Enrique Shaw: El Apóstol de los Empresarios y su Camino a la Santidad
Enrique Shaw, conocido como el "Apóstol de los Empresarios", es una figura excepcional en la historia del catolicismo y del mundo empresarial. Su vida, aunque breve, fue tan potente que la Iglesia Católica ya lo reconoció como “Venerable Siervo de Dios” y se encuentra en camino a la beatificación, pudiendo convertirse eventualmente en el primer empresario del mundo en llegar a santo.
Este hombre de negocios revolucionó la forma en que los dirigentes empresariales trataban a los trabajadores, aplicando los principios de la Doctrina Social de la Iglesia en su gestión y los del Evangelio en su propia vida. Su historia es un testimonio de cómo la fe y la gestión empresarial pueden unirse de manera armónica, transformando la vida de las personas y las instituciones.
Los Primeros Años y su Formación
Hijo de padres argentinos, Sara Tornquist y Alejandro Shaw, Enrique Ernesto Shaw nació en París el 26 de febrero de 1921. Su nacimiento en el Hotel Ritz, uno de los más lujosos del mundo, mientras su padre, Alick Shaw, estaba en medio de operaciones empresarias, subraya su conexión intrínseca con el mundo de los negocios desde el principio de su vida.
A los cuatro años, la muerte de su madre, Sara, marcó un punto crucial. Ella insistió hasta el final en que sus dos hijos recibieran una formación católica profunda. Alick, que venía de raíces protestantes, cumplió este deseo, confiando la educación cristiana de sus sobrinos a Alejandro Tornquist, sacerdote y hermano de Sara, y más tarde a los padres sacramentinos.
De vuelta en Buenos Aires, Enrique fue un alumno sobresaliente del Colegio de La Salle. Desde muy joven, fue un buen lector y un autodidacta, comenzando a los 16 años a leer libros de economía, política, filosofía, historia y ciencia. Sin embargo, no fue hasta el verano de 1939, al leer un folleto sobre la Doctrina Social de la Iglesia, que encontró las respuestas a sus inquietudes más profundas.
A principios de 1936, después de cumplir 14 años, y a pesar de la oposición de su padre, Enrique deseó ingresar en la Escuela Naval Militar. Se graduó como guardiamarina en 1939. En la Marina, ejerció una comprometida labor apostólica, dando un fuerte testimonio de fe. Los manuales de mando naval que estudió, los cuales enfatizaban el buen trato a los subordinados, el conocimiento de sus asuntos personales y el saber motivarlos, dejarían una profunda huella en su futura visión empresarial.
Enrique sufrió bullying en aquellos años. Sus pares no entendían por qué un hombre tan rico se había metido en ese mundo, ni tampoco por qué estaba tan atento a rezar y a que los demás marinos pudieran ir a misa sin que los horarios les impidieran asistir al desayuno. Mucho menos entendían que Enrique estuviera decidido a no tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Todo era motivo de burlas cada vez más agresivas. No obstante, sus superiores lo describían como un líder que inspiraba confianza en sus subordinados, que sabía trabajar en equipo, era laborioso, autónomo, entusiasta, reflexivo, conciliador y mantenía la calma en situaciones de crisis.
Matrimonio y la Vocación Empresarial
Durante sus licencias en Buenos Aires, Enrique conoció a Cecilia Bunge, hija de un prestigioso arquitecto y catequista en su parroquia. Se casaron en 1943, en plena guerra mundial. Formaron una verdadera familia cristiana que se alegró con el nacimiento de 9 hijos, uno de los cuales llegaría a ser sacerdote. Enrique se preocupaba por conocer la historia de cada uno de los trabajadores, sus preocupaciones, sus vidas familiares. Él y Cecilia Bunge tuvieron nueve hijos, y Enrique se ocupaba de conversar con cada uno todas las noches. Quería estar cerca de su crianza, que no todo dependiera de su esposa.
En 1945, Argentina entró en guerra, y Enrique fue enviado por la Marina a la Universidad Estatal de Chicago (EE.UU.) para estudiar meteorología. Pero fue ese mismo año, con su familia ya constituida y creciendo, cuando se produjo un cambio notable en el rumbo de su vida: Enrique sintió que Dios le pedía un apostolado específico. En un principio, creyó que debía hacerse obrero, pero un sacerdote lo persuadió para que llevara el Evangelio al mundo empresario al cual pertenecía su familia.
Tomando esta nueva dirección, renunció a la Marina. Las burlas no fueron las que apartaron a Shaw de la Marina, sino su profundo pacifismo y su deseo de no vivir lejos de su familia. Una vez que los Aliados vencieron en la Segunda Guerra Mundial, Shaw solicitó la baja.
Regresó a la Argentina y se inició como ejecutivo de las Cristalerías Rigolleau, una empresa vinculada a su familia política. En poco tiempo, llegó a ser Gerente General y a conformar distintos directorios de otras empresas. Durante esos años, fue formando una espiritualidad propia relacionada con su vocación de empresario cristiano, sintetizándola en la frase: "Como empresario: sembrar esperanza. Ver la realidad. Renunciar al beneficio aparente del momento."
La Empresa como Comunidad Humana
Enrique Shaw dedicó su vida a evangelizar a los trabajadores, haciendo de la Doctrina Social de la Iglesia una regla de vida en sus empresas. Su visión era revolucionaria para la época, enfatizando que en la empresa "haya una comunidad humana; que los trabajadores participen en la producción y, por lo tanto, darle al obrero el sentido de pertenencia a una empresa. Ayudarlo a adquirir el sentido de sus deberes hacia la colectividad, el gusto por su trabajo y, por lo tanto, de la vida."
En 1946, el Episcopado le encargó organizar, junto con otros empresarios, la ayuda a la Europa de posguerra, y Enrique intentó crear una entidad para que los empresarios "sean más cristianos". Gracias al estímulo del Canónigo Cardijn, concretó su aspiración y en 1952 fundó ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa), de la cual fue su primer Presidente.
Desplegó una intensa acción evangelizadora dirigida a la clase empresaria tanto del país como de América Latina, donde extendió el movimiento empresarial de UNIAPAC, nacido en Europa pocos años antes. Integró también el primer Consejo de Administración de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA) en 1958, institución que hoy preserva su archivo.
En Rigolleau, Shaw implementó mejoras contundentes en las vidas de los trabajadores. Siempre tenía un overol en su oficina para poder estar en la planta de fabricación de igual a igual con los obreros. Se preocupó por conocer la historia de cada uno de los trabajadores, sus preocupaciones, sus vidas familiares. Se ocupó de que las condiciones en la fábrica fueran adecuadas, asegurando, por ejemplo, que siempre hubiera agua fresca para obreros que trabajaban a altísimas temperaturas, algo que ningún ejecutivo había considerado antes.
Defendió las condiciones de esos obreros y también sus puestos de trabajo. En tiempos de crisis, diseñó planes audaces y riesgosos que implicaban no despedir a nadie e incluso lograr el rédito para la empresa. Sabía que estaba allí para que la compañía que dirigía ganara plata, pero también pensaba que estaba allí para que eso no fuera a costa de los obreros.
Sus convicciones como dirigente empresarial lo llevaron a impulsar mejoras para los obreros, esas que había impulsado en Rigolleau. Sus reflexiones se encuentran en sus "libretitas", documentos de primera mano que revelan su deseo de ser querido por sus trabajadores, de sonreír más y "no fruncir el ceño", y de ocuparse de que su esposa descansara, relevándola en algunas tareas con sus hijos.
El Empresario Eficaz según Enrique Shaw
El pensamiento de Enrique Shaw sobre el rol del empresario se puede centrar en tres ejes:
- Características del ejecutivo:
- Agente motorizador de la organización y quien marca su rumbo.
- Toma la dirección, solo o en asociación con terceros, asumiendo la iniciativa y al menos parte del riesgo.
- Enérgico y esforzado, con adecuada capacitación, autocontrol y buen juicio.
- Fomenta el trabajo en equipo, actuando con humildad y apertura a las opiniones externas.
- Logra cumplir los objetivos de su empresa, incluyendo la rentabilidad, y brinda confianza a inversores y propietarios.
- Selecciona directivos eficientes y obtiene financiamiento, buscando aumentar la productividad y el uso eficiente de los recursos.
- Actitud respecto a empleados y trabajadores:
- La relación con los empleados es central, enfocándose en el desarrollo de sus potenciales.
- Los ejecutivos deben conocer y estar atentos a la realidad de los trabajadores, brindándoles condiciones de trabajo correctas.
- Fomentar la iniciativa propia y la creatividad en los dependientes.
- Un sistema adecuado de remuneración que considere la productividad, la promoción y las responsabilidades.
- Brindar participación de los trabajadores en cuestiones que afectan su bienestar e informarles sobre el avance de la organización.
- Impacto de los valores cristianos en su desempeño:
- El empresario colabora con Dios en la creación, generando bienes y bienestar para la humanidad.
- Su acción ennoblece la naturaleza al transformarla y hacerla más útil a la humanidad.
- Lograr el progreso con eficiencia es un deber moral.
- La espiritualidad y los valores cristianos mejoran el desempeño del empresario, haciéndolo más optimista, con menor temor a tomar riesgos.
- La mansedumbre y humildad cristianas le otorgan calma, menor irritabilidad y mayor autocontrol.
- El estar abierto y el amor al prójimo le permiten comprender y perdonar los errores de su personal.
Shaw pensaba que el desarrollo humano era el objetivo principal de la empresa y no la rentabilidad, la cual consideraba socialmente necesaria tanto para motivar la acción humana como para cubrir el factor del riesgo.
La Lucha contra la Enfermedad y el Legado
En 1957, se le detectó un cáncer incurable. Inició una tenaz lucha contra la enfermedad, pero esto no le impidió mantener una intensa actividad participando en congresos, dictando conferencias, editando publicaciones, y elaborando su diario y manuscritos, en los que empezaba a despuntar el perfil de un hombre que se unía cada vez más a Cristo. "No basta con hacer las cosas bien, o tal vez muy bien", escribió.
Cuando su salud empeoró en 1962, se hizo necesaria una transfusión de sangre. Unos 200 trabajadores de su empresa acudieron espontáneamente al hospital para donar sangre, poniendo en conmovedora evidencia la relación de comunicación y afecto que mantenía con la gente. "Estoy orgulloso porque en mis venas corre sangre obrera", dijo cuando agonizaba.
| Fecha Clave | Acontecimiento |
|---|---|
| 26 de febrero de 1921 | Nacimiento en París |
| 1936 | Ingreso a la Escuela Naval Militar |
| 1943 | Matrimonio con Cecilia Bunge |
| 1945 | Cambio de rumbo hacia el apostolado empresarial |
| 1952 | Fundación de ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa) |
| 1957 | Diagnóstico de cáncer |
| 27 de agosto de 1962 | Fallecimiento a los 41 años |
| 24 de abril de 2021 | Declarado Venerable por el Papa Francisco |
Enrique rezaba y ofrecía su enfermedad por la conversión de sus seres queridos, especialmente por su padre, que estaba alejado de la Iglesia, y tuvo la gran alegría de verlo comulgar y rezar pocos días antes de morir. Como muestra de su devoción mariana, también antes de morir peregrinó a Lourdes, donde rezó por su familia y amigos.
Falleció el 27 de agosto de 1962, a los 41 años, tras dolorosos padecimientos que enfrentó con entereza, coraje y una profundidad cristiana conmovedora. Sus palabras "Bello país el de aquí abajo donde a cada minuto puedo hacerme más santo. Para convertir al mundo no hay sino un proceder: ser un santo", reflejan su profunda fe.
Su legado sigue vivo, con la causa de canonización iniciada en los años 90. El Papa Francisco y León XIV han elogiado su ejemplo, destacando cómo "en él, la fe y la gestión empresarial se unieron de manera armónica, demostrando que la Doctrina Social no es una teoría abstracta ni una utopía irrealizable, sino un camino posible que transforma la vida de las personas y de las instituciones al poner a Cristo como centro de toda actividad humana."
