La Disputa por el Liderazgo Internacional: Un Análisis de las Estrategias de las Grandes Potencias
La geopolítica mundial se encuentra en un estado de constante transformación, con una creciente disputa por el liderazgo internacional. En el centro de esta evolución se encuentran Estados Unidos, China y, en menor medida, Rusia, cuyas estrategias y marcos teóricos definen la dinámica global.
Debates Teóricos sobre el Orden Mundial
En las academias y círculos políticos de estas potencias, se han desarrollado intensos debates teóricos que intentan definir el futuro del orden mundial. Estos debates no solo son ejercicios intelectuales, sino que también influyen directamente en la política exterior y en el equilibrio global del poder.
1. Liberalismo vs. Realismo en Estados Unidos
En Estados Unidos, la discusión gira en torno a dos corrientes principales: el Liberalismo Institucional y el Realismo Ofensivo.
1.1. G. John Ikenberry y el Liberalismo Institucional
El liberalismo institucional, defendido por G. John Ikenberry, sostiene que el sistema internacional no está condenado a una competencia permanente. Al contrario, las instituciones y normas internacionales pueden promover la cooperación y estabilizar el orden global. Ikenberry argumenta que:
- Las instituciones internacionales son clave para prevenir conflictos y garantizar la estabilidad. Ejemplos históricos incluyen la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), que han servido como plataformas para resolver disputas y fomentar la cooperación económica.
- Estados Unidos debe reformar el orden liberal para hacerlo más inclusivo y atraer al Sur Global. El orden internacional liderado por EE.UU. después de la Segunda Guerra Mundial ha sido exitoso, pero necesita adaptarse a las demandas de los países en desarrollo para evitar su rechazo.
- China puede integrarse al sistema internacional si se le otorga un rol más prominente en la gobernanza global. En lugar de contener a China, EE.UU. debería permitirle un mayor protagonismo en instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.
Desde esta perspectiva, la mejor estrategia de Estados Unidos no es la confrontación directa con China, sino su integración progresiva dentro de un sistema basado en reglas que limite las tensiones geopolíticas.
1.2. John Mearsheimer y el Realismo Ofensivo
En contraposición, John Mearsheimer, uno de los principales exponentes del realismo ofensivo, argumenta que las relaciones internacionales están dominadas por la competencia de poder y que las instituciones tienen un rol menor en la dinámica global. Su postura se basa en tres premisas:
- Los Estados buscan maximizar su poder y seguridad a través de estrategias ofensivas. En un sistema internacional anárquico, los Estados no pueden confiar en las instituciones para garantizar su seguridad.
- Estados Unidos y China están en un camino inevitable de conflicto por la hegemonía global. El ascenso de China como potencia económica y militar desafía directamente la hegemonía estadounidense, lo que llevará a una competencia intensa y posiblemente a un conflicto armado.
- La expansión de la OTAN provocó la guerra en Ucrania, demostrando que el equilibrio de poder sigue siendo el principal motor de las relaciones internacionales. Mearsheimer ha sido crítico de la política exterior de EE.UU. en Europa del Este, argumentando que la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas fue una provocación innecesaria.
Desde la perspectiva realista, la política de EE.UU. debe centrarse en contener el ascenso de China, fortaleciendo alianzas militares (como el Quad en el Indo-Pacífico) y reduciendo la influencia de Beijing en la economía global.
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2. El Debate Chino: Realismo vs. Modelo Tianxia
Mientras en EE.UU. se discute entre la contención y la integración de China, en Beijing el debate se centra en cómo debe posicionarse China en el orden mundial, con dos figuras prominentes: Yan Xuetong y Zhao Tingyang.
2.1. Yan Xuetong y el Realismo Ofensivo Chino
Yan Xuetong defiende que China debe buscar la hegemonía regional en Asia y competir con EE.UU. por el liderazgo global. Argumenta que China debe fortalecer su poder militar y político para garantizar su seguridad y posición global. El poder militar y político define las relaciones internacionales, no las normas o instituciones. Esto se refleja en políticas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que busca expandir la influencia económica y política de China en Asia, África y América Latina.
2.2. Zhao Tingyang y el Modelo Tianxia
Zhao Tingyang, por su parte, propone el modelo Tianxia, que aboga por un mundo regido por la armonía, no por la competencia de poder. Sugiere que China no debe buscar hegemonía militar, sino liderar un sistema multipolar inclusivo, basado en el bienestar colectivo. El concepto Tianxia («Todo bajo el cielo») propone un orden global basado en el bienestar colectivo, adecuado para abordar desafíos globales como el cambio climático y las pandemias. Esto se manifiesta en la promoción de la cooperación internacional a través de instituciones como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB).
3. Geopolítica Tradicional vs. Nuevas Amenazas Globales en EE.UU.
En Estados Unidos, también existe un debate sobre si la política global sigue dominada por la competencia entre potencias o si las nuevas amenazas globales (cambio climático, ciberseguridad, pandemias) han redefinido las reglas del juego.
3.1. Realismo Clásico: Las Grandes Potencias Siguen Dominando
Los realistas argumentan que, a pesar de las nuevas amenazas, la competencia entre grandes potencias sigue siendo el principal motor de la política internacional. El poder militar sigue siendo el factor clave en la política internacional, como demuestran la modernización de las fuerzas armadas chinas y el aumento del gasto militar de EE.UU. en el Indo-Pacífico. Las nuevas amenazas no reemplazan la competencia por la hegemonía, sino que la complementan, ya que el cambio climático podría exacerbar conflictos por recursos escasos.
3.2. Enfoques Modernos: Seguridad Global y Poder Blando
Los enfoques modernos sugieren que el poder económico y tecnológico supera al poder militar como factor de influencia global. La competencia en áreas como la inteligencia artificial, la 5G y la energía renovable es clave para el liderazgo global. Las nuevas amenazas globales exigen mayor cooperación internacional, como demostró la pandemia de COVID-19. La diplomacia y la cultura (poder blando) también juegan un rol clave, según Joseph Nye, con ejemplos como la influencia cultural de Hollywood y la diplomacia educativa de programas como el Fulbright.
Un Orden Internacional no Hegemónico
Resulta cada vez más evidente que la hegemonía plena que ejercieron los Estados Unidos desde el colapso de la Unión Soviética se encuentra crecientemente disputada. Esta disputa se manifiesta en múltiples planos: político, económico, financiero, comercial, tecnológico, espacial, militar y productivo. El profesor Juan Gabriel Tokatlian caracteriza este escenario como un “orden no hegemónico”, es decir, un sistema internacional en el que ningún país, ni siquiera una coalición, posee la capacidad de ejercer una hegemonía universal y estable. La consecuencia es un sistema fragmentado, atravesado por tensiones regionales, conflictos, imposiciones geopolíticas y disputas estratégicas.
En este contexto, los avances de la Cuarta Revolución Industrial adquieren una relevancia estructural. Ya no son únicamente los portadores de portaaviones o los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU quienes inciden en la distribución del poder. Tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial, la robótica, la computación avanzada y las telecomunicaciones están transformando las bases del poder internacional. Y, a diferencia de etapas anteriores, estos desarrollos ya no se concentran exclusivamente en Estados Unidos, Japón o Europa. China emerge como uno de los actores centrales de este proceso.
La Estrategia de Estados Unidos: "America First"
Para comprender el comportamiento estratégico de Estados Unidos, es necesario observar los lineamientos oficiales que orientan su política exterior y de defensa. La Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en el mes de noviembre del 2025, establece una serie de objetivos para preservar la primacía global del país bajo el diseño de “America First” y el denominado corolario Trump.
En esa lógica, la estrategia identifica una serie de intereses vitales: la seguridad y estabilidad interna, la superioridad militar, la disuasión nuclear, el dominio tecnológico, la seguridad económica, el control de las cadenas de suministro, la seguridad energética y el control de rutas marítimas estratégicas. Al mismo tiempo, el documento reconoce que la principal competencia sistémica para Estados Unidos en el siglo XXI es China, por lo que la contención de su ascenso se convierte en el eje ordenador de su estrategia. En ese marco, se verifica un desplazamiento de sus prioridades geográficas: la autosuficiencia energética y la disputa con Beijing trasladan el foco desde Medio Oriente hacia el Indo-Pacífico.
Sin embargo, la región de Medio Oriente no pierde relevancia. Por un lado, el documento identifica a Irán como principal actor desestabilizador regional y promotor del terrorismo; por otro, reconoce a Medio Oriente como un espacio geopolítico clave para Washington, en función de la seguridad de Israel, las alianzas con las monarquías del Golfo, la estabilidad del sistema energético global y el control de rutas marítimas estratégicas.
El Estrecho de Ormuz y los Acuerdos de Abraham
Una de esas rutas es el Estrecho de Ormuz. Por ese corredor marítimo, que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico, transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo, junto con otros flujos críticos para el comercio internacional. Su estabilidad constituye, por lo tanto, un interés económico de alcance global. Sin embargo, es precisamente ahí donde la escalada del conflicto expone una de las principales tensiones de la estrategia estadounidense: mientras se proclama la necesidad de garantizar la seguridad energética y la libre navegación, la dinámica militar en la región incrementa el riesgo sobre ese mismo corredor estratégico.
En septiembre de 2020 se firmaron en Washington los Acuerdos de Abraham, mediante los cuales Israel normalizó relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, a los que luego se sumaron Marruecos y Sudán, con Estados Unidos como mediador y garante político. Estos acuerdos rompieron un consenso histórico del mundo árabe basado en la negativa a reconocer a Israel sin una resolución previa del conflicto palestino. En términos geopolíticos, implicaron la legitimación de la integración regional de Israel, la consolidación de una arquitectura de cooperación con las monarquías del Golfo y el fortalecimiento de un alineamiento estratégico orientado a contener a Irán. De este modo, se transformaron en una plataforma central para la estrategia regional israelí.
Irán como Desafío
Irán se ha consolidado como el principal actor que desafía el orden regional promovido por Israel y Estados Unidos. Su programa de enriquecimiento de uranio y su modelo de gobierno teocrático lo ubican en el centro de la disputa estratégica con Occidente. A ello se suma una estrategia regional que combina capacidades estatales con una red de aliados -Hezbollah en el Líbano, milicias chiíes en Irak, fuerzas afines en Siria y el movimiento hutí en Yemen-, conformando lo que diversos analistas denominan el “eje de la resistencia”.
A su vez, es miembro de los BRICS+, un grupo que concentra crecientes volúmenes de comercio entre sus socios y busca ampliar el uso de monedas alternativas al dólar en el intercambio internacional. Además, el país persa firmó con China su adhesión a la iniciativa de la Franja y la Ruta, donde cumple un rol relevante en la proyección de ese esquema en Medio Oriente. En el plano militar, ha desarrollado capacidades significativas en misiles balísticos, drones de combate y doctrinas de guerra asimétrica, orientadas a compensar su inferioridad frente a potencias tecnológicamente superiores mediante instrumentos capaces de elevar el costo estratégico del conflicto.
En ese marco, vale recordar el debate planteado por Kenneth Waltz en su ensayo de 2012, Why Iran Should Get the Bomb?. Allí sostenía que la proliferación nuclear podía derivar en un equilibrio disuasivo regional, en una lógica similar a la existente entre India y Pakistán, ya que cuando los costos de una escalada son extremos, las confrontaciones directas tienden a limitarse. Aunque polémico, ese enfoque introduce una dimensión teórica relevante para comprender las dinámicas de estabilidad e inestabilidad en Medio Oriente y, al mismo tiempo, el interés concreto de Israel de preservar su condición de único actor con capacidad nuclear en la región.
Las Contradicciones de la Estrategia Estadounidense
El desarrollo del conflicto actual expone tensiones evidentes entre los objetivos declarados por la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y la dinámica de los acontecimientos.
- En primer lugar, aparece una contradicción en la prioridad estratégica. Mientras la estrategia ubica a China como el principal desafío del siglo XXI y desplaza el eje hacia el Indo-Pacífico, la escalada en Medio Oriente vuelve a concentrar recursos, atención política y capacidad militar en esa región. Al mismo tiempo, se evidencia un límite en la eficacia de las imposiciones económicas. Las sanciones contra Irán buscaban aislar al país de los mercados energéticos internacionales; sin embargo, en la práctica se han desarrollado circuitos comerciales alternativos que permiten sostener sus exportaciones de crudo, particularmente hacia Asia.
- En segundo lugar, se tensiona el objetivo de garantizar la estabilidad energética global. Estados Unidos identifica como interés vital la libre navegación y el funcionamiento de los mercados energéticos, pero la dinámica militar en torno a Irán incrementa el riesgo sobre el Estrecho de Ormuz, generando volatilidad y afectando la seguridad del suministro. En el primer mes de escalada, el precio del barril registró subas superiores al 15%, superando los 112 dólares, impulsado por la incertidumbre sobre posibles interrupciones en el flujo de crudo. Este aumento impacta en los costos energéticos, se traslada a la inflación global, encarece el transporte y presiona sobre las economías importadoras de energía.
- Una tercera contradicción se observa en el plano del liderazgo internacional. Si bien Washington busca consolidar alianzas globales, varios de sus socios, como Alemania, Francia, Japón, Corea del Sur y Australia, han adoptado posiciones cautelosas frente a la escalada, evitando involucrarse directamente y privilegiando canales diplomáticos. Este escenario expone dificultades para articular una respuesta coordinada y pone en evidencia el malestar que genera la falta de apego al derecho internacional, y los propios límites del liderazgo estadounidense en la actual coyuntura.
A ello se suma una tensión adicional dentro del propio aparato de seguridad estadounidense. La reciente salida del responsable de contraterrorismo, Joseph Kent, expuso divergencias internas respecto del conflicto, al advertir la ausencia de una amenaza inminente por parte de Irán y señalar el peso de los intereses de Israel en la escalada.
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La Posición de China en el Orden Global
En contraste con la estrategia estadounidense, la posición de China frente a este tipo de crisis responde a una lógica distinta. En su tradición estratégica abundan expresiones que sintetizan esa mirada: “observar el fuego desde la otra orilla del río” o “dejar que los tigres luchen desde la cima de la montaña”. No se trata de una actitud pasiva, sino de una forma de administrar el conflicto sin quedar atrapado en él.
Mientras Estados Unidos vuelve a involucrarse en tensiones geopolíticas en Medio Oriente, China profundiza una estrategia de largo plazo orientada al fortalecimiento de su posición global. El reciente XV Plan Quinquenal fija prioridades claras en materia de desarrollo económico de alta calidad, autosuficiencia tecnológica, fortalecimiento del mercado interno, innovación científica y transición energética.
En el plano internacional, Beijing sostiene una posición consistente en favor del respeto al derecho internacional, el rol de las Naciones Unidas y la resolución política de los conflictos. Al mismo tiempo, consolida su seguridad energética mediante acuerdos con distintos países productores, incluido Irán, del cual se estima que absorbe cerca del 90% de sus exportaciones de crudo, aunque ese volumen representa entre el 8% y el 12% de sus importaciones totales. China está intentando parecer los adultos en la habitación y no tienen que hacer demasiado para beneficiarse de la retirada de Estados Unidos del liderazgo internacional.
Con su tradicional pragmatismo, Pekín ha hecho suyo el refrán que dice "a río revuelto, ganancia de pescadores" y, frente al convulso escenario mundial, intenta posicionarse como una potencia responsable y socio fiable poco amigo de golpes de timón. Llamadas al diálogo, cooperación "por un futuro compartido para toda la humanidad" y apuesta por el multilateralismo son los pilares de la estrategia china para proyectar una imagen de estabilidad que, no obstante, topa con el recelo occidental por los desequilibrios comerciales y la rivalidad tecnológica.
Esta desconfianza se debe también al juego de la ambigüedad que practica la diplomacia china en ámbitos como la guerra de Ucrania, sobre la que Pekín defiende que ha mantenido una postura constructiva a la vez que hace oídos sordos a las peticiones internacionales de que utilice su cercanía a Moscú para poner fin a la crisis. Esta alianza, como las que mantiene con Irán, Venezuela o Cuba, no impide a China -pese a las reiteradas fricciones comerciales- relacionarse con Europa, al que considera un socio comercial indispensable que puede equilibrar la balanza multilateral frente a los embates de Estados Unidos. La siempre complicada relación con Washington por Taiwán y la seguridad del Indo-Pacífico, escaló por la guerra comercial, de momento en fase de tregua.
A diferencia de lo ocurrido durante el primer mandato de Trump, esta nueva guerra comercial no ha tomado de imprevisto a China, que en los últimos años ha perseguido la autosuficiencia tecnológica y que además de igualar las sucesivas andanadas de aranceles ha utilizado su dominio sobre las tierras raras como principal baza negociadora.
Rusia: Del Consenso de Yalta a la Teoría del Caos
El presidente ruso, Vladímir Putin, lleva años defendiendo el retorno al consenso forjado en la Conferencia de Yalta de febrero de 1945 en la que se decidió fundar la ONU, pero también se dividió Europa en dos bandos. Recuperando el discurso populista contra la hegemonía colonial de Occidente, Putin intenta convertirse en líder del Sur Global con el argumento de que es necesario crear un orden multipolar con muchos centros de poder.
Con todo, en los últimos tiempos, según la guerra en Ucrania se dilata, los analistas del Kremlin apuestan por la ya conocida como Teoría del Caos, en la que no hay principios universales de justicia y derechos humanos, sino la militarización de la sociedad y la defensa a ultranza de la seguridad nacional, explica Antón Barbashin, director del portal Riddle Russia. En este nuevo mundo sin reglas, Rusia puede aliarse con regímenes totalmente diferentes, desde la democrática India hasta las autoritarias Corea del Norte y Birmania. Si en Siria es derrocado tu aliado, Bachar al Asad, le concedes asilo y al día siguiente entablas negociaciones con las nuevas autoridades. En este sentido el título de un informe presentado en septiembre por el Club de Debate Valdái, en el que todos los años participa Putin, fue "Doctor Caos o cómo dejar de tener miedo y abrazar el desorden" mundial. Según esa teoría, la ética ya no rige el comportamiento en la arena internacional, por lo que la defensa de los intereses nacionales justifica cualquier acción, incluido el bombardeo de infraestructuras civiles en Ucrania.
Implicaciones para el Liderazgo Global
La geopolítica mundial atraviesa una fase de transición del poder global. Las estrategias de Estados Unidos, China y Rusia, basadas en diferentes concepciones del orden mundial, determinarán la forma en que se desarrollarán las relaciones internacionales en los próximos años.
Aquí se presenta una tabla comparativa de las perspectivas teóricas clave y su influencia en la política exterior:
| Teoría/Modelo | Exponentes | Premisa Central | Estrategia Sugerida |
|---|---|---|---|
| Liberalismo Institucional (EE.UU.) | G. John Ikenberry | Cooperación a través de instituciones y normas internacionales. | Integración de China en un sistema basado en reglas; reforma del orden liberal. |
| Realismo Ofensivo (EE.UU.) | John Mearsheimer | Competencia por el poder y la seguridad entre Estados. | Contención del ascenso de China; fortalecimiento de alianzas militares. |
| Realismo Ofensivo Chino (China) | Yan Xuetong | Búsqueda de hegemonía regional y liderazgo global. | Fortalecimiento del poder militar y político de China. |
| Modelo Tianxia (China) | Zhao Tingyang | Armonía y bienestar colectivo en un sistema multipolar. | Liderar un sistema multipolar inclusivo, sin hegemonía militar. |
