El Documento Clave que Autorizó el Viaje de Cristóbal Colón en 1492
El que había de ser uno de los viajes más trascendentales de la historia empezó a tomar forma el 22 de mayo de 1492, cuando llegó al puesto de Palos de la Frontera, en Huelva, una carta de los Reyes Católicos en la que se le ordenaba a la municipalidad contribuir con dos embarcaciones a la expedición.
Los Preparativos y el Apoyo Real
Colón pudo conseguir la financiación para el viaje sobre todo gracias al apoyo de Isabel la Católica, que siempre creyó en él; por ese motivo, la expedición partía bajo la bandera de Castilla. Anteriormente varios reinos (Portugal, Inglaterra y Francia) habían rechazado su proyecto, y de no ser porque la reina Isabel lo apoyó personalmente, tal vez tampoco habría convencido a la corte castellana.
Fracasadas estas gestiones, encomendadas algunas a su hermano Bartolomé Colón, Cristóbal regresó a España y, al parecer, con la protección de Juan Pérez, prior de La Rábida, consiguió la firma real en las Capitulaciones de Santa Fe, por las cuales recibió los títulos de almirante, virrey y gobernador de las tierras que descubriese.
Aunque no fue fácil armar los barcos y reclutar a la tripulación, Colón partió el 3 de agosto de 1492 al frente de tres naves: la Santa María, la Pinta y la Niña, aunque los nombres de las dos últimas eran en realidad apodos (sabemos que la Niña se llamaba, de forma oficial, Santa Clara). Tres naves cargadas de provisiones, marineros y esperanzas de encontrar una nueva ruta comercial que cruzara el Atlántico.
La expedición salió aquel día del Puerto de Palos de la Frontera, en la actualidad se ubica en Huelva, España. En dicha expedición participaron tres embarcaciones: la carabela “Pinta”, la carabela “Niña” y la nao “Santa María”, al mando de Martín Alonso Pinzón, Vicente Yáñez Pinzón y Cristóbal Colón, respectivamente.
La primera, la capitana, era una nao, mientras que las otras dos eran carabelas. Las naos eran barcos de tres mástiles y velas cuadradas, de tradición atlántica; pesadas y robustas, resultaban muy aptas para navegaciones largas. Por su parte, las carabelas eran más ligeras y maniobrables, tenían dos o tres palos que se solían aparejar con velas latinas.
Flota de Colón en 1492
| Nombre de la Embarcación | Tipo | Comandante | Características |
|---|---|---|---|
| Santa María | Nao | Cristóbal Colón | Barco de tres mástiles, velas cuadradas, robusta para navegaciones largas. |
| La Pinta | Carabela | Martín Alonso Pinzón | Más ligera y maniobrable, dos o tres palos, velas latinas. |
| La Niña (Santa Clara) | Carabela | Vicente Yáñez Pinzón | Más ligera y maniobrable, dos o tres palos, velas latinas. |
¿Quién llegó a América antes que Colón? - CuriosaMente 247
La Búsqueda de una Ruta Hacia Asia
La expedición partía con la misión de encontrar una nueva ruta marítima hacia Asia, de donde provenían mercancías tan preciadas como la seda y las especias. La caída de Constantinopla en manos de los otomanos, en 1453, había cortado la vía terrestre desde Europa hacia Asia; y la ruta por mar que habían explorado los portugueses implicaba circunnavegar todo el continente africano y, aparte de peligrosa, era muy larga.
Los principales conocimientos de Colón sobre el viaje y las distancias que recorrerían se basaban en dos hechos: uno cierto, la esfericidad de la Tierra, y otro erróneo, el tamaño de la misma. De este modo, Cristóbal Colón pensaba que nuestro planeta tenía una circunferencia ecuatorial de unos 30.000 kilómetros, es decir, unos 10.000 menos de los que en realidad tiene.
La llegada a un nuevo continente era algo que ni siquiera esperaba, aunque le salvó la vida a él y a su tripulación ya que, de no haber sido por eso, se habrían enfrentado a un viaje por mar con más del doble de la distancia prevista y probablemente habrían muerto antes de llegar a tocar tierra.
El Viaje del Descubrimiento
Así pues, después de hacer escala en las Canarias, el 6 de septiembre la flotilla tomó rumbo al oeste. La madrugada del 12 de octubre de 1492 la tripulación de la Pinta - concretamente y según las crónicas, Rodrigo de Triana - avistó la isla de Guanahaní, en las Bahamas, donde desembarcaron en las primeras horas de la mañana. Allí tuvieron el primer contacto con sus habitantes, los taínos, a quienes regalaron algunos objetos que despertaron su curiosidad, como bonetes y cuentas de vidrio para ganarse su confianza.
Colón creyó en un primer momento que habían llegado a alguna ínsula desconocida al este de la India (de ahí que llamase indios a sus habitantes) y bautizó la isla como San Salvador. Después de abastecerse de agua y comida, el navegante siguió su periplo por las islas de este archipiélago, llegando a Cuba, a la que nombró Juana en honor a la hija de los Reyes Católicos, el 28 de octubre.
El 6 de diciembre llegó a Santo Domingo, isla que en adelante sería conocida como La Española y que sería el punto final de este primer viaje de Colón. El día 24 del mismo mes la Santa María encalló a la altura del actual cabo Haitien y sus restos sirvieron para construir un pequeño fuerte, bautizado como Navidad.
El Regreso y los Informes de Colón
Por fin, el 16 de enero de 1493 Colón ordenó el regreso. Tras superar las Azores y después de una breve escala en Lisboa, la armada fondeó de nuevo en Palos de la Frontera el 15 de marzo, antes de dirigirse hacia Barcelona, donde sería recibido por los Reyes Católicos.
La Pinta llegó a Bayona, actualmente Galicia, a finales de febrero y anunció a los Reyes Católicos el descubrimiento de nuevas tierras. Entretanto, la Niña, en la que viajaba Colón, hizo escala el 17 de febrero en la isla Santa María.
Dirigida a Luis de Santángel, financista de Colón y Escribano de Ración (prestamista), la carta fue publicada en abril de 1493 y se convirtió en uno de los primeros “best sellers” en Europa. En ella, Colón relata sus hallazgos:
Señor, porque sé que habréis placer de la gran victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viaje, os escribo ésta, por la cual sabréis cómo en 33 días pasé de las islas de Canaria a las Indias con la armada que los ilustrísimos rey y reina nuestros señores me dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número; y de ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho.
Cuando yo llegué a la Juana, seguí yo la costa de ella al poniente, y la fallé tan grande que pensé que sería tierra firme, la provincia de Catayo. Y como no hallé así villas y lugares en la costa de la mar, salvo pequeñas poblaciones, con la gente de las cuales no podía haber habla, porque luego huían todos, andaba yo adelante por el dicho camino, pensando de no errar grandes ciudades o villas; y, al cabo de muchas leguas, visto que no había innovación, y que la costa me llevaba al septentrión, de adonde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado, y yo tenía propósito de hacer de él al austro, y también el viento me dio adelante, determiné de no aguardar otro tiempo, y volví atrás hasta un señalado puerto, de adonde envié dos hombres por la tierra, para saber si había rey o grandes ciudades.
Yo entendía harto de otros Indios, que ya tenía tomados, cómo continuamente esta tierra era isla, y así seguí la costa de ella al oriente ciento y siete leguas hasta donde hacía fin. Del cual cabo vi otra isla al oriente, distante de ésta diez y ocho leguas, a la cual luego puse nombre la Española y fui allí, y seguí la parte del septentrión, así como de la Juana al oriente, 188 grandes leguas por línea recta; la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y ésta en extremo. En ella hay muchos puertos en la costa de la mar, sin y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife; todas hermosísimas, de mil hechuras, y todas andables, y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parece que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la hoja, según lo puedo comprehender, que los vi tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España, y de ellos estaban floridos, de ellos con fruto, y de ellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba.
Colón también describe a los habitantes, su generosidad y la riqueza natural de las islas:
La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen. Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio.
Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos.
En conclusión, a hablar de esto solamente que se ha hecho este viaje, que fue así de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester, con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán; ahora, especiería y algodón cuanto Sus Altezas mandarán, y almástiga cuanta mandarán cargar, y de la cual hasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia en la isla de Xío, y el Señorío la vende como quiere, y lignáloe cuanto mandarán cargar, y esclavos cuantos mandarán cargar, y serán de los idólatras; y creo haber hallado ruibarbo y canela, y otras mil cosas de sustancia hallaré, que habrán hallado la gente que yo allá dejo; porque yo no me he detenido ningún cabo, en cuanto el viento me haya dado lugar de navegar; solamente en la villa de Navidad, en cuanto dejé asegurado y bien asentado.
Cristóbal Colón, navegante nacido, muy probablemente, en Génova hacia 1451, falleció en Valladolid durante 1506. Su vida está llena de problemas, debidos en parte a las ocultaciones o tergiversaciones de él mismo y de su primer biógrafo, su hijo Hernando Colón, que, para disimular su origen plebeyo, dejó en la oscuridad a su patria y familia. Para todos sus coetáneos, Colón fue indudablemente genovés, o italiano al menos; él, en sus documentos, se considera extranjero en España y muestra predilección por los italianos y, concretamente, por Génova; sin embargo, el único documento en que declara ser genovés es la institución de mayorazgo de 22 de febrero de 1498.
El Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) te invita a conocer este y otros mapas históricos que resguarda la Mapoteca “Manuel Orozco y Berra” en su gran acervo.
