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Comunicación

El PNV refuerza su liderazgo, pero afronta desafíos estratégicos

by Admin on 24/05/2026

La política española y, en particular, la vasca, están en un momento de profundas transformaciones. Diversos análisis coinciden en señalar que tanto el Partido Nacionalista Vasco (PNV) como el Partido Popular (PP) atraviesan un fenómeno conocido en Europa: la pérdida de estrategia. No se trata de la pérdida de votos o de poder territorial, sino de algo mucho más profundo: la capacidad de anticipar, interpretar y liderar un ciclo político.

La situación del PNV: entre la gestión y la necesidad de un rumbo

En una radiografía interna, el PNV muestra un partido que ha evitado una guerra, pero no ha definido un rumbo. El pacto Ortuzar-Esteban pacificó la superficie, dejando intactas las tensiones estructurales. El PNV ha pasado un año gestionando contradicciones, apagando incendios y equilibrando sensibilidades internas. Sin embargo, gobernar no es solo reaccionar; gobernar es prever, y el PNV no parece tener una estrategia clara para el ciclo 2025-2030.

Los analistas, incluso aquellos que provienen de medios más alineados con el PNV, como el artículo de Olatz Barriuso (que, aunque imperfecto, apunta a claves interesantes), señalan que el partido atraviesa un momento de transición sin una estrategia nítida, sin un relato unificado y sin una brújula clara para el ciclo 2025-2030. La oposición interna silenciada lleva tiempo advirtiendo: sin estrategia, el PNV navega a la defensiva.

El pacto Ortuzar-Esteban: una tregua sin visión

El acuerdo de febrero de 2025 fue eficaz para evitar una fractura interna, pero no para construir un proyecto político coherente. Se evitó el conflicto, pero no se definió una visión. El resultado ha sido un partido con tensiones soterradas, un EBB (Euzkadi Buru Batzar) con sensibilidades enfrentadas y ejecutivas territoriales que no reman en la misma dirección. El liderazgo ha tenido que dedicar su primer año a intentar apagar incendios, no a marcar rumbo. Incluso se observó una falta de "liderazgo humano" en el trato a Emilio Aperribai, superviviente del bombardeo de Gernika, durante un acto con el presidente alemán, evidenciando la incapacidad de Lehendakari y burukides para reconducir la situación.

Un PNV reactivo, no proactivo

La falta de alineamiento interno se manifiesta en diversos episodios, como los fichajes de Ortuzar por PwC y Telefónica, o el de María Solana para el Consejo de administración de la Corporación RTVE, así como el de Itxaso Atutxa por Secuoya. Las discrepancias públicas entre líderes territoriales, la incapacidad de reconducir las tensiones con el PSE (cada vez más evidentes), la constante contradicción entre el discurso oficial y las declaraciones de dirigentes locales, y la falta de control sobre decisiones municipales clave, son síntomas de un partido que reacciona tarde y no conduce nada. Europa conoce bien este patrón: cuando un partido pierde el hilo estratégico, la política se convierte en gestión de crisis, no en construcción de futuro.

Esta reactividad se contrapone a una política proactiva, tal y como se ha reivindicado en un encuentro reciente en la sede del GBB, donde representantes institucionales han alertado sobre el tono bronco y polarizante que están adoptando algunos partidos en Euskadi, imitando dinámicas de Madrid. Desde EAJ-PNV se rechazan los intentos de importar modelos de ultraizquierda y ultraderecha, y se denuncia la normalización de los discursos populistas, la desinformación, los ataques emocionales y las estrategias basadas en la mentira. Se impulsarán mecanismos para detectar y desactivar bulos, promoviendo el pensamiento crítico y la formación ética, gobernando con responsabilidad y valores sólidos.

La ausencia de un relato ideológico claro

El PNV insiste en reivindicarse como partido "de centro", pero no basta con decirlo; hay que convertirlo en un proyecto reconocible, coherente y movilizador. Actualmente, el PNV no ha definido su posición frente a los incumplimientos de Moncloa, ni ha fijado una narrativa clara frente a EH-Bildu, ni ha articulado un proyecto propio para 2027. Tampoco ha resuelto su relación con el Gobierno central y carece de un sistema electoral interno democrático y con debate. Sin una estrategia ideológica clara, el PNV pierde centralidad e iniciativa.

El PNV se enfrenta a tres preguntas esenciales para el ciclo 2025-2030: ¿Qué quiere ser? ¿Qué ofrece a una sociedad vasca en constante cambio? ¿Cómo recuperará la iniciativa frente a un adversario que sí tiene un proyecto? Necesita un rumbo que se construya con claridad, valentía y ambición.

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El desafío de 2027: la prueba de fuego

Las elecciones municipales y forales de 2027 serán un punto de inflexión. El PNV llega a esta cita sin candidatos definidos (aunque en Bilbao se autopostulan Asier Abaunza, Eider Inunciaga o Amaia Arregui, todos del mismo patrón que Aburto, quien aspira a repetir pero ya ha sido rechazado), sin relato y sin cohesión interna plena, y con un adversario (EH-Bildu) que sí tiene estrategia, relato y movilización. Esta situación refuerza la idea de que el PNV necesita una hoja de ruta, no solo gestión.

La situación del Partido Popular: victorias sin rumbo

Desde las elecciones locales y autonómicas de mayo de 2023, diversos analistas coinciden en que el PP no ha articulado una estrategia coherente. César Calderón lo expresa con crudeza: victorias que saben a derrota. El PP ganó territorios, pero no construyó un proyecto nacional. Ganó poder, pero no ganó dirección. Ganó instituciones, pero no ganó relato. Y, como señalan muchos analistas, no ha definido una estrategia clara frente a Vox, lo que genera una percepción de improvisación, oscilación y dependencia táctica.

La paradoja de ganar sin avanzar

Tras las elecciones de mayo de 2023, el PP se situó en una posición de fuerza territorial, pero no articuló un relato estatal claro, ni definió una estrategia diferenciada para cada territorio, ni transformó el éxito local en una visión de país. El resultado fue una paradoja: ganar sin avanzar.

Una relación no resuelta con Vox

Una de las críticas más frecuentes es que el PP no ha definido una estrategia estable frente a una ultraderecha peligrosa como la de Vox. Los analistas señalan una oscilación entre confrontación y acercamiento, mensajes contradictorios según el territorio y la ausencia de una línea clara comparable a la de otros partidos europeos. En países como Alemania, Francia o Portugal, la derecha tradicional ha establecido límites explícitos frente a la extrema derecha. En España, esa definición no ha sido clara, lo que genera incertidumbre estratégica.

Una campaña reactiva, no proactiva

La campaña 2023-2026 se percibe como reactiva, no proactiva, centrada en la crítica al adversario, con poca o nula diferenciación programática y dependencia de la agenda mediática, sin un mensaje propio sostenido en el tiempo. Esto alimenta la percepción de que el PP reacciona, pero no marca agenda.

El contraste con Europa

Muchos análisis comparan la situación española con la europea, donde la derecha tradicional suele mantener una identidad clara, define su espacio ideológico y establece límites estratégicos frente a fuerzas más radicales. La percepción de que el PP no ha definido ese marco contribuye a la idea de falta de estrategia.

Victorias que saben a derrota

Los resultados en territorios como Aragón o Extremadura han reforzado la idea de que el PP gana, pero no consolida y no cree en un estado autonómico con distribución de poder. Obtiene votos, pero no construye mayorías estables, y no logra convertir la debilidad del adversario en fortaleza propia. De ahí la frase que aparece en varios artículos: "victorias que saben a derrota". La percepción de falta de estrategia es estructural, no coyuntural. No se trata de un error puntual, ni de un fallo de campaña, ni de un problema de liderazgo personal. Es una cuestión de arquitectura estratégica por falta de relato, de posicionamiento claro, de coherencia territorial y de una visión nacional articulada.

Patrón común de la falta de estrategia: PNV y PP

Existen seis puntos estructurales que explican esta percepción, aplicables tanto al PNV como al PP:

  1. La victoria no se convirtió en proyecto político: Tanto el PNV en Euskadi como el PP en España han obtenido victorias electorales que no se han transformado en una visión de país, ni en un relato coherente, ni en una hoja de ruta estratégica. Ganar sin avanzar es una forma de estancamiento.
  2. La relación con sus competidores no está resuelta: El PNV no ha definido su posición frente a EH-Bildu ni frente a Moncloa. El PP no ha definido su posición frente a Vox. En política, la indefinición no es neutralidad, es vulnerabilidad.
  3. La política se ha vuelto reactiva, no proactiva: Ambos partidos han pasado meses respondiendo a crisis, titulares, tensiones internas o movimientos del adversario. Pero un partido que solo reacciona deja de marcar agenda, y cuando deja de marcar agenda, deja de liderar.
  4. El contraste europeo es evidente: En Europa occidental, los partidos tradicionales han definido con claridad su identidad, su espacio ideológico y sus límites estratégicos. En España, esa claridad no existe hoy en los dos partidos analizados.
  5. Las elecciones recientes han amplificado la sensación: En Euskadi, el PNV llega a 2027 sin relato, sin candidatos definidos y con un adversario que sí tiene estrategia. En España, el PP ha obtenido victorias que no consolidan mayorías ni generan estabilidad. La política no perdona la falta de dirección.
  6. La conclusión es estructural, no coyuntural: No se trata de errores puntuales, ni de campañas mal diseñadas, ni tan siquiera de liderazgos individuales. Se trata de arquitectura estratégica: falta de debate interno y de democracia, falta de relato, falta de coherencia, falta de visión y falta de anticipación. Y eso, en Europa, siempre tiene consecuencias.

El PNV en Bizkaia: un liderazgo consolidado, pero con retos

La última Prospección Electoral de Bizkaia, realizada por Ikerfel para la Diputación Foral entre el 3 y el 18 de diciembre de 2025, dibuja un escenario en el que el PNV consolida su liderazgo, mientras EH Bildu refuerza su posición como segunda fuerza y Elkarrekin Podemos desaparecería de las Juntas Generales.

Resultados de la Prospección Electoral de Bizkaia (diciembre 2025)

Partido Voto válido estimado (2025) Voto obtenido (2023) Junteros estimados (2025) Junteros actuales (2023)
EAJ-PNV 41,6% 39,2% 24-25 23
EH Bildu 29,3% 25,5% 15-17 15
PSE-EE 14,3% 16,2% 7-8 8
PP 6,6% 8,4% 2-3 3
Elkarrekin Podemos 2,0% 7,4% 0 -
Sumar 2,2% - 0 -

El PNV amplía su ventaja y podría ganar hasta dos junteros más, alcanzando el 41,6% del voto válido, mejorando el 39,2% obtenido en 2023. Este crecimiento se aprecia especialmente en Bilbao, donde subiría del 37,5% al 42,7%, y en comarcas como Durango-Arratia o Busturialdea-Uribe. Sin embargo, EH Bildu también crece con fuerza, pasando del 25,5% al 29,3% del voto, consolidándose como segunda fuerza en Bizkaia y en la capital vizcaína. El PSE retrocede y el PP pierde apoyo, mientras Elkarrekin Podemos se desploma y Sumar aparece con un 2,2% sin opciones de lograr junteros. La abstención se mantiene estable, en torno al 39,5%.

A pesar de este refuerzo del liderazgo en Bizkaia, los desafíos estratégicos persisten. El Ayuntamiento de Bilbao ha hecho público un estudio sociológico que sitúa a EAJ-PNV como la formación mejor valorada en su papel en el Consistorio, con una puntuación de 5,98 sobre 10. Juan Mari Aburto, alcalde de Bilbao, destaca como el dirigente más conocido (97,1% de notoriedad) y una valoración de 5,77 puntos. El estudio también revela un alto grado de satisfacción con Bilbao como lugar para vivir (7,83 sobre 10) y un 72,1% de la ciudadanía considera que la ciudad está evolucionando positivamente. Los bilbaínos valoran positivamente los servicios y la calidad de vida, así como las actuaciones y los proyectos de ciudad. Los retos identificados son la seguridad, la vivienda y los aparcamientos. Esto demuestra un respaldo social al modelo de gobierno jeltzale, caracterizado por su estabilidad, desarrollo y buena gestión, pero no exento de la necesidad de una estrategia clara para el futuro.

La lucha interna por el liderazgo en el PNV

La cúpula del PNV ha vivido una intensa disputa por el liderazgo. La consigna de que "en el PNV es la militancia la que habla" se puso a prueba en la primera vuelta de las elecciones internas. A muchos no les ha gustado que Ortuzar quiera continuar tras la "debacle electoral" y la amenaza de 'sorpasso' de EH Bildu. El pulso llega de su compañero de 'cuadrilla' política, Aitor Esteban, quien ha recibido un apoyo inesperado para ser el recambio en Sabin Etxea.

Aunque Ortuzar contaría con una mayoría de apoyos en esta primera vuelta, el respaldo de Esteban no ha dejado de crecer. Ambos, junto al exdiputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, han obtenido los apoyos suficientes para optar a seguir en la carrera. Ortuzar ha visto cómo sus mayores críticos se encuentran en Bizkaia, el feudo más importante para el PNV, donde Esteban ha ido ganando adeptos. En Gipuzkoa, Olano lidera la carrera, seguido por Esteban, mientras que Ortuzar tiene escaso apoyo. En Álava, Navarra e Iparralde, Ortuzar domina. En la segunda vuelta, los delegados de cada asamblea tendrán que decantarse.

La gestión del último tramo, que ha desgastado electoralmente al PNV, ha movilizado a una parte del partido por un posible cambio en el liderazgo. No sería una ruptura, sino una renovación. La "cuadrilla" de los 'Jobuvis' (jóvenes burukides vizcaínos), que en su día situó a Josu Jon Imaz al frente de la presidencia y que ha liderado el partido durante las últimas dos décadas, ha alcanzado la gloria y el vértigo: la mayor cuota de poder institucional y la mayor debacle desde la escisión de 1985, con 100.000 votos menos en el último ciclo electoral. Desplazar a Urkullu como candidato fue el primer paso en la renovación, justificado por el cambio generacional (Urkullu, Esteban y Ortuzar nacieron con apenas meses de diferencia). Le sucedió un relevo en las direcciones del partido en Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, incluyendo la de Itxaso Atutxa, esposa de Aitor Esteban.

El inesperado anuncio de Ortuzar de seguir optando a un cuarto mandato y la sorpresa del apoyo logrado por Esteban revelan el descontento interno de muchos afiliados por el modo en que se han hecho las cosas. Si se impone de nuevo Ortuzar, Esteban quedará marcado y su papel como portavoz del partido en el Congreso se verá lastrado en clave interna. La herida en el seno del PNV parece que ya se ha provocado. La imposición de un proceso electoral interno desigual, la opacidad en las actas internas y una baja participación interna son críticas que resuenan desde la oposición silenciada.

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