Liderazgo Prosocial: Claves para el Desarrollo Personal y Social
La conducta prosocial es un tipo de comportamiento que se caracteriza por una interacción con otras personas que les resulta beneficiosa. Es decir, que quienes interactúan con una persona prosocial se sienten bien y experimentan emociones placenteras como la alegría o la motivación.
Lo prosocial, que pretendía ser una palabra que denominara lo contrario de lo antisocial, con el tiempo, más que un antónimo se ha transformado en un concepto rico en estudios en diferentes universidades y diversos programas de implementación. El concepto de prosocialidad, desde la década del setenta, ha sido muy estudiado en niños y jóvenes por los grandes beneficios que comporta para su desarrollo personal e interpersonal.
¿Qué es la Conducta Prosocial?
Aunque no existe una definición universal del concepto de conducta prosocial, hay un elevado consenso en definirlo como un repertorio de comportamientos de carácter social y positivo. Debido a las diferencias de criterio sobre si incluir el factor motivacional en la definición, los autores consideran que existen dos tipos de conductas sociales positivas: las conductas que reportan un beneficio para ambas partes implicadas y las conductas que solo benefician a una de las partes.
Una propuesta de definición que integra tanto la vertiente comportamental como la motivacional, afirma que toda conducta social positiva se efectúa para beneficiar a otro en presencia (o no) de motivación altruista, como por ejemplo dar, ayudar, cooperar, compartir, consolar, etc. Atendiendo a esta propuesta, en la conducta prosocial el beneficio recae en la otra persona, mientras que en la conducta cooperativa ambas partes se coordinan para obtener un beneficio mutuo. Sin embargo, determinar cuánto gana cada una de las partes es en sí un reto para la psicología y las ciencias del comportamiento en general. A fin de cuentas, la voluntad de ayudar a alguien y la satisfacción de haberlo hecho son en sí factores que nos hablan de una recompensa para el individuo altruista.
Por lo tanto, las personas con conducta prosocial se distinguen por:
- Provocar estados de ánimo placenteros en las personas con las que interactúan.
- Ser conscientes de dicho efecto y aplicar la interacción beneficiosa con voluntariedad.
- Sentirse bien ellas mismas cuando logran que otras personas experimenten estados de ánimo placenteros.
La conducta prosocial incluye actividades como:
- Actividades de dar, compartir, intercambiar o cambiar objetos con otros individuos.
- Actividades cooperativas.
- Tareas y juegos de ayuda.
- Actividades empáticas hacia el otro.
Bases Evolutivas de la Conducta Prosocial
En general, podemos encontrar un motivo evolutivo en todas las manifestaciones del funcionamiento de nuestro cuerpo y, por lo tanto, también de nuestro cerebro. En concreto, la conducta prosocial tiene un fundamento evolutivo que podremos comprender mejor si conocemos la diferencia entre inteligencia intrapersonal e inteligencia interpersonal:
- La inteligencia intrapersonal es la capacidad de un individuo de gestionar de forma eficaz sus emociones para contrarrestar los efectos de las dolorosas y aprovechar los de las placenteras.
- La inteligencia interpersonal es la capacidad de un individuo de gestionar las relaciones con los demás de manera productiva y sana.
Como vemos, la conducta prosocial tiene su base en la inteligencia interpersonal. Sin embargo, existen individuos que, a pesar de manifestar conducta prosocial, disponen de un bajo nivel de inteligencia intrapersonal que les provoca sufrimiento: falta de autoestima, de autoconfianza, de automotivación. Es por ello esencial que el educador y el equipo psicológico de cualquier centro vigile que los alumnos que muestren conducta prosocial no sea a costa de su propio sufrimiento.
En cambio, también existen personas con elevados niveles tanto de inteligencia intrapersonal como de inteligencia interpersonal. Este es, por supuesto, el escenario idóneo.
En cuanto a los motivos evolutivos de la conducta prosocial, los encontramos en lo siguiente:
- La especie que es capaz de generar emociones placenteras entre sus semejantes podrá recurrir al trabajo en equipo y a la creación de comunidades que contribuirán a garantizar su supervivencia.
- Las neuronas espejo, que también tienen un papel importante en la selección natural, son un tipo especial de neuronas que forman los pilares de la empatía. El contagio de emociones como la tristeza o la alegría tiene su base en ellas. Por lo tanto, no es de extrañar que los individuos que muestran conducta prosocial se sientan mejor consigo mismos cuando logran que otras personas experimentan estados emocionales placenteros.
Si el ser humano ha llegado a ser una especie tan particular es, en parte, porque ha sido capaz de crear grandes tejidos sociales de cuidado mutuo y transmisión de conocimientos. Es decir, que somos muy dados a relacionarnos los unos con los otros de muchas maneras diferentes, una tendencia que puede ser resumida en un concepto: conducta prosocial.
La Conducta Prosocial desde las Teorías del Aprendizaje
Una de las principales explicaciones del concepto de conducta prosocial ha sido propuesta por las teorías del aprendizaje, aunque también existen otros modelos teóricos como la perspectiva etológica y sociobiológica, el enfoque cognitivo-evolutivo o la perspectiva psicoanalítica.
Las teorías del aprendizaje, de elevada consideración empírica, defienden que la conducta prosocial deriva de la influencia de factores externos o ambientales. Así, este tipo de comportamientos se aprenden mediante procedimientos como el condicionamiento clásico y operante, a partir de los cuales quedan asociadas las acciones emitidas con estímulos y consecuencias agradables para el individuo (refuerzo positivo) y, por ello, tienden a repetirse en el futuro.
Más frecuentemente, el tipo de refuerzo que se proporciona es de tipo social (un gesto, una sonrisa, una muestra de afecto), en lugar de material. El hecho de recibir una recompensa afectiva, según las investigaciones realizadas, parece que fomenta en el individuo el deseo de emitir una conducta de ayuda al otro. Es decir, que se da una motivación interna para efectuar dicha conducta, a diferencia de lo que ocurre cuando la recompensa es material, donde el comportamiento se realiza para conseguir ese premio concreto.
Por otra parte, otros estudios proponen lo relevante que resulta el aprendizaje observacional por imitación de modelos prosociales. Algunos autores destacan una mayor influencia de factores internos como por ejemplo los estilos cognitivos empleados en el razonamiento moral, mientras que otros enfatizan que los factores externos (agentes socializadores -familia y escuela- y ambiente) se van modificando hasta convertirse en controles internos mediante la interiorización de la regulación de la conducta propia (Bandura, 1977 y 1987). Estas aportaciones se clasifican dentro de las perspectivas interaccionistas, ya que contemplan la interacción del individuo con la situación como factor determinante de la conducta.
La Empatía como Componente Esencial del Liderazgo Prosocial
La capacidad de empatía constituye uno de los factores causantes de la conducta prosocial, aunque las investigaciones deben arrojar más luz sobre la relación concreta existente entre ambos fenómenos. Algunas propuestas abogan por definir la empatía como un proceso interactivo entre aspectos afectivos, motivacionales y cognitivos que tienen lugar durante las distintas etapas del desarrollo.
La empatía presenta un carácter mayoritariamente aprendido mediante procesos de modelado y se define por ser una respuesta afectiva que se emite tras la conciencia de comprender la experiencia de la situación y los sentimientos o percepciones que el otro está recibiendo. Esta capacidad puede aprenderse a partir de la comprensión del significado de unas determinadas claves no verbales como la expresión facial que indican el estado emocional del sujeto en cuestión.
Algunos autores han centrado sus estudios en diferenciar la empatía situacional de la empatía disposicional, la cual se refiere a la tendencia de algunos tipos de personalidad más sensibles a las manifestaciones empáticas. Esta última distinción se ha tomado como aspecto clave para estudiar la naturaleza de la conducta prosocial, hallándose una elevada correlación entre una alta predisposición empática y una mayor emisión de comportamiento prosocial.
Facetas de la Empatía
La capacidad empática puede entenderse desde tres perspectivas distintas. Atendiendo a cada una de ellas, puede verse diferenciado el papel mediador de este fenómeno en lo que a la conducta prosocial se refiere:
- La empatía como afecto.
- La empatía como proceso cognitivo.
- La empatía como el resultado de la interacción entre los dos primeros.
Los hallazgos muestran que el primer caso se encuentra más estrechamente relacionado con la conducta de ayuda al otro, aunque no se ha concluido que sea un factor causante sino mediador. Así, también juega un papel importante el nivel de empatía disposicional, el vínculo establecido con la figura materna, el tipo de situación concreta en la que se dé el comportamiento empático, la edad de los niños (en los preescolares la asociación entre empatía y conducta prosocial es más débil que en los niños mayores), la intensidad y naturaleza de la emoción suscitada, etc.
Aún así, parece claro que la implementación de programas de fomento de la capacidad de empatía durante el desarrollo infanto-juvenil puede resultar un factor de protección de bienestar personal y social en el futuro.
Cómo enseñar empatía a los niños. Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra
Cooperación vs. Competición en el Desarrollo Socioemocional
También son las teorías del aprendizaje las que en el último siglo han puesto más énfasis en delimitar la relación existente entre la manifestación del comportamiento cooperativo vs. competitivo respecto del tipo de desarrollo psicológico y social que experimentan las personas expuestas a uno u otro modelo.
Por comportamiento cooperativo se entiende el conjunto de conductas que se expresan en una situación determinada cuando los implicados en ella trabajan para conseguir de forma prioritaria los objetivos grupales compartidos, actuando este punto como requisito para alcanzar el objetivo individual. Por el contrario, en la situación competitiva cada individuo se orienta a conseguir sus propias metas e impide que los demás tengan la posibilidad de alcanzarlas.
Las investigaciones realizadas por Deutsch en el MIT hallaron una mayor eficacia comunicativa, más interacciones comunicativas en cuanto a propuesta de ideas propias y aceptación de otras ajenas, mayor nivel de esfuerzo y coordinación en las tareas a desempeñar, mayor productividad y mayor confianza en las aportaciones de los miembros del grupo en los colectivos cooperativos que en los competitivos.
En otros trabajos posteriores, aunque sin una validación suficientemente contrastada empíricamente que permita una generalización de los resultados, se ha asociado a los individuos con comportamientos cooperativos características como una mayor interdependencia para la consecución de metas, se dan más conductas de ayuda entre los distintos sujetos, una frecuencia más elevada en la satisfacción de necesidades mutuas y mayor proporción de evaluaciones positivas del otro y una mayor promoción de las conductas ajenas.
Cooperación y Cohesión Social
Por otra parte, Grossack concluyó que la cooperación se relaciona positivamente con una mayor cohesión grupal, mayor uniformidad y la calidad de las comunicaciones entre los miembros, de forma similar a lo que apuntaba Deutsch. Sherif confirmó que las pautas comunicativas son más honestas en grupos cooperativos, que se observa un incremento en la confianza mutua y la disposición favorable entre los distintos miembros del grupo, así como una mayor probabilidad de organización normativa. Finalmente, se observó un mayor poder de las situaciones cooperativas para reducir situaciones de conflicto intergrupal. Posteriormente otros autores han asociado la aparición de sentimientos de contraempatía, mayores índices de ansiedad y menor nivel de conductas tolerantes en colectivos competitivos de escolares.
La Cooperación en la Educación
En el ámbito educativo, se han evidenciado los múltiples efectos positivos derivados de la utilización de metodologías que fomentan el trabajo cooperativo, potenciando a su vez un mayor rendimiento académico (en aptitudes como asimilación de conceptos, resolución de problemas o elaboración de productos cognitivos, matemáticas y lingüísticas), mayor autoestima, mejor predisposición al aprendizaje, mayor motivación intrínseca y un desempeño más eficaz de determinadas habilidades sociales (la comprensión del otro, la conducta de ayuda, el compartir, el respeto, la tolerancia y la preocupación entre iguales o la tendencia a cooperar fuera de situaciones de aprendizaje).
Sabiendo esto, está claro que si un educador cuenta en su aula con alumnos que muestren una conducta prosocial, podrá ayudarles a desarrollarla al mismo tiempo que el resto de sus compañeros obtienen también beneficios de ella.
Aplicación de la Conducta Prosocial en el Aula
Una vez comprendidas las bases evolutivas de la conducta prosocial, veamos cómo aplicarla en el aula:
- Las personas con conducta prosocial suelen reunir otras cualidades relevantes para el liderazgo, por lo que pueden cumplir bien el papel de delegados o representantes de sus compañeros.
- Si un aula cuenta con más de una persona con conducta prosocial, es buena idea distribuir los grupos de trabajo de manera que haya al menos una persona prosocial en cada uno de ellos, si es posible.
- Dedicar un tiempo lectivo a la expresión emocional es importante, y los alumnos con conducta prosocial pueden ayudar a que sus compañeros manifiesten determinados estados emocionales que pueden estar interfiriendo con su desarrollo académico.
Beneficios de Fomentar la Conducta Prosocial en Niños
La conducta prosocial es un concepto en absoluto reciente en el ámbito de la psicopedagogía. Sin embargo, el mayor auge de las investigaciones respecto de este campo de conocimiento se corresponden con la etapa final del siglo pasado. A partir de ese punto se ha estudiado más extensamente de qué manera este fenómeno influye en el bienestar emocional del individuo (obteniéndose una correlación intensamente positiva entre ambos) y qué metodología debe seguirse para implementar programas que potencien este tipo de funcionamiento beneficioso en la población infantil.
Así, parece ser que durante el desarrollo socioemocional del ser humano es cuando más incidencia puede producir el fomento de la conducta prosocial, es decir, la interiorización de un conjunto de valores como el diálogo, la tolerancia, la igualdad o la solidaridad que se reflejan conductualmente a partir de actos como la ayuda al otro, el respeto y la aceptación del otro, la cooperación, el consuelo o la generosidad al compartir algún objeto determinado.
El ámbito más desarrollado ha sido el educativo, donde entre otros temas, se ha demostrado que incrementar la cantidad y calidad de las acciones prosociales incide en la prevención de los comportamientos destructivos, mejora la educación emocional y el clima social en el aula.
| Característica | Comportamiento Cooperativo | Comportamiento Competitivo |
|---|---|---|
| Eficacia Comunicativa | Mayor | Menor |
| Propuesta de Ideas | Más interacciones | Menos interacciones |
| Aceptación de Ideas Ajena | Mayor | Menor |
| Esfuerzo y Coordinación | Mayor | Menor |
| Productividad | Mayor | Menor |
| Confianza en Miembros | Mayor | Menor |
| Cohesión Grupal | Positivamente relacionada | Negativamente relacionada |
| Sentimientos de Contraempatía | Menor | Mayor |
| Índices de Ansiedad | Menor | Mayor |
| Conductas Tolerantes | Mayor nivel | Menor nivel |
