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Comunicación

Dos caras de la moneda: la tragedia de Ramón Da Bouza y el éxito de Bodega Bouza

by Admin on 22/05/2026

La figura del empresario, en ocasiones, se ve envuelta en historias complejas y contrastantes. En esta ocasión, exploraremos dos relatos que, aunque distantes en su desenlace, comparten el apellido Bouza y la esencia de un liderazgo marcado por circunstancias muy distintas: el trágico fin de Ramón Da Bouza, un brillante economista y empresario argentino, y el exitoso emprendimiento vitivinícola de la familia Bouza en Uruguay.

El trágico fin de Ramón Da Bouza: un parricidio que conmovió a Argentina

Ramón Da Bouza, economista, exfuncionario de Hacienda durante el gobierno de Raúl Alfonsín y calificado ejecutivo de la empresa constructora Techint, tuvo un destino trágico. Su vida terminó de forma violenta en la noche del 25 de marzo de 1998, en su departamento de Chacabuco 584, en San Telmo.

Ramón Da Bouza murió a los 44 años. Al economista lo mataron a tiros y golpes. Los asesinos fueron sus propios hijos, por lo que se convertiría en uno de los casos más terribles y conmovedores de la historia penal argentina. Con frialdad, en el 5° O de aquel edificio, sus propios hijos le arrebataron la vida; hacía media hora que había empezado el 25 de marzo de 1998. Sobre el piso del living y en medio de un charco de sangre terminó -con dos balas en su cabeza- ese que había sido un gerente exitoso, pero que ahora era un hombre gordo de cejas caídas, ojeras y cuello grueso.

Un perfil complejo: brillantez y oscuridad

Ramón Da Bouza era narcisista y muy inteligente; también lo definían como sádico y golpeador. Había trabajado duro para pagarse sus estudios cuando era joven y recorrió ministerios y organismos públicos antes de llegar a ser gerente de Análisis Financiero de Nuevos Proyectos de Techint SA. A la hora de su muerte cobraba 5000 dólares por mes y vivía en un departamento de 150.000, pero eso parecía no alcanzarle. Según se ventiló en el juicio, era alguien que sentía placer por el sufrimiento ajeno.

Susana Torres, psicóloga que atendió a Ramón Da Bouza entre 1993 y 1997, dijo que se trataba de un hombre "neurótico, obsesivo, con ambivalencias y cierta crueldad". Un hombre capaz de golpear con el puño cerrado en el estómago a su hijo de seis años. Los testigos dijeron también que intentó suicidarse dos veces en presencia de sus hijos más pequeños, que tenían 13 y 17 años. Y aseguraron que atacó en diferentes oportunidades a tres de sus parejas, con ferocidad, sin motivos. De hecho, una de esas mujeres recordó que tras el divorcio la extorsionaba con la cuota alimentaria y abusaba sexualmente de ella. Por su parte, los homicidas señalaron que su padre era una persona autoritaria y sobreexigente "que nunca reconocía los logros".

El plan macabro y la simulación del robo

Emanuel y Santiago Da Bouza programaron con tiempo el homicidio de su padre. Dos semanas antes del 25 de marzo de 1998, Santiago compró la pistola Bersa. También, una larga soga. Tenían anotaciones con el plan criminal.

El 25 de marzo de 1998, Santiago y Emmanuel fueron a cenar con el padre. Habían vivido unos meses con él, pero se habían marchado por discusiones y peleas constantes. Pero esa noche, el contador los esperaba para comer juntos, sin saber que el plan estaba en marcha. Antes de la medianoche, cuando habían terminado de cenar, Santiago bajó del departamento para ir al kiosco a comprar cigarrillos y algunas golosinas. Los tres habían bebido mucho alcohol. Al regresar, el muchacho fue a un cuarto y volvió con el arma en la mano. Ramón Da Bouza nunca lo vio. Fueron dos disparos por la espalda. Después habría un tercer disparo y algunos golpes con un tarro de leche.

Santiago, tras el crimen, envolvió la pistola Bersa en una servilleta de papel y la llevó al baño. A partir de ese momento, hubo un intento por simular un robo y desviar la investigación: rompieron algunos vidrios, revolvieron la casa, colocaron cabellos entre los dedos del cadáver del padre y colgaron los 30 metros de soga desde la terraza. El plan consistía en simular que los delincuentes habían asaltado a Santiago cuando regresaba del kiosco, habían asesinado a su padre y habían escapado descolgándose de la terraza con la soga. Cuando llegó la policía, los jóvenes gritaban desesperados y contaban la historia del robo, los ladrones, la soga y los disparos. Los policías se dieron cuenta de que era imposible que los delincuentes escaparan descolgándose de la soga. También encontraron la factura del arma que había sido utilizada para el homicidio. El juez de la causa ordenó la captura de los hermanos.

El juicio y la condena

Emmanuel, el mayor, fue detenido ese mismo día. Pero Santiago se escapó. Estuvo prófugo 17 días hasta que se entregó. Había cambiado su fisonomía: se había cortado el cabello y se lo había teñido de rubio. Ambos fueron a la cárcel. Dos años después, el 22 de diciembre de 2000, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 20 halló a Santiago y Emanuel Da Bouza -de 25 y 28 años, respectivamente- culpables de homicidio agravado por el vínculo y les aplicó una pena de prisión perpetua que deberían cumplir en la cárcel de Devoto.

La Corte Suprema de Justicia ratificó estas condenas en 2002 y, según pudo confirmar LA NACION, ambos salieron del penal en noviembre de 2014. No obstante, cuando todavía estaban presos y les faltaba poco tiempo para acceder al beneficio de la libertad condicional, Santiago Da Bouza pudo recorrer distintos estudios de televisión, dando entrevistas. Para ese tiempo ya se había licenciado como contador público en el Centro Universitario Devoto (CUD), del que se había convertido en presidente.

En uno de esos reportajes previos a la libertad condicional, en un programa vespertino de Canal 13, Santiago recordó que el día de su ingreso a Devoto, en el Pabellón 12, los presos lo recibieron con una salva de aplausos; luego se enteraría de que esa "bienvenida" celebraba el hecho de que hubiese pasado diez días prófugo tras haber matado a su padre. También dijo que, luego de eso, se había "refugiado" en el CUD desde el principio para continuar la misma carrera que estudiaba afuera. Quería llamar la atención pública sobre el problema de la violencia intrafamiliar, que en su caso había desatado una tragedia irreparable.

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La vida antes del crimen: un ascenso social y político

Ramón Da Bouza nació pobre. Su destacada capacidad para entender cómo se combinaban los números lo llevó a la Facultad de Ciencias Económicas. Era el fin de los años ‘60. En el ambiente de convulsión política que vivía el país se sintió a gusto en la Juventud Universitaria Peronista. Se convirtió en un estudiante destacado y, además, miembro de la JUP. Trabajaba, a la vez, como agente de bolsa y ganaba buen dinero en “Cordera Benedit y Cia”.

Amaba desaforadamente a Patricia Polo Devoto, excompañera del secundario. Él quiso tener hijos sin planificar el futuro, sin estar preparados. Se casaron. Al final tuvieron dos hijos: Emanuel, que nació en 1974, y cuando el bebé no había cumplido un año su madre quedó embarazada de Santiago, que nació en 1975. El Gordo Ramón, como lo llamaban, estaba cada vez más en la suya y menos en la de su familia. Los hijos lo empezaban a molestar, como su matrimonio.

El 1º de julio de 1974 murió Perón. Las cosas para todos cambiaron. Los orgullosos militantes de la izquierda peronista quedaron más expuestos que nunca frente a la derecha dominante representada por la Triple A y José López Rega. “El Gordo” se divorció de Patricia el mismo día del golpe de Estado de las Fuerzas Armadas, el 24 de marzo de 1976. Con la misma velocidad que le dijo adiós a Patricia le dio la bienvenida a Carmen Polo, que a pesar de la coincidencia del apellido no tenía nada que ver con su primera mujer. A Carmen la conoció el mismo año que nació su hijo Santiago.

El profesor Adolfo Canitrot, un ingeniero civil que se doctoró en Economía en la Universidad de Stanford, lo sumó al equipo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Canitrot sería con los años funcionario del gobierno de Raúl Alfonsín en el área económica. “El Gordo”, por su parte, se recibió e hizo un posgrado en Desarrollo Económico y Social. Su vida era un continuo precipitar. Enfatizó los rasgos más perversos de su personalidad, especialmente hacia su primera familia. Se convirtió en un hombre grosero, canalla, violento. Ya con el gobierno de Alfonsín ocupó un cargo en la Subsecretaría General de Planificación de la Presidencia.

Juan Vital Sourrouille, el ministro de Economía alfonsinista, lo nombró Director Nacional de Política Económica y Financiera Externa. Participó de la negociación de la deuda externa y era un negociador muy eficiente. También representó a la Argentina en las tratativas para el otorgamiento de créditos del Banco Mundial y del BID. Semejante ascenso laboral y económico, es decir, tanto dinero, le hizo ver a las codas y a la vida con otra perspectiva. Ya no tenía ideales políticos ni sociales sino ansias por acumular dinero. Al asumir el presidente Carlos Menem y poner en práctica su política de privatizaciones, Ramón, con semejantes antecedentes, salió del Estado y se fue a trabajar en la actividad privada, nada menos que al Grupo Techint. Gerente destacado, se dedicó a emplear las capacidades que había adquirido en la función pública.

Bodega Bouza: un ejemplo de emprendimiento familiar y éxito en Uruguay

El gen emprendedor está en el ADN de la familia Bouza. Juan Bouza llegó de Galicia, con 27 años, casado, con un hijo y el título de tornero mecánico. Con el paso de los años terminó poniendo una fábrica de pastas, que adquiriría fama, La Sibarita. Luego se embarcó en otro proyecto y fundó Pagnifique, que a los años vendió. Pero como el gen emprendedor lo lleva en la sangre, a fines de los 90 quiso acompañar a su hijo Juan y a su nuera, Elisa Trabal, en el proyecto de una bodega propia. Así surge Bodega Bouza. Desde entonces está al firme aportando sus conocimientos y experiencia. Hoy, con 96 años, puede ver cómo sus nietos comienzan a formar parte del proyecto familiar.

De los cinco hermanos Bouza Trabal, tres trabajan en la bodega. Juan Pablo es el gerente general, Luis es el chef en el restaurante Las Espinas y Agustín está encargado de la parte de enología, junto con Eduardo Boido, enólogo y socio director. También tres hermanos tienen su propio emprendimiento: Lucía y Juan Pablo, heladerías Grot y Manuel, pizzerías Rigor. Todos, incluidos sus padres, tienen bien claro el consejo del abuelo: “No hay que hacer lo mismo que hacen los demás, hay que hacer cosas distintas” e “ir a contracorriente”. Con ese espíritu fue que desde los comienzos se propusieron trabajar a pequeña escala, algo que ninguna bodega hacía por el momento, y producir los vinos que querían sin importar que estuvieran de moda. Un ejemplo es el albariño.

Orígenes y crecimiento

La bodega surge en el año 98 con la compra de un viñedo que pertenecía a bodega Santa Rosa, en Las Violetas. En 2001 compraron esta bodega. Era muy linda y chiquita, pero estaba abandonada. La restauraron durante 2001 y 2002, y en 2003 hicieron la primera vendimia acá. Empezaron a vender a fines de 2003, principios del 2004. Era muy poquito. En 2004 hicieron la primera cosecha de albariño, que es el vino emblemático de Galicia. Se plantó en 2001. Tuvo una cosa fantástica. Lo presentaron en el concurso mundial de Bruselas, que se hizo varios años en Uruguay. Habían sacado la Gran Medalla de Oro con el albariño y con el tempranillo tannat.

Apostaban a volúmenes chicos y de alta calidad. En ese momento fueron bastante innovadores. Apuntan a un vino de calidad y hacer las cosas bien es muy importante. Si uno tiene una escala grande, hacer todo bien es más difícil de controlar. Entonces, siempre van creciendo despacito y con cuidado. La gente aprecia mucho la variedad, no le gusta tomar siempre el mismo vino. Hoy tienen tannat de cinco viñedos diferentes y eso al consumidor le llama la atención. Se caracterizan por hacer los vinos que a ellos les gustan. No hacen vinos que están de moda simplemente por algo comercial. Y esperan que eso le guste también a su público. Hacen siempre en el entorno de 180.000 botellas por año.

Un destino turístico y reconocido internacionalmente

La propuesta gastronómica no estuvo en los planes inicialmente, pero se fue gestando. Cuando hicieron la sala de degustación, dijeron: “Está bueno acompañar los vinos con algún plato”. En 2005 ya tenían un restaurante, pero para ellos era la sala de degustación. Hoy se ha transformado en un punto turístico también. Reciben 50.000 personas al año. En parte, el éxito de la bodega fue el poner una propuesta turística gastronómica, para que la gente venga y conozca los vinos. Muchos de sus importadores en el exterior, los conocieron acá.

Uno de los valores más importante es apuntar a hacer siempre las cosas de la mejor manera posible. Hoy en día exportan un 50% de su producción. Sus mercados más importantes son Estados Unidos, Brasil y Reino Unido.

Premios y nuevos proyectos

En 2016 un vino de Bodega Bouza, el Merlot Pan de Azúcar 2013, fue seleccionado como el mejor vino del concurso Mondial du Merlot, en Suiza, dentro de más de 400 vinos de más de 100 países. Fue la primera vez que no ganaba un país europeo. En 2019, 2020, 2021 y 2023 World´s Best Vineyards los seleccionó entre los 50 mejores viñedos y bodegas del mundo para visitar.

Actualmente, están con la construcción de la bodega en el cerro Las Espinas, pegado a los viñedos. Empezaron hace tres semanas. Es una bodega chica, con 12 tanques de 3.500 litros. Está hecha sobre el cerro, en la piedra, tratando de proteger la naturaleza lo máximo posible. Toda recubierta de madera.

Tabla de Producción y Exportación de Bodega Bouza

Año Producción Anual (botellas) Porcentaje de Exportación Mercados Principales de Exportación
2020 ~180.000 50% Estados Unidos, Brasil, Reino Unido
2021 ~180.000 50% Estados Unidos, Brasil, Reino Unido
2022 Ligeramente menos debido al clima 50% Estados Unidos, Brasil, Reino Unido
2023 Ligeramente más debido al clima 50% Estados Unidos, Brasil, Reino Unido

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