Género y Liderazgo: Una Perspectiva Integral y Evolutiva
En el siglo XXI, nuestra sociedad sigue enfrentando múltiples estereotipos, especialmente en lo relacionado con el género. A pesar de que las mujeres del último siglo han dado grandes pasos para colocarse al lado de los hombres, persisten desafíos significativos en el ámbito del liderazgo. Este artículo analiza la compleja relación entre autoras, liderazgo y género, explorando las barreras históricas, los estereotipos persistentes, la evolución de los estilos de liderazgo y las estrategias para fomentar una mayor inclusión y equidad.
Perspectiva Histórica del Liderazgo Femenino
Desde una perspectiva histórica, la imagen del líder ha estado predominantemente asociada con la masculinidad. Las características culturales de la masculinidad, como ser lógico, analítico, determinado, dominante, fuerte, activo físicamente y con baja aversión al riesgo, han influido en la percepción de quién es apto para el poder. Bajo estas percepciones, no es difícil entender por qué tan pocas mujeres llegaron a ostentar algún tipo de poder en el pasado, ya fuera político, económico o intelectual.
Las fantásticas figuras femeninas que aportaron en el desenvolvimiento de sus pueblos, como Cleopatra, no carecían de astucia, perspicacia y crueldad, a menudo debiendo asumir las mismas actitudes y estrategias de sus colegas masculinos para sostener su autoridad y demostrar ser tan o más capaces. Un ejemplo claro es la Reina Isabel I de Inglaterra, quien, al no contraer matrimonio y no tener un heredero varón, enfrentó grandes retos por su legitimidad al trono. Su famosa frase: "I know I have the body but of a weak and feeble woman; but I have the heart and stomach of a king, and of a king of England, too" resume el enorme desafío que debió enfrentar como líder político.
La Mujer en el Siglo XX y los Movimientos Feministas
Con la llegada del siglo XX, se produjeron cambios socioeconómicos significativos que afectaron el rol de la mujer en la sociedad. Por primera vez, muchas mujeres se encontraron fuera de casa y de sus quehaceres y deberes correspondientes, trabajando en fábricas, hospitales, el comercio y las oficinas para mantenerse económicamente. Sin embargo, con el regreso de los soldados después de las guerras, muchas fueron relegadas a sus hogares, independientemente de su experiencia o eficiencia.
A raíz de estos sucesos, tomaron mayor auge los movimientos de mujeres alrededor del mundo. Las primeras manifestaciones y reclamos de igualdad entre géneros los iniciaron las sufragistas en Inglaterra a comienzos del siglo XX, marcando el primer paso para dejar de ser ciudadanas de segunda clase. Al adquirir el derecho al voto femenino, se logró que se prestase mayor atención a la voz de las mujeres en el ámbito político.
La aparición de la píldora y otros métodos anticonceptivos significó un gran cambio socioeconómico, duplicando la fuerza laboral femenina y permitiendo a las mujeres elegir esposo y el momento para tener hijos. Realizar cualquier tipo de actividad para la cual se encontraran capacitadas empezaba a dejar de ser un tabú, ayudando a borrar la idea de que el cuerpo de la mujer es posesión de su marido y que su principal y única función es la procreación. A pesar de que la mujer haya sido bendecida con tan bella facultad física, no significa que deba limitarse a la misma.
Estilos de Liderazgo: Masculino vs. Femenino
En el área de los negocios, sociólogos contemporáneos han definido un estilo de liderazgo congruente al género. Esto quiere decir que hombres y mujeres se dirigen a sus subordinados en formas diferentes. Estas diferencias se resumen en la siguiente tabla:
| Estilo de Liderazgo Masculino | Estilo de Liderazgo Femenino |
|---|---|
| Más proclives a usar un estilo directivo, de mando y control. | Alientan la participación, comparten el poder y la información. |
| Se apoyan en la autoridad formal de su puesto como base de influencia. | Tratan de fortalecer los sentimientos de valía de sus seguidores. |
| Prefieren dirigir por medio de la inclusión. | |
| Confían en su carisma, experiencia, contactos y habilidades en el trato personal para influir en los demás. |
La literatura científica confirma que la imagen del líder es más asociada con lo masculino, lo que provoca un sesgo de género en el liderazgo. La contradicción entre los roles femeninos y los de liderazgo conduce a dos formas de prejuicio: primero, la percepción de que las mujeres son poco aptas para puestos de liderazgo, y segundo, la evaluación desfavorable de sus comportamientos en estos roles. Las mujeres suelen ser subestimadas, consideradas competentes pero frías, o cálidas pero incompetentes, virtuosas pero débiles. Son vistas como una amenaza económica, temidas y envidiadas.
A pesar de que el estereotipo femenino concuerda a grandes trazos con aptitudes como la empatía y la colaboración, la imagen de poca credibilidad y capacidad atribuida a las mujeres ha limitado su entrada a las posiciones de mayor poder político y económico. Los sociólogos denominan este fenómeno el "Techo de Vidrio".
El "Techo de Vidrio" y el Laberinto del Liderazgo Femenino
El "Techo de Vidrio" se refiere a las barreras sutiles (transparentes) pero reales (intraspasables) que impiden la movilización vertical de las mujeres en las estructuras de poder. A pesar de que en las últimas décadas las puertas de las diferentes instituciones se han ido abriendo para las mujeres, el siguiente paso consiste en eliminar los prejuicios más sutiles que limitan su campo de acción. Las mujeres con estudios universitarios actualmente incrementan su participación en los equipos gerenciales y en el escenario político, pero su ascenso ha sido complejo y en muchos casos frustrante, como un "laberinto".
La realidad de las mujeres en su camino hacia el liderazgo sigue siendo difícil debido a la falta de neutralidad en los lugares de trabajo, lo que proporciona a los hombres una ventaja y desplaza a las mujeres, acentuando los roles de género tradicionales producto del machismo.
Liderazgo femenino, juntas rompemos el techo de cristal | Mary Valdez | TEDxAntofagasta
Los resultados de estudios cualitativos muestran que las mujeres reconocen su falta de presencia en puestos de liderazgo debido a que las oportunidades laborales son mayores para los hombres, además de que persiste la creencia de que las mujeres son incapaces de liderar. También enfrentan barreras como los sistemas patriarcales, la emocionalidad, y la minimización de su trabajo y habilidades. Por otro lado, los hombres señalan que hay pocas mujeres líderes porque a ellas se les exige mucho más que a los hombres para llegar a estas posiciones, sumado a los roles y estereotipos de género que retrasan o bloquean su acceso a puestos de decisión, como las responsabilidades domésticas y la maternidad.
Evolución de los Estilos de Liderazgo
Las doctrinas clásicas del liderazgo incluyen la teoría del gran hombre (líderes nacen para liderar), la teoría de los rasgos (líderes nacen o se forman con características específicas), la teoría del comportamiento (líderes se forman a través del comportamiento), y la teoría de la contingencia y situacional (influencia de factores ambientales). La era moderna se ha centrado en la relación del líder con sus seguidores y la situación.
Un líder es una persona capaz de mostrar el camino a sus compañeros, tiene claridad en sus principios rectores, está convencido de que puede marcar la diferencia, asume riesgos y celebra pequeñas victorias, escucha las aspiraciones y esperanzas de los demás, y logra que las personas se sientan exitosas. Los líderes son a menudo denominados "alfa", un término asociado al "macho alfa", y las mujeres alfa son descritas con rasgos tradicionalmente masculinos, como la agresividad y la asertividad.
Liderazgo Transformacional y Liderazgo Andrógino
En el contexto de la subrepresentación y falta de inclusión de la mujer en roles de liderazgo, se ha desmentido que el género sea una determinante de efectividad o interés. El modelo transformacional destaca por su énfasis en valores, el rol de los seguidores, el desempeño y la equidad. Las mujeres tienden a adoptar comportamientos de liderazgo más transformacionales que los hombres, lo que sugiere que parte de la razón por la que experimentan mayor nivel de rechazo en las organizaciones se debe a su estilo de liderazgo.
Los estudios de alta gerencia muestran una nueva tendencia de liderazgo: la adopción del estilo de liderazgo andrógino, que disminuye los impactos de género al conjugar los mejores rasgos de los estilos masculinos y femeninos. Este enfoque valora el desarrollo y el bienestar de las personas, la diversidad de talentos y los diferentes impactos que puede tener la actividad, buscando fomentar el bien común, la humildad, el respeto por los demás y la empatía.
El Co-liderazgo: Un Nuevo Paradigma
Recientemente, ha surgido el concepto de co-liderazgo, donde el liderazgo es compartido entre dos o más personas. Esta modalidad permite compartir decisiones y tareas, disminuir la carga laboral y la presión en la toma de decisiones. También enseña a negociar la visión, ser mucho más creativa y cuidar mejor del equipo, porque los líderes se cuidan mejor a sí mismos. Aunque implica un trabajo de autoconocimiento y conocimiento del co-líder, con un fin común de lograr un equipo de alto rendimiento, el éxito está asegurado.
El co-liderazgo no es una cuestión feminista o no feminista, sino un cambio de paradigma en el liderazgo que busca una mayor diversidad, flexibilidad, menor poder, un mejor ego, una mayor negociación y un mayor equilibrio. A menudo se confunde el co-liderazgo entre dos mujeres como una razón para "tener más tiempo para conciliar", lo cual es cierto, pero no es su única finalidad. El co-liderazgo es cuidarse como persona y como líder para luego poder cuidar al equipo.
Desafíos y Oportunidades para las Mujeres Líderes
Aunque la mujer ha tenido un mayor desempeño en todos los campos de la sociedad y, en teoría, puede alcanzar los escaños o salarios anhelados, los datos muestran una bajísima participación femenina en las cúpulas de poder. Esto se debe a diversas circunstancias que agravan el problema del liderazgo femenino, como la incompatibilidad entre responsabilidades domésticas y laborales, las culturas organizacionales dominadas por hombres, los estereotipos de género y los prejuicios contra las mujeres líderes.
La falta de mujeres en posiciones de liderazgo se debe, en parte, al insuficiente equilibrio entre la vida personal y laboral, a la presión que sienten en ambientes dominados por hombres, a la carencia de apoyo directivo y a la baja confianza en sus propias capacidades. Además, las mujeres que se apartan de los roles tradicionales enfrentan diversas dificultades, ya que las cualidades de liderazgo son generalmente percibidas como masculinas.
Contribuciones y Fortalezas del Liderazgo Femenino
A pesar de estos desafíos, las mujeres contribuyen al entorno laboral con diversas cualidades, como su capacidad de escuchar de forma empática, su preferencia por el trabajo en equipo y la colaboración, y su habilidad para construir relaciones. Son expertas en motivar y alentar a sus equipos para que alcancen su máximo potencial. Las mujeres líderes tienden a mostrar estilos orientados hacia las personas, utilizando la inteligencia emocional y el liderazgo transformacional. Poseen fortalezas como alta inteligencia emocional, empatía, un estilo de liderazgo democrático, sinceridad, capacidad multitarea, dedicación al trabajo y una mayor capacidad para tomar decisiones en situaciones críticas que benefician a las organizaciones.
Estudios han encontrado que las mujeres son mejor calificadas que los hombres en competencias de liderazgo; muestran mayor iniciativa, practican el autodesarrollo, demuestran integridad, son honestas, construyen relaciones, buscan resultados y desarrollan a otros. La presencia de mujeres en la alta dirección tiene efectos positivos en el desempeño financiero de las empresas, especialmente cuando se sienten apoyadas y pueden aplicar sus conocimientos y habilidades.
Estrategias para la Equidad y la Inclusión
Es fundamental que las mujeres comprendan cómo desenvolverse en un mundo laboral dominado por hombres y, para tener éxito, es necesario que aprendan a contrarrestar actitudes basadas en el género. Las organizaciones deben tomar la iniciativa de combatir los obstáculos que enfrentan las mujeres, como la discriminación, los prejuicios y las evaluaciones de desempeño injustas.
Además, es crucial implementar medidas serias para apoyar la integración del trabajo y la familia, lo que puede reducir las intenciones de rotación de las empleadas. Es importante evitar nombrar a mujeres únicamente por cumplir una cuota de diversidad, ya que esto puede llevar al aislamiento social. Las organizaciones deben evitar caer en el "tokenismo", donde la inclusión de mujeres en puestos directivos se ve más como una estrategia superficial que como un compromiso real.
Las Instituciones de Educación Superior (IES) tienen un papel crucial en la preparación de las mujeres para ejercer roles de liderazgo. Es necesario priorizar el proceso educativo sobre los contenidos, promoviendo entre los estudiantes la capacidad para pensar de manera lógica y crítica, la búsqueda de alternativas y la adopción de enfoques sistémicos para la toma de decisiones. Las IES deben fomentar la diversidad sobre la igualdad y reconocer la influencia de factores externos sobre el desempeño de los estudiantes.
Los programas educativos diseñados para el fomento del liderazgo deben partir de un diagnóstico que permita identificar similitudes y diferencias entre las personas que se busca atender. Además, es importante cuestionar aquello que tradicionalmente se ha asumido respecto a estilos de liderazgo, desempeño y género, y que las culturas organizacionales de las IES se dirijan en concordancia con los comportamientos típicos de líderes inclusivos, reduciendo los efectos negativos de los estereotipos y la discriminación.
Aunque se han identificado avances importantes en términos de acceso a la educación, las experiencias educativas y el provecho que se obtiene de estas pueden ser diferentes para individuos que pertenecen a grupos demográficos o económicos subrepresentados. Para las mujeres que ingresan a la universidad con expectativas de egresar para ejercer puestos de liderazgo, es fundamental abordar estos problemas de inclusión.
En conclusión, el liderazgo femenino representa una fuerza transformadora que puede y debe impulsar el cambio positivo en las organizaciones y en la sociedad en su conjunto. Es esencial continuar fortaleciendo el liderazgo femenino para ampliar el número de modelos a seguir que inspiren a las próximas generaciones de mujeres a impulsar cambios significativos en sus organizaciones.
