Aproximación Crítica al Discurso del Emprendimiento
La frase latina "Fortis cadere, cederé non potest" - El valiente puede caer, pero no puede ceder - encapsula la esencia del emprendimiento. Emprender no es meramente crear una empresa o iniciar un proyecto profesional; es un acto de asumir riesgos, convivir con la incertidumbre y decidir avanzar, incluso cuando el camino es ambiguo o está plagado de dificultades. El emprendimiento posee un valor esencial para cualquier sociedad que aspire al progreso, ya que son los emprendedores quienes transforman ideas en proyectos tangibles, generan empleo, dinamizan la economía y ofrecen soluciones a necesidades a menudo no identificadas. Sin embargo, un análisis crítico revela las complejidades y contradicciones inherentes a este discurso, especialmente en el contexto de las políticas neoliberales y su impacto en la construcción de la subjetividad.
El Emprendimiento como Fenómeno Social y Económico
Emprender es, inherentemente, difícil. Las dificultades surgen desde el primer día y persisten con el tiempo. A la falta de financiación inicial se suma un entorno normativo complejo, cambiante y poco predecible. La carga impositiva destaca como un obstáculo significativo, que en demasiadas ocasiones, más que acompañar el crecimiento de un proyecto, lo asfixia. Nuestro sistema, lejos de favorecer el emprendimiento, a menudo parece penalizarlo. Impuestos, cotizaciones y costes fijos llegan puntuales, sin importar si el proyecto genera beneficios o incluso ingresos. El mensaje implícito es claro: el riesgo es individual, pero la recaudación es inmediata. Este enfoque, más centrado en exprimir que en impulsar, acaba desincentivando la iniciativa y empujando a muchos a no intentarlo o a abandonar prematuramente.
La preferencia de gran parte de la población joven por un puesto público es una consecuencia directa de esta realidad, legítima y comprensible dado que el sector público ofrece mayor seguridad y, en ocasiones, mejores salarios. Sin embargo, una sociedad que se inclina progresivamente hacia esta tendencia debe analizar sus causas en profundidad.
El emprendedor aporta un valor inmenso, no solo en términos económicos sino también sociales. Cada empresa que nace o autónomo que inicia un proyecto representa una apuesta por el empleo, la innovación y la cohesión social. Los emprendedores sostienen gran parte del tejido productivo y, con él, los propios servicios públicos. Además, el emprendimiento transmite valores que deberían ser referentes colectivos: esfuerzo, responsabilidad, constancia, capacidad de adaptación y resiliencia. Estos valores no se decretan desde un despacho, sino que se construyen en el día a día, enfrentándose a decisiones difíciles y asumiendo las consecuencias.
Revalorizar y realzar la figura del emprendedor no es una cuestión estética; es reconocer su papel estructural en la sociedad. Penalizar el fracaso es una forma eficaz de frenar la innovación. Este cambio de mentalidad debe comenzar desde la educación. Fomentar una cultura del emprendimiento en los colegios no significa formar empresarios precoces, sino enseñar a pensar, a asumir riesgos con criterio, a gestionar el error y a no depender siempre de que otros decidan por uno mismo. Una sociedad que educa para emprender, independientemente de la trayectoria laboral futura de cada estudiante, es una sociedad más libre, más crítica y mejor preparada. Si realmente queremos progreso, empleo y bienestar, es necesario replantear cómo tratamos a quienes se atreven a emprender: menos discurso y más coherencia.
Empoderate: Emprendimientos con impacto social
El Emprendimiento en el Contexto del Neoliberalismo
El neoliberalismo, surgido a partir de la segunda mitad del siglo XX como una crítica al liberalismo social, intentó romper con la propuesta del gobierno social que buscaba asegurar altos niveles de empleo, salud, vivienda y seguridad social a través de la planificación y la intervención del Estado en la economía. El neoliberalismo ha creado un contexto caracterizado por una sociedad convertida en mercado, un gobierno mediante la acción a distancia, una desgubernamentalización del Estado y un gobierno social que extiende la forma-empresa a todos los ámbitos de la vida. De ello se deriva una nueva concepción del sujeto como agente activo de su propio destino, que debe gobernarse a sí mismo, gestionar sus propios riesgos, autoasegurarse y buscar la autorrealización; es decir, convertirse en un empresario de sí mismo (Castro-Gómez, 2015; Foucault, 2006; Foucault, 2007; Rose, 1996; Rose, 2004; Rose y Miller, 1992).
Para los neoliberales, la mejor forma de que los sujetos sean “empresarios de sí mismos” es la creación de un ambiente de inseguridad generalizada. El emprendimiento implica necesariamente la innovación, y esta puede desarrollarse con mayor facilidad en un ambiente de inseguridad que en uno lleno de seguridades (Castro-Gómez, 2015). En este marco, las políticas deben intervenir activamente para crear las condiciones organizacionales y subjetivas para el emprendimiento, siendo el desmonte de las seguridades una de ellas (Rose, 2004).
Castro-Gómez (2015) alude a una cultura del emprendimiento que se extiende a todas las esferas sociales y que se convierte en un modo de existencia individual con consecuencias para el conjunto de la población. En términos específicos, en la década de los ochenta, empiezan a aparecer prácticas y discursos ligados al emprendimiento en programas gubernamentales, universitarios (incubadoras de negocios) y privados. En este contexto, emergen ciertas formas de subjetividad. Dado que el emprendimiento parece constituir un elemento clave de las tecnologías neoliberales de gobierno, resulta un “espacio” privilegiado para analizar estas formas de subjetividad emergentes. El interés se centra, por tanto, en comprender las formas de subjetividad que emergen a partir del emprendimiento como forma de gubernamentalidad.
El emprendimiento es, pues, una forma de gubernamentalidad a partir de la cual emergen subjetividades. Es decir, el emprendimiento -objeto de discurso polifónico y polivalente que puede remitir al autoempleo, a la propiedad y dirección de negocio o a unidades de negocio legitimadas legal, institucional o socialmente como tal- comprendería políticas públicas, instituciones, actores y saberes que permitirían ejercer poder sobre la población a través de dispositivos de control y que traerían una nueva especificación del sujeto de gobierno como agente activo de su propio destino. En este contexto, emergerían formas particulares de pensar, sentir y actuar que se adscribirían o resistirían a las categorías y premisas en torno al sujeto como agente activo de su propio destino, que debe gobernarse a sí mismo de manera responsable, gestionar sus propios recursos, autoasegurarse, autorregularse y buscar la autorrealización.
Una primera aproximación a la revisión de la literatura indica que el emprendimiento parece ser un objeto de discurso polifónico y polivalente más que un concepto en sí, encerrando diferentes significados. Algunos académicos se refieren a él como un proceso de descubrimiento, evaluación y explotación de oportunidades con la toma de riesgos y la innovación como elementos centrales. Sin embargo, en investigaciones empíricas, esta idea se deja de lado y el emprendimiento se concibe en términos de propiedad y dirección de negocio y de autoempleo, o como unidad de negocio y de producción legitimada legal, institucional o socialmente.
La década de los ochenta marcó un punto de inflexión, con el emprendimiento ganando fuerza como objeto de investigación y sus estudios creciendo de manera ascendente. También en esta década, las incubadoras de negocios, donde circulan los discursos sobre emprendimiento y sus prácticas, fueron lanzadas como herramientas de desarrollo económico. Paralelamente, el emprendimiento comenzó a ocupar un lugar relevante en la política pública. Ligado a lo anterior, durante las crisis económicas o sus momentos posteriores, el emprendimiento ha surgido como una opción para promover el crecimiento económico y/o como una solución al desempleo y la pobreza.
La investigación propone que el emprendimiento no es una cuestión de atributos personales -como se enfatiza en gran parte de la literatura-, sino un fenómeno donde convergen diferentes elementos. No se trata de que el individuo posea o no una serie de atributos personales que le facilitarían o impedirían ser emprendedor, sino de la existencia de un contexto específico que ofrece posibilidades e impone limitaciones, y que “performaría” la acción del sujeto.
Análisis Crítico de la Política de Emprendimiento en Colombia
El objetivo general de una investigación realizada fue comprender las subjetividades emergentes a partir del emprendimiento como forma de gubernamentalidad. Para ello, se llevaron a cabo dos ejercicios empíricos: el análisis del discurso de la Política Nacional de Emprendimiento (PNE) en Colombia y el análisis de algunas estrategias de emprendimiento y el discurso de los emprendedores.
Se consideró clave recurrir a la revisión de elementos prescriptivos, específicamente la PNE de 2009, junto con sus antecedentes jurídicos y marco normativo. Los referentes conceptuales empleados fueron la gubernamentalidad -específicamente, la gubernamentalidad neoliberal- y la subjetividad.
El neoliberalismo, al reestructurar la relación entre el Estado, la sociedad y la economía, ha traído consigo una nueva especificación del sujeto de gobierno como agente activo que debe gobernarse a sí mismo (Castro-Gómez, 2015; Foucault, 2007; Rose, 1996). Por su parte, la subjetividad da cuenta de formas particulares de pensar, sentir y actuar respecto a uno mismo, los otros y el mundo (Stecher, 2013; Stecher, 2015).
Metodología del Análisis de Discurso
El análisis de discurso se realizó considerando las ideas de Molero de Cabeza (2003), quien a su vez se basa en los planteamientos de Pottier (1992). Un discurso aparece en un contexto, tiene un propósito o intención comunicativa, una estructura interna, reproduce una realidad y tiene funciones. Esto resume los dos componentes del discurso: el semántico, referido a la información contenida y los significados que transmite (lo que se dice y no se dice, y cómo se dice).
El corpus para el análisis consistió en textos del género legal: el documento de la PNE de 2009 y las leyes, decretos, resoluciones y circulares promulgados previamente, que forman parte de su marco normativo y antecedentes jurídicos. Estos documentos fueron revisados y la información consignada, considerando: el objeto del documento; la definición de términos clave relacionados con el emprendimiento; la estructura del documento; las instituciones y actores relacionados con el emprendimiento; y otros aspectos relevantes.
| Ley | Año | Asunto Principal | Relevancia para el Emprendimiento |
|---|---|---|---|
| Ley 789 | 2002 | Implementación de flexibilidad laboral | Impacta las condiciones de contratación y operación de nuevos emprendimientos. |
| Ley 905 | 2004 | Regulación del sector empresarial | Establece el marco legal para la constitución y funcionamiento de empresas, incluyendo las micro, pequeñas y medianas. |
| Ley 1286 | 2009 | Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias) | Colciencias juega un papel clave en el fomento de la innovación y la investigación aplicadas al emprendimiento. |
Agencialidad de los Actores en la Política Pública de Emprendimiento
Para el análisis del proceso de agencialidad de los actores, se utilizó la "zona del evento" de Molero de Cabeza (2003), que incluye agentes y pacientes. El agente es un actor social con poder para iniciar o producir cambios (quién hace qué), mientras que el paciente es un actor social que recibe los efectos de esas transformaciones (a quién).
Se recopiló información en un cuadro considerando: los tipos de actores (instituciones públicas o privadas, redes, programas); los actores específicos; su función; otros actores con los que se relacionan; el documento donde aparecen; y la categoría a la que pertenecen. Posteriormente, la información se categorizó según la propuesta de Molero de Cabeza (2003) y categorías emergentes.
Agentes
Los agentes pertenecen al Estado y son, fundamentalmente, instituciones públicas. El Estado asume el papel principal en la promoción y fomento del emprendimiento, con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo como responsable de la política pública. Otros ministerios destacados incluyen el Ministerio de Educación Nacional, encargado de la formación en emprendimiento, e instituciones como el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), Colciencias y el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes). También aparecen el Fondo Nacional de Garantías y el Instituto de Fomento Industrial. Es importante mencionar que existen actores que apoyan a estos agentes, específicamente en la financiación. El Estado, junto con sus instituciones, constituyen los agentes en materia de emprendimiento, al ser actores sociales con suficiente poder para iniciar o producir cambios y transformaciones en Colombia.
Intermediarios
Estos intermediarios pueden ser instituciones tanto públicas como privadas, pertenecientes principalmente a los sistemas educativo y productivo. Del sistema educativo, destacan las Instituciones de Educación Superior (IES) -y sus unidades, oficinas o centros de emprendimiento-, cuya función principal es fomentar acciones de formación y generación de capacidad. También aparecen los institutos técnicos y tecnológicos, las instituciones educativas (desde preescolar hasta educación media) y las entidades educativas formales y no formales. Así, todo el sistema educativo está involucrado en el fomento del emprendimiento como intermediario entre el Estado y los beneficiarios.
Del sector productivo, se resaltan las incubadoras de empresas y programas como los de desarrollo empresarial, el Programa Jóvenes Rurales Emprendedores y los programas para la formación de formadores orientados al desarrollo de la cultura para el emprendimiento.
Pacientes (Beneficiarios)
En materia de emprendimiento, los pacientes son beneficiarios en la medida en que se espera que reciban los efectos de un proceso de mejoramiento. Como beneficiarios del sistema educativo, aparecen los aprendices del SENA, los estudiantes y los docentes. Como beneficiarios del sistema productivo, se incluyen los emprendedores y empresarios en general (micro, pequeños y medianos productores asentados en áreas de economía campesina), bachilleres, técnicos, tecnólogos y profesionales. Además, aparecen otros beneficiarios como los ciudadanos en general, los jóvenes, los jóvenes campesinos y familias y poblaciones en situación de pobreza y vulnerabilidad. El espectro de beneficiarios de la política pública de emprendimiento en Colombia es, por tanto, amplio.
La PNE y algunas de las leyes que constituyen su marco normativo y antecedentes jurídicos revelan un dispositivo encaminado a la creación de un medioambiente con ciertas reglas de juego y una estructura de competencia. Esto busca que los sujetos puedan moverse “libremente” y generar sus propias oportunidades de trabajo, ya sea para ellos mismos o para otros, a través de la creación de emprendimientos. El papel del Estado se enfoca, principalmente, en la creación de este medioambiente y no en una intervención directa en cuanto a la creación de oportunidades de trabajo de las que se podrían derivar ciertas protecciones sociales (Castel, 2004). El neoliberalismo no solo trae consigo una nueva relación entre el Estado, la sociedad y la economía, sino que, derivado de ello, también trae consigo una nueva especificación del sujeto de gobierno como agente activo de su propio destino, que debe gobernarse a sí mismo de manera responsable, gestionar sus propios riesgos, autoasegurarse, autorregularse (Castro-Gómez, 2015; Foucault, 2007) y buscar la autorrealización (Rose, 1996; Rose, citado por Molina, Martínez y Molina, 2014).
