Franquicia Sweet Pirate: Información Detallada sobre el Negocio de las Golosinas Piratas en España
Las franquicias de golosinas, chuches, chocolatinas, frutos secos y otro tipo de dulces están principalmente dirigidas a los más pequeños. En definitiva, las franquicias de tiendas de golosinas permiten crear tu propio negocio a través de una inversión muy reducida y con una gestión sencilla del punto de venta apta para cualquier tipo de emprendedor. Es esencial contar con una central de compras potente que nos permita obtener buenos márgenes sobre el producto. Los locales deben estar bien ambientados.
Las boutiques de la gominola llegaron a España poco antes de la pandemia y han ido cogiendo tracción. Solo en Madrid, en los 200 metros que separan la Gran Vía de la Puerta del Sol, hay seis tiendas, pero se pueden encontrar sucursales en los núcleos de Ibiza, Benidorm, Salou, Sevilla, Granada, Valencia, Málaga, San Sebastián, Marbella o Zaragoza. Una incursión pirata en toda regla que tiene claro el botín: el dinero de los turistas.
El Modelo de Negocio de las Tiendas de Chuches Piratas
El modelo de negocio está a la vista. Se trata de sorprender a los viandantes con las mismas golosinas que conocen de toda la vida, solo que bien presentadas y en tamaño enorme. Gracias al volumen que manejan, estas tiendas consiguen mercancía a precio competitivo y la venden a precio prohibitivo. Por ejemplo, un solo osito gigante en estas boutiques cuesta 80 céntimos, mientras que la bolsa de un kilo en internet, que incluye veinte unidades, sale por 5 euros. Esto es, el triple del precio minorista que marca el fabricante.
"No te puedes imaginar lo rentable que este negocio", dice Enrique Viejo-Fluiters, abogado y miembro de Caigen Capital, un fondo que en 2020 compró el 50% de Captain Candy Shop. "Compramos al por mayor grandes cantidades y obtenemos precios muy buenos. ¿Que si somos caros? Claro que sí. Pero no te voy a engañar: no aspiramos a que un cliente venga todos los días. Vivimos de los turistas, de la rotación, de la compra única", continúa. "Yo no quiero que un cliente venga a diario, sino que entren los turistas y compren".
La dependienta de una de las tiendas de Madrid, que no quiere revelar su identidad, es más explícita: "Esto es una trampa para guiris, no creo que sorprenda a nadie", explica. "Hay que tener en cuenta que 50 euros en chuches es una locura en España, pero para un grupo de noruegos, americanos o franceses, por mencionarte los que más vienen, tampoco es un robo. Están de vacaciones y vienen dispuestos a gastar dinero en experiencias. Y te diré que la mayoría se van encantados", dice.
Hay otro truco crucial que nos desvela la dependienta. "¿Te has fijado en que no hay precios? Aquí todas las chuches cuestan lo mismo, se paga al peso, la gracia es que los clientes no saben cuánto cuesta el kilo. De modo que, una vez están en la caja, pocos se echan atrás. Han tocado la mercancía con sus manos y, además, tendrían que devolver una a una cada gominola a su urna".
Alquileres Desorbitados y Rentabilidad
En estas tiendas el ticket promedio es de 12 euros. La misma cantidad que se gastan los clientes en un McDonald's o un KFC, pero con un porcentaje ínfimo de los gastos del fast food. Las chuches no hay que cocinarlas, ni mantenerlas en frío, ni hay que sentar a los clientes para que se las coman. Basta con unos recipientes y un trabajador por tienda.
"Y luego está la cuestión de la caducidad. En España estamos acostumbradísimos a ver chuches duras en los establecimientos de alimentación. En nuestras tiendas siempre están blandas, en perfecto estado. Es impresionante lo que tarda en caducar esta mercancía si se mantiene en buenas condiciones", afirma Viejo-Fluiters.
Llegar a los turistas tiene una contrapartida: es necesario alquilar locales céntricos, que son los más caros. En ciudades como Málaga o Madrid, se pagan espacios en la calle Larios o Gran Vía a más de 35 euros el metro cuadrado, unas cantidades a los que normalmente solo pueden acceder las grandes franquicias. Además, a menudo la rentabilidad se somete a estrés, ya que compiten entre ellas por los locales vacíos, como sucedió con el de la calle Fuencarral 2. Captain Candy tenía el acuerdo cerrado, pero Sweet Pirate sobrepujó y se hizo con el espacio.
Calle Larios en Málaga, un ejemplo de ubicación estratégica para estas tiendas.
"Las calles turísticas son la clave. Nosotros tenemos una tienda en la calle Goya, que no tiene apenas turismo, como experimento. Queríamos saber si el negocio funciona fuera del centro, y lo que hemos visto es que, bueno, se mantienen unas cifras de venta estables, pero los picos de venta solo se experimentan en el centro", afirma Viejo-Fluiters, de Captain Candy. "Aunque son alquileres caros, se vende mucho y se rentabilizan rápido".
Esta circunstancia, junto al hecho de que las tiendas apenas tienen unos barriles que sostienen las golosinas, hace que el negocio funcione de forma parecida a las tiendas flash. Aparecen de un día para otro y, si las ventas no alcanzan un mínimo, cierran y buscan otra ubicación. En seis meses, o prueban su rentabilidad, o echan el cierre. La mercancia, el atrezzo y los empleados se reubican en poco tiempo en otra tienda. Así, las tres principales cadenas, que pese a lo publicado no funcionan como franquicias, cuentan con más de 40 tiendas por toda España y van a anunciar nueva aperturas después del verano.
Piratas de Istria: Origen del Concepto
Piratear está en la naturaleza de los piratas, incluso si son de gominola. El mercado en España se lo dividen tres empresas que se copian entre ellas: Captain Candy, con más músculo financiero y presente en las principales ciudades; Sweet Pirate, que se ha especializado en localidades de menor tamaño como Segovia o San Sebastián, y Tesoro de Piratas, con base en Salou y que se ha extendido por toda la costa catalana. Se han pirateado la imagen tanto entre ellas que, sin los logotipos, es imposible distinguir a las unas de las otras. Todas están decoradas como la bodega de un barco pirata y tienen las mismas gominolas sobre barriles. Incluso los empleados visten igual, de negro, con símbolos como la calavera de tibias cruzadas o la cimitarra pirata. Incluso la prensa confunde las aperturas de Sweet Pirate con las de Captain Candy y viceversa. Pertenecen a dueños diferentes pero, mientras haya pastel para todos, no tienen intención de demandarse.
Para conocer el origen del concepto hay que viajar hasta una callejuela de Poreč, en la costa de Croacia. En 2008, el francés Guillaume Moustier, de ascendencia croata, decidió abrir una tienda de golosinas con ambientación pirata. Nada extraño para una ciudad que, como miembro de la República de Venecia, sufrió a los corsarios del alto Adriático durante siglos y que cuenta con un minigolf pirata, una pizzería pirata y una pastelería pirata.
Moustier escogió la avenida Domanus para Il tesoro dei pirati, en el casco antiguo de Porec, una zona controlada por la inmigración albanokosovar llegada en los años 60, dedicada principalmente a la hostelería y a los metales preciosos, en especial a la plata. La tienda del francés fue un éxito desde el primer día: "Pasaba todos los días y veía unas colas larguísimas, estábamos todos fascinados con ese negocio", dice el empresario Adrian Bytyqi, natural de Porec. "No se hablaba de otra cosa en la zona y allí el 80% somos albaneses, nos gusta montar negocios", dice a este periódico.
De aquel negocio surgieron tres cabezas albanokosovares que confluyen en Alicante. Una de ellas, liderada por alguien llamado Tony que no aparece en ningún registro, marchó a Praga y fundó Captain Candy en 2014 y ha abierto sucursales en Países Bajos, Alemania, Italia y Suiza. Es, además, la única que ha conseguido convertirse en una franquicia.
En paralelo, Bytyqi se asoció con su suegro y buscó un lugar de Europa donde hubiera turismo durante todo el año para abrir su tienda. "Miré muchísimo y al final me decidí por Benidorm", explica el empresario, propietario de la cadena Sweet Pirate. Al poco llegó el también albanokosovar de Porec Gjon Gjergji, que montó su Captain Candy en Benidorm.
Aunque los nombres sean iguales y compartan accionistas como Tony, el Captain Candy español no pertenece a la vertiente checa; de hecho, tienen un conflicto de marcas en la Oficina de Propiedad Intelectual Europea. Por último llegó a Benidorm el francés Moustier, que también abrió su Tesoro de Piratas en el centro de Benidorm. Juntos, los tres, dominan el mercado de la gominola en España, desplazando paulatinamente a clásicos como Belros, establecida en 1982.
La situación hará levantar la ceja a más de uno, en tanto que Alicante es uno de los epicentros europeos de la mafia albanesa. "Apenas nos conocemos, hemos terminado en Benidorm por casualidad. Yo no pensaba vivir aquí, pero la ciudad me encanta. Hay turismo y oportunidades de negocio, aunque tengamos las tiendas muy cerca el uno del otro. La competencia es buena, te hace sacar lo mejor de ti", concluye Bytyqi.
Una nueva franquicia ha puesto su foco en San Sebastián para extender sus negocios. Sus característicos barriles y cofres repletos de gominolas y chocolatinas ya se pueden degustar en el Boulevard, cerca de donde se ubica el McDonalds, en el número 1 de la calle Legazpi. Actualmente, según indica su página web, tienen cinco locales en Madrid, y uno en Granada, Málaga, Zaragoza, Sevilla y Valencia.
Cómo Se Fabrica La Gelatina? [Proceso En Fábrica]
Precios y Márgenes de Beneficio
Indagamos en los márgenes de beneficio que permiten facturaciones millonarias a las tiendas de estética pirata. Compramos dos bolsas de golosinas y acudimos a una tienda de barrio que ofrece los mismos productos. Así, descubrimos que hay una diferencia de precio enorme entre ambas compras.
Solo uno de los tres principales empresarios de este negocio de chucherías 'pirata' accede a hablar con nosotros. Es Adrián Bytyki, administrador 'Sweet Pirate', quien nos atiende unos minutos desde su coche. Al decirle que hubo una diferencia de 13 euros entre la compra de chucherías que hicimos en una de sus tiendas y en una de barrio, el empresario responde que "si vas a tomar una caña en el barrio, no te va a costar igual que si vas a tomar una caña en el centro de Madrid, y es la misma cosa". Además, el hombre indica que ellos compran el kilo de golosinas "a 10 euros", y lo venden a casi 40 euros, por lo que tienen un beneficio de 30 euros por kilo de gominolas.
Cuesta 3,50 la bolsa de 100 gramos de gominolas en Captain Candy. En todas las tiendas disponen de un cartel donde avisan que los 100 gramos cuestan 3,50 euros, "va al peso". Su producto distintivo son las chucherías XXL que suelen traducirse en siete euros la gominola, "un robo" dicen varios comentarios. No es un precio común en España por una bolsa de chuches. 100 gramos de gominolas en Belros -una empresa similar- cuestan 1,59 euros.
Ingredientes y Fabricación de las Golosinas
Con la ayuda de una tecnóloga de los alimentos, repasamos los pasos para la fabricación de las golosinas. La grasa de cerdo o ternera son la base de la gelatina, el ingrediente que aporta la atrayente textura de las gominolas. Alba Ramírez, tecnóloga de los alimentos, explica que se escogen estos productos para elaborar la gelatina porque "es donde hay más tejido conectivo e interior y de mayor profundidad, por lo que va a permitir sacar y extraer más cantidad".
Así, Ramírez explica cuáles son los pasos siguientes para la elaboración de las gominolas. Hay que esperar 24 horas para que su ingrediente básico esté listo. A la pregunta de por qué no es conocido que se utilizan productos cárnicos para la elaboración de las golosinas, la tecnóloga de alimentos responde que cree que es porque "realmente es poco agradable ver el proceso".
En concreto, las nubes analizadas llevan "68 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto". Además, las nubes también contienen "aroma de vainilla, cuya función es endulzar", y finalmente está "colorante, que es bastante característico porque proviene de la cochinilla, que es un insecto que da un color rojo o rosáceo en función de la concentración del mismo".En las tiendas algunas de sus empleadas afirman que las chuches "se retiran (con guantes) cada día" y se cambian "cada semana". A las 10 de la mañana levantan la persiana de la tienda y no la cierran hasta las 23 horas de la noche.
En cada urna desglosan los componentes de la golosina. Jarabe de glucosa y fructuosa, grasa vegetal, aceite vegetal, aromas, correctores de acidez (...) En la página web de la firma checa, en cambio, aseguran que "se producen en la UE. En Suecia, España, Bélgica, Holanda, Italia y Alemania", sin concretar dónde y qué. El que entra a Captain Candy sí percibe la importancia a los celíacos, avisando de las chuches que disponen de gluten -lo resaltan en negrita- y disponen de gran variedad de gominolas "sin gluten", desde moras, a monedas de chocolate y mini fresas.
Estrategias de Marketing y Escaparatismo
Alma Pertejo, experta en marketing y escaparatismo, explica qué estrategia siguen este tipo de establecimientos para ser rentables pese a sus elevados precios. "Utilizan locales con ventanales muy amplios para que desde fuera se vea toda la temática interior", señala la experta, a lo que añade que, además, dan sensación de abundancia con los barriles llenos de dulces. "En psicología de consumidor, la abundancia nos hace tener más predisposición a comprar, nos apetece más ese producto. La belleza por sí sola vende", apunta Pertejo, quien destaca que si se calculase el precio de un kilo de este tipo de chucherías, sería "como el de un solomillo", unos 35 euros.
Tabla Comparativa de Precios
| Producto | Captain Candy (por 100g) | Belros (por 100g) |
|---|---|---|
| Gominolas | 3,50€ | 1,59€ |
