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Comunicación

Periodistas, el negocio de mentir: Un análisis profundo de la desinformación

by Admin on 24/05/2026

En la sociedad actual, la desinformación se ha convertido en una amenaza global que erosiona la confianza en las instituciones, debilita el debate público y condiciona la toma de decisiones, influyendo directamente en la opinión pública y en los procesos electorales. Este fenómeno, amplificado por la digitalización y el mal uso de las redes sociales, plantea serios desafíos para el periodismo y la democracia.

La Estadística como herramienta y la desinformación como negocio

Una de las mayores empresas del mundo, Google, es fundamentalmente una empresa de Estadística, dedicada a realizar análisis estadísticos. La Estadística se ha convertido en una herramienta esencial en nuestra sociedad, transformando todo a nuestro alrededor. Sin embargo, la mayor parte de la población tiene conocimientos insuficientes de ella y no es consciente de su creciente importancia. No entenderla nos impide comprender muchas de las cosas que suceden a nuestro alrededor.

Si abrimos el periódico de hoy, veremos estadísticas en una gran cantidad de noticias. ¿Las entendemos? ¿Las entienden los periodistas que las publican? Este desconocimiento generalizado es un caldo de cultivo para la desinformación, donde los hechos pueden ser distorsionados o malinterpretados. La cinta, titulada "Periodistas, el negocio de mentir", y destinada al consumo doctrinario de la izquierda radical, abunda en la idea de que los ministros reparten consignas y dirigen, especialmente a través de determinados periodistas, todas las campañas destinadas a la criminalización y encarcelamiento de los radicales.

Esta problemática es abordada por expertos como el Profesor Santiago Cárdenas, Licenciado en Matemáticas e Ingeniero Técnico en Informática de Sistemas por la Universidad de Málaga, además de Máster en Lógica Pura y Aplicada por la Universidad de Barcelona. Como profesor de Estadística en la Escuela Politécnica Superior de la UMA, investiga en Teoría de Modelos, una rama avanzada dentro de la Lógica Matemática, y ha combinado su actividad en el mundo de la empresa con la investigación y docencia en Matemáticas y con la divulgación científica.

El señalamiento de periodistas y la cultura de la mentira

La desinformación no es un fenómeno nuevo, a lo largo de la historia la mentira ha sido utilizada como arma política y social. Lo nuevo y grave de nuestro tiempo son dos factores: la velocidad y la eficacia de expansión de la desinformación se ha multiplicado gracias al mal uso de la tecnología y de las redes sociales, y la desinformación consciente, planificada, ha comenzado a ser una herramienta habitual y frecuente en algunas personas, instituciones y medios que hasta ahora no practicaban ese juego sucio.

Demasiada gente que teníamos por honorable ha caído en la tentación de la desinformación de modo permanente u ocasional, fijo o discontinuo. Que la mentira y la desinformación hayan pasado a ser consideradas como unas prácticas aceptables o al menos excusables en el primer nivel de la política y del periodismo es una de las peores noticias de nuestro tiempo. Que las opiniones sean libres y también los hechos sean libres y no sagrados es una tristísima y devastadora novedad.

La cultura del "fast food", del buffet libre informativo, implica que todo ha de ser rápido, superficial y abundante. Lo peor es que el ciudadano se cree informado, pero no comprenderá nada. La gente no sabe diferenciar la verdad de la mentira. Muchos políticos no solo mienten con impunidad, sino que acusan de fake news a las informaciones que no les favorecen. De nada sirve dedicar periodistas a desmentir bulos si no están penados y si el bulo tiene más poder de difusión y seducción que las verdades. Es más divertida y barata una noticia inventada que buscar una real. Nunca podrá compararse la capacidad de difusión de un bulo a la de una noticia verdadera. El bulo siempre es espectacular y entretenido, y siempre habrá uno que se ajuste a tu ideario; la noticia no tiene por qué serlo.

Las burbujas de filtro y las cámaras de eco magnifican la desinformación, aislando a los individuos en sus propias narrativas.

La revista vasca Ardi Beltza (Oveja Negra), dirigida por Pepe Rei, tenía una doble vertiente en su labor informativa: por una parte, hacía reportajes al uso, como cualquier otro medio de comunicación y, por otra, marcaba objetivos para la organización terrorista ETA. El intento de asesinato de la pareja de periodistas Aurora Intxausti y Juan Francisco Palomo y de su hijo, de 18 meses, se produjo tras el reciente señalamiento de Intxausti en un vídeo contra periodistas que han distribuido medios afines a la izquierda abertzale como el diario Gara y la revista Ardi Beltza (Oveja Negra).

La primera alusión a Intxausti en esta última etapa se produjo en el periódico Gara el pasado 17 de septiembre. Maite Soroa, un pseudónimo tras el que se oculta un delator anónimo, que opina diariamente de las informaciones de los periódicos, mencionó la crónica de esta redactora sobre el choque de manifestaciones que se produjo en San Sebastián tras el atentado contra José Ramón Recalde, profesor de la Universidad de Deusto, y echaba mano de viejas anécdotas.

Esta misma alusión a Intxausti es la que se menciona en el polémico vídeo, elaborado como complemento audiovisual del último número de la revista de Rei y que se dispone a distribuir Gara a sus lectores, de acuerdo al anuncio publicitario del mismo que realiza estos días en sus páginas. Este anuncio reproduce su carátula y en ella se menciona a Intxausti, así como a otros periodistas. En ella se incluyen entrevistas con cuatro periodistas, que han sido realizadas con engaño por un reportero alemán utilizado por Rei para mostrar sus opiniones. Y al final se hace una nueva alusión a la redactora de EL PAÍS, de la que se recuerda de forma sistemática y con saña una simple anécdota que se remonta a 1992. Esa anécdota de Intxausti fue también relatada por Rei en su libro Colegas, publicado en 1998 y en el que arremetía sin piedad contra multitud de periodistas del País Vasco, de los que mencionaba infinidad de datos tendentes a desacreditar la valía profesional de los mismos.

El título del vídeo "Periodistas, el negocio de mentir", nos lleva a una reflexión muy simple, y es que es cierto que los periodistas somos muy poco de fiar, pero si la solución es matarnos a todos entonces, quien piensa que lleva la razón, queda absolutamente desacreditado. El vídeo completo se puede ver en YouTube, donde se comparte pantalla con José Barrionuevo (Ministro de Interior), Rafael Vera (Secretario de Estado de Seguridad) y Agustín Valladolid (Jefe de prensa de Interior) en una suerte de contubernio del GAL para sacar un vídeo sexual.

La reiteración sistemática de un mensaje desautorizador de la labor de los periodistas se ha intensificado desde que ETA declaró la tregua y la izquierda radical consideró que los medios de comunicación son enemigos e instrumentos contra la construcción nacional. Estos mensajes, reiterados por los políticos y los medios abertzales y nacionalistas, han construido el caldo de cultivo para que ETA asesinara a José Luis López de Lacalle, miembro del Foro Ermua y columnista de El Mundo, el pasado 7 de mayo.

El periodismo, como la política y los medios, ha sido cooptado por el poder económico. La búsqueda de rentabilidad ha llevado a una reducción de corresponsales y enviados especiales, reemplazados por imágenes de agencia, declaraciones oficiales o testimonios de poco valor. La "morralla audiovisual" de vídeos de cámaras callejeras y comercios, que antes servía para programas de curiosidades, ahora llena los noticieros. Como dijo El Roto en una de sus viñetas: "Gracias a las nuevas tecnologías, me informo al segundo y lo olvido al instante".

La objetividad y la ética en el periodismo

No es cierto que no se pueda ser objetivo. Hay un periodismo profesional que puede hacer el esfuerzo y no es válido encontrar justificaciones para distorsionar los hechos. Y nunca se puede ser primero militante y después periodista. El concepto clásico del periodismo sostiene que hay que ver los acontecimientos y luego contarlos con apego a lo que ocurrió. La mentira en estado puro, en el periodismo, no podía existir; era un absurdo. Podía haber una información distorsionada o acentuada, una mala cobertura, o amarillismo para vender diarios, pero mentir no existía, no le cabía a nadie porque iba contra el propio negocio de los medios. La mentira en estado puro es un efecto de las redes sociales, surge del auge de esas redes y ya no apunta a que los medios se vendan; no es una travesura de grandes editores.

La intermediación periodística siempre tiene sentido, siempre y cuando los periodistas seamos servidores públicos y hagamos un aporte a la democracia. Lo que quieren sectores hostiles a la libertad de expresión es suprimir ese aporte. Y para eso cuentan con la complicidad de la mala praxis periodística. En la medida que el periodismo empeore, está siendo socio de esa intención de barrer con todo. La desinformación no es un fenómeno pasajero, no es circunstancial, no es coyuntural, se está convirtiendo, en nuestra opinión, en un mal estructural. Ha llegado con la pretensión de quedarse y se quedará y creará una destrucción inimaginable si no actuamos pronto y con contundencia los que somos los dos grandes polos afectados y a la vez actores: la política, los políticos, y los medios de comunicación.

Los algoritmos de las redes sociales amplifican la desinformación, priorizando la viralidad sobre la veracidad.

Los editores viven del crédito, de la confianza y de la credibilidad que tienen ante sus lectores, anunciantes y proveedores. El negocio se basa en la reputación que se genera en el entorno al que se dirigen las publicaciones. Si el fenómeno de la desinformación se sigue extendiendo, su basura acabará salpicando al conjunto del sector. Buena parte del público pensará que todos somos lo mismo, y eso preocupa extraordinariamente.

En el periodismo, el acontecer diario nos impide parar un momento, situarnos en la perspectiva adecuada y reflexionar sobre lo que estamos haciendo y hacia dónde vamos. No es verdad que no podemos parar porque nos caemos. Podemos parar y, sin caernos, pensar en el tipo de periodismo que hacemos, o que nos hacen hacer, y reflexionar acerca de quién influye para que en esta profesión se haga lo que se hace.

La desinformación afecta a la democracia en múltiples niveles. Erosiona la confianza en las instituciones al propagar informaciones falsas sobre el funcionamiento del Estado, los partidos políticos o los medios de comunicación. Debilita el debate público al polarizar la sociedad y dificultar la construcción de consensos basados en hechos verificables. Amenaza el derecho a la información veraz recogido en el artículo 20 de la Constitución, al dificultar el acceso a la información confiable y plural. Condiciona la toma de decisiones e influye en la opinión pública y en los procesos electorales. La inmensa mayoría de los editores de prensa ven con enorme preocupación este fenómeno de la desinformación, ya que la credibilidad y la confianza en la ciudadanía son pilares esenciales para un ejercicio responsable y para la supervivencia de la prensa, tan importante en la democracia.

Webinar: "Inteligencia artificial y desinformación electoral: ¿cómo nos preparamos?

Propuestas para combatir la desinformación

Para combatir la desinformación, los medios de comunicación pueden hacer muchas cosas. Por ejemplo, reforzar los códigos éticos y las buenas prácticas periodísticas, priorizar la verificación de la información y la transparencia en la identificación de las fuentes. En CLABE (Club Abierto de Editores), se firmó un acuerdo con la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España) para su adhesión a la Fundación Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo. Además, CLABE está elaborando un código deontológico propio.

Como dijo un periodista a los asesores de Trump: "Los hechos alternativos no son hechos, son falsedades". Y en esa reflexión coincidimos en CLABE. Las falsedades, las fake news y los bulos nos preocupan tanto en CLABE, que en octubre del pasado año, de 2023, meses antes de que se aprobara en el Parlamento Europeo la EMFA (Ley Europea sobre Libertad de Medios de Comunicación), ya se organizó una primera jornada contra la desinformación en la que intervinieron todos los grupos parlamentarios.

Las intervenciones de aquella primera jornada están recogidas en el libro 'Comprometidos con la Verdad' y en el sitio en línea comprometidosconlaverdad.com. En este último, se lee: "Durante mucho tiempo, para los periodistas los hechos han sido sagrados y las opiniones libres. Desde hace unos años las opiniones siguen siendo libres, afortunadamente, pero algunos han decidido que también podían convertir los hechos en libres, rehacerlos, buscarles verdades alternativas, desinformar, mentir. Nada amenaza tanto como ese fenómeno de la desinformación al periodismo y, en consecuencia, a la sociedad en su conjunto, al debate público, a las elecciones y a la salud de la democracia."

La desinformación no es un fenómeno pasajero, se está convirtiendo en un mal estructural. Para combatirlo, es necesario que la política, los políticos, y los medios de comunicación actúen con contundencia. Los medios, con autorregulación y con códigos éticos. Y los políticos, con normativa que respete escrupulosamente la libertad de pensamiento y la libertad de prensa, la discrepancia, la pluralidad, pero que corte de raíz la libertad de injuria, la libertad de mentira, la libertad de hechos alternativos, la libertad de desinformación. Esta normativa no debe dejar al margen de la regulación de los derechos y de las obligaciones a las plataformas tecnológicas y a las redes sociales, especialmente a estas últimas, a esos limbos donde impunemente se cometen tropelías sin que nadie pague por ellas. Desde el periodismo, desde la política, desde la academia, desde las plataformas tecnológicas, desde las redes sociales o desde la ciudadanía, debemos preguntarnos qué tenemos que hacer cada uno de nosotros para que este preocupante fenómeno de la desinformación no acabe con la democracia.

La función del periodismo profesional

El periodismo profesional debe hacer el esfuerzo de ser objetivo y contar los acontecimientos con apego a lo ocurrido. Es fundamental evitar la concentración empresarial que impide la pluralidad, combatir la mentira y la manipulación a la que recurren con total impunidad y, por último, desarrollar una estructura eficaz, plural y democrática de medios públicos y colectivos.

Los medios están consintiendo que Vox marque la agenda mediática. Es una ingenuidad decir que son poderosos porque los medios les difunden. Otro asunto es que les dejemos mentir. Ese es el problema, que aquí se le deja mentir a todo el mundo: a los grandes medios durante toda la vida, a Vox, a Eduardo Inda, a la familia Franco. Hemos creado una estructura para denunciar por odio, algo que no debería ser ilegal, pero no pasa nada por mentir. El ataque mediático al gobierno progresista va a ser constante y feroz.

Se ha demostrado que obsesionarse con tener el beneplácito de los grandes medios es absurdo. En la extrema derecha lo han entendido, desde Bolsonaro a Trump, han logrado ganar apoyo ciudadano despreciando a los grandes medios. Han jugado sucio con campañas de mentiras y sembrando miedos, pero lo que es verdad es que se puede conseguir tener grandes apoyos sin contar con los medios, si sabes utilizar las redes, si cuentas con la complicidad de la militancia y si logras desmontar las mentiras que digan contra ti. También es fundamental convencer a la gente de qué es lo importante: que mientras unos hablan de pin parental y banderas, otros suben el salario mínimo y las pensiones.

El papel de la sociedad y la economía

Los medios de comunicación, el llamado cuarto poder, que debería controlar al legislativo, al ejecutivo y al judicial, se ha vuelto el más incontrolable y el menos democrático de todos, que está por encima de la propia democracia. Está sucediendo que todos los poderes están siendo cooptados por el económico, pero en el caso del cuarto poder, en la medida en que no está garantizado ningún mecanismo social de vigilancia o garantía, termina siendo una herramienta más del poder económico. Básicamente porque hay que hacer caja. Es decir, si los medios son negocio, no están obligados a ningún compromiso ni responsabilidad social, y si la legislación que los regula es mínima, su degeneración es inevitable.

La responsabilidad social solo la pueden exigir los poderes públicos. Pero nuestros poderes públicos están preocupados por cómo son presentados y tratados por los medios de comunicación, ninguno se atreve a ponerle el cascabel al gato. El único modo de actuar en las estructuras económicas es a través de un Estado fuerte y democrático. En el capitalismo todo lo que es abandonado por el Estado se lo apropia el mercado. Con cultura, formación y sensibilización en valores. Y para ello, estar organizado es fundamental.

Saber de dónde saca sus ingresos es una pregunta fundamental para valorar la credibilidad de un medio. La izquierda debe interesarse por las condiciones laborales de los periodistas si de verdad esperan una información honesta y veraz. Si no lo hacen, tendrán periodistas a sueldo de anunciantes, grandes accionistas o cualquier lobby que quiera imponer su ideario. Conseguir conocer la verdad, elaborarla y difundirla cuesta dinero, debemos resolver quién ha de pagarlo. La libertad de expresión era para los medios de comunicación, después se planteó para los periodistas. Lo único válido es comprender que el sujeto de ese derecho, como de todos, han de ser todos los ciudadanos. Sin información no se puede ejercer ninguna de las libertades públicas (asociación, manifestación, voto…). Un sistema de degradación de la democracia por el que el poder de difundir información resulta más poderoso que las propias instituciones democráticas. Erradicar el raciocinio de la información para dejarla en manos de las emociones y el sentimiento. No es verdad que una imagen valga más que mil palabras. El razonamiento y el análisis de los seres humanos se hace con la palabra no con las imágenes.

Los medios colaborativos, donde varios periodistas apelan a los lectores y usuarios para lograr la viabilidad de sus medios, son una alternativa. Para mantener la independencia de esos medios y evitar que entre el poder económico, es imprescindible la implicación de los lectores y consumidores de información. Debemos saber que la información hay que pagarla. Y solo hay tres vías: los grandes poderes económicos que condicionarán sus contenidos; un Estado democrático que asuma su obligación de garantizar una información plural; o los propios ciudadanos.

Fuentes y Actores en el Debate sobre la Desinformación
Categoría Ejemplos / Nombres Rol / Aporte
Academia y Expertos Prof. Santiago Cárdenas, Maite Soroa (pseudónimo), S. Lewandowsky, D. Innerarity Análisis estadístico, estudio del impacto en la democracia, identificación de desinformación
Medios de Comunicación EL PAÍS, Gara, Ardi Beltza (Oveja Negra), Antena 3, El Mundo, eldiario.es, Público, Le Monde Diplomatique, 20 Minutos Plataformas de difusión, objeto y herramienta de desinformación, lucha contra los bulos
Organizaciones Profesionales CLABE (Club Abierto de Editores), FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España) Defensa de la ética periodística, promoción de la autorregulación, lucha contra la desinformación
Figuras Públicas / Periodistas Aurora Intxausti, Juan Francisco Palomo, Pepe Rei, Arsenio Escolar Ramos, Pascual Serrano, Bob Woodward Víctimas de campañas de desinformación, analistas críticos, directores de medios, defensores de la verdad
Instituciones Políticas y de Seguridad Congreso de los Diputados, Ministerio del Interior, Departamento de Seguridad Nacional, Comisión Europea Regulación, estrategia contra la desinformación, protección de la democracia, informes de seguridad
Plataformas Digitales GOOGLE, Redes Sociales (Facebook, Twitter, etc.), YouTube Amplificadores de desinformación, herramientas de análisis, plataformas para la difusión de vídeos

Esta tabla muestra la diversidad de actores y entidades involucradas en el fenómeno de la desinformación, desde los que la propagan hasta los que luchan por combatirla y entender su impacto en la sociedad.

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