El Contagio del Liderazgo: Impacto del Liderazgo Positivo y Negativo en las Organizaciones
“Empiezo cada día diciéndome que soy una influencia positiva para este mundo” - Peter Daisyme.
El liderazgo es esencial en cualquier organización, pero no siempre es igual ni influye de la misma manera. Un mal liderazgo es contagioso y termina generando una cultura organizativa mala, con un clima laboral deficiente. Pero, ¿qué es un mal liderazgo? ¿Cómo influye en el rendimiento de las personas y en los resultados de las organizaciones? Y, ¿qué beneficio tiene para las empresas u organismos implantar un buen liderazgo?
Los números, no cabe la menor duda de que son importantes, y mucho. Si una empresa no es rentable se va a pique y acto seguido cierra. Así que sí, los números son muy importantes, en esto probablemente todos estemos de acuerdo.
El Cerebro Humano y la Resistencia al Cambio
Lo cierto es que a lo largo de nuestra vida mantenemos aquello que creemos. Seguimos haciendo las cosas tal y como las aprendimos, girando entorno a nuestra propia rueda, aunque la evidencia nos demuestre lo contrario. En general nos resulta más fácil autoengañarnos que cambiar. Así funciona nuestro cerebro, la mayor parte del tiempo trata de sobrevivir y, por supuesto, de llevar la razón. Así somos todos en piloto automático. Y esto es interesante conocerlo.
Aún así, lo más importante es saber que una de las mayores mentiras que se ha dicho en la historia de la humanidad es “yo soy así”. No somos inmutables, todos hemos cambiado a lo largo de nuestra vida y cambiaremos en la que nos queda en numerosas ocasiones, incluso aunque no queramos. Todo cambia y nosotros también. Nuestro cerebro también es experto en mantener una falsa sensación de estabilidad en un mundo en constante cambio. Por lo tanto, nos cuesta cambiar pero cambiamos. Es más, nos gusta mejorar, y eso siempre implica un cambio.
¿Qué es un Mal Liderazgo?
Un mal líder es aquel que no es capaz de desarrollar el máximo potencial de las personas de su equipo, es aquel que frustra lejos de motivar, es aquel que genera sistemáticamente con su conducta la aparición de emociones negativas en los demás, como pueden ser temor, inseguridad, enfado, angustia… es aquel que compite con su propio equipo o trata de ser mejor que ellos, es el que impone y no escucha, es el que pierde las formas cuando está estresado, enfadado o frustrado, es el que ve amenazas en sus colaboradores con más talento, es el que sólo ve errores y nunca felicita los aciertos… es al que no se echa de menos cuando no está, es aquel que lejos de sumar resta, es el que no permite brillar o incluso trata de dar sombra, es el que se ve abrumado por los objetivos y deja de ver a las personas.
Howard Gardner afirma que “una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”. La carencia de unos valores fundamentales como son el respeto y el aprecio por los demás, nos invalida para ser buenas personas y por consiguiente, para ser buenos profesionales; la carencia de humildad además nos incapacita para ser buenos líderes.
Líderes Tóxicos: Más Allá de la Mala Persona
La realidad es que la mayor parte de los malos líderes son buenas personas que creen hacer las cosas de la mejor forma posible, de la mejor forma que saben, que tratan a los demás de forma parecida a cómo los tratan a ellos dentro de su organización. Sin embargo, hay casos de jefes que rozan el narcisismo y, aún peor, la psicopatía. Personas vanidosas, con escasa empatía y que ven a los demás como herramientas para conseguir sus objetivos y no como personas con necesidades. Este tipo de jefe es terrorífico, literalmente, porque avanza desde el terror, la humillación o la exclusión, cosificando a las personas, no las perciben como seres emocionales sino como objetos. Este tipo de liderazgo, que más que líder es tirano, es un tipo ante el que empresas y organizaciones han de abrir bien los ojos e identificar, y como a una mala hierba retirar. Las malas personas cuánto más lejos mejor.
Los comportamientos como el enojo, la negatividad o la evasión pueden reducir el compromiso de los empleados y llevar a que las personas pierdan interés en su trabajo. Según Peter Drucker, estos comportamientos “hacen que las personas se retiren del trabajo”. Cuando un empleado es afectado por el comportamiento tóxico de un colega o superior, corre el riesgo de adoptar el mismo patrón de conducta, contagiando a otros. Christine Porath, una de las principales investigadoras de este fenómeno, señala que los comportamientos tóxicos actúan como un “virus” en el lugar de trabajo, creando un ambiente hostil y reduciendo la responsabilidad y el rendimiento general.
Aunque se pueden cumplir las metas utilizando un liderazgo negativo, nunca se tendrán grandes resultados. Un líder negativo significa un obstáculo para la organización. Su estilo de gestión produce conflictos, desmotivación y estancamiento, así lo coinciden diversos estudios.
Factores que Alimentan los Comportamientos Tóxicos
Un estudio realizado en los Estados Unidos con 260 gerentes encontró que más del 44% de aquellos que evadían el conflicto y la responsabilidad lo hacían por miedo a ser reprendidos, mientras que el 17% lo atribuía a la frustración. Este tipo de miedo y frustración genera comportamientos tóxicos que no solo afectan al individuo, sino que también reducen el rendimiento del equipo.
Si bien algunos de estos comportamientos pueden ser provocados por cambios repentinos en la organización, la mayoría proviene de un liderazgo deficiente. Un líder que no es honesto, que no guía a su equipo o que no toma decisiones firmes genera inseguridad entre sus colaboradores. Este tipo de comportamientos puede manifestarse de diversas formas, como:
- No ser transparente sobre los cambios en la empresa.
- Falta de dirección clara.
- Falta de consensos sobre los objetivos.
- Intimidar o humillar públicamente a los empleados.
Estos comportamientos generan altos niveles de inseguridad en el equipo, lo que a su vez reduce su proactividad y compromiso.
ESTRES Y LIDERAZGO
La Inconsistencia del Liderazgo y sus Consecuencias
Cuando los líderes son inconsistentes, el impacto en el equipo puede ser devastador. Esta deriva de estilo ocurre cuando un líder cambia de comportamiento de forma abrupta, alternando entre actitudes positivas y negativas. Un estudio realizado por la Universidad de Michigan analizó cómo la inconsistencia afectaba los niveles de estrés en los empleados. El estudio dividió a 161 personas en tres grupos: uno que recibió retroalimentación positiva, otro que recibió retroalimentación negativa y un tercer grupo que recibió una mezcla de ambas.
El grupo que recibió señales mixtas presentó los niveles de estrés más altos, demostrando que la inconsistencia de los líderes es uno de los mayores factores de estrés en el entorno laboral. La inconsistencia genera confusión y desconfianza, lo que afecta tanto la moral del equipo como su desempeño.
| Grupo de Estudio | Tipo de Retroalimentación | Nivel de Estrés Reportado |
|---|---|---|
| Grupo 1 | Positiva | Bajo |
| Grupo 2 | Negativa | Moderado |
| Grupo 3 | Mixta (Inconsistente) | Alto |
No es difícil imaginar cuál puede ser el resultado de un equipo desmotivado y mal liderado. Normalmente el resultado a medio y corto plazo suele ser bueno y, en la mayoría de las ocasiones, se consiguen los objetivos. Las personas, incluso aquellas con un mal jefe, suelen ser responsables y cumplidoras en su puesto de trabajo. Los malos resultados llegan cuando esa situación se mantiene a lo largo del tiempo y empiezan a aparecer indicadores de un mal clima laboral e insatisfacción, así como bajos niveles de bienestar en el puesto de trabajo, es en esos momentos cuando la persona aún a pesar de su esfuerzo, implicación y responsabilidad, y debido al estrés y malestar que siente, comienza a mostrar un mal rendimiento e incidencias sobre su salud (ansiedad generalizada, estrés, depresión, síndrome de burnout…). En esta situación, la mayoría de las personas abandonarían su puesto de trabajo si pudieran o, en el mejor de los casos, lo harán en cuanto les sea posible. Un mal liderazgo genera un desaprovechamiento del talento hasta el punto de inutilizarlo, de apartarlo, de despedirlo y provoca la fuga del talento hacia otras empresas, así como dificulta su captación.
El Contagio del Liderazgo: De Arriba Abajo
El mal liderazgo se contagia de arriba a abajo, desde los mandos de mayor nivel jerárquico a los mandos intermedios o jefes de proyectos o equipos. Ese mal liderazgo desde un extremo hasta el otro, es lo que finalmente da lugar a la cultura organizativa, y no tanto celebrar el día del empleado, hacer un teambuilding o colocar una mesa de ping pong en la entrada de la oficina. Ese mal liderazgo genera una mala cultura organizativa.
Sin embargo, hay buenos jefes que no son líderes, ni buenos ni malos, porque no saben, porque nunca se lo han planteado, porque piensan que no forma parte de sus funciones. Son jefes que disponen de las suficientes habilidades para que su equipo responda de manera suficiente. Aquí la pregunta sería, ¿por qué conformarse con suficiente? Todo jefe debe estar abierto a la mejora continua tanto de sí mismo como de su equipo. Aprender a desarrollar las habilidades de liderazgo le permitirán aprender a desarrollar a sus equipos para obtener un rendimiento excelente, a la vez que aumentar el engagement, la motivación y la satisfacción de sus colaboradores.
¿Cómo Generar un Buen Liderazgo?
Hablo de buen liderazgo porque no todos los tipos de liderazgo valen, no a cualquier precio, y si hay un precio éste nunca ha de ser las personas. Toda empresa u organización ha de crecer y de tratar de obtener beneficios con las personas que la forman. Donde cada persona, independientemente de su rol, es importante y donde el trabajo de cada uno permite conseguir los objetivos y resultados deseados. El liderazgo se hace, se transforma y se contagia.
Aquello de creerse indispensable o de pensar que si no aprieto aquí nadie trabaja, ha de pasar a la historia. Eso tiene que ver más con las inseguridades y falta de habilidades que no con gestionar equipos de trabajo. Gestionar personas no es una asignatura con la que nacemos aprobada, más allá de las habilidades de cada uno, hay que aprenderlo. Nadie nace sabiendo.
Es por ello, que muchas de las asignaturas pendientes que van a dificultar un buen liderazgo son las dificultades para gestionar las propias emociones y las de los demás, déficits en habilidades sociales, niveles altos de inseguridad, exceso de perfeccionismo, falta de habilidades para gestionar conflictos, dificultades para afrontar el estrés, inadecuado estilo de comunicación, entre otros.
El Liderazgo Positivo es Contagioso
El buen liderazgo también es contagioso. Por ello, invertir en programas que promuevan un liderazgo positivo y transformacional, facilita el contagio a lo largo de toda la organización de conductas dirigidas a cambiar y mejorar las relaciones laborales, la cultura organizacional, el clima laboral y el rendimiento de las personas, así como a mejorar los índices de bienestar, de motivación, el engagement y la salud de las personas que lo integran. Y eso, traducido, permite a las empresas y organizaciones promover, atraer y retener el talento, mejorar la productividad y ser más competitivos.
Un líder positivo es quien dirige, pero también impulsa el crecimiento de cada persona en su equipo. Busca que los coordinadores y directivos comuniquen la misión y visión de tu empresa, para eso es importante capacitarlos, así que durante su entrenamiento, transmite los valores de tu organización y pide que los integren con su ejemplo día a día. Motiva a los integrantes de su equipo para inspirarlos y recorrer el camino juntos.
Estrategias para un Liderazgo Apreciado y Respetado
Si deseas ser un líder apreciado y respetado por tu equipo, es fundamental evitar los comportamientos tóxicos y actuar de manera consistente. Aquí algunas estrategias para lograrlo:
- Sé consciente de tus actos: Reconoce cómo tus comportamientos afectan a los demás. Usa la videollamada para que puedas observar los mensajes no verbales y asegurarte de que tus comunicaciones sean claras y respetuosas.
- Proporciona retroalimentación constante y coherente: La retroalimentación debe ser constante y coherente. Evita dar mensajes contradictorios o mezclados que puedan confundir a tu equipo.
- Fomenta un ambiente de confianza: Un equipo que se siente seguro y valorado es más proactivo y comprometido. Evita intimidar o humillar a los empleados, y en su lugar, fomenta una cultura de respeto y colaboración.
El Neuroliderazgo y el Contagio Emocional
El neuroliderazgo considera el proceso de regulación de las emociones de las personas. La combinación de la satisfacción personal y calidad profesional se logra trabajando el cerebro. El contagio emocional en los entornos de trabajo tiene un mecanismo de actuación. Los líderes no deben olvidar que son espejos emocionales. Estos hacen elogios o los evitan, críticas constructivas o destructivas; dan apoyo o ignoran las necesidades de los demás; formulan u omiten una omisión, dirigen ordenando y orientando. Las actuaciones positivas hacen que el espejo emocional produzca satisfacción. Sin embargo, las actuaciones negativas provocan secuestro emocional. Estas emociones perjudican, secuestran la atención y descentran del trabajo.
El circuito abierto del sistema límbico depende de fuentes externas para su funcionamiento. Para activar estos circuitos es necesario el trabajo en equipo. El ser humano es un ser social, que no puede vivir aislado y que necesita vivir en comunidad para crecer y desarrollarse. Por tanto, estos circuitos invaden todas las dimensiones de la vida social y sintonizan automáticamente con las emociones de las personas. Los líderes son espejos emocionales. Sus comportamientos se reflejan en el resto de los miembros del equipo.
Un buen líder tiene una muy buena relación con él mismo y crea resonancias, relaciones positivas con los demás. La resonancia tiene que ver con lo que se transmite, la energía positiva, generar buenos ambientes de trabajo. La intuición es fundamental y está conectada con nuestras emociones. Nuestras neuronas funcionan en red tanto si reciben un estímulo positivo o negativo, lo que desencadena una actuación en nuestro organismo. Las relaciones interpersonales son muy parecidas a las reacciones celulares, están interconectadas y son interdependientes.
El Liderazgo Intuitivo e Inspiracional en Nuevos Entornos
Hoy apelamos al liderazgo intuitivo porque cuando los resultados son mucho más difíciles, existe mucha más competencia y los entornos son mucho más inciertos e inseguros. Dar órdenes o llevarnos bien con nuestro equipo no es suficiente. ¡Hay que apelar a un estilo de liderazgo inspiracional! Que esté basado en los valores, el compromiso, la coherencia, la transparencia, la pasión, la fuerza. El estilo de liderazgo hoy viene determinado por acompañar a los equipos en el difícil reto de conseguir resultados y que este camino sea un trayecto de aprendizaje y de sufrimiento.
La tendencia es que se evolucione hacia un liderazgo intuitivo, inspiracional. La inteligencia emocional es una inteligencia más, como la inteligencia intuitiva, la racional, la cognitiva. Un negocio tiene dos grandes patas: las cifras y las personas ¡y no puedes descuidar ninguna de las dos! La inteligencia cognitiva asegura la cifra, la emocional ayuda a que las personas se desarrollen y se integren; y la intuitiva apoya a las situaciones de incertidumbre.
