceleradores de las carreras profesionales de otros porque les ayudamos a liberar todo su potencial, a desarrollarlo y usarlo para lograr sus metas. Brindamos ocasiones para poner en acción el talento diferencial de cada persona, conectándolo a las oportunidades que lo hacen posible y haciendo visibles sus logros y contribuciones. Un libertador del potencial deja espacio para pensar, expresar y hacer, para contribuir, reflexionar, parar y repensar, evitando la tendencia a ocupar la conversación con nuestras opiniones, ideas o sugerencias.
Finalmente, un mentor actúa como ALQUIMISTA: un mentor sabe cómo ser un catalizador del cambio del mentee, ayudándole a transformar su negatividad en positividad, sus dudas en claridad, su inseguridad en confianza, su inacción en acción. Lo hace estimulando su pensamiento a través de una conversación reflexiva: primero escucha con atención para comprender qué es lo que quiere exactamente el mentee y dónde está teniendo dificultades para lograrlo, reformula y enmarca el tema de la sesión y realiza preguntas provocadoras para guiar un proceso de toma de decisiones sólidas. Ser un alquimista conversacional supone darse cuenta de que nuestra mayor contribución es hacer preguntas que favorezcan un pensamiento de calidad.
Otras Características Clave del Mentor:
- Disponibilidad emocional e interés auténtico, para el involucramiento en el proceso de mejora del otro.
- Gran capacidad de escucha, también saber escuchar el silencio del mentee.
- Discreción y habilidad de crear confianza. Ya que al final de cuentas, gran parte de sus resultados dependen de la relación de acompañamiento que pueda forjar con su mentee, quien, si no se siente cómodo, simplemente no permitirá esta interacción (Hansford, Tennent, & Ehrich, 2003).
- Neutralidad en el proceso: Un mentor debe de mantener siempre neutral en el proceso del mentoreo, teniendo presente que el mentoreo es un proceso de su mentee, no del mentor mismo. El mentor no debe de involucrarse emocionalmente, ni olvidar que las observaciones o consejos deben ser objetivos, tratar de la mejora del mentee y por lo mismo, a la medida de lo posible, deben no ser subjetivos y nunca ser una entrega de juicios hacia la persona del mentee (Manzano, Martín, Sánchez, Rísquez, & Suárez, 2012).
- Prioriza la conexión humana: Siempre pone la conexión humana, la relación con su mentee antes del proceso de mentoreo: El éxito del mentoring se basa en una estrecha conexión humana entre las dos partes, en una relación de confianza y por lo tanto enfoca en la persona, no en las tecnicidades del proceso. En el momento que se empieza a enfocar en la duración de las entrevistas o en el cumplimiento de los pasos del proceso, se convierte en un proceso de enseñanza y pierde su característica de acompañamiento (Shea, 1992).
- Enfoque en la persona del mentee: El mentoreo se perfila en las necesidades de la persona del mentee, toma en cuenta también las razones personales, emocionales, más allá de las meramente académicas o laborales (Thorndyke, Gusic, & Milner, 2008).
- Promueve el mensaje optimista, nunca pesimista: El mentoreo promueve la creación de la autoconfianza y la capacidad de autogestión del mentee. Por lo mismo, se enfoca en resaltar lo positivo en el mentee y ver su crecimiento como una constante detección de áreas de oportunidad, donde la persona quien se da cuenta de sus áreas de oportunidad, es el mismo mentee (Kram, 1985).
- Lealtad a las necesidades del mentee: El mentoreo se concluye con el crecimiento, cambio del mentee, hacia el reconocimiento de sus fortalezas, de sus capacidades de enfrentar asuntos que anteriormente declaraba como problemas, con un enfoque nuevo de enfrentarlos, en lugar de rendir ante la imposibilidad de solución. Eso sucede desde la capacidad y necesidad del mentee y tiene que tomar en cuenta su posibilidad de crecimiento, no la necesidad de la empresa o de la academia.
La Preparación del Mentor: Claves para la Efectividad
Querer ayudar a otros a desarrollarse no significa poder hacerlo y hacerlo bien. Antes de ponerte a ejercer como mentor, por mucho que te motive, pregúntate: ¿estoy suficientemente preparado? ¿mi experiencia es suficiente para acompañar a otros? ¿necesito cambiar algo en mi forma de relacionarme con las personas, en mi forma de conversar? ¿qué necesito saber para hacerlo bien?
En líneas generales, es crucial comprender cómo funcionan los procesos de pensamiento, toma de decisiones, aprendizaje, cambio y desarrollo de las personas, cómo impactan las relaciones y conversaciones que mantenemos con ellos y cómo influyen los contextos, en los que interactúan, en todo lo anterior.
Un mentor debe saber que:
- El pilar de cualquier proceso de aprendizaje, cambio y desarrollo es el autoconocimiento. Por eso los procesos de mentoring deben comenzar siempre por propiciarlo en el mentee a través de la indagación apreciativa y estratégica: Qué quiere, de dónde surge ese querer, qué tiene y qué necesita para conseguirlo, dónde están sus mayores dificultades para lograrlo.
- El desarrollo humano no es solo una cuestión intelectual, las emociones juegan un papel muy importante. Tenemos que saber ayudar al mentee a gestionarlas.
- Las creencias tienen una influencia muy grande en nuestro comportamiento y nos pueden tanto limitar como potenciar.
- La idea “la gente no cambia porque no quiere” esforzarse, no está motivada, etc. es limitada y limitante. Las personas a veces no cambian porque no saben que tienen que cambiar (falta de consciencia), sienten que no pueden hacerlo (falta de autoeficacia) o no saben cómo hacerlo (falta de conocimiento, perspectiva, ideas, opciones) o no encuentran un motivo suficientemente importante para ello, un motivo que compense el esfuerzo, el tiempo y la pérdida del cambio.
- Motivación no es igual a compromiso: las personas quieren, desean o necesitan muchas cosas y distintas pero se comprometen con muy pocas, porque el compromiso requiere una decisión de dedicar nuestro tiempo, energía y esfuerzo a lograr algo y ninguno de ellos es ilimitado. Cuando alguien se compromete elige invertir su tiempo y esfuerzo en un objetivo, renunciando a dedicar tiempo y esfuerzo a otras cosas.
- Las mejores herramientas en el mentoring no son el CANVA, los objetivos SMART, los test u otras recetas prefabricadas en serie. Las mejores herramientas son el mentor, la relación y la conversación. Aparquemos esa obsesión por conocer herramientas, utilizar la última más innovadora, ocupar las sesiones con ellas; recordemos que una herramienta es un medio no un fin, un medio para facilitar el pensamiento del mentee, no para facilitar la labor del mentor. Los mentores no somos mecánicos, somos artesanos.
Si de verdad quieres ser un mentor que invierte en el desarrollo de otras personas para que logren sus metas y sean felices, a quien primero tienes que mentorizar es a ti mismo. La efectividad en el mentoring depende de pasar de ser un mentor natural a uno intencional, lo que implica ser un “aprendedor eficaz” de forma permanente. Aprender de cada proceso, de cada sesión y de cada relación con los diferentes mentees con los que trabajamos para ir interiorizando y desempeñando los comportamientos óptimos como mentor.
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El Impacto del Mentoreo en la Reducción de la Deserción Escolar
El presente artículo, busca hacer una aproximación al mentoreo, como herramienta de mejoramiento, no solo del aprendizaje o desarrollo de competencias, sino también de la capacidad de afrontamiento de los estudiantes que atraviesan por situaciones que usualmente derivan en deserción escolar. Sin embargo, este tipo de herramientas de acompañamiento también permiten el que se pueda poner atención en cuestiones derivadas al proceso de enseñanza, como la interacción del alumno con su entorno, el impacto de su estado personal o incluso, los factores que pueden llevarlo a dejar su educación.
No cabe duda que la educación profesional o superior viene aparejada con serias dificultades que todo estudiante debe superar, mismas que no se relacionan únicamente con cuestiones educativas, sino también con el momento y entorno en el que el joven estudiante se encuentra (Silva, 2005). Factores como la edad, la familia, la situación económica y el desarrollo de sentimientos y emociones característicos de la juventud como la independencia y la autonomía, hacen que los estudios universitarios sean un periodo lleno de retos (Cabrera, Bethencourt, Álvarez, & González, 2006). Entendemos por deserción escolar al retiro, temporal o definitivo, del sistema educativo, siendo esto una causal de la falta de conclusión de los estudios.
Hay que tener claro que, en la academia, cuando un alumno llega a pedir ayuda para resolver un problema, es porque seguramente éste ya lo ha superado, y por ende necesita apoyo externo. Sin embargo, y lamentablemente, no todos tienen la confianza para aproximarse, y mucho menos, pedir ayuda. Por ello, es que los programas de mentoreo resultan ser una excelente opción ante esta necesidad, ya que a diferencia de los directores de carrera o los profesores-tutores que tienen una doble función, el mentor tiene un rol que de manera directa se enfoca en el acompañamiento personalizado (Viator & Scandura, 1991).
El mentor, dedica su tiempo en acompañar a los alumnos con consejos de mejora continua, tomando en cuenta múltiples enfoques, así como la personalidad de cada uno de los alumnos acompañados, ofreciéndoles un apoyo a su medida, promoviendo de esta forma, un mejoramiento y desarrollo en las diferentes áreas que implica su formación. Como toda etapa de la vida, el proceso universitario reta a los jóvenes a situaciones que les exige el desarrollo de competencias no solo de carácter disciplinar, sino también de tipo social, emocional y personal, mismas que les permitan madurar y prepararse para el futuro que les espera una vez se gradúen, y para el afrontamiento (Reyes, Castañeda, & Pabón, 2012) y ciudadanos.
Para dar peso a estos argumentos, se hizo una investigación en una población de 300 alumnos que participan de un programa de mentoreo en una universidad privada mexicana. Como se puede apreciar en la tabla siguiente, los resultados son claros. Si se hace una comparación entre los mismos periodos del 2015 y 2016, se puede apreciar una clara mejoría, tanto en los promedios de las materias, como en el índice de reprobación. De enero-mayo 2015 a enero-mayo 2016, los alumnos que formaron parte de un proceso de mentoreo lograron aumentar en 1.41% el promedio de sus materias, reduciendo en 2.38% el promedio de reprobación. Un punto que se reconoce es que los datos que aquí se presentan pudieran relacionarse con variables que este estudio no ha considerado, como por ejemplo el género, cuestiones emocionales, el hecho de ser o no foráneo, el semestre, entre otros.
Resultados del Programa de Mentoreo en una Universidad Privada Mexicana
| Indicador Académico | Cambio Atribuido al Mentoreo (Comparación Enero-Mayo 2015 vs. Enero-Mayo 2016) |
|---|---|
| Aumento del promedio de materias | +1.41% |
| Reducción del promedio de reprobación | -2.38% |
El presente artículo, tenía por objetivo el hacer una aproximación al mentoreo, buscando arrojar luz a la manera en que esta herramienta podría resultar benéfica para reducir la deserción escolar. Como elemento de reflexión, adicional al análisis teórico, se ha presentado información de un programa de mentoreo de una universidad privada mexicana, mostrando datos palpables de la mejoría académica que significa un proceso de acompañamiento como el dado en el mentoreo.
