Morder el hocico de tu perro como muestra de liderazgo: efectividad y consecuencias
La relación entre los humanos y sus perros es una danza compleja de comunicación y entendimiento. A menudo, buscamos formas de establecer un liderazgo claro, pero ¿qué sucede cuando se recurre a prácticas como morder el hocico del perro? Esta acción, que para algunos podría parecer una imitación de la conducta canina, tiene implicaciones profundas en la psique del animal y en la dinámica de la relación.
La comunicación canina y el uso del hocico
Para los perros, emplear el hocico como parte de la comunicación es muy habitual. Ya desde cachorros, utilizan el hocico para guiarse por el olfato hasta la madre, incluso sin poder andar. Cuando agarran el pezón en busca de la leche materna, realizan un cabeceo que estimula la salida de leche. Con esto nos puede estar reclamando desde la salida al paseo hasta la hora de comer.
Diferentes estudios realizados por la universidad de Salford, Reino Unido, sobre los gestos realizados por perros, han llegado a la conclusión de que los golpes de hocico de los perros tienen otros significados. Esto significa que los perros desarrollan distintos golpes para expresar una intención concreta, cada uno con su significado y sentido. Sin embargo, y de manera habitual, nuestro perro nos golpeará buscando una caricia o un rato de atención y juego. En ningún caso estamos obligados a atender su petición, sin embargo, desoír su llamada le puede llevar a reclamarla de manera insistente, lo que nos generará cierto desagrado si nos encontramos ocupados.
Para nosotros, el ser golpeados por el hocico es claramente una llamada de atención. Por tanto, dado que el hocico es una de las partes del cuerpo que los perros utilizan para comunicarse con nosotros, debemos prestar mucha atención a nuestros gestos a la hora de corregir una mala conducta.
Además de darte golpes con el hocico, hay otros comportamientos de los perros que te pueden sorprender. Si tu perro te muerde sin apretar, ¡no te asustes!, es una muestra de afecto por su parte. Si lo hace mientras estáis jugando, la conducta forma parte del juego. Otra cosa es que no te guste recibir este tipo de pequeños mordiscos. En ese caso, lo ideal es que no uses tus manos para jugar y que, en su lugar, le ofrezcas juguetes, peluches y mordedores (mejor si lo acostumbras desde cachorro).
También es posible que tu perro te agarre el brazo con la boca, y del mismo modo (siempre que no lo haga con violencia), esto forma parte de su proceso natural de juego. Otras veces, verás a tu perro empujar con el hocico la comida, incluso puede que la esconda en su camita. Este comportamiento tan curioso es heredado de sus ancestros, cuando los perros tenían que esconder los alimentos para asegurarse las provisiones y evitar que los animales más grandes se los quitaran.
El debate sobre morder el hocico: ¿efectividad o daño?
Algunos propietarios golpean a los perros en el hocico. Sin embargo, muchos etólogos están en contra de esta práctica. Para los perros, su boca representa el sentido del tacto desde que son crías. Los perros desde cachorros aprenden a expresarse mediante golpes con el hocico, ya que es la forma de estimular la secreción de leche materna.
Es importante que jamás le des en el hocico a tu perro, no olvides que para él es su forma de comunicarse, y si le golpeas, además de negarle su naturaleza, le estarás dando un refuerzo negativo que, además, será del todo ineficaz para corregir cualquier conducta. En ningún caso lo castigues o lo riñas, ya que esto solo conseguirá que el animal desarrolle miedos y que vuestra relación se resienta. Intenta comprenderlo siempre en medida de lo posible.
La experiencia y la investigación enseñan que el liderazgo eficaz en perros es silencioso, basado en confianza y calma. No hace falta levantar la voz ni recurrir a castigos. Cuando premiamos la calma, la atención y los comportamientos deseados, estamos enseñando a nuestro perro a elegir esas conductas por sí mismo. No se trata de miedo, sino de motivación y entendimiento.
Cómo ser un buen Líder para su perro (1) - LA JERARQUÍA
Alternativas al "mordisco" para un liderazgo efectivo
Los perros muerden: la boca les sirve para interactuar con el mundo. Pero educar al cachorro o can adulto para que no muerda o no haga daño es importante. Las consecuencias de los mordiscos de un perro, en especial de un cachorro, son conocidas: un cojín destrozado, rollos de papel higiénico mordisqueados y desplegados por el pasillo… Tampoco hay que olvidar los que pega a su humano en los tobillos o codos camino del parque. Pero los dientes del perro son herramientas que deben ser educadas para evitar que muerda con daño y prevenir estropicios en casa.
A continuación se muestran varias estrategias efectivas:
1. El juego de boca blanda
Los canes deben aprender que un mordisco suyo puede hacer daño, algo importante cuando hay niños cerca. Este juego persigue que el cachorro comprenda que no puede apretar su mandíbula con fuerza porque hace daño. "Para conseguir que el perro entienda que su mordisco hace daño, hay que dejar que muerda nuestra mano, pero solo hasta el nivel de presión que deseemos. Cuando alcance esa mordida, hay que emitir un pequeño grito", explica Davinia González, educadora canina. La señal puede ser un "ay, ay" leve, nunca gritos. Esta voz será el signo para que el cachorro no ejerza más fuerza. Una vez que el pequeño frena su bocado, hay que premiarle con una recompensa comestible, como unas sabrosas galletas caseras.
La presión de la mordida permitida para el cachorro debe reducirse de forma paulatina hasta que el perro aprenda a jugar "con la boca blanda".
2. Las pautas "deja" y "suelta"
Un can o cachorro que muerde debe aprender las pautas "deja" y "suelta", que le ayudarán a liberar los objetos mordidos que tenga en la boca. Para enseñarle a soltarlos, y no morder, se puede utilizar su juguete preferido. Primero se deja que el pequeño lo agarre con su boca. ¿Y cómo conseguir que lo suelte? Hay que invitarle a que lo libere con ayuda de un premio que sea más atractivo que el hecho de morder su juguete fetiche. Una recompensa comestible, caricias y otros juegos serán estímulos suficientes para el cachorro.
Un instrumento que resulta de gran utilidad para que aprenda estas pautas sencillas, pero estimulantes para su inteligencia, es el clicker para educar al perro. El sonido que emite este dispositivo de educación canina será la señal que marque a la cría que, si obedece, obtendrá una buena recompensa.
3. Juguetes para que el perro no muerda
Los cachorros, además, muerden por molestias con la dentición. Y en el mercado hay juguetes para ello. Así el perro podrá centrar sus ganas de morder en estos objetos, cuando necesite aliviar el dolor de su boca. Los juguetes u objetos que puede morder deben estar claros. Es un error ofrecerle una zapatilla vieja o un calcetín que no se usa, ya que asimilará que esos son sus juguetes y, cuando sea un adulto, los cogerá para mordisquearlos. Es complicado corregir a un animal al que se le han permitido ciertas conductas desde pequeño. Por ello, hay que marcar unas normas básicas desde que llega a casa.
4. No jugar con las manos ni al "tira y afloja"
Dejar que el cachorro mordisquee las manos de su compañero humano es un error frecuente que se debe evitar, si se quiere conseguir que el can aprenda a no morder. Además, los juegos de "tira y afloja" tampoco ayudan. En estos juegos una persona tira de un lado de una cuerda y el animal del otro extremo. Los expertos advierten, sin embargo, que estos juegos estimulan el comportamiento de mordedor compulsivo del cachorro. Con este tipo de actividades se entra en el terreno de la competición y cuando el perro gana, refuerza su comportamiento e, incluso, gruñirá en cuanto se le lleve la contraria.
5. Evitar la ansiedad por separación
El can necesita aprender a enfrentarse a la ausencia de sus humanos durante ciertas horas del día. La ansiedad por separación explica muchos casos de destrozos en casa y de perros que muerden muebles por puro estrés. Y es que un can puede traducir su rechazo a la soledad con estropicios en el hogar. Por eso, un cachorro que ha paseado y realizado actividad física (juegos y paseos) estará más relajado antes de quedarse solo.
La importancia del refuerzo positivo y la empatía en el liderazgo
Liderar sin gritar implica ponerse en las patitas de nuestro perro. ¿Te has preguntado alguna vez cómo se siente tu perro cuando hay mucho ruido, cuando llega una visita desconocida o cuando percibe algo extraño en la calle? La empatía es la clave. La comunicación con perros va mucho más allá de las órdenes verbales. Es un diálogo constante de miradas, posturas y energía. Cuando somos coherentes, cuando nuestras palabras y gestos dicen lo mismo, nuestro perro entiende y confía. Por eso, crear un entorno predecible, con rutinas claras y límites amorosos, es fundamental.
Cuando estableces rutinas y eres constante con ellas, tu perro aprende a predecir lo que va a suceder. No se trata de ser autoritario, ni mucho menos de gritar o castigar. Se trata de comunicarte con claridad. Aquí es donde el refuerzo positivo en perros se convierte en nuestro mejor aliado. Cada vez que tu perro hace algo bien, celébralo. Puede ser con una palabra amable, una caricia, un trozo de su golosina favorita o simplemente una sonrisa.
Los perros aman la rutina. Les da estructura, les permite relajarse porque saben lo que viene después. Si todos los días repites las mismas órdenes, usas las mismas palabras y gestos, tu perro lo entenderá mucho más rápido. La paciencia y la consistencia en el adiestramiento son claves.
Los estudios indican que comprender y responder al lenguaje corporal fortalece la confianza y reduce la ansiedad. Es un círculo virtuoso: cuanto más siente nuestro perro que lo escuchamos y comprendemos, más seguro se siente a nuestro lado. Y esa seguridad es la base para establecer confianza con el perro y lograr una transformación del comportamiento canino real y duradera.
La mordida en el contexto deportivo (IPO/IGP)
La forma natural de morder de un perro está condicionada por su base genética y el tipo de instinto y emoción que emplea en ese momento. Al principio creemos que todo es reparable con un buen trabajo y al final nos damos cuenta que en el mejor de los casos, las carencias pueden ser "maquillables", pero en la alta competición no valen "los maquillajes" y todo sale a la luz. ¡Las características genéticas no son modificables!
La mordida del perro forma parte de la sección C (protección) y resulta determinante en la puntuación final de un perro de IGP. Las mordidas en pinza o escasas (media boca), cambiantes "tecleo", inseguras, nerviosas o las excesivamente combativas (con cabeceos), son penalizadas con dureza en el reglamento. El perro solo morderá cuando esté bajo la emoción de la presa y nunca en la de defensa.
Tipos de mordida penalizables en competición
- b-Mordida nerviosa o defensiva: Muy penalizable, el perro suele morder a media boca y apretando varias veces y perdiendo boca en las diferentes fases. Su mordida es insegura y se traduce en cabeceos e intentos de “llevarse la presa” con mordiscos entrecortados y con prioridad de utilizar los colmillos, incisivos y la parte delantera de su boca.
- C-Mordida en pinza: El perro muerde con los incisivos y colmillos, y queda así sin confirmar durante la fase de carga. También es muy penalizable.
- D-Mordida media: el perro mete su boca hasta los premolares pero dejando hueco o espacio, no rectifica.
- E-Mordida plena pero móvil: El perro sujeta fuerte la manga a boca llena pero corrigiendo hacia dentro su propia mordida. Es como si el perro quisiera introducir más su boca.
- F- Mordida lateralizada (“acomodada”): el perro en esta fase apoya su mordida principalmente en un lado de su boca.
Si observamos el reglamento, la fase de agresión en el enfrentamiento y ladrido no termina con la mordida al figurante, sino con un ejercicio de control y disciplina, para posteriormente pasar a un ejercicio de huida del figurante, que el perro deberá ejecutar en una emoción de presa y no de defensa.
La emoción condiciona la forma de morder, una mordida segura y fuerte la provoca una emoción derivada del impulso de presa y por el contrario una emoción insegura y móvil la provoca una emoción derivada del instinto de defensa. Durante la prueba IPO (sección C) el perro va cambiando las emociones en función de cada ejercicio. En el escondite (enfrentamiento y ladrido) el perro deberá mostrar el instinto de defensa (color rojo de Helmut Raiser) y en el resto de las fases prevalecerá impulso de presa derivado del instinto de caza y de esta forma su mordida se ajustará al reglamento.
Fases de la mordida en competición
- Fase de apertura (1ª mordida) o fase de "embocamiento": cuando el perro abre la boca y la cierra para apresar la manga y sujetarla.
- Fase de carga (2ª mordida): cuando el perro sujeta la manga del figurante durante el transporte y soporta la presión física y psíquica del figurante. El perro sujetará firmemente la manga con toda la boca, sin cambiarla, sin acomodarla y sin mordisquear (no perdiendo boca). Cuando el figurante se detiene, segundos antes de que el guía ordene a su perro que suelte. El perro sujetará con fuerza y permanecerá con una presa firme y tranquila hasta que se le ordene que suelte. En esta fase de transición hay perros que manifiestan inseguridad o nerviosismo, ya que el figurante está parado durante unos pocos segundos y esto les genera inquietud. También hay perros que se inestabilizan esperando la orden de soltar.
El buen trabajo del figurante y del guía influye para poder ponerle al perro todas las condiciones para que aprenda a morder técnicamente bien. Lo que pasa es que en muchos casos el perro carece de las condiciones emocionales necesarias para hacerlo bien. Un perro que a la larga no muerde bien (trabajado por buenos figurantes) no es por un problema de conducta instrumental, sino por un problema de naturaleza emocional (condicionamiento clásico).
