El Liderazgo Ejemplar de la Reina Isabel II: Características y Legado de un Reinado de 70 Años
“Tengo la esperanza de que cuando seamos juzgados por las generaciones futuras, nuestra sinceridad, nuestra voluntad de tomar la iniciativa, resistirán la prueba del tiempo.” Estas palabras, que pronunció Isabel II ante las Naciones Unidas, muestran la esencia de la personalidad de la Reina del Reino Unido que ha sido uno de los pilares fundamentales sobre los que se ha construido la identidad británica de los últimos 70 años.
No es casualidad que la frase “el puente de Londres ha caído” era el código para anunciar su fallecimiento. Una metáfora que visualiza el sostén de la monarquía con el que se ha ganado el extraordinario afecto, respeto y admiración del pueblo británico tanto a su persona como a la institución que ha representado durante décadas. El liderazgo de Isabel II no estaba basado en los títulos, sino en una relación de confianza con el pueblo británico que ha visto en su reina una persona fiel a sus principios, capaz de adaptarse al cambio y comprometida con el bienestar de la sociedad. Ha reinado setenta años, una cifra prodigiosa en un mundo de cambios acelerados y crisis encadenadas, que hoy desembocan en incertidumbres mayúsculas, tanto europeas como globales.
Ya desde niña demostró tener “un aire de autoridad y reflexividad asombroso”, en palabras de Winston Churchill. En 1952, cuando la princesa Isabel, duquesa de Edimburgo, se convirtió en la reina Isabel II, los roles de las mujeres eran abrumadoramente domésticos y se les disuadía de trabajar fuera del hogar. Entonces, una joven mujer de 25 años, brillante, hermosa y elegante, madre trabajadora y esposa, se convierte en reina de Inglaterra. Pero ella dio un paso al frente y «la reina Isabel fue la roca sobre la que se construyó la Gran Bretaña moderna«, como dijo la nueva primera ministra del Reino Unido, Liz Truss, tras su muerte. Durante los 70 años como reina, Isabel II encarnó el liderazgo y mostró a generaciones de mujeres y hombres que las mujeres podían «ser» líderes y «hacer» liderazgo.
Isabel II en su coronación en 1953, un momento que marcó el inicio de un reinado histórico.
Rasgos Fundamentales de su Personalidad y Estilo de Liderazgo
A raíz de este histórico acontecimiento, queremos compartir las interesantes conclusiones de un artículo de Robin Sharma, experto en crecimiento personal y liderazgo, dedicado a los aprendizajes que podemos extraer del reinado y la personalidad de Queen Elizabeth.
La Disciplina y el Sentido de Responsabilidad
Según Sharma, uno de los rasgos más característicos de su personalidad fue la disciplina y el gran sentido de la responsabilidad, poniendo en el centro la capacidad para «colocar la “causa” por encima del ego» y servir a los que la seguían “con un corazón limpio y una mente fuerte”. Ya desde pequeña, la joven Isabel II fue descrita como una persona “concienzuda, obediente y ordenada” cuando se la comparaba con su hermana Margaret que tenía un carácter más inquieto y espontáneo. Su sentido de la responsabilidad ha sido un estandarte en su liderazgo.
Cercanía y Presencia
El famoso You have to be seen to be believed (“Tienes que ser visto para ser creído”) de la reina Isabel II denota otro de sus rasgos más característicos: la cercanía y el deber de “liderar estando con las personas a las que sirves”. Así lo comenta Sharma en su reflexión: un buen líder debe dar la cara, “hablar con su equipo, guiarlos a diario, escucharlos activamente y prestar atención” a todo cuanto acontece a su alrededor.
Empatía
La empatía se define como la habilidad o capacidad para identificarse con otras personas y entender sus sentimientos. En este sentido, Sharma asegura que la reina Isabel II “desarrolló la agudeza para sentir cómo se sentía su gente” y nos invita a ser “buenos humanos”, poniéndonos en los zapatos del otro con el fin de escuchar y comprender cómo se sienten las personas que forman parte de nuestro equipo.
El Perfil de Personalidad según Expertos: Cinco Rasgos Clave
Como psicóloga que aplica las teorías de personalidad al desarrollo del liderazgo auténtico, se ha analizado el perfil de personalidad que mejor describe el carácter de Isabel II. Aunque la Reina del Reino Unido no ha dado muchas entrevistas personales, hay bastante consenso sobre sus cinco grandes rasgos de personalidad basado en el análisis de su conducta, sus discursos, así como entrevistas a personas cercanas a ella. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que Isabel II se caracterizaba por ser una persona introvertida, práctica, lógica, responsable y serena.
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Introversión
El carácter introvertido explica su preferencia por no buscar activamente la atención hacia su propia persona y mantener su privacidad. Las personas introvertidas que sostienen un cargo público asumen la atención pública como parte de su deber y con un sentido de obligación. La exposición pública es una responsabilidad social que aceptan con un cierto grado de estoicismo. Para compensar la presión mediática, pasear a solas con sus caballos y perros era una de sus aficiones.
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Pragmatismo
Una persona práctica más que teórica. Su atención se centró prioritariamente en los problemas del aquí y el ahora. Preferencia por solucionar problemas concretos antes que divagar sobre posibilidades en el futuro. Por esta razón, los conflictos interpersonales fueron una constante fuente de estrés para la monarca. Los dramas familiares al final de su vida supusieron un coste en su salud, sintiéndose cansada física y emocionalmente.
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Lógica
Con una predilección por la razón sobre la emoción, Isabel II ha sido una persona lógica. Esta tendencia a veces puede parecer distante y fría. Las personas altamente racionales pueden tener dificultades empatizando con las emociones de otras personas. Hay claramente dos ocasiones - el colapso de la mina de Aberfan en 1966 donde murieron 116 niños y 28 adultos y el trágico accidente de la princesa Diana en 1997, donde las emociones eran importantes. Aunque en un primer momento la monarca mantuvo la distancia, Isabel II supo rectificar a tiempo haciendo apremio de su humildad y su capacidad de escucha. Por ejemplo, el sabio consejo de Tony Blair hizo que cambiara su opinión sobre el funeral de Diana.
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Responsabilidad
El rasgo más característico de su personalidad es la disciplina y la preferencia por vivir una vida ordenada dentro del caos y la incertidumbre de los avatares políticos a nivel mundial. Las rutinas y los rituales eran de gran importancia en su vida diaria; por ejemplo, su preferencia a adherirse a las reglas estrictas del protocolo.
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Estabilidad Emocional
Su carácter calmado y sosegado hacía sentir cómodos a sus invitados en su presencia. Aunque puede dar una imagen de seriedad, quienes trataron con ella siempre mencionan su sentido del humor irónico, como cuando contestó al primer ministro canadiense: “gracias, Mr. Justin Trudeau por hacerme sentir tan mayor” o su participación en los juegos olímpicos de Londres en 2012 de la mano del Agente 007.
La Reina Isabel II, conocida por su amor a los caballos y sus famosos corgis, que le proporcionaban momentos de privacidad.
Lecciones de Liderazgo para la Actualidad
Isabel II nos deja un ejemplo de servicio incansable y sin tacha al bien común. “Keep it real. Stay human.” Con esta potente frase, Sharma nos enseña otra de las grandes lecciones que podemos extraer del reinado de Isabel II: su actitud humana y su capacidad para mostrarse vulnerable ante los momentos más duros como, por ejemplo, el fallecimiento de la princesa Diana.
En la experiencia con alumnos directivos y clientes de coaching ejecutivo, se ha observado la necesidad de tener modelos como Isabel II que sirvan de ejemplo para potenciar su propio desarrollo personal y mejorar sus relaciones humanas en la vida y en los negocios.
La Autenticidad como Marca Personal
La autenticidad ha sido la marca personal de Isabel II. “No seas una oveja”, advierte Robin Sharma. La autenticidad es una de las cualidades más importantes cuando hablamos de liderazgo y marca personal. Sharma comenta que la reina Isabel II vestía siempre de la misma manera, ignorando la moda de las muchas épocas que vivió y manteniéndose “fiel a sí misma”. Por ello, nos invita a conocer y vivir nuestros propios valores, siendo honestos con nosotros mismos y creando una vida que se adapte a lo que realmente somos.
Una de las claves de su éxito es la naturalidad y la consistencia con la que ha expresado su forma de ser. La reina construyó una imagen de marca que se ha mantenido vigente durante más 70 años, incluso “cuando el mundo cambió radicalmente a su alrededor”, indica Mauro Porcini, vicepresidente senior de PepsiCo. Esa coherencia fue una de las maneras en las que la Reina Isabel II mejoró la confianza del pueblo en la monarquía, afirma McGovern. Los habitantes de la Commonwealth sentían que conocían a la Isabel II, lo que la convertía en un hombro en el que apoyarse y en algo que transmitía firmeza cuando el mundo se mostraba agitado.
Antes de que el 'personal branding' existiera, ella ya lo practicaba. Puede, incluso, que lo inventara sin pretenderlo. No en vano, Isabel II es, con toda probabilidad, el personaje más famoso de la historia contemporánea. Dicen que su rostro era el más reconocible del planeta. Lo logró desarrollando un gran sentido de la autoconciencia, que iba desde una personalidad distante, pero extrañamente cálida, hasta un 'look' que ha inspirado a la cultura pop desde los años 60.
Se recomienda ser un buen conocedor de uno mismo. El popular psicólogo Jordan Peterson asegura que la mejor inversión que puedes hacer en la vida es conocer tu personalidad y la de aquellas personas con las que convives y trabajas regularmente. Saber las virtudes y las limitaciones de su personalidad te ayudará a ser humilde, rodearte de personas que pueden asesorarte bien y potenciar así tu desarrollo profesional y personal.
La Reina Isabel II mantuvo un estilo consistente y reconocible a lo largo de las décadas.
Adaptación sin Renunciar a la Tradición
Los líderes como ella “logran el difícil equilibrio entre la constancia y la adaptación”, señala el profesor de liderazgo y cambio corporativo de la escuela de negocios IMD en Suiza, Michael Watkins. Watkins asegura que estos líderes “se mantienen anclados en sus principios y son coherentes con sus compromisos, pero saben doblegarse ante los cambios inevitables”. La disposición de la reina de Inglaterra a ceder en determinadas ocasiones y a apegarse a la tradición en otras es un comportamiento que otros líderes harían bien en adoptar, según los expertos en liderazgo. La capacidad de saber distinguir cuándo hay que cambiar y cuándo hay que mantener el rumbo es especialmente relevante hoy en día.
Tal vez los dos ingredientes de su fórmula magistral para aportar continuidad y estabilidad a su país sean una lealtad máxima a su misión como jefe de Estado y una sutil capacidad de adaptación. Siempre tuvo presente la tradición, los valores que la definían y lo que la hacían ser quien era, que además, regían a la sociedad a la que daba la cara. Siempre exaltó los valores de la cultura del Reino Unido recordando de dónde se viene. Como dijo el rey Carlos III en su primer discurso como soberano: «En su vida de servicio vimos ese amor permanente por la tradición, junto con ese intrépido abrazo al progreso, que nos hacen grandes como naciones».
Isabel II vio el nacimiento de la televisión, el teléfono, la computadora, el avión y, por supuesto, Internet, y eventualmente los abrazó a todos. Rodeada consiguió ser fiel a la tradición sin resistirse a la modernidad y sublimar la función pública de la realeza simbólica.
Dedicación y Servicio Incansable
La reina lideró Gran Bretaña poniendo a su pueblo por encima de todo, sostiene McGovern. Nunca se echó atrás a la hora de desafiar los convencionalismos si creía que era lo mejor para su pueblo, según la CEO de Orange Leaf Consulting. “Antepuso su causa y su país a cualquier otra cosa. Puso su deber por encima de sí misma. Amaba su propósito más que a sí misma. Era obvio y era palpable”, explica el vicepresidente senior de PepsiCo. Se veía a sí misma como una servidora del pueblo británico que entendía el liderazgo como un acto de servicio más.
La tarde del 8 de septiembre, la reina Isabel II cerró sus ojos definitivamente dejando atrás una vida de 96 años y un mandato real de 70 años en Gran Bretaña, tiempo en el que se caracterizó por ser una de las líderes más importantes en el mundo, que enfrentó múltiples retos a lo largo de los años y que ahora, deja un legado importante, sobre todo para los líderes que pueden tomar ejemplo de su actuar. La foto que la muestra con su característico brillo en los ojos cuando estrechó la mano de la nueva primera ministra del Reino Unido (la tercera mujer en ocupar el cargo en la historia de la Commonwealth), Liz Truss, apenas dos días antes de su muerte, muestra cómo estaba decidida a servir hasta el último momento posible.
Uno de los últimos actos públicos de Isabel II, recibiendo a la primera ministra Liz Truss.
Resiliencia y Control Emocional
Durante sus siete décadas de reinado, Isabel II ha afrontado todo tipo de crisis: desde la adaptación del Reino Unido a una nueva era post-colonial hasta la pandemia, pasando por el Brexit, periodos de recesión, escándalos familiares y tragedias personales. Y su estrategia siempre ha sido la misma: resiliencia y estoicismo. Su liderazgo comenzó desde antes de tomar el cargo y ante las crisis que azotaron al mundo como guerras, desastres naturales o la explosión de Chernobyl, entre otros. Su sentido de la responsabilidad fue un estandarte en su liderazgo.
Ella supo mantenerse neutral, llamaba a la unidad, transmitía mensajes de esperanza sin que las emociones tomaran control de ella a pesar de los diferentes conflictos, haciendo todo sin tomar partido político. Al momento de los acontecimientos, se demostró firme y serena, manteniendo la calma a pesar de los imprevistos. El poder real de la monarquía es tan fuerte como la confianza de su gente y la creencia en su influencia, y la reina Isabel II manejó, evolucionó y reinó con aplomo, a través de escándalos familiares, divorcios y rupturas, así como incendios, guerras, crisis económicas y 15 primeros ministros.
«Es una roca de estabilidad en un mundo en constante cambio», dijo de ella el ex primer ministro David Cameron en 2015.
La Importancia de un Equipo y la Delegación
La reina Isabel II trabajó codo con codo junto a 15 primeros ministros a lo largo de todo su reinado. Esa relación con el parlamento británico reforzó su imagen. Si ella hubiese quebrantado o entrado en conflicto con los principios del Gobierno, la monarquía hubiese perdido su aceptación en la sociedad británica”, afirma Adam Galinsky, psicólogo social y profesor en la Universidad de Columbia.
Según la directora general de Orange Leaf Consulting, al apoyarse en sus asesores y en el Gobierno, la reina Isabel II permitió a otros líderes decir que necesitaban ayuda. “No se limitaba a sentarse y a lucir sus joyas. Tenía que trabajar de verdad”, defiende McGovern. “Parecía un muro de carga, pero era así de fuerte porque se había rodeado de gente realmente válida”. Aunque en apariencia hay pocos trabajos más solitarios que el de un monarca, como los mejores líderes Isabel II siempre supo delegar parte de su trabajo diplomático y de representación en otros miembros de la familia real y se rodeó de un equipo fiel y discreto de asistentes personales, colaboradores y asesores que, desde el principio de su reinado, le ayudaron a navegar las complejas aguas de su relación con los primeros ministros del Reino Unido (desde Churchill a Liz Truss) o a mantener la equidistancia política que exigía su cargo.
La capacidad de regular las emociones para responder a las demandas de la vida laboral y personal es más importante que los conocimientos técnicos. Tener un compás interno que marca la ética de tus acciones es el mejor antídoto para gestionar las situaciones de estrés. No abandones tu cuerpo a un estado de alarma permanente con altos niveles de cortisol - la hormona del estrés. Busca periodos de reflexión y estrategias para mantener tu energía y entusiasmo.
Comunicar una misión colectiva con la que todos puedan identificarse. Esta identidad común crea un sentimiento de comunidad que transmite optimismo y unidad. El valor simbólico del liderazgo radica en este lenguaje inclusivo. Por ejemplo, Isabel II se dirigió al pueblo británico durante la pandemia diciendo: “vamos a tener éxito y ese éxito pertenece a todos nosotros.” Esto es justo lo que necesitaban escuchar en esos momentos de vulnerabilidad colectiva. El propósito es un sedante para paliar el sufrimiento durante épocas difíciles.
Las personas vamos y venimos, pero las instituciones permanecen en el tiempo. Igualmente, los reyes y las reinas vienen y van, pero la monarquía como institución se queda. La Reina ha sido la encarnación de un ideal de sociedad y ha personificado los valores colectivos que se transmiten a futuras generaciones. Nunca es demasiado pronto para preguntarse por el legado personal. ¿Cómo te gustaría que te recordaran?
Áreas de Oportunidad para los Líderes Modernos
Si bien la reina Isabel II tuvo muchas cualidades, también demostró partes negativas en su gestión, que representan un área de oportunidad para los líderes de ahora.
La Dimensión Humana y la Proximidad
El primer punto negativo de la reina fue el de carecer del toque de humanidad, de no dar la cara a las críticas que tuvo en todo su mandato y de no mostrarse ante crisis, como la muerte de la princesa Diana u otros sucesos. La razón de esto se debía a su posición de mantenerse neutral, aunque esto también provocaba que la gente la viera lejana a los hechos. Como líder, el silencio no es buen aliado. Las personas altamente racionales pueden tener dificultades empatizando con las emociones de otras personas.
Sin embargo, incluso los momentos en que los británicos sintieron que los había decepcionado -por ejemplo, durante la crisis en el matrimonio del príncipe Carlos y la princesa Diana- le sirvieron para aprender y evolucionar. Un momento que ejemplifica su evolución fue cuando Su Majestad descartó gran parte del estricto protocolo y extendió la mano para estrechar la mano de todos a su alrededor, estando presente con cada persona, aunque sea por un breve momento. Todas las historias que se han escuchado hablan de cómo trataba a todas las personas con dignidad, calidez y respeto, incluso a aquellas con las que no estaba de acuerdo.
Usó sus habilidades de escucha y comunicación, así como su vasto conocimiento de la dinámica política y global, lo que los diplomáticos llaman poder blando, para influir en las decisiones que ella no podía controlar. Las mujeres han tenido que afinar habilidades de gestión de influencia como estas, porque a lo largo de la historia no han tenido la autoridad ni el poder para dirigir las decisiones. Ahora, en el siglo XXI, esas habilidades son muy necesarias para los líderes.
El poder de la conexión emocional en el liderazgo: la clave del éxito de tu equipo.
La Transición del Mando
Asimismo, está la crítica a la abdicación al trono que no hizo, un error que también cometen líderes de las empresas, sobre todo las familiares. Jorge Llaguno, profesor del área de factor humano del IPADE Business School, explicó que en gran parte de las empresas familiares, los fundadores se quedan en el puesto de líder hasta el final de sus días por diversas razones, impidiendo que nuevas generaciones se hagan cargo porque consideran que es lo mejor o que el negocio depende de ello. Sin embargo, esto crea inestabilidad a futuro.
Lo mismo ocurre con la reina Isabel II, ya que al estar tantos años en el trono tratando de preservar la estabilidad y bienestar, solo dejó como resultado una corona frágil, con un sucesor carente de experiencia, un mandato vulnerable y con los secretos de acción y buenas prácticas que se llevó a la tumba. “La reina debió abdicar hace mucho tiempo, dejando que las cosas siguieran su curso. No era su destino, pero la abdicación de su tío, Eduardo VIII, y la muerte prematura de su padre, Jorge VI, convirtieron a Isabel II en reina a los 25 años.
Este cambio resulta complejo para muchos líderes porque cuando ascienden a puestos de liderazgo, una gran parte no se aleja de su labor que tenía antes. Por ejemplo, si un vendedor pasa a director, sigue haciendo labores de venta, se mete en los procesos, estorba y no deja crecer a los demás ni al área, “no cambian la mentalidad de ya no soy el vendedor que opera, soy el coordinador que ayuda a que el trabajo funcione. Hay que cambiar el chip”. En el caso de la reina, supo verse como mandataria desde el comienzo.
