El negociado del yin y el yang: Un viaje de Rufo Batalla entre el absurdo y la lucidez
Eduardo Mendoza, uno de los escritores predilectos y maestro del estilo absurdo, nos presenta con “El negociado del yin y el yang”, editada por Seix Barral, la segunda parte de la trilogía de “Las tres leyes del movimiento”, iniciada con “El rey recibe”. Esta novela, protagonizada por el cumplidor Rufo Batalla, recorre de forma extraordinariamente lúcida y con gran sentido del humor algunos momentos históricos, culturales y sociales del siglo XX a partir de su peripecia personal.
Aunque en una primera lectura la trama puede diluirse en una serie de hechos intrascendentes, una segunda inmersión revela significados ocultos y la brillantez de la construcción de Mendoza. La historia, que se lee con soltura y de manera agradable, engancha y supera con creces a la primera parte, recuperando a personajes como el príncipe sin reino Tukuulo y la sublime Queen Isabella, e introduciendo otros nuevos como la asiática Norito o tuan Patam Rahül.
Contexto temporal y geográfico
“El negociado del yin y el yang” se inicia en los finales del franquismo, con la primavera de 1975 y Franco con los días contados. La trama discurre por los últimos meses de la dictadura española y los primeros de la Transición, vividos primero desde Estados Unidos, luego desde el oriente asiático, y finalmente en España, con alguna escapada al extranjero. Rufo Batalla, un español que trabaja en la sede de la cámara de comercio en Nueva York, es el protagonista de este viaje.
Los escenarios son tan variados como Nueva York, Barcelona, Tokio, Tailandia y Alemania. Según el propio Eduardo Mendoza, “es una novela de aventuras. Decidí contar las experiencias que tuve en mis primeros viajes a Japón y darle un aire más llevadero. Dije ‘voy a escribir una novela de piratas’, que a mí me gustaban mucho, y recupero a Robert Louis Stevenson y a Jack London, del cual saqué la idea de una leprosería”.
El autor, nacido en Barcelona en 1943 y licenciado en Derecho, relata cómo su propia experiencia en Japón influyó en la obra, especialmente en la percepción de la cocina japonesa: “¡Quién iba a pensar entonces que nos aficionaríamos a la comida japonesa y que iba a hundir a la cocina francesa!”
La Transición y el yin y el yang
Aunque la novela se posiciona en la primavera de 1975, Mendoza no profundiza mucho en la Transición española. “A medida que iba escribiendo me daba cuenta de que la Transición es un hecho que todos tenemos ahora muy presente porque está por todo: TV, prensa, libros… era un tema que tenía que tocar dándolo por sabido”.
Mendoza insiste en la importancia de la muerte de Franco: «Quería insistir mucho en la importancia que tuvo la muerte de Franco. Parece un hecho sin relevancia en sí porque murió de forma natural, sin intervención de terceros. Los que lo vivimos ya adultos, nos dábamos cuenta que estaba pasando una cosa que aún no hemos acabado de entender».
El título de la obra hace referencia a la corte imperial del antiguo Japón, donde existió un departamento ministerial consagrado al yin y al yang. Este método de distribución de las fuerzas que rigen el universo, de origen chino, se le había atribuido tanta importancia que se le dedicó todo un sector administrativo, cuyas funciones eran nulas, pero cuya mera existencia honraba un concepto que encerraba en sí el orden del cosmos. Según este principio, todo depende del equilibrio entre el yin (principio femenino, tierra, oscuridad, pasividad y absorción) y el yang (principio masculino, cielo, luz, actividad y penetración). En virtud de este equilibrio, el envejecimiento se debe a la pérdida de terreno del yin con respecto al yang. No obstante, el propio autor confiesa: “No hace falta añadir que a mí, como ateo y aficionado al fútbol, el concepto del yin y el yang me parece un disparate”.
Eduardo Mendoza: "Kafka era un mal escritor; y él lo sabía"
Rufo Batalla y sus peripecias
Inquieto y estimulado por los nuevos aires de cambio y esperanza que comienzan a respirarse en España, Rufo Batalla planea su regreso a Barcelona. Sin embargo, cuando está a punto de abandonar Nueva York, recibe una sugerente propuesta del príncipe Tadeusz Maria Clementij Tukuulo, relacionada con su disparatado plan de reconquista del trono de Livonia, un país hoy inexistente. A sabiendas de que Tukuulo le manipula a su antojo, Rufo se deja llevar por su admiración y sincero afecto por el monarca y acepta una misión incierta en Oriente. Una vez allí, descubrirá que este no es el último ni el único destino de esta enloquecida aventura.
Su formalidad e insatisfacción son el contrapunto perfecto del formidable príncipe Tukuulo, y su pintoresca relación es la puerta de entrada a un mundo absurdo en el que todo es posible. Rufo Batalla se ve envuelto en una serie de peripecias la mar de entretenidas que, en una segunda lectura, van rellenando de sentido la obra del autor catalán. El protagonista vive la mayor parte de la obra sorprendido por los inesperados acontecimientos que se van sucediendo, pues prefiere no saber de antemano.
Reflexiones y estilo de Mendoza
En la novela se encuentran referencias literarias a grandes autores como Mercé Rodoreda y Faulkner, de quien cita “Luz de agosto”, en un guiño a una de las reinas del absurdo del cine nacional: la famosa “Amanece que no es poco” de José Luis Cuerda, película de culto en la que un exiliado de la política plagia dicha novela.
Mendoza reflexiona sobre la evolución de su estilo: “Creo que he evolucionado sin darme cuenta. Por casualidad, hace poco, tuve que leer una parte de uno de mis primeros libros, y no me reconocía. Era una cosa complicada, muy elaborada y ahora he llegado a un punto de simplicidad importante. Estoy seguro que es influencia del periodismo. Empecé con el influjo de la literatura experimental y formalista de los 60”.
Con sentencias como la que el autor plasma sobre reyes y farsantes, Eduardo Mendoza termina de construir esta compleja pero entretenida novela, cuya colección de absurdos adquiere mayor sentido en una segunda lectura. Sumergirse en las páginas de este libro, incluso con las leves reticencias iniciales, nos hará pasar un buen rato y nos obligará a pensar un poco más que otras lecturas.
Opiniones de los lectores
Los lectores fieles a Eduardo Mendoza han acogido “El negociado del yin y el yang” con entusiasmo, destacando su sentido del humor, entretenimiento, sarcasmo y las reflexiones escondidas entre líneas.
- Claudio (02/08/2022): “Los libros de Eduardo Mendoza nunca fallan. Este es otra muestra de gran sentido del humor, entretenimiento, sarcasmo y reflexiones escondidas. Deseando leer ‘Transbordo a Moscú’.”
- Jesús Gómez Aparicio (19/02/2021): “Me ha gustado el libro. Soy un lector fiel a Mendoza y me ha encantado... esperando el próximo y a ver qué le depara la vida a Rufo Batalla.”
- Ángel (02/04/2020): “Me ha gustado el libro. Como lector fiel a Mendoza, he disfrutado de otra de las aventuras de este Rufo Batalla. Ágil lectura con claras críticas al régimen, sin abandonar la historia del personaje, y clara unión a su anterior libro. Me gustaría volver a disfrutar de una nueva aventura de su pintoresco personaje, el cual nos deleitó en libros anteriores como ‘El secreto de la modelo extraviada’. Me gusta el estilo de Eduardo Mendoza. Lectura muy recomendable.”
| Año | Premio | Obra |
|---|---|---|
| 1975 | Premio de la Crítica | La verdad sobre el caso Savolta |
| 2008 | Premio Terenci Moix | El asombroso viaje de Pomponio Flato |
| 2008 | Pluma de Plata de la Feria del Libro de Bilbao | El asombroso viaje de Pomponio Flato |
| 2010 | Premio Planeta | Riña de gatos. Madrid 1936 |
| 2013 | Premio Nacional de Cultura de la Generalitat de Catalunya | Trayectoria |
| 2015 | Premio Franz Kafka | Trayectoria |
| 2016 | Premio Cervantes | Trayectoria |
Si es posible, se recomienda evitar la versión electrónica de la novela, ya que algunos lectores la han encontrado pesada y lenta de manejar. El libro “gana mucho más en papel”. Por lo demás, la invitación es a dejarse sorprender por el pulso narrativo de don Eduardo, quien sabe muy bien cómo atrapar al lector en las redes de sus obras y arrancar sonrisas con las absurdas situaciones en que sitúa a sus entrañables personajes.
