Érase una Vez... y la Nostalgia de la Televisión de los 80 en España
Los años ochenta fueron gamberros y coloristas, una época recordada con cariño por quienes crecieron de la mano de una televisión que investigaba nuevas fórmulas. A continuación, repasamos algunos de los títulos que nos acompañaron en la infancia.
Quisimos ser ‘un MacGyver’ y formar parte de ‘El equipo A’. Nos reímos con personajes tan únicos como ‘Alf’ y ‘Punky Brewster’. Aprendimos dinámicas familiares junto a ‘Primos lejanos’ y ‘Padres forzosos’. Jamás olvidaremos las tan pegadizas sintonías de ‘Verano azul’, ‘El coche fantástico’ y ‘Fama’. Tampoco los escalofríos al descubrir mundos fantásticos en ‘V’ y ‘El gran héroe americano’.
Hay nombres imprescindibles, como el del tristemente desaparecido Claudio Biern Boyd, creador de ‘David el gnomo’, ‘D’Artacan y los tres mosqueperros’ y ‘La vuelta al mundo de Willy Fog’. Y mil títulos más, de ‘Doraemon’ a ‘Los osos amorosos’ y de ‘Los pitufos’ a ‘Transformers’, que podrás recuperar en Orange TV y las plataformas de streaming incluidas.
Anime y Éxitos Educativos
“Allá van con el balón en los pies”. Es imposible olvidar las primeras notas de la sintonía de ‘Campeones’, uno de los ‘anime’ más exitosos en España. Otra canción taladrada en el cerebro de los espectadores de la época.
Otro gran éxito en la época fue una serie educativa, producida por el francés Albert Barillé, que abordaba temas complejos de manera sencilla y, sobre todo, entretenida.
No hay duda: ‘Los caballeros del zodiaco’ supuso el relevo ‘anime’ para la ‘generación EGB’ de series japonesas anteriores como ‘Mazinger Z’ y ‘Lupin’.
El cómic original tenía un tono un más oscuro, pero la serie triunfó con una propuesta familiar convertida en franquicia gracias al carisma de Leonardo, Donatello, Raphael y Michelangelo.
Una canción pegadiza y tarareable anticipaba las historias de ‘Los diminutos’, unos tiernos personajes cuyo origen está en las novelas infantiles de John Peterson.
El Universo de Érase una Vez...
¿Recordáis las míticas series de televisión Érase una vez? Durante los 70 y los 80, estas series de origen francés se emitieron en las teles públicas por toda Europa y Latinoamérica. Ahora, los padres que crecieron con estas series educativas podrán usarlas para enseñar a sus hijos, en la forma de un videojuego para Steam.
Érase una vez... La Vida: Orígenes es el videojuego basado en la serie animada de 1987, también conocida como Érase una vez... el cuerpo humano. Se trata de una aventura interactiva con acertijos y puzles relacionados con los diferentes sistemas del cuerpo humano.
Como en la serie, nos encogemos a un tamaño microscópico y nos introducimos dentro del cuerpo humano, aprendiendo sobre el sistema respiratorio, el sistema gástrico o el sistema nervioso, en acertijos de lógica y también desafíos de plataformas.
Aunque se puede jugar solo, el juego está planteado con un modo multijugador cooperativo asimétrico, para que los padres ayuden a sus hijos a superar los desafíos y aprender juntos sobre el funcionamiento de nuestro cuerpo, de forma interactiva e imaginativa.
La franquicia detrás de todas estas series como Érase una vez... Erase una vez... La vida, El Hombre, El Espacio, Las Américas, Los Inventores... Recordamos al completo esta franquicia animada francesa creada por Albert Barillé.
Erase una vez... (Il était une fois...) ha sido una franquicia que ha acompañado en la infancia. En los años 70 esta marca francesa arrancó de manos de Canal+ y France 3. Originalmente se trató de una serie de contenido didáctico y formativo, creada por Albert Barillé (Polonia, 1920 - Francia, 2009), con el fin de enseñar historia a los más pequeños de manera divertida y accesible.
La serie originalmente si bien trató de mostrar la historia de la humanidad desde la prehistoria hasta el Siglo XX, no se quedó ahí. En los años siguientes se realizaron "secuelas" o "spin-offs" de temática distinta: ciencia-ficción, biología y medicina, historia precolombina y colonial, historia científica, geografía, etc...
Pensando en que quizá muchos de vosotros fuistéis de esos nichos que crecistéis con estas series, hemos recopilatado todas las series de Erase una vez... Desde su primera serie hasta la última.
Las Series de Érase una Vez...
A continuación, exploraremos cada una de las series que componen esta franquicia:
- Érase una vez... el hombre (1978): El origen de toda la franquicia, que comenzaba en la Prehistoria y se desarrollaba hasta mediados del siglo XX.
- Érase una vez... el espacio (1982): Una lección de ética y filosofía en clave de fábula de space opera con cierto sabor a Star Wars.
- Érase una vez... la vida (1987): Lecciones magistrales sobre biología, anatomía y medicina, explicando a los más pequeños cómo funcionaba el cuerpo humano.
- Érase una vez... las américas (1991): Recorría la historia de los dos continentes americanos a lo largo de 26 episodios.
- Érase una vez... los inventores (1994): La historia desde un punto de vista científico, siguiendo la estela de grandes descubridores e investigadores.
- Érase una vez... los exploradores (1996): Ahondaba en la historia nuevamente, pero desde un punto de vista geográfico, económico y cultural.
Esta mítica franquicia francesa y japonesa no era una única serie, si no muchas que se dividían según el tema que querían enseñar a los jóvenes telespectadores. Una de las más populares en España era Érase una vez... el cuerpo humano (también llamada ...la vida), y que narraba de forma educativa cómo funcionaba el cuerpo humano.
Como su título bien indica, seguía los hechos más relevantes de la historia de la humanidad, con varios personajes como el inventor o los soldados, que aparecían en cada uno de los 26 episodios que la forman.
Tras ella llegaron:
- Érase una vez... el espacio (1982): Situada en el año 3023, la serie aborda los géneros de la ciencia ficción y la fantasía para hablar sobre la ignorancia o la avaricia, al tiempo que destaca los problemas de una incipiente sociedad basada en la tecnología.
- Érase una vez... las Américas (1991): Narraba la historia del continente americano desde la prehistoria hasta la edad contemporánea analizando algunos de los momentos cumbre, como la llegada de Cristóbal Colón o la fiebre del oro.
- Érase una vez... los inventores (1994): Los protagonistas de esta historia son los grandes descubrimientos de la humanidad, esas grandes personas que con su ingenio y perseverancia han descubierto las cosas más importantes para el ser humano, Galileo, Darwin y Marie Curie son solo algunos de ellos.
- Érase una vez... los exploradores (1996): Esta historia es similar a la anterior, pero en lugar de descubrimientos materiales se refiere a los grandes hombres que han ampliado nuestro conocimiento sobre el planeta Tierra, desde Alejandro Magno hasta el Capitán Cook pasando por Vasco de Gama.
- Érase una vez... la ciencia (2000): Esta serie en realidad es la unión de dos de las anteriores, ... el espacio y ... los inventores.
- Érase una vez... la música (2007): Esta es la única que no ha llegado a la pequeña pantalla, por el momento este relato divulgativo se limita a 13 libros que se han publicado en España, pero no hay pensamientos de adaptarlos a la televisión.
En ella, nuestro amigo y apuesto caballero inglés presentado con aspecto de león, se apuesta la mitad de su fortuna con varios socios de su club privado y con el mismísimo director del Banco de Inglaterra a que es capaz de dar la vuelta al mundo en un plazo de 80 días.
Matt era el tío aventurero de Gobo que enviaba postales a su sobrino desde todas las partes de ese “mundo exterior” como los mismos Fraggle denominaban a todo lo que se hallase fuera de su cueva. de la familia numerosa de ambos.
Sus protagonistas, un niño de 10 años llamado Chris y su inseparable perro Lon, tenían la capacidad de viajar en el tiempo gracias a un libro manuscrito que su abuelo había dejado en el desván de su casa tras volver de alguno de sus viajes.
civilizaciones precolombinas como los mayas, los aztecas y los incas.
hemos crecido con sus aventuras.
viajar desde el sofá desde los primeros años de nuestra infancia.
peripecias.
respeto por la naturaleza que la serie trataba de transmitir.
total de 90 capítulos distribuidos en 5 temporadas diferentes.
fueron Armstrong, Alejandro Magno o el mismísimo Capitán Cook.
cuarto de siglo después.
algunas décadas más tarde no iba a defraudar nadie.
Ahí lo dejamos.
Posiblemente los más jóvenes no hayan visto una serie de dibujos animados denominada Érase una vez la vida . Se trataba de una serie divulgativa francesa de la franquicia Érase una vez …). La serie comenzó a emitirse en la televisión de diversos países europeos en 1987, y en España se siguió emitiendo hasta 1996.
A lo largo de veintiséis episodios, los dibujos animados nos explican el funcionamiento del cuerpo humano, de forma divertida y muy didáctica.
Es impresionante cómo eran capaces de explicar por una parte los linfocitos B con los anticuerpos, los linfocitos T citotóxicos (con esa manguera de gas), los polimorfonucleares y los macrófagos (que se comían a las bacterias y los desechos), etc.
Pero realmente nos explicaron los aspectos más importantes del cuerpo humano.
Sin duda, ese serie fue una auténtica cantera de médicos y de sanitarios en general.
Ray estaba sentada en una de las dos sillas del pasillo, junto a la puerta del pequeño despacho.
Se oían las voces apagadas que venían del otro lado de la puerta.
Podía identificar la voz autoritaria y un poco ronca del señor mayor que justo entraba en el despacho cuando Ray estaba llegando por el pasillo.
Probablemente sería el jefe de estudios o algún otro “pez gordo”.
La otra voz debía ser la de Den, el tutor de prácticas con el que había concertado la cita.
Estaba un poco nerviosa.
Este era el último curso de la carrera de Analista Neuronal, y Ray era una estudiante brillante, probablemente la mejor de su promoción.
Su expediente le había permitido elegir lo que para ella eran las mejores rotaciones.
Antes de comenzar cada rotación de prácticas, se iniciaba una ronda de entrevistas entre estudiantes y tutores.
Los estudiantes con mejor expediente tenían preferencia para comenzar con las entrevistas, y tenían la oportunidad de causar una primera impresión buena.
En la medida de lo posible, intentaban elegir a los que serían los mejores tutores: según las conversaciones con los estudiantes de años anteriores, se hacían sus listas de preferencias.
Pero no solo los estudiantes elegían a quien les iba a guiar en el aprendizaje; los tutores también elegían a los estudiantes en función, no solo del expediente, sino de la entrevista.
Al poco de comenzar la carrera, ya tenía claro que no quería trabajar en el sistema nervioso periférico.
La vida en un plexo del aparato digestivo, o en un ganglio simpático tenía su interés, y además era una vida tranquila, sin apenas estrés.
Pero tras su primera rotación en la médula espinal, modulando las aferencias sensitivas, se olvidó por completo de cualquier cosa que no fuera sistema nervioso central.
Las sucesivas prácticas que consiguió, a base de mucho esfuerzo y también algo de suerte, podrían considerarse las más difíciles.
Pudo ver con sus propios ojos cómo trabajan los analistas neuronales en lo que ella consideraba las mejores áreas.
La gestión de la “yo consciente” en la corteza prefrontal requería usos masivos e interconectados de información que había que recopilar de la memoria.
El razonamiento analítico y el pensamiento emocional se originaban en esos inmensos despachos, en largas reuniones en donde las motivaciones, la moral y las decisiones voluntarias surgían en lo que globalmente podría llamarse conciencia.
Pero no para Ray.
Las cosas ocurren muy lentamente en en el cerebro consciente.
Al principio le resultaba fascinante descubrir las innumerables conexiones que deben dominar los analistas neuronales que trabajan en el córtex prefrontal.
Pero la diversión se acaba allí.
Una vez recopilada la información, los analistas recogen los datos y se reúnen en torno a gigantescas mesas de reuniones, y entonces empieza el debate.
Interminables reuniones, conversaciones amigables en general, algún agrio debate de vez en cuando, pero en cualquier caso todas las decisiones se alargaban de forma indefinida.
No, eso no estaba hecho para ella.
Ella necesitaba ritmo.
La cosa se animó cuando comenzaron sus prácticas en los sistemas de aferencias.
La información que llegaba al cerebro a través de los sentidos se procesaba a un ritmo frenético.
Se trataba de procesamientos muy complejos, enormemente creativos y diversos, y con un alto nivel de responsabilidad.
Una equivocación, malinterpretación o un simple retraso de la información sensorial era peligroso.
Ray pudo escoger el lugar donde exigían el perfil más alto de analistas de todo el sistema de aferencias: el lóbulo occipital.
Aquello era como un milagro.
Sin duda, el procesamiento de esa magnitud de información impresionó a Ray más que el pensamiento consciente del lóbulo frontal.
Se consideraba una gran estudiante, pero sus conocimientos técnicos y matemáticos se mostraron claramente insuficientes para entender siquiera lo básico de lo que pasaba en esas salas de procesamiento visual.
Los analistas se organizaban en filas de mesas, cada uno trabajando en su ordenador en una especie de frenético caos organizado.
De alguna manera, todos sabían exactamente qué hacer, y en las grandes pantallas que colgaban del techo desfilaban las fórmulas, gráficas y resultados que iban descifrando el complejo caos que llegaba desde los lejanos nervios ópticos.
La información del movimiento, la silueta, y el color llegaban como estímulos visuales por canales diferentes y a distintas velocidades.
La información de ambos ojos llegaba por separado a los mismos sitios, a veces dispares, y a veces similares.
Eso fue el curso pasado, y le dejó una impresión muy positiva.
Pero todavía no había decidido realmente que quería dedicarse a las aferencias.
Este curso, ya el último de la carrera, estaba dedicado al sistema eferente.
Las respuestas del cerebro a los estímulos podían ser de muchos tipos, como hormonales o del sistema nervioso autónomo.
Pero nuevamente pudo seleccionar lo que le iba a su medida: las respuestas motoras.
En concreto estuvo rotando en la generación de los movimientos de los miembros superiores.
O quizás no.
El sistema motor ocular se generaba en una área cortical separada de la del resto del cuerpo, y poseía un funcionamiento tan radicalmente diferente al resto del sistema muscular que era difícil hacer comparaciones.
La asignatura de motricidad ocular siempre había sido una especie de espina clavada para Ray cuando tenía que estudiar la teoría para los exámenes.
Aunque siempre aprobó con buena nota, Ray tenía la impresión de que no lo entendía bien.
A pesar del escaso número de músculos a coordinar (para cada ojo, tres músculos internos, y siete externos), y las casi nulas relaciones con el resto de movimientos del cuerpo o con patrones memorísticos, existían nada menos que cuatro centros superiores de control motor visual.
El cerebro en su conjunto dedicaba una incomprensible cantidad de recursos en forma de áreas corticales a los distintos movimientos de los ojos.
En conjunto, estas áreas que coordinaban 20 músculos ocupaban unos recursos neuronales casi equivalentes a los del resto de músculos voluntarios del cuerpo, más de 600.
No tenía sentido para Ray.
Por eso estaba nerviosa.
Quería tener la posibilidad de aprender en las complejas y hasta cierto punto misteriosas áreas de la motilidad visual, posiblemente uno de los departamentos más complejos del cerebro.
Y además aspiraba a estar con uno de los tutores más demandados.
Ray tenía un buen expediente, pero posiblemente no fuera suficiente.
Todos sabían que las rotaciones de prácticas servían por una parte para completar la formación de lo futuros analistas neuronales, pero también para “captar talentos”.
Los propios tutores se encargaban de facilitar los puestos más solicitados a los mejores estudiantes.
Por eso era tan importante, y en especial en el último curso de la carrera, conseguir las mejores rotaciones con los mejores tutores.
De alguna manera un poco absurda, Ray pensaba que su prometedora carrera de estudiante había servido específicamente para permitirle estar ahí, en ese momento.
Le daba la oportunidad de tener esta entrevista, pero que todo dependía de lo que pasara en los próximos minutos.
Los pensamientos de Ray se vieron bruscamente interrumpidos cuando se abrió la puerta.
Del despacho salió andando alguien de cierta edad que ni se dignó a mirar a Ray, mientras se alejaba por el pasillo.
- Tú debes ser Ray - ella se volvió sobresaltada al oír su nombre, y vio la cara de un hombre joven que se asomaba sonriente a través del marco de la puerta -. Pasa, por favor, soy Den. Perdona por haberte hecho esperar.
- Por favor, llámame Den. Pasa … - el tutor era más joven de lo que Ray esperaba.
Con la buena reputación que precedía a Den, había supuesto que era un hombre más maduro.
