Calígula: El Emperador Romano Propenso a los Excesos y la Controversia
Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido como Calígula, fue el tercer emperador romano, gobernando desde marzo del 37 d.C. hasta el 41 d.C. Su reinado, aunque breve, ha pasado a la historia con una reputación infame debido a su comportamiento despiadado, escandaloso y excéntrico. La leyenda en torno a este césar está llena de chismes sobre su crueldad, extravagancia y perversión sexual, lo que lo ha convertido en uno de los símbolos de la depravación en la Roma imperial.
Los Primeros Años: De "Botitas" a Heredero Imperial
Calígula no era un advenedizo; era el hijo natural de Germánico, uno de los generales más notables y queridos de los primeros tiempos del Imperio, que había obtenido grandes victorias en Germania. Ambos pertenecían a la gens Claudia, tan antigua como Roma misma, cuyo árbol genealógico se remontaba al menos hasta principios del siglo V a.C. Su madre, Agripina la Mayor, era nieta del emperador Augusto.
De niño, Cayo Julio César Augusto Germánico solía acompañar a su padre en los campamentos militares. Su madre le vestía con un uniforme de soldado, incluidas unas pequeñas sandalias llamadas caligae, que dieron origen a su apodo "Calígula" o "botitas". Este apodo, que en latín significa algo parecido a «botitas», le fue dado por la soldadesca de su padre. Sin embargo, Calígula detestó este apodo una vez que se convirtió en emperador, e insistió en su nombre de pila, Cayo Julio César.
El idilio de la infancia de Calígula terminó cuando su padre, Germánico, murió en Antioquía en el año 19 d.C. en extrañas circunstancias; muchos creen que fue asesinado por orden del emperador Tiberio, que temía su creciente popularidad. A los siete años, Calígula volvió a Roma con su madre, Agripina la Mayor, y sus hermanos. La muerte de su padre, unido a las ambiciones nada veladas de su madre para que sus hijos ocupasen el trono imperial, hizo que las relaciones entre Agripina y Tiberio se deteriorasen rápidamente. Finalmente, el emperador la desterró y envió al joven Calígula a vivir con su bisabuela Livia, la madre de Tiberio.
Durante el resto de su gobierno, entre los años 31 y 37 d.C., Tiberio mantuvo al joven Calígula bajo vigilancia. A pesar de su relación complicada con Agripina, decidió darle una oportunidad y, en una sorprendente decisión, en el año 35 d.C. lo designó sucesor junto a su propio nieto, Tiberio Gemelo. La razón parece haber sido que el emperador no acababa de confiar en las dotes de su nieto como gobernante, mientras que Calígula gozaba de una gran popularidad por ser el hijo de Germánico y tenía el apoyo tanto del ejército como de la clase senatorial. Por su parte, Calígula decidió enterrar (o cuanto menos fingirlo) el hacha de guerra contra su tío abuelo en vistas no solo a alcanzar el poder, sino a protegerse a sí mismo y no correr el mismo destino de su madre. El historiador Suetonio, en su Vida de los doce Césares, describió a Calígula como “una serpiente que (Tiberio) criaba para el pueblo romano”.
Ascenso al Poder y la Transformación del "Monstruo"
El 16 de marzo del año 37 d.C., el viejo Tiberio murió a los 77 años. Algunas fuentes sugieren que fue asesinado por el prefecto Macrón, con quien Calígula tenía muy buena relación, para facilitar el ascenso de este a la posición imperial. A sus 25 años, Calígula ascendió al poder. Las fuentes romanas describen un inicio de reinado esperanzador, con el pueblo recibiéndolo con entusiasmo, aliviado de haberse librado del severo Tiberio. Calígula otorgó a las tropas, en especial a la Guardia Pretoriana, una recompensa extraordinaria; y concedió el perdón a los exiliados por Tiberio, destruyendo los documentos que los condenaban. También anuló muchos impuestos impopulares, impulsó la construcción de importantes obras públicas como acueductos y puertos, y patrocinó grandes ludi (juegos) como luchas de gladiadores y carreras de cuadrigas, que eran la manera más efectiva de ganarse al pueblo de Roma. Parecía, al menos en ese momento, que este iba a ser un buen emperador y que llevaría el Imperio a una nueva época de prosperidad; algunos incluso lo comparaban con Augusto.
Sin embargo, esto cambió en octubre de ese mismo año, cuando cayó gravemente enfermo a causa de una misteriosa dolencia. Según Suetonio, Dion Casio y otros cronistas, sufrió una fiebre severa acompañada de síntomas que parecen haber afectado tanto su cuerpo como su mente. Suetonio señala que, tras recuperarse, el emperador presentó signos de paranoia extrema, sadismo y excesos desmesurados, lo que hace pensar en posibles secuelas neurológicas o psicológicas. La enfermedad que sufrió el emperador todavía es objeto de debate entre los historiadores y médicos, que han propuesto diversas hipótesis. Se sabe que Calígula sufría desde joven ataques que podrían haber sido de tipo epiléptico, mientras que algunos de los síntomas podrían vincularse con el hipertiroidismo, la esquizofrenia o el trastorno bipolar.
Tras su recuperación, su carácter y actitudes cambiaron drásticamente, y su conducta se volvió errática y plagada de excentricidades. En lo único que no ahorraba era en el acero mortal. Su maldad y su crueldad infinitas, a la luz de la medicina moderna, se debían a tres posibles causas: encefalitis, epilepsia o hipertiroidismo. Sin embargo, el maldito, siglos antes, definió su demencia con una palabra inventada: adiatrepsia, y la describió como "la desfachatez que nos permite imponer por la fuerza hasta el más salvaje de nuestros deseos".
En este punto, Suetonio hace un decisivo quiebre al terminar la primera parte de su obra: "Hasta ahora hemos hablado del hombre; hablemos ahora del monstruo".
Las Excentricidades y Abusos de Poder
El reinado de Calígula se caracterizó por una cadena de errores políticos y económicos. Lejos de trazar un plan de austeridad, le pedía dinero a la plebe. Se dedicó a fastuosas obras públicas que dejaron exangües las arcas romanas, arrastrando a Roma a la escasez y la hambruna. Su megalomanía redobló la provocación y la crisis con el pueblo judío, haciendo erigir una estatua con su efigie frente al Templo de Jerusalén. En la campaña contra las tribus britanas, exigió a su ejército que, en lugar de atacarlas, recogieran conchas como tributo, según sus delirantes ensoñaciones.
Su poder cruzó todos los límites humanos y divinos. Se decía que mantenía relaciones incestuosas con sus hermanas, a quienes también obligaba a prostituirse, y posiblemente el mismo repugnante cuadro con sus cuatro esposas: Junia Claudilla, Livia Orestila, Lolia Paulina y Milonia Cesonia. Por ejemplo, a Livia Orestila la violó en la ceremonia de esponsales y la repudió pocos días más tarde.
Una de las historias más conocidas y extravagantes se refiere a su caballo preferido, Incitatus, al que supuestamente quiso nombrar cónsul y sacerdote, y al que sentaba en su mesa junto con sus invitados, a los que obligaba a brindar en honor del privilegiado equino.
Busto de Calígula en la Gliptoteca Ny Carlsberg, Copenhague.
Estas extravagancias no eran el mayor problema; desde que sufriera la enfermedad, su relación con el Senado se deterioró rápidamente. Calígula empezó a despreciar la autoridad senatorial y a tratar a sus miembros de forma humillante. El problema se agravó en el año 39 d.C., cuando el Imperio se enfrentó a una grave crisis económica derivada, en parte, de las extravagancias del emperador. Para intentar llenar de nuevo las arcas públicas, Calígula estableció una serie de nuevos impuestos y multas que pesaron negativamente en su imagen y el apoyo del pueblo. Esto llevó a senadores y oficiales a la conclusión de que el emperador debía ser eliminado.
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Conspiración y Muerte del Emperador
La lista de atrocidades atribuidas a Calígula es extensa. No resulta extraño, por tanto, que en su entorno comenzara a gestarse una resistencia silenciosa. A principios del año 41 d.C., uno de estos complots triunfó. El 24 de enero del año 41 d.C., a sus 29 años y en el cuarto de su reinado, Calígula fue apuñalado en el Monte Palatino por un grupo de conspiradores pretorianos y senadores al mando del prefecto Casio Querea, de quien Calígula se burlaba sin cesar llamándolo "afeminado" y "el peor recaudador de impuestos del imperio, un incompetente sin igual". Se dice que la primera puñalada fue de Querea.
La muerte de Calígula y su familia fue horrorosa: al emperador lo hirieron al menos 30 veces, mientras que un centurión mataba a su esposa Cesonia. A su pequeña hija, Julia Drusila, le rompieron la cabeza contra una pared. Aún caliente su cadáver, y para restaurar la República, los pretorianos ungieron emperador a Claudio, tío de Calígula, que inmediatamente mandó matar a los asesinos de su sobrino.
A diferencia de Nerón, que al morir con una espada clavada en su cuello dijo "¡Qué artista pierde el mundo!", no hay constancia de que Calígula haya derramado unas últimas palabras. Pero lo había hecho, más audaz y megalómano, al presentarse ante el pueblo de Roma como un dios. Lo que empezó con sangre, terminó con sangre.
El Legado de Calígula: ¿Monstruo o Víctima de la Propaganda?
Tras su muerte, Calígula fue vilipendiado por los historiadores y ha pasado a la historia como uno de los mayores ejemplos de emperadores locos y tiránicos. Sin embargo, muchos historiadores consideran que posiblemente las fuentes romanas exageraron su imagen negativa para presentarlo como un ejemplo de tiranía y locura. Hay que tener en cuenta que los historiadores romanos escribían para una audiencia que desconfiaba de cualquier forma de autocracia, y el reinado de Calígula se convirtió en un símbolo perfecto de los peligros del poder absoluto.
Es difícil saber hasta qué punto las historias que circulan sobre él son ciertas o fruto de la mala propaganda que lo acompañó tras su muerte. Su gobierno, de apenas cuatro años, concentra en poco tiempo una sucesión de medidas muy positivas (especialmente en urbanismo) y otras muy impopulares, como los nuevos impuestos, la persecución política y el derroche de dinero público en proyectos extravagantes y narcisistas. Sus extravagancias inclinan la balanza hacia lo malo, pero resulta difícil saber cuánto de verdad hay en ellas, hasta qué punto influyó aquella misteriosa enfermedad en el cambio tan radical que se dio en su conducta o, quién sabe, si realmente era así desde el principio y solo dejó de fingir cuando ya no lo consideraba necesario.
Retrato imaginario de Calígula.
Análisis de las Acusaciones: Incesto, Asesinatos y Divinización
- Incesto: El biógrafo Suetonio informa que Calígula disfrutaba del sexo con sus hermanas durante los banquetes mientras los invitados lo miraban horrorizados. Sin embargo, Suetonio escribió un siglo después, cuando la leyenda de Calígula como un lunático estaba bien establecida. Otros historiadores más contemporáneos a Calígula, como Séneca, no mencionan relaciones sexuales con sus hermanas.
- Asesinatos: Si bien a Suetonio le gusta decir que el emperador hizo matar a docenas de personas, es curiosamente reticente a nombrarlas. Calígula ordenó la ejecución del hijo de Tiberio y de su prefecto pretoriano Macro, así como de su primo, el rey de Mauritania. Pero la mayoría de sus otras víctimas son dudosas. En total, hay menos de una docena de nombres.
- Divinización: Calígula no inventó la divinización; Augusto y Tiberio ya se presentaron como dioses en las provincias orientales. Su novedad fue llevar este culto a Italia. Sin embargo, también hay discusión al respecto, ¿se trataba de otra muestra de su locura o era una maniobra política para reafirmar su poder?
La Controversia de Incitatus
Calígula tenía un caballo de carreras favorito llamado Incitatus, al que le daba regularmente cosas ricas para comer y tenía un establo hecho de mármol. Los soldados tenían que silenciar al vecindario cuando el caballo dormía. "Incluso se dice que planeaba convertir al caballo en cónsul". Cuando incluso Suetonio usa las palabras "se dice", hay que ser muy cauteloso. En realidad, no lo hizo. Quizás bromeó públicamente que incluso su caballo sería un mejor cónsul que los actuales titulares, y la máquina de propaganda del Senado lo tomó de ahí. También es posible que Calígula contemplara seriamente convertir a su caballo en cónsul, pero como una forma de degradar al senado.
Resulta complicado saber qué hay de cierto y falso en todas estas afirmaciones. Sin duda, Calígula sufría algún tipo de desequilibrio y esto lo llevó a cometer algunos excesos. Pero es complicado hacerse una idea acertada debido a la visión interesada que ofrecen las fuentes que han llegado hasta nosotros. Además, los novelistas y guionistas contemporáneos han visto en esta rumorología una fuente inagotable de inspiración, por lo que se ha perpetuado la imagen siniestra de este emperador.
Representación artística de Calígula con su caballo Incitatus.
