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Comunicación

El Mentor Político de Miguel Primo de Rivera: Influencia y Legado

by Admin on 14/05/2026

Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, teniente general, segundo marqués de Estella y dictador español entre 1923 y 1930, fue una figura compleja: un militar valiente, un político trabajador y populista, y un hombre contradictorio. Era religioso y conservador, y legisló contra el juego de apuestas y la prostitución, pero al mismo tiempo era jugador, bebedor y mujeriego. Su fama de mujeriego le acompañaría el resto de su vida.

Desde muy joven, Miguel Primo de Rivera gustaba de alternar con mujeres bellas. Cuando llegó a Madrid tras una larga estancia en Cuba y Filipinas, aún soltero y con grado de teniente coronel, frecuentó los principales salones de baile privados gracias a la ayuda de su tío y mentor, el teniente general Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, primer marqués de Estella.

José Antonio Primo de Rivera: La Vida De Un Mártir

Fernando Primo de Rivera y Sobremonte: El Primer Mentor

El teniente general Fernando Primo de Rivera y Sobremonte no solo fue su tío, sino también un mentor crucial en la vida de Miguel Primo de Rivera. Se dice que los amoríos de Miguelito, como le llamaban sus familiares, fueron muchos y exitosos con damas de la alta burguesía cortesana.


Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, primer marqués de Estella.

Un Perfil Contradictorio: Vida Personal y Política de Miguel Primo de Rivera

"Naipes, mujeres y la botella / son el blasón del marqués de Estella", cantaban los graciosos durante la época en que gobernaba en España el directorio que presidía Primo de Rivera. Ya antes, en su Jerez natal, había mantenido noviazgos más o menos duraderos.

El 24 de julio de 1902 contrajo matrimonio en la madrileña iglesia del Buen Suceso con Casilda Sáenz de Heredia y Suárez de Arguín, con la que tuvo seis hijos. Poco después de dar a luz al último, Casilda falleció el 9 de junio de 1908.

Ya viudo, retomó su afición por piropear a las damas y en tener trato con mujeres de vida alegre, forjándose muy pronto una fama de mujeriego. A principios de 1924, a pesar de la censura de prensa, se produjo un gran escándalo nacional debido a la intervención de Primo de Rivera en un asunto judicial, para lograr la puesta en libertad de una cabaretera conocida como "la Caoba", acusada de prostitución y tráfico de drogas. Aunque intercedió por ella el empresario del Teatro de la Comedia, Tirso Escudero, gran amigo de Primo, era vox populi que la Caoba mantenía relaciones con el dictador. Tal intervención se hizo pública por la indiscreción del juez, quien fue trasladado a Albacete, y su defensor, Buenaventura Muñoz, presidente del Tribunal Supremo, fue destituido y jubilado.

En abril de 1928 se anunció la boda de Primo de Rivera con Mercedes Castellanos Mendeville, conocida como Nini, que pertenecía a una familia de la alta sociedad madrileña. Esta noticia generó expectación porque podía conllevar la dimisión voluntaria del dictador. Sin embargo, al final no hubo boda por varias razones, siendo una de ellas el desencanto personal del novio hacia la novia porque le parecía demasiado cursi.

Primo entonces retomó sus hábitos de trabajo prolongado con breves paréntesis de asueto dedicados a la bebida y el sexo. "Era viudo y podía pasarse meses trabajando intensamente para luego desaparecer un fin de semana y dedicarse a bailar, beber y hacer el amor con unas gitanas", escribiría Hugh Thomas.

Influencias Ideológicas y Políticas de José Antonio Primo de Rivera

José Antonio Primo de Rivera es considerado por algunos autores como un Jefe fascista, mientras que para otros, en cambio, era un líder político nimbado de un halo sobrenatural. El profesor de Ciencia Política, Manuel Pastor, nos enseña que los objetivos del fascismo, en sentido genérico, son: panestatismo, nacionalismo radical y expansivo, antimarxismo, corporativismo económico y organización elitista y paramilitar. Sin embargo, en Primo de Rivera no se dan todos estos objetivos fascistas.

Primo de Rivera afirma que el Estado debe tener dos metas claras: una, hacia afuera, afirmar a la Patria; otra, hacia adentro, hacer más felices, más humanos, más participantes en la vida humana a un mayor número de hombres. En estas palabras, Primo de Rivera no parece considerar al Estado como máximo valor político y único intérprete de cuanto hay de esencias universales en un pueblo, sino que busca un equilibrio entre el individuo y el Estado. En su pensamiento, el Estado es un aparato de poder al que le corresponde la dirección suprema de la vida pública, contando entre sus fines los de asegurar y conservar el orden y la paz y procurar la prosperidad de sus ciudadanos.

Incluso tiende a considerarlo subsidiario de los grupos sociales intermedios: un Estado español fuerte, "puede ceñirse -afirma Primo de Rivera- al cumplimiento de las funciones esenciales del Poder, descargando, no ya el arbitraje, sino la regulación completa, en muchos aspectos económicos, a entidades de gran abolengo tradicional, como son los sindicatos", lo que supone la introducción en su pensamiento del principio de subsidiariedad y, su corolario, el de solidaridad.

En otro discurso, dice: "Hoy todas las tierras del mundo tienen dueño y toda conquista sería un expolio y un robo a la vez." Para Primo de Rivera, la nación es una "unidad de destino en lo universal", vinculada a la idea de empresa común "que no es la empresa de las demás naciones". Es decir, para él, la nación es hacia fuera, en el contraste con otras naciones; hacia dentro es la patria, el êthos colectivo. Esta concepción es acorde con la doctrina tradicional española, ya que siempre hemos sido escasamente nacionalistas en el sentido político.

La ideología marxista es rechazada expresamente por Primo de Rivera, al igual que hiciera todo el pensamiento conservador-liberal español. Y ello, por tres razones fundamentales: por su carácter ateo, por su dialéctica de la violencia y por su subordinación de la persona a la colectividad. Sin embargo, a tenor de los textos expuestos, sí podemos decir que a Primo de Rivera le cabía un cierto compromiso con los movimientos históricos derivados del marxismo. En contraste con el fascismo, que rechaza sin paliativos la ideología marxista y sus movimientos históricos, nuestro personaje adopta aquí una postura más flexible.

El fundador de Falange Española ve positivos los valores socialistas de justicia, solidaridad y de igualdad, siendo sus limitaciones, procedentes de su misma ideología subyacente, las siguientes: la necesidad de garantizar la libertad, la responsabilidad y la apertura a lo espiritual. Dice el líder falangista: Frente a las injusticias del liberalismo económico "tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento, el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa".

Primo de Rivera, también parece aceptar del comunismo, la crítica marxista que hace del capitalismo, la existencia de la lucha de clases, y sus valores de abnegación y solidaridad social, presentando como límites, el materialismo histórico y el que pretenda superar este enfrentamiento interclasista con la imposición hegemónica de una clase -la proletaria- sobre las otras.

El Nacionalsindicalismo de Primo de Rivera

El movimiento nacionalsindicalista tiene, en este asunto, dos momentos diferentes. El jonsismo de "La Conquista del Estado" y el de las primeras JONS, defendía abiertamente un sindicalismo de Estado, una estatificación de la vida económica y social, de naturaleza corporativa al uso fascista. Sin embargo, el designio estatificador del primigenio nacionalsindicalismo, va a cambiar de rumbo al fusionarse el jonsismo con el falangismo primorriverista. El Jefe de Falange Española introduce en él la doctrina tradicional, cristiana, relativa a la exaltación del valor espiritual y social del trabajo en la sociedad, y la idea de la igualdad de oportunidades en el punto de partida.

Primo de Rivera quiere aquí corporaciones de trabajo en forma de empresas sindicales integradas en sindicatos de industria o ramas productivas. Se trata de un sindicalismo unitario, basado en el principio de la superación del dualismo "trabajador-empresario", a través de su síntesis en la nueva noción de productor, que abarcaba tanto a los trabajadores como a los jefes de empresa. La teorización expuesta debe diferenciarse del sindicalismo vertical de la Era de Franco.


Logotipo de Falange Española de las JONS, un movimiento influenciado por José Antonio Primo de Rivera.

En el Punto 8º de la Norma Programática de Falange Española de las JONS, de noviembre de 1934, se lee: "El Estado nacionalsindicalista permitirá toda iniciativa privada compatible con el interés colectivo, y aún protegerá y estimulará las beneficiosas". Y, por su parte, el punto 13º reza así: "El Estado reconocerá la propiedad privada y la protegerá contra los abusos del gran capital financiero". Primo de Rivera, para evitar el estatismo, quiere dejar margen a la iniciativa particular y a la libertad de evolución.

Relaciones Intelectuales y Amistades Peligrosas de José Antonio Primo de Rivera

Por encima de enfrentamientos ideológicos, los primeros años treinta propiciaron un ambiente de camaradería intelectual y personal que hizo que confraternizaran personajes que después se verían encuadrados, en ocasiones no muy a su gusto, en cada una de las dos Españas enfrentadas. Es el caso de José Antonio Primo de Rivera y Federico García Lorca. Por edad ambos pertenecientes a la Generación del 27, una generación de la amistad.

Gabriel Celaya, quien trató a Lorca y José Antonio, rememora las famosas tertulias de La Ballena Alegre. En este lugar, se reunían estudiantes de la Residencia de Estudiantes, actores de La Barraca, Federico García Lorca y otros amigos. En la mesa de enfrente había otra tertulia, con los fundadores de la Falange: José Antonio Primo de Rivera, Jesús Rubio, José María Alfaro. Se conocían y se "insultaban" de forma jocosa, sin hostilidad real, en un ambiente de amigos e intelectuales.

Ian Gibson recoge una anécdota ocurrida el 25 de agosto de 1934 en Palencia donde La Barraca representaba. En un céntrico restaurante de la ciudad, mientras los actores y estudiantes de la compañía comían, entró José Antonio junto a cuatro falangistas. Y es que José Antonio, gran conocedor de la literatura española del momento, era admirador de la obra poética y dramática de Lorca. De hecho, José Antonio consideraba a Lorca como el mejor cantor de la imaginada España nacionalsindicalista.

José Antonio se rodeó de un grupo de escritores, la llamada "corte literaria de José Antonio", cuya relación con otros autores de la Generación del 27 y las vanguardias fue intensa. Rafael Sánchez Mazas, Ernesto Giménez Caballero, Eugenio Montes, Agustín de Foxá, Jacinto Miquelarena, José María Alfaro, Luys Santa Marina, Tomás Borrás, Samuel Ros, Dionisio Ridruejo o Pedro Mourlane Michelena unieron a su faceta de escritores su militancia falangista.

Corría el mes de agosto de 1936. José Antonio estaba encarcelado cuando se enteró del asesinato de Lorca. Lorca fue víctima de venganzas personales y del radicalismo de los sectores más reaccionarios de la capital granadina. Precisamente Lorca fue a buscar refugio en la casa del poeta falangista, Luis Rosales. En la zona republicana, tres meses después de la muerte de Lorca, también caía vilmente asesinado José Antonio en el patio de la prisión de Alicante. Lorca y José Antonio vivieron con intensidad y generosidad, seducían y cautivaban a los que los conocieron, cayeron muy jóvenes víctimas del odio y tras sus injustas muertes, sufrieron la manipulación de aquellos que, desconociendo el sentido último de sus trayectorias vitales, los convirtieron en mitos petrificados al servicio de ideologías excluyentes.


José Antonio Primo de Rivera.

Miguel Primo de Rivera y Urquijo: Un Legado en la Transición

Con el fallecimiento de Miguel Primo de Rivera y Urquijo (San Sebastián, 1934) desaparece una figura clave en el impulso inicial de la transición a la democracia en nuestro país. Un miembro de la clase política del franquismo que supo entender que la sociedad española demandaba espacios de libertad que la dictadura no podía otorgarle y se implicó en el empeño de abrir vías de apertura, dentro del Estado del 18 de julio, para posibilitar su desaparición.

Su abuelo, el general Miguel Primo de Rivera, gobernó España como dictador entre 1923 y 1930. Entre sus tíos paternos, José Antonio fundó Falange Española y, fusilado en los inicios de la Guerra Civil, se convirtió en un referente doctrinal básico para el longevo régimen franquista. Pilar presidió la Sección Femenina de Falange, y luego del Movimiento Nacional, durante casi medio siglo. Y Miguel fue dirigente del Partido único y ministro de Agricultura en un Gobierno de Franco.

Hijo de Fernando Primo de Rivera, militar, médico y falangista asesinado en la cárcel Modelo de Madrid en agosto de 1936, se orientó a la actividad empresarial que correspondía a la tradición de la familia de su madre, María del Rosario de Urquijo. En sus años escolares compartió estudios con Juan Carlos de Borbón, con quien le unió siempre una estrecha amistad. Abogado en ejercicio, trabajó en la banca londinense y luego en la Sociedad de Construcción Naval española.

Pero un Primo de Rivera no tenía fácil en estos años eludir la actividad política. En 1965 fue designado por el ministro de la Gobernación alcalde de Jerez de la Frontera, la ciudad donde tenía arraigo su familia paterna. Ejerció el cargo, con notable éxito, hasta 1971. Para entonces era procurador en Cortes por el tercio municipal y miembro del Consejo Nacional del Movimiento, la "Cámara de las ideas" de la dictadura. En la que, como ponente en su Sección Segunda, se esforzó en abrir un muy limitado pluralismo de asociación política en la estructura monolítica del partido único.

En las Cortes se alineó con el grupo de jóvenes políticos de origen falangista que defendían una paulatina evolución del régimen hasta posibilitar, tras la muerte de Franco, una transición a la democracia, por lo que fueron conocidos como los reformistas azules. Primo de Rivera desempeñó un papel muy destacado en esta línea y fue uno de los impulsores del Grupo Parlamentario Independiente, creado en marzo de 1976, que se convirtió en el mejor apoyo en las Cortes de la reforma impulsada por Adolfo Suárez. Su amistad personal y su sintonía política con el rey Juan Carlos contribuyeron también a situar a Miguel Primo de Rivera en un primer plano de la vida nacional en los momentos iniciales de la Transición.

Especialmente el 16 de noviembre de 1976, cuando asumió públicamente un papel protagonista de la historia de España. Miembro de la ponencia parlamentaria de la Ley para la Reforma Política, la última de las Leyes Fundamentales del franquismo y la llave de la apertura hacia la democracia, fue el encargado de presentarla en el Pleno de las Cortes. Su encendida defensa del proceso democratizador tuvo fuerte impacto en la opinión pública y aportó argumentos fundamentales para justificar lo que se definió como el "harakiri de las Cortes orgánicas".

Liquidado en los meses siguientes el aparato institucional de la dictadura, Primo de Rivera evitó participar en las actividades de los partidos durante la Transición. Aun así, en junio de 1977, el rey Juan Carlos le incluyó entre los miembros del Senado por "designación real". Como senador formó parte de las Comisiones de Presidencia del Gobierno, Justicia e Interior y Agricultura y Pesca. Pero solo permaneció dos años en su escaño. Celebradas nuevas elecciones en 1979, abandonó la política y se centró en la actividad empresarial privada. Aunque siempre se mantuvo como un referente histórico de las políticas de reforma y consenso que posibilitaron la Constitución.

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