Invertir Ahorros: Ideas Emprendedoras, Riesgos y Beneficios
Invertir dinero puede verse como una salida de capital que se hace en el presente para mejorar la salud financiera personal y familiar en el futuro. Su objetivo es comprar un activo a un precio bajo y venderlo por un coste más alto. Este proceso, sin embargo, produce muchas dudas: ¿Dónde invierto? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Qué cantidad? La respuesta a casi todas estas preguntas suele ser siempre demasiado ambigua, excepto quizá a la última: invierte solo el dinero que no necesites.
Para invertir, hay que tener en cuenta que primero es necesario disponer de un capital que te permita responder a cualquier tipo de imprevisto que pueda surgir. Según los expertos de la Fundación MAPFRE, es una buena idea tener ahorrados un mínimo de tres meses de tus gastos fijos para estos posibles imprevistos. Aunque aconsejan elevar esta cifra hasta los seis meses para estar realmente tranquilos. A esta cantidad se le suele llamar “fondo de emergencias”. Todo lo que sobrepase este fondo, sería lo que tendríamos disponible para invertir. Considera también pagar tus deudas, si es que las tienes, con ese excedente.
Una vez que la persona se ha informado de las posibilidades a su alcance, conviene planear cuidadosamente los siguientes pasos. “Hay que definir la cantidad mensual disponible (comprometer un mínimo sobre la base de la confección de un presupuesto de ingresos y egresos) y los objetivos de ahorro (estudios, auto, vivienda, contingencias…)”, afirma Alejandro Guzmán, docente de Unegocios FEN Universidad de Chile.
Es fácil perderse entre tanta oferta por lo que lo mejor es pedir ayuda. “Creo conveniente acudir a distintos asesores financieros y comparar entre las opciones que los mismos nos plantean”, aconseja San Martín. Acudir a una opinión especializada no solo pone a la persona sobre la pista para empezar con buen pie. Además, le ayuda a evitar riesgos en los que es más fácil caer si no se cuenta con ayuda. “Lo más importante es depositar los ahorros solo en instituciones reguladas”, recomienda Guzmán.
Una vez que se ha escogido el producto de inversión más adecuado, es bueno seguir investigando. “Hay que revisar con detención las condiciones, restricciones y en qué se invierten los ahorros depositados para evitar sorpresas posteriores”, explica Alejandro Guzmán. Los expertos insisten en dos puntos básicos para moverse con éxito en el mundo de las inversiones financieras: ser prudente y diversificar siempre. “Hay que invertir únicamente la cantidad de dinero de la que se pueda prescindir para cubrir las necesidades básicas, más un pequeño “colchón” de contingencia”, recuerda San Martín. Una manera de reducir el riesgo, es aportar pequeñas cantidades mensuales, en vez de una sola aportación al año.
Factores Clave a Considerar Antes de Invertir
Aparte de los fondos a invertir, el otro gran factor a tener en cuenta a la hora de invertir es el riesgo, que podemos definir como la posibilidad que tenemos de perder toda o una parte de nuestra inversión. Son varios los tipos de riesgo que, por desgracia, acechan a nuestro dinero:
- Riesgo de mercado
- Riesgo específico
- Riesgo de liquidez
- Riesgo regulatorio
Protegerse de estos riesgos es complicado ya que no hay manera de preverlos ni evitarlos. Según los expertos, lo mejor en este caso es diversificar nuestra cartera de inversiones. En este caso, el riesgo es particular de la propia inversión. Por ejemplo, si hemos comprado acciones de una determinada empresa, se tratará del riesgo de que la actividad de la misma se vea afectada por algún motivo. No todas las inversiones pueden transformarse en dinero de forma rápida. Finalmente, este último factor se refiere a la posibilidad de que cambie una ley que afecte al valor de nuestras inversiones ya sean estas en productos financieros o en empresas.
El Perfil del Inversor y la Aversión al Riesgo
En este trabajo previo de recopilación de información, también entra el análisis de la propia personalidad financiera. Los inversores se dividen, por su nivel de aversión al riesgo, en tres categorías: conservador, medio y agresivo. Tener muy claro cuál es el perfil de cada uno es fundamental para establecer en qué es conveniente o no invertir.
Cada inversor, además, tiene un perfil de riesgo dependiendo de varios factores como su situación financiera general, sus conocimientos, su carácter o su edad. Desde Fundación MAPFRE se asocia este perfil con el nivel de riesgo máximo que cada uno puede asumir sin que le impida dormir por las noches. El perfil de riesgo de cada uno es algo estrictamente personal, ya que depende de cómo se soporten las pérdidas temporales o el tamaño del colchón financiero que poseamos.
Como regla general, sin embargo, uno de los factores que más determina el perfil de riesgo es la edad. Se considera que una persona joven no necesita un colchón financiero muy grueso, ya que cuenta con la ayuda de sus padres. Además, tiene toda la vida por delante para recuperarse de las pérdidas y puede invertir a muy largo plazo, con lo que las oscilaciones no le deberían afectar tanto. Por tanto, una persona joven puede invertir en productos menos seguros, como por ejemplo renta variable. Esto sería lo que defendería, por ejemplo, la regla del 120.
Simplificando un poco y aceptando que renta variable equivale a riesgo y renta fija a menor riesgo, la regla consiste en que el porcentaje que deberíamos dedicar a la renta variable saldría del resultado de restar nuestra edad a 120. Alguien de 20 años, por lo tanto, podría dedicar toda su inversión a la renta variable. Mientras que una persona de 70 años tendría que repartir su dinero al 50% entre ambos tipos de inversiones. Pero todo esto son generalizaciones debido a los múltiples factores que, como decíamos, influyen en el perfil de riesgo.
Los inversores se dividen, por su nivel de aversión al riesgo, en tres categorías:
- Perfil conservador: Son inversores que admiten un nivel de riesgo muy bajo.
- Perfil moderado: Este inversor admite un nivel de riesgo más alto que el conservador, pero siempre busca la estabilidad en sus operaciones.
- Perfil decidido: Su exposición al riesgo es elevada, como también su tolerancia a las pérdidas; busca rentabilizar al máximo sus inversiones. Es un tipo de inversor que soporta volatilidades elevadas, por lo que es importante tener una cartera diversificada para reducir la exposición a pocos activos.
Una vez que tenemos claro nuestro perfil de riesgo, deberíamos adaptar a él nuestras inversiones. Pero existen multitud de productos financieros en los que invertir. Para facilitarnos la decisión, la Comisión Nacional del Mercado de Valores cuenta con un sistema de calificación de riesgos. Va del 1 al 6, siendo el 1 el riesgo más bajo y el 6 el más elevado.
Opciones de Inversión y sus Características
Existen diversas opciones de inversión, cada una con sus propias características en términos de riesgo y rendimiento:
- Productos de Renta Fija: Suelen ser una opción atractiva para las personas que no quieran riesgos en sus inversiones, aunque su rentabilidad potencial sea más reducida que otros productos financieros. “Si las personas buscan seguridad y liquidez, los depósitos a plazo son una alternativa adecuada”, apunta Alejandro Guzmán. “Sin embargo, normalmente las tasas ofrecidas no superan la inflación mensual”.
- Renta Variable (Acciones): Cuando el inversor compra acciones, se convierte en dueño de una parte de la empresa y automáticamente adquiere una serie de derechos. Entre ellos, la obtención de dividendos cuando la empresa obtiene beneficios. Las personas interesadas en invertir en renta variable deben saber que deben hacerlo a través de intermediarios financieros, que son los que ejecutan las órdenes de compra y venta. Entre sus posibles riesgos, la CNMV advierte acerca de la incertidumbre asociada a estas inversiones y recuerda que no tienen plazo de vencimiento.
- Fondos de Inversión: Son un instrumento de ahorro que reúne un patrimonio colectivo, formado por las aportaciones de un número variable de inversores. Al invertir en fondos, es recomendable contar con un equipo profesional que analice el mercado en busca de oportunidades de generar la máxima rentabilidad a sus aportaciones. esta va a depender, en gran parte, del tipo de fondo que se elija y, por ende, del riesgo que se asuma (con la elección que se haga).
- Participaciones Preferentes: Tienen algunos aspectos propios de la renta fija y otros de la renta variable. En el primer caso, según explica la CNMV, se trata de un instrumento complejo, “cuyo emisor, tratándose de una entidad de crédito, suele reservarse el derecho a amortizar las participaciones a partir de los cinco años”. La rentabilidad de las participaciones preferentes es fija, en un primer periodo, y variable durante el resto de vida del producto.
- Bonos Convertibles y/o Canjeables: El titular tiene derecho a cambiarlos por acciones de la entidad emisora.
- Productos Derivados: Son una inversión cuyo valor depende de la evolución de los precios de otro activo subyacente.
- Productos Estructurados: Suponen la unión de dos o más instrumentos financieros en una sola estructura. Habitualmente, se trata de un producto de renta fija con uno o más derivados.
Es importante recordar que no hay inversiones totalmente seguras y rentables al 100%. Los expertos coinciden en que el panorama económico es cada vez más complejo por lo que, antes de entrar en el mundo de las inversiones financieras, es necesario saber bien qué es lo que se va a hacer.
El plazo de vencimiento: el horizonte temporal establece si la inversión se va a realizar en el corto, medio o largo plazo. El rendimiento: este concepto mide las ganancias en relación al coste de la inversión. Es decir, su rentabilidad. Su principal característica es que, en el momento de la adquisición, no se conoce su posible rendimiento futuro. El motivo es que estas operaciones dependen de distintos factores.
Muchos sueñan con alcanzar en algún momento de sus vidas la ansiada libertad financiera, o lo que es lo mismo, poder dejarse de preocupar por el dinero. Obviamente, eso es tan difícil como suena. El consenso general, sin embargo, es que una de las vías más comunes para llegar a esta independencia consiste en: primero ahorrar y luego invertir.
