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Comunicación

Eros y Psique de Antonio Canova: Un Análisis Profundo de la Pasión Neoclásica

by Admin on 22/05/2026

La obra del escultor italiano Antonio Canova (1757-1822) Psique reanimada por el beso del amor, también conocida como El Beso o Eros y Psique, bien merece mención. Nos encontramos ante la escultura de Antonio Canova, realizada entre los años 1787-1793, y ubicada actualmente en el Museo del Louvre, en París. Se trata de una escultura neoclásica en mármol que representa la bella historia de Cupido y Psique de las Metamorfosis de Apuleyo. Esta obra presenta un tema escultórico compuesto por dos figuras, “Eros y Psique”, y pertenece al Neoclasicismo.

La cultura del período estuvo marcada por un fuerte academicismo relacionado con la Ilustración. Así nació el Neoclasicismo, exaltando los grandes valores plásticos griegos, que consideraban su punto de referencia ante su perfección. Asimismo, rechazaron lo propio de épocas anteriores como el Barroco y el Rococó. Canova fue un pintor y escultor italiano del Neoclasicismo y en sus obras plasmó la influencia del arte griego del siglo V a.C.

Eros en la Historia del Arte: Un Precedente Histórico

La imagen del dios Cupido, Eros para los griegos, ha sido numerosas veces representada en el curso de la historia del arte. Los romanos, herederos de la cultura helena, reprodujeron la historia mitológica de los griegos cambiando el nombre de los dioses y adaptando muchas de las historias por ellos narradas. En el caso del dios Eros le dieron el nombre de Cupido, hijo de Venus, diosa del amor y la belleza y de Marte, dios de la guerra. El cristianismo obvió el politeísmo de la civilización clásica y fue en el Renacimiento cuando los artistas recuperaron el tema mitológico tanto en literatura como en arte.

Sandro Botticelli (1445-1510) en su obra La Primavera, que es una hermosa alegoría al amor, también representa a Cupido, apuntando hacia una de las figuras de Las tres Gracias. Otra de las representaciones de Cupido la encontramos en la obra de Rafael de Sanzio (1483-1520), en la magnífica Villa Farnesina en Roma, donde el pintor de Urbino nos muestra El triunfo de Galatea.

Cupido y su vínculo con el arte - Sin conservadores

El Mito de Eros y Psique: Un Relato de Amor y Redención

La historia de Eros y Psique constituye uno de los más bellos relatos de amor de la mitología clásica, narrada por Lucio Apuleyo en la obra El Asno de Oro (124 d.C - circa 180).

La Incomparable Belleza de Psique y los Celos de Afrodita

Psique (o Psiquis, que en griego significa alma) era una princesa e hija del rey de Asia, la menor de tres bellas hermanas, aunque la belleza de Psique sobresalía del resto de cualquier ser mortal. Cuando se desarrolló físicamente como mujer, era tan hermosa que se la comparaba con Afrodita (Venus), a tal punto que la gente prefería tributar sus honores a la princesa que a la diosa del amor. Afrodita, siempre severa en los castigos para quien ponga en peligro su liderazgo sobre la belleza, se encolerizó y le ordenó a su hijo Eros que, en forma de un monstruo horrible, terminara con Psique.

El Oráculo, el Destino Inevitable y el Amor Secreto

A Psique su belleza tan solo le había traído problemas, ya que los hombres nunca querían comprometerse con ella y continuamente la idolatraban. Irónicamente, su belleza los ahuyentaba. Preocupado por la situación, su padre fue a consultar al Oráculo y Apolo, aunque griego, le dio la respuesta en lengua latina: “...En una alta roca del monte deja a la doncella, pomposamente preparada para un tálamo de muerte; y no esperes descendencia salida de estirpe mortal, sino de un cruel, fiero y viperino monstruo; y éste, volando con sus plumas por el éter, todo lo inquieta y con fuego y hierro cada cosa abate, al que teme el mismo Júpiter, con el que se espantan las divinidades; del que se horrorizan las aguas de la tenebrosa Estigia...”.

El rey no tuvo otra alternativa que cumplir con la voluntad de los dioses y, entre llantos y lamentos, llevó a Psique al monte. Pero cuando la joven esperaba la aparición del monstruo que el destino le tenía reservado como esposo, un dulce Céfiro (viento del Oeste y uno de los más fieles mensajeros de los dioses) la transportó hasta un valle donde quedó dormida. Al despertar, se encontró ante un palacio encantado en el que se fue adentrando, guiada por voces incorpóreas, para no descubrir sino belleza y opulencia. Sirvientes invisibles acompañaron a Psique y se encargaron de cumplir con todos sus caprichos.

Al llegar la noche, Psique notó cerca de ella la presencia del marido que le había anunciado el oráculo. Psique no podía verlo, pero no parecía tan monstruoso como temía; no percibía deformidades en él, sino todo lo contrario: formas perfectamente proporcionadas y se entregó a él. Con las primeras luces del día, su esposo desapareció. Gozaron así de varias noches y, antes de que la luz del día lo sorprendiera, el supuesto monstruo se alejaba. Psique esperaba ansiosa la oscuridad, aunque tenía la comprensible curiosidad de conocer estéticamente a su esposo.

La Traición de las Hermanas y la Curiosidad Fatal de Psique

La vida en palacio aburría a la bella Psique e insistía en ver a sus hermanas. Pidió, por tanto, a su esposo que le permitiera ver a sus hermanas. Este terminó aceptándolo, haciéndole prometer que nunca intentaría verle el rostro. Todos repararon en que el aspecto de la joven era aún más radiante que antes de su partida. Sus hermanas, tal vez por envidia, intentaron convencerla de que viera el rostro de su esposo y le obsequiaron una lámpara. Ante su insistencia, Eros envió a buscarlas, aunque no estaba de acuerdo, pues sabía que le revelarían a Psique su identidad y su historia de amor finalizaría, y así fue.

A pesar de las advertencias de su esposo, la curiosidad de Psique invadió por completo su mente y una noche encendió la lámpara que sus hermanas le habían obsequiado. Dirigió la luz hacia su esposo y contempló el cuerpo y el rostro hermoso del dios del amor. Nerviosa y aturdida ante la inesperada visión, no pudo evitar que cayera de su lámpara una gota de aceite hirviendo que se estrelló en la cara de Eros, quien se despertó sobresaltado y desapareció en dirección a los espacios etéreos; incapaz de castigarla directamente, la condena a su ausencia. Psique se encontró nuevamente en la roca donde sus padres la habían dejado. Los jardines y el palacio dorado habían desaparecido.

Las Pruebas de Afrodita y la Desesperación de Psique

Psique, triste y desconsolada, iniciará entonces un largo peregrinar por el mundo en busca de su esposo. Eros se encontraba recluido en el palacio de su madre, pero protegía invisiblemente a su amada, aunque tuvo que revelar a su madre Afrodita el origen de la quemadura. La diosa se lanzó inmediatamente tras los pasos de Psique para vengarse. Después de apoderarse de ella, la hizo azotar y le impuso tres pruebas, aparentemente imposibles de realizar, que después de muchas calamidades Psique logró finalmente llevar a término. De los Infiernos, donde la había conducido su última prueba, Psique trajo consigo un cántaro que debía dar a Afrodita por encargo de Proserpina -la diosa del Infierno, mujer de Plutón-, con la prohibición de abrirlo. Pero la curiosidad de la joven hizo que lo abriera. Este cántaro contenía la belleza y, al abrirlo, una nube la envolvió y cayó en un sueño profundo y mortal.

La Reanimación por el Amor y la Inmortalidad

La afortunada princesa siempre contó entonces con la ayuda anónima de Eros, que comprendió la fatal curiosidad de su esposa y voló al Olimpo para rogarle a Zeus que le permitiese vivir con ella. Luego de comprobar el inmenso amor que existía entre la errónea “bella y bestia”, Zeus tuvo piedad de Psique. No solo la perdonó, sino que le hizo beber néctar y comer ambrosía en presencia de todos los dioses, convirtiéndola en inmortal. En el mismo Olimpo se celebraron las bodas sagradas de Psique y Eros; se unieron para siempre el amor y el alma.

Antonio Canova: El Maestro del Neoclasicismo

Antonio Canova (1757-1822), tras una primera época en la que sigue cierto barroquismo veneciano, se inspira en los modelos clásicos que conoce gracias a sus numerosos viajes por Italia y a la influencia y guía de Johann Joachim Winckelmann (1717-1768) para realizar bellísimas esculturas de tema mitológico. Antonio Canova fue el escultor de más éxito del neoclasicismo. De familia humilde, su abuelo era picapedrero, pero ayudó a su nieto a formarse vendiendo sus tierras. Después de tener importantes encargos del Papa Clemente XIV, abrió su propio taller realizando obras para los personajes más importantes del momento como Napoleón o Catalina la Grande. Vuelve su mirada hacia las composiciones griegas y romanas, con sus técnicas, motivos y su temática mitológica.

Análisis de la Escultura "Eros y Psique"

Aspecto Detalle
Título Completo Psique reanimada por el beso del amor (Eros y Psique)
Autor Antonio Canova (1757-1822)
Cronología 1787-1793
Estilo Neoclasicismo
Material Mármol blanco, talla, pulimentado fino
Dimensiones 1.55 x 1.68 m
Ubicación Actual Museo del Louvre, París
Tema Mitológico: El reencuentro de Eros y Psique según Apuleyo
Momento Capturado El beso que despierta a Psique del sueño estigio, previo al contacto labial
Composición Cruzada en "X" (alas, piernas), espiral, centrípeta/centrífuga, múltiples puntos de vista
Simbolismo Amor físico y espiritual, elevación del alma, iniciación mística

Descripción y Procedencia de la Obra

La escultura titulada Eros y Psique del escultor veneciano Antonio Canova, representante del neoclasicismo italiano, fue comenzada en 1787 y terminada en 1793. Su origen estuvo en el encargo del coronel inglés John Campbell (Lord Lawdor) para el palacio de F. Berio en Nápoles, pero acabó siendo adquirida por el marchante y coleccionista holandés Henry Hoppe en 1800; en 1801 estaba en manos del mariscal francés Joaquín Murat, que la hizo transportar hasta su castillo, donde se dice que fue admirada por el propio Napoleón. Se trata de una escultura exenta, más bien un grupo escultórico hecho en mármol blanco, con una técnica de acabado fino y pálido; sus dimensiones son 1'55 por 1'68 m. y se encuentra depositada actualmente en el Museo del Louvre, París.

El Momento Eterno: Psique Reanimada por el Beso del Amor

Canova representa el momento en el que Eros despierta a Psique de su sueño tras besarla. La obra plasma el instante en que la pasión de Eros está a punto de llegar a la boca de Psique, la cual se empieza a despertar. El autor quiso capturar el momento en que lo divino y lo humano están a punto de unirse en un beso. La elección de una acción no consumada atrapa al observador y lo hace participar de la tensión que precede al beso. El escultor trasciende así la captación anecdótica del instante para convertir su obra en una imagen universal del amor con toda la carga de incertidumbre que conlleva su culminación. El tema es mitológico y, como se ha mencionado antes, corresponde a la leyenda de Eros y Psique, cuando Eros se disponía a besar a Psique y, de esta manera, despertarla del sueño que le provocaron los vapores desprendidos de un jarrón que le dio Perséfone, diosa de los muertos.

Material y Técnica: La Perfección del Mármol

Realizada en mármol blanco, la textura conseguida es excepcional, algo que se aprecia en las plumas de las alas, de una extraordinaria belleza. La escultura de Canova se realiza en mármol blanco con el procedimiento de la talla. Se observa que la superficie está muy pulimentada. Para conseguirlo, afinaba el mármol y luego le daba un baño de cal y ácido. Con estos procedimientos consigue gran suavidad, próximo a la piel de un niño. No está policromada, dado que los artistas tanto del Renacimiento como Neoclásico pensaron que las obras del mundo clásico no tenían policromía. El gran esfuerzo en el pulimento de las superficies que representan las pieles de Eros y Psique hacen destacar esta obra sobre todas las demás durante el periodo histórico ya mencionado.

Composición y Dinamismo: La "X" y el Movimiento Envolvente

Entre las muchas y extraordinarias obras de Canova, Eros y Psique resulta una de las de mayor complejidad compositiva y de las más sorprendentes tanto desde el punto de vista formal como de la emoción que es capaz de suscitar. La escultura presenta cuatro ejes cruzados que forman los cuerpos de las figuras y las alas de Eros. Es muy visible la composición en X formada por las alas y las piernas de ambos que dan lugar a una estructura abierta. En efecto, en ella se combinan elementos de disposición centrífuga con otros centrípetos, contradicción que por sí misma ya enriquece extraordinariamente su concepción del movimiento. Así, Eros se inclina para besar a Psique mientras ella se incorpora sobre la cadera derecha y levanta el rostro hacia el de su amado para envolverlo con sus brazos por el cuello. Ciertamente, las alas de Eros, sus piernas abiertas y las de Psique extendidas, actúan como líneas de fuga que abren parcialmente la composición; de esta forma, las líneas convergentes de las alas y las piernas del dios forman un aspa (una x) que concentra aún más la visión en ese centro. El cuerpo de la joven es una prolongación de esta estructura, los brazos y las piernas, forman parte de una diagonal prolongada.

Aunque en realidad su efecto también contribuye a la sensación de movimiento envolvente hacia el centro de la obra, donde se concentra precisamente toda la tensión emocional de la pareja. En este sentido, el juego de los brazos resulta magistral al ser ellos los que en un entrelazo centrípeto rodean sobre sí mismos ambos cuerpos y ambas cabezas. El centro del aspa (la X), hacia donde la vista del observador es hábilmente dirigida, se corresponde con los labios de los protagonistas, a punto de encontrarse. De esta forma, la exquisita colocación de los brazos acentúa la pasión y el erotismo de la escena: Eros rodea con el brazo izquierdo el cuerpo de ella y su mano reposa sobre el pecho; el brazo derecho acoge con ternura la cabeza de su amada; Psique envuelve la cabeza del dios con los brazos formando un círculo, excepcional encuadre de la acción central, el beso inminente. A ello se añade el ingrediente de interrelación gestual, porque las miradas contenidas de ambos amantes y el beso inevitable que preludia el éxtasis amoroso, contribuye decididamente a concentrar en este punto central toda la composición. Este recurso compositivo consigue centrar la atención en este gesto de acercamiento de los rostros, mientras que las posturas de las manos remarcan el carácter apasionado y erótico de la escena. Los dos cuerpos, fijados por voluntad del artista en el momento en que la pasión está a punto de llegar al instante del contacto, son una refinada representación del amor en toda su dimensión de ternura y de deseo carnal. Este movimiento centrípeto origina un gran contraste entre el material y el vacío, entre la luz y la sombra. Del mismo modo, toda la composición tiene una forma espiral que acentúa la unión de las dos figuras y el sentimiento de liberación del sueño, en el gesto de Psique de abrazar hacia lo alto, a quien viene a despertarla. Las figuras están dispuestas en una posición de tal dificultad que nos producen, al mismo tiempo, una complejidad psicológica. La expresión de los rostros es fría e idealizada, es una expresión serena que no muestra pasión. Por tanto, la pasión y el deseo carnal hay que encontrarlo en la posición de los brazos: Eros sujeta la cabeza con una mano y la otra la coloca en un pecho de Psique, y Psique abraza o rodea la cabeza de Eros.

Puntos de Vista Múltiples y Referencias Barrocas

Es indudable que semejante estudio compositivo multiplica hasta el infinito los puntos de vista de la obra, obligando al espectador a girar en derredor, como ocurría en las obras barrocas, sin poder decidirse desde qué lado la obra resulta más hermosa. No es este su único paralelismo con el recuerdo barroco, porque en esta obra, lo mismo que ocurría en Apolo y Dafne de Bernini, está captado también el instante. Es decir, se ha detenido el tiempo, llegando de esta forma a la culminación formal en la representación del movimiento. A pesar de lo sugerente de la escena, los abrazos y las miradas, así como los cuerpos semicubiertos, mezclan la sensación de amor puro con el deseo. El momento, previo a la acción, concentra una gran tensión al modo de las obras barrocas, pero contenidas en una estética griega clásica, comprobando el interés por el regreso a la Antigüedad no solo en la temática sino también en la estética.

Simbología del Amor y el Alma

El mito de Eros y Psique es de los más hondos de la mitología greco-romana, porque se entiende como una imagen de la profundización en el sentimiento del amor, que comienza como algo viciado, pero que después de severas pruebas impuestas al alma, alcanza su plena sublimación. Para amar a una persona por completo (el día y la noche) tiene que existir un equilibrio entre la atracción física y la atracción espiritual, aunque sea la mente quien elabora nuestros valores estéticos. Según Platón, el amor es una forma de elevación, de purificación del alma. Considera al amor físico como el primer momento, pero el momento trascendente sería cuando se llega a la contemplación espiritual, cuando los amantes logran fusionar sus almas de una manera intelectual. La elevación del alma nos lleva al amor eterno, al amor platónico. Para los neoplatónicos, es en realidad un símbolo de la iniciación mística en el camino al encuentro del amor. Por tanto, la obra en su conjunto debe entenderse como la representación más completa y profunda de ese sublime sentimiento. Nada falta en esta representación del Amor (Eros): está su atractivo carnal, su pasión inminente, su ternura enamorada, su emoción contenida. Todo está aquí, la sensualidad de la carne y la redención del espíritu, a través tanto de su belleza formal como de la hondura psicológica de la escultura.

Recepción y Legado de una Obra Maestra

En su momento, la obra despertó duras críticas y vehementes entusiasmos. Como señalamos al principio, fue robada por Murat, uno de los hombres de confianza de Napoleón; al contemplarla, el emperador quedó tan admirado que se convirtió en mecenas del artista. Años después, Flaubert escribió sobre ella: "Bese la axila de la mujer... y el pie, la cabeza, el perfil... que me perdonen, pero fue mi primer beso sensual en mucho tiempo. Hubo algo más: besé a la belleza en persona".

tags: #comentario #de #arte #Eros #y #Psique

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