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Comunicación

Marcos Cognitivos y su Influencia en el Emprendimiento y el Aprendizaje

by Admin on 20/05/2026

El emprendimiento es reconocido como un motor fundamental del desarrollo económico, especialmente en un contexto macroeconómico desafiante, caracterizado por deudas públicas elevadas, inflación creciente y desigualdades socioeconómicas. Aunque se reconoce el potencial del emprendimiento para promover un crecimiento económico sostenible, un número significativo de startups fracasan en sus etapas iniciales. Por esta razón, la investigación se centra en identificar los rasgos individuales que impulsan actitudes emprendedoras efectivas y la intención de emprender.

La Relevancia de los Rasgos Cognitivos en la Decisión Emprendedora

Una investigación reciente, publicada por Morales-Alonso, G., Blanco-Serrano, J. A., Nunez Guerrero, Y., Grijalvo, M., & Blanco Jimenez, F. J. (2024), aborda cómo los rasgos cognitivos actúan como el factor determinante en la “última milla” del proceso de toma de decisiones emprendedoras. Este estudio combina la perspectiva práctica del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) con el marco teórico de la Teoría del Comportamiento Planificado (TPB) para comprender mejor estos factores.

A través de modelos basados en redes neuronales, se demuestra que las características demográficas y de capital humano actúan como antecedentes de los rasgos cognitivos, influyendo directamente en la intención emprendedora. El estudio concluye que los rasgos cognitivos, según la TPB, son los principales impulsores de la actividad emprendedora, mientras que los factores demográficos y de capital humano actúan como sus antecedentes. Estos hallazgos resaltan la necesidad de futuras investigaciones que exploren cómo estas dinámicas varían en diferentes contextos culturales y sectores industriales.

Imagen: Representación visual del papel de los rasgos cognitivos como determinantes clave en la fase final de la toma de decisiones emprendedoras.

Marcos de Competencias Emprendedoras: EntreComp

El Marco Europeo de Competencias de Emprendimiento, conocido como EntreComp, es un marco de referencia completo y flexible que describe lo que significa ser emprendedor y tener una mentalidad emprendedora. Este marco busca promover una mentalidad emprendedora en Europa y contribuir al desarrollo de habilidades y competencias que sean relevantes tanto en el ámbito educativo como en el mundo laboral.

EntreComp identifica quince competencias clave que se agrupan en tres áreas fundamentales: ideas y oportunidades, recursos, y pasar a la acción. Estas competencias no son específicas de una materia y pueden aplicarse de manera individual o colectiva.

El marco EntreComp subraya que el emprendedor más exitoso no es necesariamente el que tiene los puntajes más altos en sus estudios, sino aquel que está más entrenado para tener la capacidad de ir más allá y crear interacciones exitosas con los obstáculos que enfrenta, aplicando estas habilidades a su vida y al mejoramiento de su entorno y de la sociedad. Esto, a su vez, tiene consecuencias evolutivas y positivas tanto para el individuo como para la sociedad.

Competencias Clave del Marco EntreComp

Área Competencias
1. Ideas y Oportunidades
  • Detección de oportunidades
  • Creatividad
  • Visión
  • Evaluación de ideas
  • Pensamiento ético y sostenible
2. Recursos
  • Auto-conciencia y auto-eficacia
  • Motivación y perseverancia
  • Movilización de recursos financieros
  • Movilización de otros recursos (humanos, materiales, intelectuales)
  • Alfabetización financiera y económica
3. Pasar a la Acción
  • Tomar la iniciativa
  • Planificación y gestión
  • Afrontar la incertidumbre, la ambigüedad y el riesgo
  • Trabajo con otros
  • Aprender a través de la experiencia

Intenciones Emprendedoras en Estudiantes Universitarios: Un Enfoque desde la Teoría Social Cognitiva de Carrera

Contexto y Necesidad de Investigación

A lo largo de las últimas décadas, el desempleo, la inestabilidad laboral y la sobrecualificación han pasado a representar los descriptores más representativos del proceso de inserción laboral de los jóvenes recién titulados universitarios en España y otros países de Europa. Como respuesta a dicha circunstancia, los gobiernos contemporáneos han comenzado a reivindicar el potencial de la iniciativa emprendedora como fuente de empleo, riqueza y bienestar social en las economías modernas, encomendándose a los sistemas de educación superior la responsabilidad de canalizar las nuevas generaciones de población activa hacia propósitos emprendedores.

Todo ello se ha traducido en algunas iniciativas pioneras en las universidades, encaminadas fundamentalmente a detectar las inquietudes emprendedoras surgidas entre los estudiantes y tratar de traducirlas en nuevas empresas para el mercado. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, la implicación de los graduados europeos en iniciativas empresariales está muy lejos de la deseada, especialmente cuando se les compara con otros países como Estados Unidos. Particularmente, en España se estima que menos de un 4% de recién titulados universitarios optan por la creación de empresas en su primer empleo, mientras que el trabajo en organizaciones ya establecidas o en la Administración Pública representa la opción predilecta.

En tales circunstancias, surge la necesidad de avanzar hacia un mejor conocimiento de los procesos individuales y contextuales implicados en el desarrollo de la iniciativa emprendedora en la etapa universitaria, de cara a lograr una mayor eficiencia en la disposición de recursos de apoyo a tal fin a través de la educación superior.

Imagen: Estudiantes universitarios colaborando en un entorno de innovación, simbolizando el fomento del emprendimiento.

Modelos Tradicionales y sus Limitaciones

La mayor parte de aproximaciones previas al estudio de la iniciativa emprendedora en colectivos universitarios han tomado como fundamentación teórica modelos generales extraídos de la literatura sobre creación de empresas. El enfoque empleado por excelencia hoy en día dentro de una perspectiva cognitiva concibe el establecimiento de un negocio como un acto propositivo que deriva de la formación de intenciones al respecto. El fundamento de este postulado proviene de la literatura psicológica en la que la intencionalidad ocupa un puesto destacado en la motivación de la conducta planificada orientada a metas, especialmente cuando esta se desarrolla a largo plazo.

Los modelos teóricos más frecuentemente empleados dentro de esta corriente remiten al Modelo del Suceso Empresarial (Shapero, 1982) y la Teoría de la Conducta Planificada (Ajzen, 1991), desde los que se asume que la intención de emprender deriva de variables de naturaleza cognitiva y media la influencia de estas sobre la conducta de creación de empresas.

Las intenciones emprendedoras han sido definidas en alusión a los estados mentales que dirigen la atención, experiencia y acción hacia un concepto de negocio. Se asume que la creación de una nueva empresa implica un plazo de tiempo más o menos largo de considerable planificación en la que el emprendedor no reacciona de forma automática ante los estímulos del medio, sino que procesa la información del ambiente que le rodea en un esfuerzo cognitivo de transformación de las oportunidades percibidas en forma de proposiciones de negocio viables. Desde este punto de vista, las intenciones emprendedoras son vistas como el primer paso del largo y complejo proceso de establecimiento y consolidación organizacional, concediéndose al estudio de sus desencadenantes una gran importancia en la comprensión del origen de la iniciativa emprendedora.

Ambos marcos teóricos, el Modelo del Suceso Empresarial y la Teoría de la Conducta Planificada, consideran la intención de emprender como el principal desencadenante del comportamiento emprendedor subsiguiente, y argumentan que las intenciones pueden ser predichas a partir de variables de naturaleza actitudinal que influyen indirectamente sobre la conducta. La mayor parte de trabajos dedicados a la validación empírica de los modelos de intenciones emprendedoras han recurrido a muestras de estudiantes universitarios, con respaldo en el argumento de que, dada la sensibilidad de los procesos intencionales ante las condiciones iniciales que las elicitan, la puesta a prueba del alcance de la teoría requiere estudiar el fenómeno emprendedor antes de que ocurra, en el contexto de la comparación entre emprendedores potenciales y otras personas sin intención de emprender.

A tal respecto, el colectivo estudiantil es considerado representativo de individuos implicados en decisiones de carrera y con una amplia variedad de experiencias, intenciones y actitudes hacia la creación de empresas que les hacen especialmente idóneos para estos cometidos. Desde este encuadre, los estudios basados en el Modelo del Suceso Empresarial prueban que la decisión de emprender de los estudiantes universitarios deriva en gran medida de las percepciones de deseabilidad y factibilidad asociadas a la creación de empresas, mientras que los trabajos fundamentados en la Teoría de la Conducta Planificada constatan la influencia directa sobre la intención de emprender de la actitud hacia la conducta y el control conductual percibido. Los mismos resultados se han visto confirmados en varios estudios realizados a lo largo de la última década en universidades españolas.

En la interpretación de los resultados mencionados, algunos autores han establecido correspondencias entre las variables consideradas por ambos modelos teóricos, pudiendo hablarse de dos grandes factores determinantes de la intención de emprender. De un lado, el constructo de factibilidad es equiparable al de control conductual percibido, representando la anticipación de la creación de una empresa como conducta realizable. De otro lado, la deseabilidad percibida es considerada equivalente a la actitud hacia la conducta, aludiendo a la percepción de la alternativa emprendedora como atractiva.

A pesar de los avances en la explicación de la intencionalidad empresarial en la etapa universitaria, la literatura previa adolece de dos limitaciones fundamentales: la escasa utilidad de los modelos propuestos para predecir la conducta emprendedora real del alumnado, y las diferencias entre autores en la conceptualización de las variables antecedentes de la intención. La aplicación de los modelos clásicos de intenciones emprendedoras en contextos universitarios ha estado más enfocada al análisis del vínculo actitudes-intención que a la forma en que dichas variables se traducen en la creación de nuevas empresas. En este contexto, algunos académicos han criticado el empleo de universitarios como muestras de conveniencia en la validación de la teoría general sobre creación de empresas.

Ponencia III EIIE: Creatividad, autoeficacia e intención emprendedora de universitarios-Sonora

La Teoría Social Cognitiva de Carrera (TSCC) como Avance

Para superar tales limitaciones, un estudio de Ana Lanero, José-Luis Vázquez y Alfredo Muñoz-Adánez incorpora los fundamentos teóricos de los modelos de intenciones emprendedoras en la literatura vocacional específicamente dedicada a explicar los procesos de elección de carrera en la juventud. Desde esta perspectiva, más que probar la validez de la teoría general sobre creación de empresas en estudiantes universitarios, se apuesta por una teoría de carrera para explicar la conducta emprendedora de los futuros graduados de acuerdo a las circunstancias académicas y profesionales características de dicha etapa. No en vano, el origen empresarial ha sido frecuentemente conceptualizado en términos de decisión de carrera entre las alternativas del empleo por cuenta propia y ajena.

A tal respecto, la Teoría Social Cognitiva de Carrera (TSCC) de Lent, Brown y Hackett (1994, 2000) comparte con los modelos clásicos de intenciones emprendedoras la conceptualización del proceso de elección de carrera como una secuencia de intenciones y conductas. Al mismo tiempo, supone una menor dependencia del largo plazo en el estudio de las trayectorias académico-profesionales tempranas y permite una mayor especificidad definicional de los precursores del desarrollo de carrera en términos de autoeficacia percibida y expectativas de resultados. Profundizando en dichos argumentos, este trabajo pretende reconciliar la literatura previa sobre iniciativa emprendedora en la etapa universitaria mediante la propuesta de un modelo basado en los postulados teóricos de la TSCC.

En la operativización de dicho propósito, el estudio se propuso dar respuesta a dos cuestiones fundamentales:

  1. ¿Puede explicarse el proceso de elección de carrera emprendedora de los jóvenes universitarios a partir de la relación entre intereses vocacionales, intenciones y conductas emprendedoras tempranas?
  2. ¿Están dichas variables relacionadas con la autoeficacia percibida y expectativas de resultados anticipadas en la creación de empresas?

Imagen: Un esquema simplificado que ilustra cómo la autoeficacia y las expectativas de resultados influyen en los intereses, intenciones y conductas emprendedoras dentro del marco de la TSCC.

Resultados del Estudio basado en la TSCC

En la puesta a prueba del modelo, se describe un estudio realizado con 400 estudiantes universitarios de distintas áreas de conocimiento. Los resultados del trabajo, obtenidos mediante la técnica PLS (Partial Least Squares), confirman una relación positiva entre intereses, intenciones y conductas emprendedoras tempranas, y erigen la autoeficacia emprendedora como el principal desencadenante de dicha secuencia de metas. Por su parte, las expectativas de resultados intrínsecos se asocian con los intereses vocacionales por la creación de empresas, mientras que las recompensas esperadas a nivel extrínseco no influyen en el modelo.

Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para el diseño de programas de apoyo a la iniciativa emprendedora en entornos universitarios, sugiriendo que el foco debe estar en fortalecer la autoeficacia y los intereses vocacionales intrínsecos de los estudiantes para fomentar una cultura emprendedora más robusta y efectiva.

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