La Elección del Liderazgo del Partido Conservador del Reino Unido en 1995: Un Voto de Confianza en Tiempos de Crisis
La historia de las votaciones de confianza en el Partido Conservador del Reino Unido demuestra que casi siempre acaban perjudicando tanto al líder como al partido, incluso cuando son favorables para el primero. Un ejemplo palpable de esta dinámica se vivió en 1995, cuando el entonces primer ministro, John Major, decidió convocar una votación de confianza para acallar a sus críticos y reafirmar su liderazgo en un momento de profunda división interna.
Contexto Político: La Crisis de 1995
La decepción reinaba en el cuartel general conservador ante la magnitud de la catástrofe sufrida por los tories en las elecciones locales de Inglaterra y Gales en 1995. El seísmo que devastó a las fuerzas conservadoras en 50 de los 70 ayuntamientos que controlaban, con pérdidas históricas en torno a los 2.000 concejales, reabrió el debate interno y eterno en el partido en torno al liderazgo de John Major.
Mientras el primer ministro, John Major, se negaba a buscar culpables por los pésimos resultados electorales e insistía en que su intención era permanecer al frente del partido hasta las próximas elecciones generales de 1997, el desasosiego aumentaba en las filas conservadoras.
Las dimensiones del desastre tory cobraron su verdadera dimensión comparadas con el éxito de los laboristas, que obtuvieron el 48% de los votos, muy cerca del récord absoluto del 49,4% logrado por Clement Atlee en 1951. Con todo, el daño estaba hecho. Bastaba comprobar la expresión de desolación, apenas controlada, de Major al dirigirse a los periodistas ansiosos de recoger sus primeras reacciones. Un Major más modesto que de costumbre insistía una vez más en su intención de seguir trabajando con una estrategia a largo plazo en aras de la prosperidad del país.
La "Traición de las Clases Medias"
No es que el desastre hubiera cogido desprevenidos a los conservadores. La duda estaba entre si las cosas saldrían simplemente mal o catastróficamente mal. Sin embargo, y sin esperar buenos resultados, los tories confiaban secretamente en que sus clases medias no les volverían tan crudamente la espalda, como de hecho sucedió. Con apenas el 25% de los votos a su favor, lo que representaba una pérdida del 13% en relación con los últimos comicios locales de 1991, los conservadores fueron desalojados del poder en 50 de los 70 ayuntamientos que todavía controlaban, con una pérdida global de concejales que pudo superar los 2.000.
Zonas azules desde antes de la era Thatcher pasaron a manos de los laboristas o de los liberal demócratas. Estrangulados entre la pinza de ambos partidos, los conservadores desaparecieron del mapa en los 22 nuevos ayuntamientos de Gales, que empezarían a funcionar en abril del año próximo. Pero además dijeron adiós a Trafford, el único municipio metropolitano que controlaban -exceptuando los de Londres no afectados por estas elecciones-, y a feudos donde siempre había latido un corazón conservador, como Chichester, Dover, Gloucester o Tunbridge Wells. Pese a la demostrada capacidad de Major para encajar desastres, la "traición de las clases medias", por usar la frase con la que un periódico conservador definía el desastre electoral tory, podía resultar insospechadamente dañina.
Todo apuntaba a que, tras el patriótico paréntesis del Día de la Victoria, la guerra se desataría en el seno del Partido Conservador.
La Votación de Confianza de John Major en 1995
Major decidió acallar a sus críticos convocando un voto de confianza en 1995. Ganó esa votación por un amplio margen, con el apoyo del 71% de sus colegas parlamentarios, pero, por desgracia para él, esto no zanjó la cuestión. En todo caso, reveló a los votantes que el Partido Conservador estaba muy dividido.
Informe desde Londres: Theresa May logró superar la moción de confianza
Informe desde Londres: Theresa May logró superar la moción de confianza
La historia reciente del Partido Conservador está marcada por este tipo de desafíos. Por ejemplo, cuando Michael Heseltine desafió el liderazgo de Thatcher en 1990, obtuvo el 40,9% de los votos, lo que llevó a una segunda vuelta. En retrospectiva, los diputados conservadores hicieron bien en sustituir a Thatcher, ya que Major obtuvo una sorprendente victoria en las elecciones generales de 1992. No obstante, Major también se vio cada vez más afectado por las divisiones del partido en torno a la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea. Major era un firme partidario de seguir en la UE, pero un número cada vez mayor de diputados tories, así como de miembros del partido en el país, defendían la salida.
Más recientemente, la votación de confianza impuesta por Theresa May en la primavera de 2019, tras su fracaso en conseguir una mayoría parlamentaria en las elecciones generales de 2017, también la dejó en una posición debilitada. Aunque obtuvo el respaldo del 63% de sus diputados, no resolvió el problema de encontrar una solución al Brexit que fuera aceptable para la Cámara de los Comunes.
Estos ejemplos muestran que un voto de confianza en sí mismo inevitablemente debilita en lugar de fortalecer la posición del líder y esto erosiona el apoyo al partido entre los votantes.
Repercusiones en el Partido y el Futuro de Major
De acuerdo con los estatutos del partido, el momento preceptivo para ponerle la zancadilla a Major sería noviembre, tras la inauguración de la nueva sesión del Parlamento. Ya el año pasado, tras el pésimo comportamiento tory en las elecciones locales parciales y en las europeas, hubo intensos rumores de que el otoño de 1994 sería el último para Major en el número 10 de Downing Street. Nada ocurrió, sin embargo. Nada que no sea la constante y agónica trayectoria de Major al frente de su partido y del Gobierno británico.
La necesidad de encontrar culpables en el descalabro de las elecciones locales podía llevar a los conservadores a presionar a Major para que intentara una remodelación de su Gabinete, cosa que ya hizo en julio pasado sin especiales consecuencias. Otra posibilidad que se barajaba en los círculos próximos a los tories era la del "sacrificio" expiatorio del presidente conservador, Jeremy Hanley, conocido por su habilidad para pronunciar frases inoportunas y con creciente fama de gafe.
En todo caso, y con vistas a aplacar los ánimos de los votantes británicos -aún quedaban oficialmente dos años para las elecciones generales-, el ministro de Hacienda, Kenneth Clarke, se resistió a subir los tipos de interés pese a las presiones de la City. El ministro insistió, por supuesto, "en que la decisión de hoy [por ayer] no tiene nada que ver con los resultados electorales de anoche [por la noche del jueves]". Pero sus palabras no consiguieron convencer al mundo financiero, preocupado por el alza de la inflación.
Entretanto, Marcus Fox, presidente del Comité 1922, leal al primer ministro Major, se aplicó a la tarea de tranquilizar los ánimos en las filas del partido, insistiendo en que cualquier intento de desafiar el liderazgo al jefe del Gobierno debería esperar hasta noviembre. Fox sí se mostró en cambio veladamente partidario de un cambio en el equipo ministerial. "Nadie es infalible y tampoco pueden los ministros pensar que van a quedarse ahí para siempre", declaró a la radio 4 de la BBC.
El descontento de los cerca de 2.000 concejales que se quedaron sin "empleo" exigiría alguna medida quirúrgica en el partido. La mayoría de estos frustrados cargos municipales se consideraba víctima no de erróneas políticas locales, sino de la marea crítica que había provocado en el pueblo británico la política general del Gobierno.
El Legado de 1995: Un Precedente para Futuras Crisis
La votación de confianza de 1995, aunque ganada por Major, no logró estabilizar al Partido Conservador. Por el contrario, la reveló aún más dividido y vulnerable, sentando un precedente para futuras crisis de liderazgo. La imagen de competencia y buena gestión económica que los conservadores habían mantenido por años se vio socavada por eventos como el Black Wednesday de 1992, cuando el gobierno de John Major se vio obligado a sacar la libra del sistema monetario europeo.
Este acontecimiento provocó el hundimiento de la credibilidad del partido conservador en materia económica, un movimiento de opinión tanto más violento cuanto que, desde julio de 1992, John Smith estaba a la cabeza del partido laborista. Este líder moderado, creíble y popular, supo capitalizar el hundimiento de la imagen de los tories, lo que condujo al maremoto laborista de 1997. Los encuestadores británicos no registraban un dominio semejante desde 1995-1997, cuando los nuevos laboristas de Tony Blair aventajaban en más de 20 puntos a los conservadores de John Major, desgastados por casi dos décadas en el poder.
Estos "choques de competencia" que se producen a intervalos regulares nos permiten entender las diferentes fases de la vida política británica reciente, con períodos de dominio de un partido considerado capaz de dirigir el país intercalados con momentos paroxísticos en los que su reputación general de competencia se derrumba, preludio de su paso a la oposición durante varias legislaturas.
John Major, primer ministro del Reino Unido en 1995.
Tabla Comparativa de Votaciones de Confianza en el Liderazgo Conservador
Las votaciones de confianza, incluso cuando el líder logra la victoria, suelen revelar fisuras internas y socavar la autoridad. A continuación, se presenta una tabla comparativa de los resultados de algunas de estas votaciones históricas:
| Líder | Año | Votos a favor (%) | Votos en contra (%) | Resultado | Contexto Clave |
|---|---|---|---|---|---|
| Margaret Thatcher | 1990 | 59.1% (Primera vuelta) | 40.9% (Michael Heseltine) | Ganó primera vuelta, pero no alcanzó el 55% requerido; dimitió antes de la segunda. | Desafío de Michael Heseltine, divisiones sobre la política europea y el impuesto de capitación. |
| John Major | 1995 | 71% | 29% | Ganó, pero las divisiones persistieron. | Malos resultados en elecciones locales, divisiones sobre la UE. |
| Theresa May | 2018 | 63% | 37% | Ganó, pero siguió sin resolver el Brexit. | Desafío por el Brexit y el acuerdo de retirada de la UE. |
| Boris Johnson | 2022 | 58.8% | 41.2% | Ganó, pero dimitió un mes después. | Escándalos del "Partygate" y pérdida de confianza. |
John Major durante una campaña electoral.
