Los Desafíos Ocultos: Desventajas del Liderazgo Femenino en la Política
El liderazgo y la participación política de las mujeres están en peligro, tanto en el ámbito local como mundial. Las mujeres tienen poca representación no solo como votantes, sino también en los puestos directivos, ya sea en cargos electos, en la administración pública, el sector privado o el mundo académico. Esta realidad contrasta con su indudable capacidad como líderes y agentes de cambio, y su derecho a participar por igual en la gobernanza democrática. Las mujeres se enfrentan a dos tipos de obstáculos a la hora de participar en la vida política.
Barreras Estructurales y Culturales que Limitan la Participación
Las barreras estructurales creadas por leyes e instituciones discriminatorias siguen limitando las opciones que tienen las mujeres para votar o presentarse a elecciones. A esto se suman las brechas relativas a las capacidades, que implican que las mujeres tienen menor probabilidad que los hombres de contar con la educación, los contactos y los recursos necesarios para convertirse en líderes eficaces.
La Asamblea General de Naciones Unidas señala en la resolución sobre la participación de la mujer en política que “las mujeres siguen estando marginadas en gran medida de la esfera política en todo el mundo, a menudo como resultado de leyes, prácticas, actitudes y estereotipos de género discriminatorios, bajos niveles de educación, falta de acceso a servicios de atención sanitaria, y debido a que la pobreza las afectas de manera desproporcionada”. La profesional de incidencia política de la Misión de Observación electoral, MOE, Adriana Peña Peña, explica que “la transversalidad que tiene la cultura machista que ha generado que los escenarios políticos sean únicamente ocupados por hombres, ha obligado a que la carrera que tienen las mujeres hacia la policía sea totalmente distinta, y eso se manifiesta también en la parte económica”. El endurecimiento de las actitudes hacia la paridad de género refleja una regresión cultural, no tan silenciosa, hacia roles de género tradicionales.
La Violencia Política contra las Mujeres: Un Obstáculo Crucial
Los riesgos que afrontan las lideresas, defensoras, activistas políticas y candidatas, producto de la violencia y la discriminación, impactan de manera negativa la democracia en el actual contexto electoral. La abogada Juliet Gómez Osorio, directora de la corporación Colectiva Justicia Mujer, resalta que “la violencia es un obstáculo para la participación social y política para las mujeres, así se constató en la prueba piloto impulsada por USAID para caracterizar el liderazgo en Colombia, en donde se halló que sólo el 24% de las personas que representan a sus comunidades son mujeres, ellas no están en posiciones de ‘liderazgo’ y cuando lo están, la violencia en su contra desincentiva el surgimiento de nuevas mujeres líderes”.
Todas estas prácticas, actitudes y estereotipos de género constituyen lo que se denomina “violencia política contra las mujeres”. En resumen, este tipo de violencia se dirige contra las mujeres por el hecho mismo de serlo y tiene el propósito de hacerlas renunciar a ser candidatas o a asumir el cargo político que obtuvieron. En la práctica, la violencia política contra las mujeres puede tomar muchas formas: por ejemplo, la restricción del uso de la palabra; el ocultamiento de recursos financieros y administrativos durante el período de campaña; o los cuestionamientos a su capacidad para ejercer el cargo.
Según el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria, NIMD, en Colombia 6 de cada 10 mujeres electas en 2016, manifestaron haber sido víctimas de violencia política, y el 63% percibió la política como un espacio excluyente con las mujeres. Las violencias contra las mujeres en esta actividad se dirigen y se expresan principalmente en violencia psicológica, violencia sexual y violencia económica.
Consecuencias de la Violencia Política
- En el plano personal, las mujeres sienten miedo, estrés, soledad, ansiedad, depresión, desolación, aislamiento, desilusión, abandono del cargo y, finalmente, abandono de la política.
- En el plano político, se vulnera el derecho fundamental a la participación, disminuye el poder de las mujeres, se atenta contra la integridad electoral y se violan las leyes de cuotas y de financiamiento por la distribución inequitativa de recursos.
- La consecuencia más grave: se les impide a las mujeres ejercer su ciudadanía plena.
La violencia impide a las mujeres ejercer su derecho a participar en la política y la vida pública y repercute en toda la sociedad: socava las instituciones públicas, debilita los resultados políticos y obstaculiza los avances en materia de paz y desarrollo.
Obstáculos Económicos y su Impacto en el Liderazgo
Las barreras económicas desempeñan un papel clave en la limitación de la participación política de las mujeres. Cuando la incertidumbre y la inestabilidad socavan las perspectivas económicas, la participación y representación política de las mujeres se ven afectadas por la falta de oportunidades, una mayor vulnerabilidad y, por supuesto, la violencia. Los recursos marcan una diferencia decisiva en quién puede siquiera aspirar a postularse y ganar.
Como señaló la secretaria mexicana Alicia Bárcena, “cerrar la brecha política está estrechamente ligado a fortalecer la autonomía económica de las mujeres”. La autonomía económica no solo reduce las barreras de entrada a la política, sino que también mejora las posibilidades de influencia, alcance y seguridad de las mujeres en el ámbito político. La dependencia económica es la raíz de la desigualdad política. Como mencionó François Valerian, “las mujeres tienen menos recursos financieros que los hombres” desde el inicio. Esta desventaja las coloca en una posición de “outsiders” en la política y, en países como Estados Unidos, las lleva a ser más estratégicas y selectivas sobre en qué elecciones competir. Esto es especialmente preocupante en un contexto de procesos electorales inundados de liderazgos hipermasculinos que se sostienen sobre plataformas de escasez económica.
Además, a menudo las mujeres tienen menos acceso que los hombres a los recursos necesarios para conseguir una nominación de su partido o presentarse a unas elecciones. Eso incluye un acceso limitado a las redes financieras y de patrocinio político.
Subrepresentación en Puestos de Decisión Clave
Según los datos presentados en el mapa de 2019 de la Unión Interparlamentaria y ONU Mujeres, “la representación femenina en los procesos de toma de decisiones políticas continúa aumentando con lentitud”. Sin embargo, esos pequeños avances no se han visto reflejados en un ascenso a puestos de primer orden, como jefas de Estado o presidentas. Solo el 6,6 % de las jefaturas de Estado en el mundo son ocupadas por mujeres, mientras que en el caso de jefaturas de Gobierno ese porcentaje se reduce a 5,2%. En el ámbito parlamentario o dentro del Consejo de Ministros la participación femenina es mayor, aunque ha tenido retrocesos en ciertos países.
Como destaca el último informe de ONU Mujeres, la igualdad entre mujeres y hombres en la política se está desacelerando. Aproximadamente la mitad de las elecciones para jefatura de Estado en 2024 contaron con mujeres candidatas. Sin embargo, a pesar de esta paridad en las postulaciones, tres veces más hombres fueron reelegidos que mujeres elegidas en total. El Reykjavik Index, que mide la percepción sobre la igualdad de género en el liderazgo político, ha retrocedido a su nivel más bajo entre las economías del G7 desde 2018. En Estados Unidos, solo el 47 % de los encuestados expresó sentirse completamente cómodo con mujeres en roles de liderazgo.
Impacto de la violencia digital y mediática en trayectorias de Mujeres Ámbito Politico (03/12/2025)
Impacto de la violencia digital y mediática en trayectorias de Mujeres Ámbito Politico (03/12/2025)
En el ámbito legislativo, los resultados son mixtos. Entre los países con elecciones parlamentarias en 2024, México y Ruanda siguen liderando en representación femenina, con mujeres ganando el 50 % y el 64 % de los escaños en sus cámaras bajas, respectivamente. Bélgica, Islandia, Senegal, Sudáfrica y el Reino Unido alcanzaron poco más del 40 % de representación femenina. Sin embargo, en el 80 % de las legislaturas elegidas en 2024, los presidentes del parlamento fueron hombres, lo que mantiene el liderazgo legislativo predominantemente masculino. Asimismo se constatan otros obstáculos, como la resistencia de los partidos políticos a elegir a las mujeres como líderes y candidatas o los sistemas electorales en los que la instancia más votada se queda con toda la representación, que dificultan a las mujeres competir con los hombres en igualdad de condiciones.
Tabla: Representación Femenina en Puestos Políticos Clave
| Tipo de Puesto | Porcentaje de Mujeres (Datos 2019) | Observaciones Relevantes (Datos 2024) |
|---|---|---|
| Jefaturas de Estado | 6,6% | Aproximadamente la mitad de las elecciones contaron con candidatas mujeres, pero se reeligieron tres veces más hombres que mujeres elegidas en total. |
| Jefaturas de Gobierno | 5,2% | La igualdad entre mujeres y hombres en la política se está desacelerando. |
| Parlamentarias (Cámaras Bajas) | Variable | México (50%), Ruanda (64%), Bélgica, Islandia, Senegal, Sudáfrica y Reino Unido (aprox. 40%). En el 80% de las legislaturas, los presidentes del parlamento fueron hombres. |
| Percepción Pública (G7) | No aplica | El Reykjavik Index ha retrocedido a su nivel más bajo desde 2018. Solo el 47% en EE. UU. se siente cómodo con mujeres líderes. |
Fuente: Unión Interparlamentaria, ONU Mujeres, Foro Económico Mundial.
El Caso Específico de Colombia: Conflicto Armado y Retos Adicionales
Han tenido que pasar muchas décadas para que las mujeres pudieran decidir sobre su destino y tomar partido sobre la situación del país donde viven. En Colombia, las mujeres pudieron votar apenas a partir del 25 de agosto de 1954. Y aunque hoy existen varias normas para promover su participación política, los retos siguen siendo muchos. A todo lo anterior se suma el conflicto armado para impedir la concesión de la ciudadanía plena a las mujeres de Colombia. Como reconoció la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “con el conflicto se reproduce y se incrementa la discriminación entre los distintos grupos y las mujeres padecen discriminación en distintas vertientes, por motivos de sexo, origen étnico o pertenencia cultural. Aunque los hombres son más frecuentemente víctimas de ejecuciones sumarias y matanzas, la violencia contra la mujer, en particular la violencia sexual perpetrada por grupos armados se ha hecho habitual en medio de un conflicto que degenera paulatinamente y de la falta de observancia del derecho internacional humanitario”.
Como consecuencia de los hechos violencia en el marco del conflicto armado y para evitarlos, las mujeres se recluyen en sus hogares y se ausentan de los espacios de decisión. La MOE, ha identificado el departamento de Antioquia con alerta roja, y en su monitoreo sobre hechos de violencia política realizado entre el 27 de octubre de 2018 al 27 de junio de 2019, se han registrado 17 hechos de violencia contra líderes, políticos, comunales y sociales; de estos casos, se reconoce a “una mujer del Urabá antioqueño que fue asesinada”. Por eso, en el Acuerdo de paz del Colón se reconoció el principio de “ampliación democrática” como condición para garantizar la construcción y consolidación de la paz. El objetivo de esta ampliación democrática busca permitir que surjan nuevas fuerzas en el escenario político, para enriquecer los debates nacionales y fortalecer el pluralismo y la representación de las diferentes visiones e intereses presentes en la sociedad. Por supuesto, esto implica otorgarles a las mujeres las debidas garantías para que puedan participar en política.
Entre las medidas para hacer realidad el principio de ampliación democrática están las circunscripciones especiales transitorias de paz (CTEP). Mediante estas circunscripciones, las personas incluidas en el Registro Único de Víctimas de 170 municipios pueden aspirar a ser representantes a la Cámara durante dos periodos electorales. Por otra parte, entre las medidas para promover la participación política de las mujeres, se exigió que las listas que se presenten por organización debían estar compuestas por un hombre y una mujer. Sin embargo, los resultados muestran que casi el 40 % de las candidaturas que se presentaron en estas elecciones fueron de mujeres, y esto no fue suficiente: el Senado apenas tendrá un 30,3 % de mujeres y la Cámara de Representantes un 29,81 %. En las CTEP, de 16 curules, apenas 4 estarán ocupadas por mujeres, es decir, solo el 25%. Además, tres de las cuatro electas han sido cuestionadas por corrupción.
A pesar de los esfuerzos de organizaciones como la Red Nacional de Mujeres para promover la candidatura y garantizar la participación de las mujeres víctimas del conflicto armado en este espacio, algunas candidatas al Congreso por las CTEP no contaron con los recursos económicos para hacer campaña. Además, enfrentaron una serie de actos de persecución, hostigamiento y amenazas, muchas de ellas de contenido sexual y dirigidas contra ellas mismas o contra sus familiares, especialmente sus hijas. Algunas candidatas consultadas manifestaron que, en ocasiones, las amenazas u hostigamientos las hacían hombres del mismo movimiento social de víctimas, como estrategia para impedir que persistieran en su candidatura. Esto aumentó la desconfianza y el temor de denunciar estos actos ante las instituciones competentes. Por eso, la experiencia de algunas candidatas demuestra que no es suficiente que las mujeres se interesen en participar en política; este es apenas el primer paso de un largo camino que está lleno de barreras sociales y culturales.
Impulsando la Paridad: Estrategias y Soluciones
Para alcanzar esa igualdad, es necesario que partidos y movimientos políticos y la ciudadanía en general, tomen parte activa en la eliminación de las violencias y la discriminación contra las mujeres, actuando para que su participación en el proceso electoral sea con garantías, se indague por las propuestas electorales y se verifique la inclusión de las agendas construidas por las mujeres en los planes de gobierno, y se consolide el mandato de la Ley 1257 de 2008, que en su Art. 9 obliga a las autoridades electas a incorporar en los planes de desarrollo municipal y departamental, “un capítulo de prevención y atención para las mujeres víctimas de la violencia”. Para Karina Cáceres, experta en Relaciones Internacionales, hay que dar dos pasos fundamentales: contar con una ciudadanía que valore la igualdad y exija el cumplimiento de los derechos humanos y la política transparente, y hacer innovaciones legislativas que creen incentivos y mecanismos institucionales para que los partidos políticos incorporen más mujeres tanto en sus órganos internos como en sus listas electorales.
El Global Gender Parity Sprint del Foro Económico Mundial busca impulsar la paridad económica de género y la paridad en puestos de liderazgo senior. Al reflexionar sobre el panorama político actual, queda claro que para impulsar la paridad política debemos mejorar las oportunidades económicas para las mujeres, y viceversa. El sector privado, los responsables políticos y la sociedad civil deben trabajar juntos para desmantelar las barreras financieras y culturales que mantienen a las mujeres al margen de la política.
Los programas de ONU Mujeres sobre liderazgo y participación se basan en un amplio historial de compromisos sobre la representación de las mujeres en instrumentos internacionales. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer defiende el derecho de las mujeres a participar en la vida pública, mientras que la Plataforma de Acción de Beijing insta a eliminar los obstáculos para la participación igualitaria. Para alcanzar estos fines, se ofrece capacitación para ayudar a las candidatas políticas a desarrollar sus capacidades, y se imparte formación cívica y electoral relacionada con la igualdad de género. Se respalda a los defensores y las defensoras de la igualdad de género en sus llamados a los partidos políticos, los gobiernos y otros actores para que cumplan con sus obligaciones de fomentar el empoderamiento de las mujeres. ONU Mujeres promueve la adopción de nuevas leyes y la introducción de reformas constitucionales para garantizar un acceso equitativo de las mujeres a las esferas políticas, como votantes, candidatas, representantes electas y funcionarias públicas.
Medidas Clave para Fomentar la Participación
- En todo el mundo, la legislación sobre cuotas de género ha demostrado incrementar de forma eficaz la participación de las mujeres.
- Los gobiernos deben aprobar y hacer cumplir leyes y políticas para prevenir la violencia durante las elecciones y después de ellas, castigar a quienes cometen agresiones y reforzar el acceso a la justicia y a los servicios necesarios para las víctimas.
- Los órganos de gestión electoral y otras partes interesadas deben desarrollar y poner en marcha códigos de conducta y políticas inclusivas que promuevan la no discriminación, la integridad, la transparencia, el alto a la violencia y la resolución de conflictos. Para respaldar el derecho de las mujeres a votar, los gobiernos deben facilitar registros de votantes, garantizar la seguridad en los colegios electorales y proteger a las mujeres frente a la coacción o la intimidación.
- Los gobiernos deben invertir en programas de capacitación para que las mujeres candidatas puedan desarrollar sus habilidades de liderazgo y campaña, así como regular el financiamiento de las campañas para incentivar a los partidos políticos a asignar fondos específicos a las candidatas.
- Las leyes sobre la cobertura de prensa de las elecciones son fundamentales para regular los procesos electorales y garantizar la participación pública informada. Esas leyes deberían asegurar una cobertura equilibrada de todas las candidaturas, garantizar el acceso a los medios a todos los partidos políticos, prohibir los discursos de odio y la retórica que incite a la violencia, desincentivar la discriminación y los estereotipos de género y proteger frente a la violencia a las mujeres y a otros grupos infrarrepresentados.
