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Comunicación

Niveles de Análisis sobre el Liderazgo Político: De la Teoría a la Práctica Electoral

by Admin on 17/05/2026

El liderazgo político es uno de los fenómenos más estudiados y menos comprendidos por parte de las ciencias sociales. No existe una definición consensuada sobre liderazgo político, sino que sus definiciones se han multiplicado al ritmo de la proliferación de los estudios dedicados al tema.

Esta situación se refleja, por un lado, en la multiplicidad de disciplinas que han abordado el estudio del liderazgo político en su concepción más amplia, entre las que se encuentran la antropología, la ciencia política, la filosofía, la historia de las ideas, la psicología, la sociología y la teoría de las organizaciones; y, por otro lado, en la diversidad de enfoques que se han ideado para su análisis, entre los que se cuentan la teoría de los rasgos personales, el conductismo, el situacionalismo contingente y la corriente del nuevo liderazgo.

Las teorías contemporáneas sobre el liderazgo político y su influencia en el comportamiento electoral abarcan un espectro amplio, evidenciando la complejidad de cómo distintos elementos del liderazgo inciden en las decisiones de los votantes. La relevancia del liderazgo se ha intensificado particularmente en el contexto de las campañas electorales, afectando la estructura institucional electoral, la dinámica interna de los partidos y, consecuentemente, los resultados electorales. En la era actual, la prominencia de los candidatos -quienes son, su apariencia, lo que comunican y, crucialmente, cómo lo expresan- cobra una importancia sin precedentes.

Dualidad en el Análisis del Liderazgo: Micro y Macro Perspectivas

Pese a ello, desde hace menos de un siglo, en la mayoría de las disciplinas que vienen estudiando este fenómeno existe un debate entre dos opciones analíticas opuestas y/o dualistas: una micro o de carácter individualista, que ha hecho hincapié en el sujeto; y otra de carácter macro o colectivista, que ha subrayado el efecto envolvente de las circunstancias.

La primera perspectiva, conocida como la “teoría del gran hombre”, considera que la persona que detenta el papel de autoridad, aquella encumbrada como “jefe”, y sus características personales/subjetivas, son las variables explicativas del liderazgo. Sus estudios se han dedicado a investigar las características, actitudes y rasgos idiosincráticos de hombres y mujeres que se han erigido como líderes.

La segunda opción sostiene que la dimensión contextual/objetiva es la principal variable que explica la existencia y/o ausencia de quien encarna el líder en determinada situación. Esta dualidad de opciones analíticas se corresponde con lo que se ha denominado como las visiones “subjetivista” y “objetivista” del liderazgo, respectivamente.

El problema de tales opciones analíticas, tomadas por separado y sin posibilidad de integrar el carácter micro -la acción personal- y el macrosocial -estructura y contexto- a la hora de estudiar el liderazgo, reside en que cuanto más se acerca la lente hacia el líder, más se sobredimensionan las capacidades del sujeto; y cuánto más se aleja, mayor riesgo existe de obviar la forma en que se ejerce el poder y la autoridad por parte de aquellas personas legitimadas y/o reconocidas para ello. Algunos pensadores han intentado conciliar ambas opciones.

En términos sociológicos podría decirse que existe una relación de interdependencia e interinfluencia entre estructura y agencia, la cual puede develarse al examinar su desarrollo mutuo a través del tiempo histórico, revisión indispensable para alcanzar la comprensión de la relación citada. En este sentido, muchos estudios de liderazgo han reconocido la interacción entre las acciones personales y los contextos y/o estructuras sociales, enfatizando así el carácter relacional y dinámico de los elementos implicados en el liderazgo: líder, seguidores, contextos y objetivos implicados.

El Enfoque del "Nuevo Liderazgo": Visión y Comunicación

En las últimas décadas, el enfoque del “nuevo liderazgo”, que integra la dimensión personal y contextual del liderazgo político, se centra en la comunicación del líder como medio de definición y consecución de los objetivos políticos y concibe al auténtico líder -no al mero gestor- como un sujeto creador de sentido, como una persona dotada de una “visión” que es capaz de conectar y comunicar con sus seguidores con la intención de organizarlos, dirigirlos, movilizarlos y empoderarlos para la consecución de ciertas metas.

Un liderazgo que en el plano político puede concebirse como un proceso desarrollado por agentes políticos con diversas predisposiciones, motivaciones y objetivos que “movilizan, en competición o conflicto con otras, recursos institucionales, políticos, psicológicos y demás, para estimular, captar la atención y satisfacer los deseos de los seguidores”, así como para tratar de imponer una determinada definición de la realidad en un contexto sociocultural y político concreto, en lo que, a su vez, juega una función clave la visión defendida por el líder.

En este artículo se aborda el liderazgo político en las democracias representativas. Ello implica concebir el liderazgo como la acción ejercida en torno a una serie de retos estratégicos recurrentes que deben afrontar los líderes políticos y partidarios, concentrándose el trabajo del líder político en dos tareas principales:

  • La construcción de identidades políticas con objeto de movilizar a ciertos grupos de seguidores;
  • Promover y seleccionar determinadas políticas públicas vinculadas a dichas identidades.

El liderazgo político - Miguel Candelas

La "Visión" como Eje Central del Liderazgo

Ahora bien, ¿cómo ha de entenderse la “visión”? Según Kouzes y Posner, es una imagen posible de futuro que se manifiesta a través de esperanzas y aspiraciones compartidas. De tal modo, esta imagen es un bien intangible creado a partir de los discursos y las ideas de los líderes con el fin de proponer (e imponer) definiciones de la realidad en el futuro.

La función de la visión sería la de actuar como “estrella guía” que ayuda a establecer los esfuerzos y los resultados de una organización y/o institución. Albrecht unifica el componente discursivo/ideológico y el estratégico de la visión, sosteniendo que la visión representa la adopción de una imagen compartida para el futuro de cierta organización y que dicha imagen idealizada es el producto de una reflexión dotada de sentido. De igual manera, Nye argumenta que la visión es “parte de lo que los líderes comunican” y “una imagen que otorga significado a una idea e inspira a los demás”, siendo difícil impulsar cambios sin su guía.

En consecuencia, la visión es algo más que un pensamiento ilusorio o ficticio; es un proyecto real de futuro en el cual el líder canaliza sus fuerzas para que se haga realidad, subordinando los siguientes pasos a su consecución. Por consiguiente, la “visión” funciona como elemento abstracto de violencia o coacción simbólica, resultado de la imposición derivada de una relación de dominación. Ya sea mediante el uso del “poder blando” o del “poder duro” o de la combinación de ambos, el líder consigue inspirar a sus seguidores para hacer realidad esa imagen, que en su momento inicial solo existe en su mente, ideales y discursos, como proyecto realizable en la medida que se imponga la definición de la realidad que propone el líder. Así pues, la visión desarrollada por el líder es un elemento crucial para sus tareas primordiales, como es la construcción de identidades.

Liderazgo Transformacional vs. Transaccional

Asimismo, es posible distinguir entre liderazgo transformacional, orientado hacia procesos de cambio sustantivos en la comunidad política -véase, por ejemplo, el cambio de un régimen político-; y el liderazgo transaccional orientado hacia cambios menores en dicha comunidad pero necesarios en el funcionamiento de ésta -véase, por ejemplo, la reforma en la administración y/o gestión de los recursos humanos, económicos y tecnológicos-.

Tal distinción creada por Burns y la reformulación de Bass, que ha sido fecunda en los estudios sobre liderazgo, parece apuntar a la dialéctica entre “el hombre hacedor de historia” -el líder transformacional y/o verdadero- y el “hombre memorable” por sus hechos -el líder transaccional y/o responsable-.

El Carácter Biográfico del Liderazgo Político: Fases de Desarrollo

Una perspectiva interesante es aquella que se aproxima al carácter biográfico del liderazgo concibiéndolo como un proceso que se desarrolla en el tiempo jalonado por tres fases: socialización, legitimación e institucionalización.

Fase Descripción Características Clave
Socialización Iniciación política y adquisición de un bagaje sociocultural a lo largo de la vida. Conocimientos, experiencias, creencias, esquemas mentales, valores y visiones ideológicas.
Legitimación Establecimiento de una relación de influencia con los seguidores y consolidación de la carrera política. Ejercicio de cargos orgánicos, públicos y de representación; acumulación de capital político y construcción de redes de contactos.
Institucionalización Consolidación en cargos de representación mediante victorias electorales sucesivas. Mantenimiento en un cargo clave (ej. alcaldía) durante varios mandatos; no todos los líderes alcanzan esta fase.

Fase de Socialización

La socialización se refiere a la iniciación política y al bagaje sociocultural adquirido a lo largo de su vida, incluyendo conocimientos, experiencias y creencias. También los esquemas mentales, valores y visiones ideológicas y políticas.

Fase de Legitimación

La legitimación, a su vez, es el momento en que ya se ha producido la relación de influencia con los seguidores. En esta etapa, la carrera política se concreta en el ejercicio de cargos orgánicos (dentro del partido), públicos y de representación.

Al respecto, hay que comentar que el capital político puede venir dado por variadas circunstancias. Desde la acumulación de cargos institucionales y el establecimiento de redes de contactos, hasta el conocimiento del funcionamiento de las instituciones públicas o la imagen que haya proyectado en ámbitos no estricta y formalmente políticos. Esta secuencia puede potenciarse mediante acciones que contribuyan a la construcción del liderazgo. Una forma de hacerlo es mostrando partes de la esfera privada, vinculada a la familia, a fin de asociar determinados estilos de vida que imprimen identidad al candidato.

Por ejemplo, estudiando el tipo de historias que cuentan los candidatos, una investigación categorizó cinco temas. En España, estas narrativas se han centrado principalmente en la trayectoria de los políticos, en su familia, aficiones y formación, como elementos para dar a conocer el perfil de los candidatos. Por otra parte, en el proceso de construcción del liderazgo, el inicio y desarrollo de la fase de legitimación puede acelerarse de manera algo artificial. Un ejemplo ilustrativo de narrativa personal es: “Hola, mi nombre es _________. Déjenme contarles la historia sobre de dónde vengo. Durante mi infancia, mi madre trabajaba de noche como enfermera y mi padre como maestro. Al igual que muchas otras familias, con frecuencia se veían apurados para llegar a fin de mes. Desde una temprana edad me enseñaron a cuidar de mi hermana pequeña. También me ayudaron a conseguir el primer trabajo a los 16 años sirviendo mesas en un restaurante de la ciudad durante el verano. En nuestro barrio de clase media colaboraba con un banco de alimentos para ayudar a las personas más desfavorecidas.”

Fase de Institucionalización

La tercera de las etapas del liderazgo político es la institucionalización. Esta fase no tiene que alcanzarse por todos los líderes. Vendría dada por ocupar cargos de representación y consolidarlos mediante sucesivas victorias electorales. Es decir, y tomando como referencia la política municipal, mantenerse en la alcaldía durante varios mandatos.

El Liderazgo en el Constructivismo Estructuralista

El presente artículo desarrolla un enfoque sociológico del liderazgo político inspirándose en el carácter ecléctico de la perspectiva del “nuevo liderazgo” y la obra de Pierre Bourdieu. La articulación entre ambos enfoques se fundamenta en tanto que, en primer lugar, el “nuevo liderazgo” permite superar la escisión entre sujeto y contexto que habían limitado los anteriores enfoques politológicos del liderazgo político.

En segundo lugar, los enfoques previos de la ciencia política habían olvidado -y aún olvidan- el carácter simbólico de la acción política de los actores individuales y, más aún, el efecto que tienen las decisiones individuales (como las del presidente) en el seno de una democracia. En tercer lugar, la teoría de Pierre Bourdieu permite recuperar el análisis micro en un enfoque equilibrado entre sujeto y contexto, atendiendo al carácter simbólicamente violento y comunicativo del ejercicio del liderazgo entre un conjunto de actores. Por último, el “nuevo liderazgo” abre un espacio integrador a distintas teorías, por lo que adquiere un carácter ecléctico que permite su combinación con los planteamientos del constructivismo estructuralista.

En suma, el objetivo principal es ofrecer un enfoque más adecuado para el estudio del liderazgo que tome en consideración tanto los elementos simbólico/legitimadores y subjetivos -acciones personales-, como los estructurales u objetivos -contexto y/o estructura social- implicados en dicho fenómeno. Santiago Delgado señala que no existe una única opción desde la cual estudiar el liderazgo político: “la actitud que creemos más acertada y coherente es la de formular un enfoque conceptual propio y ecléctico [...], resultado de la integración de distintos conceptos y orientaciones”.

La propuesta aquí desarrollada se inserta en el constructivismo en general, y el constructivismo estructuralista de Pierre Bourdieu en particular. Esta perspectiva afirma el carácter artificial de la política y de la sociedad, en tanto que una posición naturalista llevaría a centrarse en elementos de carácter actitudinal y conductista que buscan explicar el “por qué”.

Desde el constructivismo, en cambio, se pretende estudiar el “cómo”, por lo que se pone especial atención en profundizar en las realidades subjetivas y simbólicas configuradas/con-figuradoras por/de la vida pública, en función de las que se construye, reproduce y opera el liderazgo. Las instituciones, las ideas, las normas y el liderazgo se conciben como constructos y/o fenómenos sociales configurados mediante la relación intersubjetiva que mantienen los individuos y la sociedad. El liderazgo político en el constructivismo estructuralista se analiza la relación de fuerzas y la coacción simbólica ejercida dentro de la relación líder/seguidores; luego, se desarrollan los conceptos de “marco”, “habitus” y “campo” como categorías analíticas para el estudio del liderazgo; tales categorías se entienden desde una perspectiva temporal o diacrónica, en tanto que el liderazgo es un proceso de construcción sociocultural dependiente de la acumulación de bienes simbólicos y/o capital político en la esfera política.

Particularidades del Liderazgo Político Local

No existe un modelo de liderazgo político ideal, pero se puede reflexionar sobre ello teniendo en cuenta las características del ámbito político en el que nos vamos a desenvolver. La política local es contacto y cercanía. Y en consecuencia, el debate sobre el liderazgo local presenta algunas particularidades.

Un candidato a las elecciones municipales gana puntos si conoce su ciudad a fondo y adapta el mensaje tanto a los diferentes barrios como a los subgrupos demográfico y culturas que los componen (mayores, jóvenes, mujeres, hombres… deportistas, inquilinos, jubilados, madres de hijos jóvenes…) pero por mucho que creamos conocer la realidad de nuestra localidad, siempre es importante apoyarse en los datos.

El liderazgo situacional, es decir, la capacidad del candidato de adaptarse a las diferentes circunstancias teniendo muy claro cuál es su mensaje, está también vinculado al conocimiento del entorno. Cuando conocemos la realidad de nuestro municipio y de sus habitantes; sabemos qué queremos transmitirles porque hemos escuchado a nuestros vecinos y elaborado un buen proyecto de gobierno, entonces es buen momento para pasar a la acción y recorrer el territorio extendiendo nuestro relato, construyendo nuestra marca personal, y colocándola por delante de nuestra marca de partido, escuchando a nuestros vecinos y hablando el mismo lenguaje que nuestros interlocutores.

Además, como seres gregarios, todos experimentamos la necesidad de identificarnos con líderes que demuestren que controlan la situación, y que a su lado las incertidumbres serán menores. Tampoco deberíamos olvidar que no hay buen líder sin un buen equipo.

Medición y Evaluación del Liderazgo Político

Frecuentemente, tanto en el ámbito nacional como internacional, las encuestas de opinión vinculan el liderazgo con la valoración de figuras políticas a diversos niveles. Sin embargo, esta valoración por sí sola obvia aspectos fundamentales para una medición exhaustiva del liderazgo político.

La presente comunicación propone la creación de un índice de liderazgo que ofrezca una evaluación cuantificable más precisa del liderazgo político, incorporando variables adicionales relevantes. El índice de liderazgo que proponemos se fundamenta en la necesidad de ir más allá de la mera valoración superficial de los líderes políticos, que generalmente refleja una instantánea temporal de la percepción pública.

Nuestro enfoque innovador busca integrar otros elementos adicionales que se muestran que son esenciales para capturar la esencia del liderazgo político efectivo. La evolución de la importancia de los líderes políticos en las decisiones electorales de los votantes destaca la necesidad de herramientas analíticas más sofisticadas que reflejen adecuadamente la complejidad del liderazgo político. El índice de liderazgo efectivo representa un paso adelante en la metodología de evaluación electoral, ofreciendo a académicos, estrategas políticos y al público en general, un recurso valioso para comprender y valorar el impacto del liderazgo en el comportamiento electoral.

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