Mercado Central de Las Palmas: Historia y Tradición en el Corazón de la Ciudad
El Mercado Central de Las Palmas, un emblemático centro de comercio, se ubica en el corazón de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, estratégicamente situado entre el Mercado del Puerto al norte y el Mercado de Vegueta al sur.
Concretamente, se encuentra en la parte alta del barrio de las Alcaravaneras, cerca de la zona comercial de Mesa y López. Su dirección exacta es C/ Galicia, Nº 24, Arenales.
Orígenes e Historia
El Mercado Central de Las Palmas nació como una propuesta del Ayuntamiento. El Plan General de Ordenación de Las Palmas de Gran Canaria fue redactado por D. Secundino Zuazo en el año 1944 y aprobado en 1952. En estos años 50, hay una fuerte presión demográfica que potencia una dinámica urbanística y que extiende la ciudad hasta la zona de Alcaravaneras.
De hecho, el Mercado Central abre con la intención de ofrecer un servicio a la creciente población de Las Palmas de Gran Canaria, siendo alcalde de la ciudad D. José Ramírez Bethencourt. El proyecto es del arquitecto D. La obra se ejecutó en tan sólo 10 meses, sobre una zona de dunas, por la empresa de construcciones Alfredo Farray Estévez.
Fue concebido este espacio como dos mercados a la vez, uno al por mayor, y otro al detalle, para así atender a dos problemas acuciantes de demanda de productos frescos. Juan Montesdeoca inauguró dos cafetería el mismo día que el Mercado Central abría sus puertas, el 18 de julio de 1957. Una foto en blanco y negro inmortaliza el primer día de los 66 años que lleva el negocio en funcionamiento en Las Palmas de Gran Canaria, actualmente regentado por la tercera generación y la cuarta se está formando en el negocio.
El hermano de Montesdeoca fue el que en un primer lugar tuvo la idea de negocio, pero un poco después dejó el proyecto porque tenía otras empresas. En aquella época se ubicaban en la parte superior con dos locales, uno frente al otro y tan solo tres mesas en cada uno. No fueron comienzos fáciles, la jornada laboral comenzaba a las dos de la mañana, con legañas en los ojos encendía la vieja cafetera que podía tardar hasta tres horas en calentarse para tener todo listo para los primeros clientes.
“Nadie sabe lo que es la hostelería excepto el que trabaja en ella, es muy sacrificada y eso que nosotros no lo teníamos tan complicado”, comenta Olivia Montesdeoca, hija del fundador. “Los comienzos de mi padre sí fueron duros porque el Mercado abría todas las tardes, pero cuando nosotros estábamos no y cerrábamos los días de fiesta y domingos, entonces el personal estaba contento y yo más porque por lo menos tenía un día de descanso”, resalta.
La jubilación le llegó antes de tiempo por problemas de salud y su hija, Olivia Montesdeoca tomó el relevo junto a su marido. Cuando los mayoristas se trasladaron a Mercalaspalmas en los 80 hicieron una remodelación de la plaza de abastos y propusieron al matrimonio trasladarse a la parte baja, donde se ubican actualmente. “Nos convino más porque aquello era pequeñito aunque fueran dos, esto es otra historia”, comenta Montesdeoca.
El local se lo dieron completamente vacío y tuvo que hacer las reformas e instalarlo para volver a poner en funcionamiento la empresa. Desde entonces nada ha cambiado y la decoración transporta a los clientes a aquella época. La barra de azulejos verdosos y un cartel de cristal que además del nombre de la cafetería anuncia a los lados la marca de alcohol Gin Bols Liqueurs. “Eso no se quita, es una reliquia”, dictamina Montesdeoca.
Al poco del traslado, su marido tuvo que dejar de trabajar por una enfermedad y Montesdeoca tomó las riendas en soledad. “No fue complicado llevarlo yo sola porque estaba acostumbrada de lo que oía de mi padre cuando llegaba a casa y hablaba con mi madre y sabes que los niños somos como esponjas, que todo lo captamos entonces a mí no me vino de nuevas”, comenta.
Su padre había introducido los churros los primeros años, pero eran una carga de trabajo demasiado grande, lo suyo era el café para los somnolientos mayoristas. “Es incalculable el número de cafés que mi padre podía vender en un día”, destaca Montesdeoca. Al llevar las riendas del negocio volvió a incorporar el plato para los desayunos y “bendita la hora” porque es lo que más se consume actualmente. En un día pueden llegar a servir 500 o 600 churros para la constante rueda de clientes que toman su primera comida del día.
En 2007 después de trabajar dos años más allá de su jubilación, Montesdeoca decidió darse el merecido descanso y pensó en traspasar el negocio. Su hijo, Juan Luis que había trabajado durante nueve años en el negocio familiar, pero que en ese momento se encontraba empleado en El Corte Inglés tomó la decisión de continuar con la empresa para “no perder tanta historia que había”. “Hubiera sido una pena que pasara a otras manos”, añade.
Aunque actualmente está jubilada, Montesdeoca no pierde el contacto con la empresa familiar. “Tengo un mono con venir aquí”, comenta risueña. Aunque aclara que no viene diariamente cuando hace las compras en el Mercado si no pasa por la cafetería es como si no hubiera ido. “De lo que más orgullosa me siento es de que mi hijo continúa con esto porque tenía la pena de traspasarlo a otra persona estando vinculada al negocio desde el año 57”, expresa Montesdeoca. Y no solo su descendiente trabaja en la empresa familiar, también su nieto, Juan Luis Amador.
Descripción Arquitectónica
El Mercado Central es un edificio de uso comercial resuelto en 2 alturas y sótano. La planta ocupa todo el solar, de forma rectangular, con 2 pabellones laterales. Destaca formalmente por la estructura de soportes trapezoidales invertidos que se destacan de los paños de fachada.
A vista de pájaro (Google Earth) el edificio parece tener dos claras partes; la parte frontal que da a la calle Galicia, y la parte trasera. La parte frontal forma un rectángulo (aprox. 68x74 metros), que se extiende desde las mencionadas calles laterales de Néstor de la Torre y Barcelona. De la parte anterior de este rectángulo deriva un espacio de planta casi cuadrangular de grandes dimensiones (aprox. 41 x 55 metros).
Entre ambos conforman el total del mercado central. Una visita al Mercado nos evoca a nuestra niñez: los aromas, los colores vivos de la fruta, el sonido, el canturrear de nuestro tendero. Se puede pagar en sus puestos con tarjetas de crédito y los clientes disponen si lo desean de carritos de la compra.
Horario
El horario de atención al público es de lunes a jueves, de 07:00 a 14:00 horas.
El Mercado Central Hoy
El Mercado Central fue construido en el año 1958 con el objetivo de convertirse en uno de los centros de distribución alimentario principales del municipio de Las Palmas. Su nombre, “Central”, alude a su centralidad en la distribución alimentaria del municipio, ya que desde la fecha de su creación hasta el año 1981 cumplió la doble función de mercado minorista y mayorista de Las Palmas, proveyendo de productos frescos al resto de comercios y mercados del municipio.
Ya en el año 1981, el crecimiento socioeconómico del municipio de Las Palmas obligó a reordenar la distribución mayorista de alimentación fresca, que se trasladó al nuevo complejo alimentario mayorista de Mercalaspalmas. El espacio libre que quedó en la planta sótano del Mercado Central fue ocupado con cámaras frigoríficas y un aparcamiento de ochenta y ocho plazas. Mercasa fue la encargada del diseño y desarrollo de esta obra.
El Mercado Central de Las Palmas siempre ha sido un mercado muy bien organizado internamente, hecho que se refleja en la adecuada distribución interna de los gremios. El Mercado Central extiende su zona de influencia a todo el municipio de Las Palmas, si bien el 80% de su clientela procede de los barrios colindantes, Alcaravaneras, Guanarteme y Ciudad Jardín.
El primer paso fue solicitar al Ayuntamiento la cesión de la gestión del mercado. Para ello se constituyeron como sociedad cooperativa en 1997. La primera gran iniciativa no se hizo esperar, al año siguiente, 1998, se puso en funcionamiento en la planta sótano del mercado una galería comercial con zapaterías, tiendas de moda, joyería, cafetería y restaurantes.
Los Mercados Tradicionales de Canarias
Esta muestra expositiva pretende mostrar al público la vital función que han ejercido los mercados tradicionales de Canarias. Con este objetivo, invitamos a un recorrido por la historia y por el legado patrimonial vinculado a estos espacios que han sido fundamentales no solo para las transacciones comerciales, sino también para la vida social, al ser lugares de encuentro y referencia en nuestras ciudades y pueblos.
Concluida la conquista de Canarias, uno de los principales retos fue garantizar el adecuado abastecimiento de alimentos y de otras mercancías de primera necesidad. El sustento de esta nueva sociedad requería así de un suministro constante que dependió, en gran medida, del comercio exterior, y de la puesta en cultivo de los campos canarios.
Gran parte de la población de las Islas Canarias se encontraban en un entorno eminentemente rural. Ante la falta de lugares de abastos, las transacciones comerciales se basaban en el trueque o el intercambio.
Las ciudades y pueblos más populosos contaron con mercados, ferias y tiendas donde adquirir diferentes mercancías con cierta facilidad, pero en el mundo rural esta tarea fue más compleja, dificultando el acceso de la población a bienes que no eran producidos en las proximidades. El papel de la mujer ha sido fundamental en todo el proceso de la cadena comercial. Los mercados locales fueron espacios feminizados.
Aunque en la mayoría de las poblaciones rurales e islas como La Gomera o el Hierro se siguieron utilizando las plazas como puntos de venta, a partir del siglo XIX en algunas localidades de Canarias comenzaron a erigirse inmuebles específicos para su utilización como mercados.
La Revolución Industrial benefició los sistemas constructivos gracias a la utilización del hierro para las grandes edificaciones.
La ciudad de Santa Cruz de Tenerife alberga en su entramado urbanístico la principal evolución tipológica de la arquitectura comercial en las Islas Canarias.
Santa Cruz de Tenerife contó con un mercado fijo desde 1815 en la zona cercana al puerto, hoy desaparecido. En 1847, el Ayuntamiento encargó a Manuel de Oraá un nuevo mercado en la antigua zona del convento de la Consolación y sus huertas cercanas. Este inmueble, que se conocerá popularmente como la recova, fue inaugurado en 1851 y bautizado como Palais Royal por la fórmula arquitectónica que recordaba la escenografía barroca con el pórtico y un gran patio descubierto donde se situaron las lonjas.
La saturación en la que se veía envuelto el Palais Royal causó que el Ayuntamiento investigara nuevas fórmulas para poder aliviarlo y solicitó al arquitecto Antonio Pintor la construcción de un nuevo inmueble. Se eligieron piezas de hierro a Londres y la estructura se instaló en la Plaza de la Madera sobre un zócalo de cantería como base para las lamas y cubiertas de metal.
El Mercado de Nuestra Señora de África surgió en el marco de una política constructiva-propagandística del Mando Económico de Canarias en los primeros años del periodo autárquico tras la Guerra Civil. Este proyecto se encargó en el año 1942 al arquitecto José Enrique Marrero Regalado y estuvo determinado por el gran crecimiento poblacional que se vivió en Santa Cruz de Tenerife por el éxodo desde las zonas rurales a las ciudades.
El crecimiento poblacional que estaba sucediendo en la ciudad de Las Palmas a mediados del siglo XIX, ocasionó la creación de una zona comercial junto al barrio de Vegueta.
En 1849, Manuel Ponce de León presentó un proyecto de mercado que fue aprobado con rapidez. A raíz de esta idea, este se remitió a Manuel de Oraá, quien varió su portada principal donde destacaba el frontispicio, aportando un aire más ecléctico, pero la falta de recursos y problemas de entendimiento entre el arquitecto y el Ayuntamiento hizo que el proyecto de Oraá no se realizase por completo.
Para la venta de pescado y carne, se precisaron dos inmuebles anexos al Mercado principal. El proyecto de pescadería lo inició Manuel Ponce de León aprovechando la utilización de los nuevos materiales y siguiendo las líneas arquitectónicas de un quiosco.
El Mercado del Puerto de la Luz nació suscitado por el auge poblacional que estaba teniendo la zona del puerto con las construcciones de viviendas de los trabajadores del puerto y la urbanización del lugar como zona de segundas viviendas cercanas a la playa de Las Canteras. En 1891, el arquitecto Laureano Arroyo planteó un tinglado de hierro fundido y con un aire exótico, como en las ciudades europeas, pero no pudo hacerse por el alto coste.
Este mercado fue construido en 1956. Su nombre de “central” se debe a su ubicación, en la intersección entre las actuales calle Galicia y calle Néstor de la Torre, una zona estratégica equidistante de los principales núcleos de la ciudad; pero sobre todo al propósito de convertirlo en un centro central de abastecimiento que cubriera la demanda social del momento. Hasta la creación en 1981 de Merca Las Palmas, cumplió su función. Otro mercado importante es el de Altavista, creado en 1970.
Durante el siglo XIX se proyectaron varios inmuebles para mercados de los que solo conservamos el de Santa Cruz de La Palma. Tras el incendio del antiguo Hospital de los Dolores en 1827 y la desamortización por la que se vio afectada la iglesia, el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma utilizó este lugar para la creación de entidades públicas como el Teatro y el Mercado de Abastos.
Los textos del Cabildo informan de la continua presencia de mercados o de espacios habilitados para ellos en diversos puntos de la ciudad desde los primeros momentos de la ciudad. El más importante fue históricamente la plaza del Adelantado, centro de la actividad social y comercial.
Tras varios intentos de construcción de un mercado para la ciudad de San Cristóbal de La Laguna desde el año 1801, se plantearon diferentes proyectos de inmuebles en el interior de los graneros municipales situados en la plaza del Adelantado. Tras su incendio y completa ruina, en 1881 se da visto bueno al definitivo proyecto del arquitecto Vicente Armiño. Se utilizaron los materiales propios de la isla como la cantería de piedra, ladrillo y madera de Tea, pero se introdujo en su composición los nuevos materiales como el hierro fundido para puertas y remates. Debido al crecimiento poblacional de la urbe en el siglo XX y el deterioro de la estructura de Vicente Armiño, se decidió demoler el inmueble y solicitar a Tomás Machado un nuevo proyecto en 1944.
El crecimiento poblacional de mediados del siglo XIX de Arrecife suscitó la necesidad de erigir un lugar que tuviese las condiciones higiénicas para la venta de los alimentos. Por ello, se solicitó a Manuel de Oraá la construcción de un inmueble el cual fue el primer mercado de la isla de Lanzarote al que toda la población de la isla acudía. Su acceso se situaba en la calle Manual de Miranda, a donde se accedía a un patio central que no solo sirvió de mercado, sino de otras actividades, como luchadas y ferias ganaderas.
El arquitecto Antonio López Echegarreta fue el encargado de hacer el mercado de Arucas a la vez que erigía el inmueble que albergaría el ayuntamiento del municipio. Se aprobó en 1879, siendo este el segundo mercado construido en Gran Canaria tras el mercado de Vegueta.
Tras la visita de Franco a Puerto de Cabras el 28 de octubre de 1950, se creó el Decreto Ley de 11 de diciembre de 1950 por el que se creaba un Plan de Adopción para las islas de Fuerteventura y El Hierro. Entre las obras proyectadas para la mejora de infraestructuras de Puerto de Cabras se incluyó una Plaza de Abastos. Este inmueble siguió la estética neocanaria con un gran atrio de entrada con tres arcos de medio punto, con cubierta de tejas árabes a una agua y coronada con un frontón curvo. Este atrio está flanqueado por dos grandes cuerpos a modo de acuartelamiento.
A lo largo del siglo XX, fueron erigiéndose otros inmuebles destinados a mercados en aquellos pueblos y ciudades de mayor densidad poblacional, muchos de los cuales siguen albergando los mercados de abastos locales.
Canarias cuenta en la actualidad con una gran cantidad de instalaciones comerciales por todo el archipiélago. Aunque algunos de estos están en inmuebles históricos, la mayor parte ha surgido en fechas recientes. Estos lugares siguen siendo espacios de referencia para la población local y un punto de encuentro de carácter social y gastronómico. Sin lugar a dudas, nuestros mercados y mercadillos son un pilar esencial para impulsar un desarrollo económico sostenible y alcanzar la soberanía alimentaria.
En resumen, el Mercado Central de Las Palmas no es solo un lugar de compra y venta, sino un espacio lleno de historia, tradición y sabor local. Su evolución a lo largo de los años refleja el crecimiento y los cambios de la ciudad, pero su esencia como punto de encuentro y proveedor de productos frescos se mantiene intacta.
| Mercado | Ubicación | Año de Construcción | Características |
|---|---|---|---|
| Mercado Central Las Palmas | Las Palmas de Gran Canaria | 1958 | Estructura de soportes trapezoidales invertidos, dos alturas y sótano. |
| Mercado de Vegueta | Las Palmas de Gran Canaria | Siglo XIX | Zona comercial junto al barrio de Vegueta. |
| Mercado del Puerto de la Luz | Las Palmas de Gran Canaria | 1956 | Construido por el auge poblacional en la zona del puerto. |
| Mercado de Santa Cruz de La Palma | Santa Cruz de La Palma | Siglo XIX | Ubicado en el antiguo Hospital de los Dolores. |
| Mercado de San Cristóbal de La Laguna | San Cristóbal de La Laguna | 1881 | Proyecto de Vicente Armiño con cantería de piedra, ladrillo y madera de Tea. |
| Mercado de Arrecife | Arrecife, Lanzarote | Siglo XIX | Primer mercado de la isla de Lanzarote. |
