¿Qué buscaba Colón al emprender su viaje? Explorando los motivos detrás del descubrimiento de América
En 1492, Cristóbal Colón, un navegante de origen genovés, emprendió una expedición que cambiaría el curso de la historia. Su objetivo era encontrar una ruta más corta hacia las Indias Orientales navegando hacia el oeste, en lugar de la tradicional y larga ruta alrededor del sur de África.
Cristóbal Colón tomando posesión de las nuevas tierras.
Colón presentó su plan a varios reinos europeos, y finalmente fueron los Reyes Católicos de España, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, quienes decidieron apoyar su expedición.
El Apoyo de los Reyes Católicos
Colón, al dirigirse a Huelva y al monasterio de la Rábida, donde había recalado en la primavera de 1485 después de que los portugueses también hubieran desoído su propuesta, parecía a punto de renunciar al sueño que llenaba todos sus pensamientos desde hacía acaso una década: la travesía marítima hacia Asia a través del océano. Con 40 años recién cumplidos, había consumido en vano los últimos seis haciendo gestiones ante el gobierno de Castilla en busca de apoyos para la expedición.
Pese a que no faltó quien le secundase, los consejeros de los reyes y los expertos de la junta formada en Salamanca en 1486 se mostraban escépticos, cuando no hostiles, a un proyecto inusitado, que contradecía muchas ideas adquiridas, incluso la letra de las Sagradas Escrituras, y que se basaba en cálculos geográficos de lo más aventurado, sin contar que quien lo planteaba era un forastero desconocido y sin formación académica.
Es cierto que los reyes no le habían dado una negativa clara, pero no cesaban de postergar su decisión, absortos como estaban en las operaciones de la guerra de Granada y otras ocupaciones.
Colón no desfalleció y había seguido a la corte en sus constantes desplazamientos, e incluso se dice que tomó las armas en una campaña de la guerra. Pero cuando a fines de 1491, justo antes de lanzar el asalto a Granada, los reyes lo recibieron en Santa Fe y de nuevo rehusaron garantizarle el apoyo a su empresa, el genovés decidió abandonar la corte.
Colón en la corte de Fernando el Católico. Xilografía según un óleo de Wenzel Von Brozik.
Fue entonces cuando fray Juan Pérez, el monje de la Rábida que lo había acogido en 1485 y que desde el principio había creído en su plan, decidió hacer una última gestión. Pérez había sido confesor de la reina Isabel y confió que ella le atendería. En efecto, la reina lo recibió, y aquella conversación fue decisiva para que la reina volviera a llamar a Colón y para que éste, en una audiencia en Santa Fe justo después de la rendición de Granada, convenciera a los monarcas de que apoyaran su empresa.
No tenemos datos precisos sobre cómo se desarrolló el encuentro, pero cabe pensar que fue en aquel momento cuando entre el navegante genovés y la Reina Católica se fraguó una conexión que tendría un efecto trascendental en la aventura del descubrimiento.
Clima de euforia
En Santa Fe, Colón se cuidó de hacer encajar su empresa con el clima de exaltación religiosa que acompañaba el fin de Reconquista. Según afirmó, el viaje a la India permitiría llevar ayuda a los cristianos de aquel continente, trabajar por la conversión de los infieles y, además, utilizar los beneficios económicos de la expedición, que se preveían ingentes, para financiar una cruzada que liberara Jerusalén de los musulmanes, afirmación esta última ante la que los reyes no pudieron evitar una sonrisa.
En cualquier caso, los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, se dejaron convencer e incluso aceptaron, después de un amago de retirada por parte del genovés, las desorbitadas exigencias de éste en términos de autoridad personal, tal como quedaron plasmadas en las Capitulaciones de Santa Fe, suscritas el 17 de abril de 1492.
Sin duda debieron de pensar que poco importaban tales concesiones en una empresa de resultado tan incierto y, por otra parte, ésta tampoco les iba a resultar gravosa económicamente, pues el presupuesto, de unos dos millones de maravedíes, quedaba cubierto por un préstamo realizado por un funcionario del rey, Luis de Santángel, por la propia aportación de Colón (gracias a un préstamo particular) y por la contribución forzosa de la ciudad de Palos, que debió proporcionar dos de las tres carabelas de la expedición.
Los Viajes de Cristóbal Colón - Resumen | Contexto histórico, rutas y encuentro con América.
Las Carabelas de Colón
El 3 de agosto de 1492, Colón y su tripulación zarpaban del puerto de Palos de la Frontera en tres naves: la Niña, la Pinta y la Santa María. Estas carabelas, pequeñas pero robustas, estaban preparadas para enfrentar los desafíos del vasto Atlántico.
Las carabelas, esenciales para el éxito de las expediciones de Cristóbal Colón, no solo fueron medios de transporte, sino también herramientas clave en la era de la exploración. Una de las principales ventajas de las carabelas era su capacidad para navegar contra el viento, una habilidad vital para explorar rutas oceánicas que no siempre estaban a favor de los vientos y corrientes predominantes.
El uso de las carabelas también simbolizó un momento significativo en la historia de la navegación. Estas naves representaban una fusión de conocimientos técnicos y prácticos acumulados durante siglos, combinando tecnologías de diferentes partes de Europa y el Mediterráneo.
Representación de las tres carabelas de Cristóbal Colón: La Niña, La Pinta y La Santa María.
Cristóbal Colón emprendió su primer viaje al Nuevo Mundo con tres naves que hoy son icónicas en la historia de la exploración: La Niña, La Pinta y La Santa María.
- La Niña: Originalmente llamada Santa Clara, era la más pequeña de las tres. A pesar de su tamaño reducido, era conocida por su agilidad y rapidez. La Niña era una carabela de aproximadamente 50 toneladas de desplazamiento y tenía una tripulación de unos 24 hombres.
- La Pinta: Comandada por Martín Alonso Pinzón, era la más rápida de las tres naves y jugó un papel crucial en la exploración de las aguas del Nuevo Mundo. Al igual que La Niña, La Pinta era una carabela, aunque algunas fuentes la describen más grande en tamaño, con un desplazamiento que podría alcanzar hasta 60 toneladas.
- La Santa María: La nave insignia de Colón, era la más grande de las tres y se clasifica a menudo como una nao más que como una carabela. Tenía un desplazamiento de aproximadamente 100 toneladas y transportaba la mayor parte de los suministros y el equipamiento. Su tamaño y estabilidad la hacían ideal para llevar cargas pesadas, aunque era menos maniobrable que sus compañeras más ligeras.
Estas tres naves no solo eran medios de transporte, sino también herramientas esenciales que permitieron a Colón y su tripulación emprender uno de los viajes más emblemáticos de la historia humana, abriendo un puente permanente entre Europa y las Américas.
Las carabelas utilizadas por Cristóbal Colón en su primer viaje al Nuevo Mundo no solo diferían en tamaño y nombre, sino también en sus especificaciones técnicas y capacidades. Estas características no solo reflejan las funciones específicas y las capacidades de cada nave, sino también los desafíos de navegación y logística que Colón y su tripulación tuvieron que manejar durante su trascendental viaje.
Preparativos y Tripulación
La preparación de las carabelas de Colón para su viaje al Nuevo Mundo fue una tarea meticulosa que implicaba asegurar suficientes provisiones y equipamiento para enfrentar un largo periodo en alta mar. Secos y salados: La carne y el pescado salados eran esenciales por su larga durabilidad. La carga total tenía que estar perfectamente balanceada y bien distribuida entre las tres naves para maximizar la estabilidad y la seguridad en el mar.
Cada artículo se seleccionaba con el objetivo de maximizar la eficiencia del espacio y asegurar la autosuficiencia del grupo durante meses.
La tripulación de las carabelas de Colón en su primer viaje a América era diversa y esencial para el funcionamiento y la seguridad de la expedición. La selección y formación de la tripulación era un proceso riguroso que requería no solo habilidades navales sino también una fuerte capacidad de adaptación y resistencia física y mental.
La Vida a Bordo
Durante el largo viaje a través del Atlántico, la vida a bordo de las carabelas de Colón se regía por rutinas diarias estrictas, diseñadas para mantener el orden, la seguridad y la operatividad de las naves.
- Turnos de guardia: La vigilancia era una tarea constante y se organizaba en turnos que rotaban regularmente.
- Manejo del timón: El timonel, guiado por las órdenes del capitán o los oficiales, mantenía el curso de la nave.
- Cuidado de la madera y el casco: El constante contacto con el agua salada hacía que el mantenimiento del casco fuera esencial para prevenir filtraciones y pudrición de la madera.
- Limpieza general: Mantener la higiene a bordo era fundamental para ...
El Regreso y las Consecuencias
Ocho meses después de la partida de Colón desde el puerto de Palos el 3 de agosto de 1492, llegó a la corte castellana la noticia de su retorno. Desde Lisboa, donde había recalado su navío, en marzo de 1493 Colón enviaba una carta a los Reyes Católicos en la que les anunciaba su sensacional gesta: había completado su viaje a través del océano hasta llegar a las costas de Asia, la misma zona que Marco Polo había recorrido dos siglos antes.
Fernando e Isabel, radiantes por aquel nuevo signo de favor de la providencia divina, escribieron de inmediato a «nuestro Almirante del Mar Océano y visorrey y gobernador de las islas que se han descubierto en las Indias» -tal era el título que le correspondía en virtud de las Capitulaciones de Santa Fe- instándole a que se apresurara a reunirse con ellos en Barcelona, donde se hallaban en esos momentos.
El viaje del Almirante hasta la Ciudad Condal causó sensación. Colón llevaba siete indígenas americanos, así como papagayos, otros animales y plantas y frutos diversos, de modo que «la gente corría a los caminos para verle y a los indios y otras cosas y novedades que llevaba », según escribía un cronista. Basándose en diversos autores, el genovés creía que Asia era mucho más extensa de lo que es en realidad y erraba en la magnitud de la milla náutica, con lo que suponía que Japón estaba a 2.400 millas de las Canarias.
Aunque las fuentes no lo precisan, debió de producirse entonces un encuentro personal entre Colón y la reina que dejó honda impresión en el Almirante, pues ocho años más tarde, en una carta a la soberana, escribiría en tono rendido: «Yo soy siervo de vuestra alteza. Las llaves de mi voluntad yo se las di en Barcelona [...] Yo me di en Barcelona a Vuestra Alteza sin desar de mí cosa».
Los frutos de la hazaña
El éxito del viaje de 1492 le valió a Colón no sólo el consiguiente momento de fama, sino también una posición privilegiada en la corte real, como experto navegante y cartógrafo al que los soberanos pedían a menudo consejo. Pero el prestigio del descubridor no tardaría en agrietarse a causa de su discutida labor como gobernador de las tierras descubiertas. A la vuelta de este segundo viaje, Colón acudió a Burgos para explicarse, e «informó [a los reyes] muy por menudo y les dio sus disculpas lo mejor que pudo», según recoge el cronista Santa Cruz.
Los monarcas lo disculparon y le encargaron un nuevo viaje, el tercero, que al cabo resultaría letal para la reputación de Colón.
Enfrentado a la rebelión abierta de una parte de los colonos españoles, sus intentos por imponer su autoridad no hicieron sino redoblar las quejas y denuncias hasta que finalmente los reyes decidieron intervenir enviando a un comisario especial para que asumiera el gobierno de las islas, aun a costa de violar los privilegios de Colón. Antes de este desenlace, hubo otro asunto que indispuso a la reina con su Almirante, el del trato dispensado a los indígenas. Aunque inicialmente se mostró benevolente con los indios y trató de evitar los abusos, a partir de su segundo viaje Colón concibió el plan de esclavizar a aquellos indios que se hubieran rebelado contra los españoles o que fueran caníbales y venderlos como esclavos de guerra en Europa. En 1495 envió un primer «cargamento » de 300 esclavos indios para que un socio suyo los vendiera en Andalucía, y en 1498 expidió cinco navíos más repletos de esclavos.
Los reyes, y en particular la reina Isabel, se apresuraron a frenar esa actividad. Según Las Casas, la soberana clamó: «¿Qué poder tiene mío el Almirante para dar a nadie mis vasallos?». Los habitantes de las Indias no eran enemigos de la Corona y por ello no se les podía hacer la guerra y luego venderlos como esclavos. Por ello, ordenó que los indios llegados a España como esclavos fueran devueltos a sus lugares de origen en América.
Postreras esperanzas
Pese a todos estos conflictos, los reyes no se ensañaron con Colón. Nada más llegar a Cádiz en noviembre de 1500, mandaron liberarlo y lo llamaron a la corte. En una carta al Almirante le decían: «Tened por cierto que vuestra prisión nos pesó mucho [...] y luego que lo supimos lo mandamos remediar [...] y ahora estamos mucho más en vos honrar y tratar muy bien». En Granada le dispensaron una calurosa acogida y le permitieron organizar un nuevo viaje, que ellos mismos se prestaron a financiar. Pero le prohibieron poner el pie en La Española y lo despojaron del monopolio del comercio con las Indias.
Ese cuarto viaje fue una sucesión de desastres, y Colón hubo de volver a Sevilla a finales de 1504, enfermo y deprimido.
Retrato de Cristóbal Colón.
Probablemente, Cristóbal Colón no fue el primero en llegar a las costas del continente americano. Sin embargo, este navegante del siglo XV ha pasado a la historia por descubrir América y transformar el mundo.
Cristóbal Colón murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506.
| Nave | Tipo | Tonelaje (aprox.) | Tripulación (aprox.) | Comandante |
|---|---|---|---|---|
| La Niña | Carabela | 50 toneladas | 24 hombres | Vicente Yáñez Pinzón |
| La Pinta | Carabela | 60 toneladas | 26 hombres | Martín Alonso Pinzón |
| La Santa María | Nao | 100 toneladas | 40 hombres | Cristóbal Colón |
Datos de las naves de Cristóbal Colón.
