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Comunicación

Liderazgo en el Fascismo: Características y Ascenso al Poder

by Admin on 06/11/2025

El fascismo, un fenómeno complejo con características distintas según el momento y el país, se refiere a los movimientos totalitarios de extrema derecha que surgieron en Europa durante el período de entreguerras.

Para comprender el fascismo, es crucial dejar de denominarlo como "mera crueldad". El fascismo es crueldad, pero "algo más" también. En este artículo, exploraremos las características clave del liderazgo en el fascismo, centrándonos en cómo líderes como Benito Mussolini y Adolf Hitler lograron el poder y cómo sus regímenes impactaron a Europa.

Mussolini y la Marcha sobre Roma

El Ascenso de Mussolini al Poder

"O nos dan el gobierno o iremos a Roma a tomarlo". Con estas palabras, Benito Mussolini concluía su discurso durante la concentración del Partido Nacional Fascista en Nápoles, el 24 de octubre de 1922.

El 24 de octubre de 1922, Benito Mussolini lanzó una amenaza clara: “O nos dan el gobierno o iremos a Roma a tomarlo”. No era una amenaza vacía: había convocado aquel acto precisamente para tantear el apoyo con el que podía contar para presionar al rey Víctor Manuel III y que este le encargara la formación de un nuevo gobierno. Y la impresión fue sin duda positiva, ya que solo cinco días después obtuvo lo que quería.

A pesar de aquella declaración de intenciones, las autoridades municipales reaccionaron con desmedida confianza, ya que no se habían producido grandes alborotos. El presidente del Consejo de Ministros Luigi Facta, en cambio, adoptó una actitud prudente, ya que políticos que habían coincidido con Mussolini le habían informado de su intención de marchar verdaderamente hacia Roma con sus “camisas negras”, como eran llamados los escuadrones fascistas.

Benito Mussolini liderando una marcha.

Cuenta Atrás Hacia la Guerra

La rapidez con la que actuaron los fascistas fue clave. El 27 de octubre empezaron a tomar los ayuntamientos de algunas ciudades como Florencia, Pisa y Cremona; y esa misma noche varias columnas de camisas negras se pusieron en marcha hacia Roma. Facta fue informado de madrugada y preparó a toda prisa la declaración del estado de sitio, con la intención de que el rey ordenara la movilización del ejército para detener el avance de los fascistas hacia la capital.

El 27 de octubre, varias columnas de camisas negras se pusieron en marcha hacia Roma.

La mañana siguiente, a primera hora, Facta se dirigió al Palacio del Quirinal con el decreto aprobado por el Consejo de Ministros, pero todavía sin efecto hasta que lo firmase el rey. El presidente había dado por descontado que el monarca, que ya había sido informado de la movilización fascista, aprobaba su decisión, pero se encontró con una sorprendente respuesta por parte de Víctor Manuel: “Estimado Facta, han cambiado muchas cosas desde anoche”.

Lo que había cambiado era, principalmente, que el rey había sido informado de la presencia en Perugia de su primo Manuel Filiberto, duque de Aosta. Este pertenecía a la rama cadete de la dinastía Saboya y no escondía sus simpatías por Mussolini, quien le habría ofrecido su apoyo para hacerse con la corona de Italia si Víctor Manuel no se plegaba a las presiones. Además, habiendo tanteado a los altos oficiales del ejército, estos habían referido al rey que una parte del mismo apoyaba también a los fascistas. “Después del estado de asedio solo puede venir la guerra civil”, le dijo al presidente del Consejo.

Luigi Facta daba por descontado que Víctor Manuel III aprobaría el estado de sitio, pero el rey, temiendo una guerra civil, se negó.

El planteamiento de Víctor Manuel era el siguiente: en Roma había unos 8.000 militares, mientras que los informes sobre las columnas fascistas hablaban de unos 25.000 camisas negras, por lo que resistir parecía imposible, especialmente si no podía estar seguro de qué oficiales le eran leales. “En estas condiciones, desatar una guerra civil es de sanguinarios o de estúpidos, y creo no ser ni lo uno ni lo otro, estimado Facta.” Entonces tomó el decreto y, sin firmarlo, lo guardó en un cajón bajo llave y añadió: “Ahora es necesario que uno de nosotros dos se sacrifique”, a lo que el presidente respondió “Su Majestad no necesita decir a quien corresponde tal pena” y presentó su dimisión con efecto inmediato.

La Victoria de Mussolini

La dimisión de Facta precipitó aún más los acontecimientos y los fascistas, que se habían apoderado de varios trenes, se encontraban ya muy cerca de Roma. Buscando un acuerdo de consenso, a Mussolini se le propuso un gobierno conjunto con Antonio Salandra, un liberal de derechas que ya había sido primer ministro entre 1914 y 1916, pero se negó a compartir el poder. Finalmente, Víctor Manuel se plegó a sus exigencias. El 29 de octubre, Mussolini recibió en la sede del Popolo d'Italia, el periódico político que dirigía, un telegrama de uno de sus generales que decía lo siguiente: “Su Majestad el Rey me encarga rogarle que se dirija a Roma para presentarle sus respetos”.

El líder fascista partió de Milán esa misma noche en un tren directo hacia Roma, donde llegó al día siguiente por la mañana para entrevistarse con el rey. El proyecto de gobierno que le presentó en un primer momento quería obtener el consenso de los diputados y contaba solo con tres ministros fascistas. Il Popolo d'Italia fue un periódico fundado por Benito Mussolini en 1914 y que en 1922 se conviritió en el medio oficial del Partido Nacional Fascista. Al saberse la noticia, los cerca de 70.000 camisas negras que esperaban acampados fuera de la ciudad entraron en ella, desatando cruentos enfrentamientos en varios barrios. Al día siguiente el Popolo d'Italia anunciaba: “Nuestro movimiento ha sido coronado con la victoria. El Duce ha asumido los poderes políticos del Estado”. Daba también la orden de desmovilizarse a los camisas negras, que ya habían cumplido su papel, condecorando a todos aquellos que habían participado en la marcha sobre Roma. Como nuevo presidente, ordenó a la policía suprimir cualquier altercado que se pudiera producir.

Si bien Mussolini había logrado el poder, la conversión del Estado al fascismo todavía duraría un tiempo.

Características del Liderazgo Fascista

Los regímenes fascistas, tanto el italiano como el alemán, compartieron varias características distintivas:

  1. Totalitarismo: El estado fascista fue un estado totalitario. La única organización política permitida era el partido oficial (el Partido Fascista en Italia, el Partido Nacionalsocialista o Nazi, en Alemania), que goza de un poder absoluto; el poder judicial y el legislativo no son independientes y están subordinados al poder ejecutivo. El Estado fascista lo controla todo a través de la fuerza y la propaganda.
  2. Antimarxismo y supuesto anticapitalismo: El fascismo, como movimiento que apela más al sentimiento que a la razón, tenía una base ideológica muy difusa y en muchos casos contradictoria. Se define a sí mismo, a la vez, como anticapitalista y antimarxista. Ese pretendido anticapitalismo no fue más que una operación propagandística, destinada a atraer a insatisfechos con el sistema económico en tiempos de crisis. Pero, a la hora de la verdad, recibieron el apoyo del gran capital en su ascenso al poder y una vez alcanzado se aliaron con los grandes empresarios. El marxismo, y en general cualquier movimiento de ideología izquierdista, sí que se convirtió en el verdadero enemigo del fascismo.
  3. Militarismo y ultranacionalismo: El Estado fascista se configuró como si fuera una organización militar, en la que debía regir la disciplina y no había lugar para la discrepancia. Los fascistas organizaron sus propias organizaciones paramilitares (camisas negras, en Italia; la SA en Alemania) y cuando llegaron al poder potenciaron el papel de las fuerzas armadas. Por otro lado, el nacionalismo, la unidad nacional como elemento supremo, fue otra de las características más destacadas del fascismo.
  4. Un líder carismático exaltado por la propaganda: El Duce, el Führer (o el Caudillo en España), es decir, un gran jefe en torno al cual se organizaba toda la estructura fascista. A la manera de un rey del siglo XVII, su poder sobre el partido, el Estado e incluso la sociedad era absoluto. Para asegurarse este culto extemo a la personalidad, el fascismo se aseguró de controlar los medios de comunicación, tanto la prensa como la radio, muy utilizada por el propagandista de Hitler, Joseph Goebbels.
  5. Racismo y xenofobia: Estuvieron presentes en todos los movimientos fascistas, pero en ninguno se mostraron de forma más decidida ni cruel que en el nazismo alemán. Los nazis consideraban que había razas superiores e inferiores: en el escalafón superior estaba la raza aria y por debajo las demás.

Adolf Hitler y Benito Mussolini en un acto en 1937.

El Contexto Europeo y el Ascenso del Fascismo

La población de Italia y de Alemania estaba descontenta con las consecuencias de la Primera Guerra Mundial . Italia, aunque estuvo en el bando de los vencedores, sufrió muchas bajas durante el conflicto y también a causa de la gripe española. Además, el país no obtuvo todas sus demandas en los tratados de paz de la Primera Guerra Mundial. La población se sentía atraída por líderes con carisma que representaran un cambio respecto a los políticos tradicionales, a quienes se culpaba de la crisis.

Tanto Hitler como Mussolini hacían referencia a los antiguos imperios de sus países en sus discursos. Según ellos, tenían derecho a recuperar los territorios que habían formado parte de sus países en el pasado y expandir su control por el mundo, aunque tuviesen que emplear la violencia.

Escuelas de Pensamiento sobre el Fascismo

Ha habido dos escuelas principales en torno al fascismo:

  • La escuela liberal: Ha descrito el fascismo de manera superficial como simple "totalitarismo". A la cabeza de esta escuela se encuentra Hannah Arendt. Su descripción fue sobre todo ad hoc, es decir, comparó los totalitarismos de la Guerra Fría y los antagonizó con la "democracia" (liberal y burguesa). Aunque esta definición del "ser" o de la "naturaleza" del fascismo describa algunas de sus características -el abuso de la autoridad, la transformación, el ultranacionalismo, el ultraestatismo, el populismo y la movilización, entre otras- elude otras explicaciones como las del "quién", "por qué", "para qué" y "cuándo", que además de ser políticamente manipulables, son antihistóricas. Sin embargo, no expone cuál fue el sujeto principal impulsó el fascismo ni en qué contexto llegó al poder, ni qué le allanó el camino. Se trata de un análisis que deja intencionadamente de lado la dialéctica de las clases sociales.
  • La escuela marxista: Tal vez partió de las conocidas formulaciones de Clara Zetkin (1923) y Georgi Dimitrov (1935). Zetkin escribió en 1923 su obra El fascismo y algunos de los elementos que ella expuso posteriormente han sido repetidos por otros investigadores: («¿por qué?») el fascismo es una herramienta de la burguesía que se crea («¿cuándo?») en periodo de crisis, y que se trata de algo más que del Terror Blanco, y que, por lo tanto, propuso una nueva manera de distinguir el fascismo y otros autoritarismos. Según Zetkin, aunque el fascismo esté «a manos de reaccionarios», emplea la demagogia y el populismo, «componentes que aparentan ser arriesgados para la burguesía». Por consiguiente, menciona la mezcla entre el «orden» y la «insurrección» de las dos almas. Ella constata que el fascismo es una especie de coalición entre la burguesía (y su orden) y los «afligidos» (por la derrota de la socialdemocracia).

El Fascismo y el Estado

También tenemos otro punto de vista que responde a la pregunta «¿con quién?», la que explica cómo ha sido la relación entre el fascismo y el Estado, como de sus instituciones conservadoras (Ejército, Iglesia, instituciones de previsión, policía y las instituciones de acciones corporativas). Esta relación está modelada por la doble naturaleza del fascismo respecto al estado: por un lado, es el defensor más violento del Estado -recordemos que en 1921 en Italia los fascistas destacaron por su violencia contra los socialistas-, por otro lado, insurreccional; «custodio» y «transformador»; al mismo tiempo contrario a la modernidad (contrario al «decadente» siglo XIX) pero, también, moderno: el movimiento que quería proyectar las glorias del pasado en el futuro. Según Roger Griffin, el fascismo se vertebra «en la palingenesia nacional»: en la regeneración o en el reinicio, no en el restablecimiento puro, esto es, se trataría de un proyecto político que mezclase el ultranacionalismo, la movilización populista y la refundación nacional; que tiene como herramienta el Estado, pero, así mismo, tiene que conquistarlo. Dicho de otra manera, el fascismo lo tenemos al mismo tiempo como defensor del Estado y, de la misma forma, «refundador», haciendo confluir el Estado y la «nación». Y, simultáneamente, lo tenemos como elitista (quiere fundar una nueva élite), y como anti elitista (quiere derribar las viejas élites sociopolíticas, históricamente más subyugar que derribar). Por lo tanto, para el fascismo el Estado es presa conquistable y refugio, que «protege» las instituciones del Estado del proletariado, pero pretende convertirlo en el lugar de una nueva masa, de las masas nacionales. Eso le lleva a ser, al mismo tiempo, insurreccional y conservador. La respuesta a la pregunta «con quién» del fascismo puede ser «con el Estado» -con las élites e instituciones del Estado-, pero no «de acuerdo con él».

tags: #liderazgo #en #el #fascismo #características

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