El Liderazgo Inspirador de Nelson Mandela: Características Clave
El expresidente de Sudáfrica, Nelson Mandela, falleció el pasado jueves a los 95 años en su casa de Johannesburgo. Fue el líder que reconcilió un país que durante siglos, en el colonialismo y el apartheid, vivía discriminando a los no-blancos. Tras su muerte, muchas son las lecciones que se recuerdan ahora de sus años de lucha y liderazgo.
Mandela no solo fue un líder político, sino, ante todo, un líder moral. Su trayectoria vital, desde su juventud combativa en el Congreso Nacional Africano y sus 27 años de prisión en Robben Island hasta su presidencia en la Sudáfrica democrática, es la encarnación del ideal humanista: la dignidad del ser humano por encima de todo, incluso del odio y la opresión.
Nelson Mandela en 1993, un símbolo de la lucha contra el apartheid.
Humildad y Sabiduría
Con este inicio el primero de los rasgos de un líder sabio como él no puede ser otro que la humildad pero, como bien dicen los autores del artículo, “los intentos de identificar las cualidades definitorias de Mandela como líder son innumerables. La mayoría cae en la trampa de ubicarlo en relación con lo que podría llamarse atributos genéricos de liderazgo: visión, coraje, la capacidad de mantener cerca a los rivales, etc. Pero la complejidad del Mandela como ser humano se negaba a reducirse a una serie de cajas prolijamente etiquetadas”.
Escucha Activa
Dos circunstancias le ayudaron a llegar a la presidencia de su país habiendo desarrollado una extraordinaria capacidad para escuchar. Primero, porque 27 años de cárcel dan para mucha escucha interior y también exterior; de hecho, los autores del artículo recuerdan que “aprendió por sí mismo a escuchar atentamente las voces del enemigo. Se comprometió en niveles más allá del pragmatismo o la cortesía con los guardianes de la prisión; eligió estar interesado en sus vidas”. Y segundo, porque era chico de tribu.
“Había nacido en las tradiciones de la colectividad, que valoraba el arte de escuchar y exigía de todos el respeto a los rituales de consulta y diálogo. Mandela podía dar un largo discurso cuando sentía que era necesario. Podía hablar con gran elocuencia y poder cuando la ocasión lo requería, pero como regla y como disciplina, rara vez desperdiciaba palabras.
Compasión y Humildad
“La gente debe aprender a odiar, y si puede aprender a odiar, se les puede enseñar a amar, porque el amor es más natural en el corazón humano que su opuesto”. Tan sencillo como eso. Sufrió mucho en su vida y, aún así, siempre mantuvo la fe en la bondad del ser humano. El amor es el único sentimiento genuino y los demás, el odio, la codicia, los prejuicios, son a su entender conductas aprendidas que se pueden desaprender. Se volcó en hacer ver a los demás las mejores versiones de sí mismos y eso creo las lealtades que le auparon.
Sin embargo, Hatang y Harris advierten de la otra cara de la moneda de tanta generosidad: “Mandela podría ser demasiado leal. Podía tolerar demasiado tiempo la evidencia de haber obrado mal.
Aprendizaje del Dolor
“Mandela eligió ver el dolor no como algo malo, sino como algo simplemente doloroso. Prefirió preguntar cuánto le debía a la vida en lugar de preguntarle qué le debía la vida. Eligió aprender del dolor”. Convirtió todo ello en una disciplina de conducta que le resultó muy útil para afrontar pérdidas, fracasos y circunstancias difíciles por doquier. Incluso llegó a decir -su asistente personal Zelda la Grange durante la fiesta de su noventa cumpleaños- lo siguiente: «Me gustó Robben Island… es una experiencia totalmente diferente… Me alegré de haber pasado por eso».
Sentido del Humor
“Me gusta hacer bromas al examinar situaciones serias. Porque cuando las personas están relajadas pueden pensar correctamente…”, solía decir. Disfrutaba riendo con los demás, riéndose de sí mismo y, lo que es más importante, sabía hacer reír.
Día Internacional de Nelson Mandela: Un llamado a la acción global.
Cuidado Personal
Mucho antes de la moda actual del cuidado físico y mental nuestro estadista supo aprovechar la energía esencial que da cuidarse a uno mismo. “Mantenerse en buena forma física fue una prioridad durante toda su vida. Era cuidadoso con lo que comía y bebía. Casi nunca se entregaba. La imagen importaba. Podría decirse que entendió la marca mejor que nadie y antes que la mayoría. El vestido era una herramienta de su oficio, pero también era la prenda de su alma”.
Aceptación de la Mortalidad
En 1964 Mandela se enfrentó a la muerte, la esperaba plenamente convencido y como estrategia política no se opuso. Para él y sus compañeros de entonces, muy en la línea de los románticos defensores de sus ideales hasta la muerte, ésta era parte de la urdimbre diaria de la vida.
El Legado de Mandela
El análisis de los elementos que conformaron el estilo desarrollado por Nelson Mandela en su lucha contra el ‘apartheid’ suponen una valiosa lección de liderazgo político. Los líderes de países en proceso de transición harían bien en estudiar el legado de Madiba. En la actualidad, a pesar de este reconocimiento casi universal, algunas de las lecciones más relevantes que deja Mandela son ignoradas de manera recurrente. Su ejemplo, actuación y principios, que no se limitan al terreno de la no discriminación racial, no son imitados, ni siquiera por aquellos que los elogian. Y, sin embargo, algunos de sus legados siguen teniendo enorme vigencia.
Estrategia y Objetivos
En primer lugar, una estrategia basada en la formulación simple del objetivo fundamental. Cuando se vuelve la vista atrás, la trayectoria de Mandela parece inscribirse en el fin de una época de causas justas, fáciles de acotar de manera conceptual, aunque no necesariamente de llevar a la práctica: la independencia de los pueblos colonizados, la igualdad de derechos entre razas, el fin de los vestigios de la esclavitud.
Ante todas estas propuestas, Mandela opuso una formulación simple de su objetivo prioritario: igualdad total de derechos civiles y políticos en un sistema único para todos los surafricanos. Un modelo simple y comprensible para todos. El mensaje implícito era hacer comprender a los blancos que no tenían más remedio que fiarse de los negros, que no existía alternativa a la representación proporcional donde la mayoría sería negra sobre la base de la realidad demográfica; que una situación de dominio de la minoría no podría perdurar en el tiempo.
El Uso de la Violencia
Quizá el aspecto más controvertido de la filosofía y praxis de Mandela es su justificación del uso de la violencia para fines políticos, una opción estratégica siempre denostada por Occidente sobre el papel, pero con fecuencia estimulada en la realidad, desde Kosovo hasta Ruanda, pasando por el Afganistán anti-soviético y, probablemente, la Siria contemporánea. Mandela no solo apoyó el uso de la violencia, sino que tuvo un papel protagonista en la creación en 1961 de las milicias armadas Umkhonto we Sizwe (MK) y fue su comandante en jefe.
Ahora bien, desde el principio dejó claro que el empleo de la violencia era un instrumento a utilizar con prudencia y mesura. La justificación de Mandela para tomar esta senda y que le distanció de la filosofía de un personaje conocido y reputado en Suráfrica cuya estrategia pacífica había triunfado solo una década antes, Mohandas Gandhi, se mantuvo inalterada durante décadas: “Los medios utilizados por el oprimido para avanzar en su lucha vienen determinados por el propio opresor. Donde el opresor utilice medios pacíficos, el oprimido también utilizará medios pacíficos.
Mandela creía que el avance en el proceso negociador era tanto el resultado de la dinámica conciliadora como del temor a las consecuencias de no llegar a un acuerdo. Solo accedería al desarme del MK por parte de un gobierno del que ellos formaran parte.
Al cotejar lo que hoy se dice de Mandela con lo que se dijo en su día, las actitudes acomodaticias de muchos países occidentales se revelan con claridad. Si el rebelde acaba convirtiéndose en héroe, el discurso cambia. Por eso son numerosos los movimientos armados contemporáneos que pretenden asemejar su legitimidad a la de la lucha contra el apartheid y buscan en la biografía de Mandela puntos comunes. En bastantes casos, sus principios, objetivos y métodos poco tienen que ver con los del líder del ANC.
Reconciliación
Mandela tuvo la habilidad para reconciliar lo posible con lo deseable. Cuando en su juventud empezó a ver con claridad lo que él y muchos otros llamaban la supremacía blanca, no se dejó arrastrar por los sentimientos nacidos de la humillación. El odio, el resentimiento, el racismo hacia los blancos con seguridad intentaron abrirse paso en el joven y orgulloso Mandela, como lo hicieron en muchos de sus compañeros, pero él consiguió mantenerlos a raya y canalizar esas pulsiones no contra los blancos en su conjunto, sino contra el régimen político instaurado por ellos.
Para llevarla a buen puerto dedicó sus energías, de manera simultánea, a la lucha contra el régimen de los blancos, por la fuerza cuando fuera necesario, y a la reconciliación con los blancos en su conjunto. La voluntad y conveniencia estratégica de incluir y gobernar también para los antiguos enemigos estuvo presente en el discurso de Mandela desde el principio.
Tras sufrir una prolongada infección respiratoria, Madiba, como era conocido en señal de respeto, murió el 5 de diciembre de 2013 a la edad de 95 años.
Principios de Liderazgo de Nelson Mandela
Estos son los 7 principios de liderazgo que aplicó Nelson Mandela:
- Ten una visión clara y compártela con los demás.
- Sé valiente y asume riesgos.
- Sé humilde y sirve a los demás.
- Sé flexible y adapta tu estilo.
- Sé empático y respeta la diversidad.
- Sé inspirador y motiva a tu equipo.
- Sé ético y actúa con principios.
El vasto legado de Nelson Mandela
Nelson Mandela supo que el liderazgo es poner su influencia al servicio de un bien común. Mandela no dirigió una empresa, pero gestionó algo mucho más complejo: la transición de un país fracturado por el odio hacia una democracia basada en la reconciliación. Su historia es la de un hombre que emergió, no con sed de venganza, sino con una visión estratégica de unidad. En términos empresariales, podríamos decir que convirtió una crisis existencial en una oportunidad de reinvención colectiva.
Mandela entendía que liderar no consiste en acumular influencia, sino en ponerla al servicio de un bien común. Su presidencia no fue un ejercicio de autoridad, sino de servicio. Hoy, cuando hablamos de liderazgo transformador, de cultura organizacional o de gestión del cambio, su ejemplo nos ofrece una brújula ética y estratégica: liderar con empatía, con visión y con coherencia.
