Carlos Bustos: Biografía de un Empresario y su Legado en la Cerámica de Alcora
La biografía del conde Pedro Pablo Abarca de Bolea es amplia y polifacética. Militar, diplomático, político y empresario, el conde, estudiado exhaustivamente por Olaechea y Ferrer Benimeli, ocupó los máximos cargos militares, diplomáticos y políticos, y llegó a ser capitán general de Valencia y Castilla la Nueva, embajador en Portugal, Polonia y Francia, ministro de Carlos III y secretario de Estado de Carlos IV (Ferrer Benimeli, et al., 1998; Olaechea, Ferrer Benimeli, 1998; Ferrer Benimeli, et al., 2000; Ferrer Benimeli, 2011-2013). Sin embargo, la faceta que más nos interesa resaltar de este insigne personaje es la de empresario. En efecto, sus frecuentes viajes por países europeos durante su longeva vida le proporcionaron un conocimiento cosmopolita del mundo, que sin duda aprovechó para hacer de su fábrica de cerámica, instalada por su padre en Alcora en 1727, una manufactura moderna a la vanguardia de las fábricas españolas y a la altura de las fábricas punteras europeas.
Historia de la cerámica | Conde de Aranda II
El Busto del Conde de Aranda: Un Retrato en Cerámica
El busto es un retrato de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X conde de Aranda, hijo y heredero en 1742 del conde Buenaventura, fundador de la fábrica de cerámica de Alcora en 1727. El busto del insigne personaje Pedro Pablo Abarca de Bolea, propietario de la fábrica de cerámica de Alcora entre 1742 y 1798, no fue una excepción. La fabricación en cerámica de bustos de personajes importantes fue un tema recurrente en las principales manufacturas cerámicas europeas en el siglo XVIII. Su busto fue reproducido en distintas épocas y en diferentes tamaños.
Según Joaquin Ferrer: "El busto representa a don Pedro Pablo Abarca de Bolea, X conde de Aranda, (*Siétamo, Huesca, 1719 - + Épila, Zaragoza, 1798). Viste peto y un manto forrado de pieles que recoge sobre el hombro izquierdo. Sobre el pecho asoma la cruz de la orden del Saint Esprit, mientras del cuello pende una cinta con el Toisón de Oro. La cabeza se cubre con una hermosa peluca rizada en los aladares, mientras que la espalda se adorna con una coleta sujeta por un lazo. Como militar, su vinculación con el ejército le llevó a viajar por diversas ciudades europeas y a residir durante algún tiempo en París, donde se relacionó con D´Alembert, Diderot y Voltaire, por lo que su nombre figuró después en uno de los artículos de la Enciclopedia. En el antiguo reino de Valencia (de donde llegó a ser capitán general) dio un impulso fundamental a la fábrica de cerámica que su familia tenía en Alcora. Dado su talante ilustrado, en 1766 Carlos III le nombró presidente del Consejo de Castilla y más tarde, embajador en Francia. Con Carlos IV fue secretario de Estado (1792), hasta que sus desavenencias con Godoy lo llevaron a la cárcel y al destierro poco después".
Retrato de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda.
Cronología y Fabricación de los Bustos
Gracias a las condecoraciones que portan los bustos del conde manufacturados en Alcora, así como otros factores, se puede proponer una cronología razonada para estos. En efecto, los bustos del X conde de Aranda adornados con el Toisón de Oro, pero no con la Cruz de la Orden del Espíritu Santo están fabricados, lógicamente, entre 1756 y 1777. Así sucede en sendos bustos excepcionales que se sitúan hacia 1775, cuando era embajador en París entre 1773 y 1787, uno de propiedad particular barcelonesa, barnizado con cubierta estannífera blanca (Casanovas; Álvaro Zamora, 1998: 406) y otro pintado en policromía sobre cubierta estannífera blanca conservado en la Hispanic Society of America de Nueva York (Frothingham, 1960: 35; Connors, 2005: 283). Los dos bustos tienen unas dimensiones extraordinarias, cuya altura llega a los 70 cm. Por el contrario, los bustos que incluyen la medalla del Espíritu Santo más comunes son obviamente posteriores a 1777. el presente busto. 1919: 196). y en el Palacio de Liria de Madrid, respectivamente (Casanovas; Álvaro Zamora, 1998: 407, 408).
Este primer busto fue realizado, a tamaño natural, por el escultor principal de la manufactura Julián López. El busto que conserva el museo es de menor tamaño y aunque sigue en lineas generales al modelo anterior presenta ligeras variantes, es muy probable que fuera llevado a cabo por Joaquín Ferrer entorno a 1790.
Influencia y Contexto Artístico
Aunque la fabricación de bustos en cerámica no era nada nuevo en Europa, había ganado en popularidad en la época en la que el conde vivía en Paris. En esta ciudad, debió familiarizarse con los bustos en bronce realizados por escultores distinguidos, así como bustos en cerámica hechos por talleres de cerámica como el de Sévres, donde la escultura y los bustos habían ganado en importancia. El conde, probablemente, tuvo la oportunidad de ver el busto a tamaño real de Madame du Barry hecho por Augustin Pajou (1730-1809) y reproducido en pasta de porcelana por Laurentius Rossinger en La Courtille en 1775, y ello podría haber dado lugar a que el conde encargara el busto de su persona. Frothingam propone que el modelo original para el busto fue realizado por un francés en Paris durante el nombramiento del conde como embajador de Francia (1773-1787). Frotingam también sugiere que el estilo de la obra de Pajou es tan similar al busto del conde que el artista podría haber creado el modelo original. (Margaret Connors McQuade, 2005) Este modelo se conserva hoy en día y se encuentra en el Museo de Bellas Artes en Castellón.
Artistas Involucrados en la Creación de los Bustos
Todo indica que los bustos del conde fueron modelados en Alcora por los escultores Julián López (1711-1792), contratado en 1746 (José y Pitarch, 2005: 59) como «maestro de dibujo, talla» (Todolí, 2002: 331), y Joaquín Ferrer Miñana (1749-1837). Contratado en 1775, es citado en 1782 como oficial tallista (Grangel Nebot; Roig Cardells, 2004: 26) y en 1789 como único «sculptor» en una nómina de los altos cargos -nótese que ni Julián López ni Gabriel Andrés se anotan como tales- (Frothingham, 1945: 75). En 1793 se le nombró maestro de escultura (Grangel Nebot; Roig Cardells, 2004: 26), aunque no sería el máximo responsable de esta sección hasta 1800 (Escrivá de Romaní, 1919: 451, 452). Mateo González Labrador (1755-1807) o Francisco Asensio y Mejorada (1725-1794) (Olaechea, Ferrer Benimeli, 1998).
El Legado Empresarial del Conde de Aranda
Las fuentes documentales nos informan que durante su gobierno entre 1742 y 1798 estuvo físicamente en contadas ocasiones en Alcora, pues solo conocemos su estancia en el verano de 1790 «para visitar e inspeccionar su industria», hacer diversas reformas en el reglamento de la fábrica y crear nuevos cargos, además de fijar nuevos precios a las cerámicas (Escrivá de Romaní, 1919: 196, 197). Algunos documentos manuscritos desde la villa de Alcora confirman su estancia entre julio y septiembre de 1790 (Casanovas; Álvaro, 1998: 412, doc. 449). Resulta evidente que el conde quería modernizar y dar un nuevo impulso a su fábrica de cerámica que, al parecer, había quedado estancada. No hay duda de que desde la distancia el conde supervisaba todo lo que sucedía en su fábrica.
Ello queda patente en la puntual y periódica petición al monarca de turno de exenciones y privilegios, no solo para su empresa sino también para los empleados, registrados en las cédulas reales de 1743, 1754, 1761, 1764, 1774, 1785 y 1795 (Todolí, 2002: 39, 40), así como en la redacción de un reglamento por el que se regía el funcionamiento de la empresa en julio de 1749. Estas ordenanzas incluían novedades importantes, como el control de calidad de las decoraciones al obligar a los pintores a imprimir un "guarismo" o número de identificación, preasignado, en cada pieza que pintaban (Escrivá de Romaní, 1919: 429, ap. 32). Estas marcas de control de producción estudiadas en 2002 (Todolí, 2002: 190-193) nos han permitido identificar a los pintores por el número que algunas cerámicas muestran, habida cuenta que en las nóminas disponibles entre 1743 y 1763, los empleados, con nombre y apellidos, se anotan con un riguroso orden jerárquico, como sucede en un plato fabricado entre 1749 y 1764 de la serie decorativa «china azul», con el número «30» pintado en el reverso, que identifica al pintor Cristóbal Tarazona (Todolí, 2012: 135, 136).
El conde también supervisaba y daba el visto bueno a la contratación de empleados cualificados, tanto españoles, entre los que cabe destacar al escultor Julián López en 1746, como extranjeros, como los secretistas Haly en 1751, Knipffer en 1761, Martin en 1774 y Cloosterman en 1787. Por otra parte, no se puede soslayar que durante la segunda mitad del siglo xviii, que coincide con la mayor parte del mandato de Pedro Pablo, hubo una significativa ampliación del edificio fabril (Todolí, 2006).
Reutilización de Moldes y Preservación del Legado
Como hemos constatado, la reutilización de moldes originales del siglo XVIII y XIX de la fábrica condal es una práctica habitual. Los bustos del conde Pedro Pablo no son la excepción y sus moldes fueron reutilizados incluso en el siglo XX, como demuestra un catálogo de la fábrica editado alrededor de 1910 donde se exhibe dicho busto. Seguramente, el busto del conde Pedro Pablo es la escultura de Alcora más reproducida y se conserva en muchos museos españoles, como el IVDJ, MAN, MCA y MNAD, y extranjeros, como la HSA, entre otras colecciones públicas y privadas.
El conde Pedro Pablo, nacido en Siétamo (Huesca) el 1 de agosto de 1719, casó en primeras nupcias con Ana María del Pilar Fernández de Híjar en 1739, y pocos meses después de su fallecimiento en 1783, en segundas nupcias con María Pilar Fernández de Híjar y Palafox. De su primera esposa tuvo dos hijas y un hijo que no le sobrevivieron. Falleció en Épila (Zaragoza), donde había pasado exiliado sus últimos cuatro años, el 9 de enero de 1798, cuando contaba 78 años de edad.
