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Comunicación

El Caso Larrabure: Memoria, Justicia y el Legado de la Violencia Política en Argentina

by Admin on 20/05/2026

La historia de Argentino del Valle Larrabure es un eco persistente de uno de los períodos más oscuros y controvertidos de la historia argentina. Su secuestro y posterior asesinato a manos del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1975, en pleno gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, no solo conmocionó a la sociedad de entonces, sino que sigue siendo un punto de inflexión en el debate sobre la violencia política, la justicia y la memoria en el país.

Argentino del Valle Larrabure, un militar ejemplar e ingeniero químico, se desempeñaba como subdirector de la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María, en Córdoba. Su destino se selló en la madrugada del 12 de agosto de 1974, cuando la fábrica fue asaltada por un centenar de guerrilleros del ERP. Él, junto al capitán Roberto García, fue secuestrado. García intentó escapar y fue acribillado. Larrabure fue llevado a una de las llamadas “cárceles del pueblo”, un pequeño pozo donde carceleros encapuchados lo vigilaban las 24 horas del día. En reiteradas ocasiones le ofrecieron canjear su libertad a cambio de fabricar explosivos para ellos, pero el militar siempre se negó.

Su hijo, Arturo Larrabure, que entonces tenía 15 años y dormía a escasos 80 metros de distancia de la fábrica, recuerda: “Me despertaron los ruidos de combate. Era tiro va, tiro viene. Fue un combate feroz, las puertas quedaron completamente agujereadas, indudablemente los transgresores no tiraban con calibres menores”.

El Secuestro de Larrabure: Un Ataque Estratégico del ERP

El secuestro de Larrabure fue parte de una serie de acciones audaces del ERP en su intento de escalar el conflicto armado. El 11 de agosto de 1974, Mario Roberto Santucho y Juan Manuel Carrizo (alias “El Manco” o “El Legendario”), ordenaron al ERP atacar simultáneamente dos objetivos militares:

  • La “Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez”, al mando de Hugo Irurzún, “Capitán Santiago”, intentó copar el Regimiento de Infantería 17 de Catamarca.
  • La “Compañía Decididos de Córdoba”, bajo el mando de Juan Eliseo Ledesma, “Capitán Pedro”, tomó por asalto la Fábrica de Explosivos de Villa María, Córdoba.

Este último asalto, en el que se secuestró a Larrabure, fue facilitado por Mario Pettigiani, un miembro del ERP infiltrado en las filas del Ejército Argentino, quien le inició charla a Jorge Fernández, el soldado que vigilaba la reja de ingreso, y luego le disparó por la espalda. El objetivo del ERP era claro: robar una importante cantidad de armamentos para sus unidades y avanzar hacia la creación de un foco guerrillero rural en Tucumán, con la ambición de declarar una "zona liberada" y demandar reconocimiento internacional, bajo la consigna "Si Vietnam pudo, nosotros también".

373 Días de Cautiverio y Comunicación Clandestina

Durante su cautiverio de 373 días, Larrabure se comunicó con su esposa e hijos a través de cartas escritas a mano, mientras ellos le respondían a través de solicitadas en el diario LA NACION. En sus misivas, Larrabure buscaba transmitirles tranquilidad, aunque padecía de asma y se encontraba en condiciones insalubres. “Yo padezco la terrible desventura de pensar que puede dejar de funcionar y aumenta mi congoja de sentirme ahogado en este nicho donde el aire húmedo y enrarecido aumenta el asma que quebranta mi fuerza física”, escribió en un diario donde relató su experiencia.

Las cartas, solo ocho en 373 días, llegaban en fechas significativas como el Día de la Madre, cumpleaños o festividades, con el distintivo papel del ERP y la figura del "Che" Guevara. Los captores le hacían llegar ejemplares del diario LA NACION, cuyas solicitadas contenían mensajes de su familia. En 1975, bajo la misma condición que se le fijó al coronel Ibarzábal en el pasado, Larrabure pudo hacer llegar una misiva mencionando un posible canje de prisioneros, que incluía a cinco integrantes del ERP.

El 12 de julio de 1975, la familia recibió su última carta. Su hijo Arturo observó que “su letra era más chica, más apretada. Demasiados meses de encierro en situaciones anormales y, aun así, escribía que no estaba mal”.

La Muerte de Larrabure: Un Debate Controversial

El 23 de agosto de 1975, el cuerpo de Argentino del Valle Larrabure fue hallado al lado de una zanja, envuelto en plástico y con una marca alrededor de su cuello. La primera autopsia dictaminó “muerte por estrangulación”. La versión más aceptada es que fue asesinado y murió asfixiado, particularmente por el estado en el que se encontró su cuerpo, que terminó con apenas 40 kilos y otros signos de maltrato.

Sin embargo, el ERP afirmó que Larrabure se había suicidado, alegando que había sido presa de una profunda depresión y se había quitado la vida ahorcándose. Esta hipótesis fue descartada por su familia, en línea con su devoción por el catolicismo que condena el suicidio. Además, los peritos descubrieron que Larrabure tenía una alta graduación de alcohol en sangre en el momento de la muerte (3.19), lo que, según Arturo, indicaba que “una persona está adormecida y no se puede suicidar. Ni si quiera ponerse de pie”.

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El Legado y la Búsqueda de Justicia

Arturo Larrabure, después de muchos años de dolor, sigue atentamente los hechos relacionados con la muerte de su padre y considera que hay varias digresiones respecto a lo que se conoce, en general, sobre el secuestro y el asesinato. Su lucha por la justicia se intensificó con la llegada del gobierno de Néstor Kirchner en 2003, impulsado por lo que él considera una "mentira" y una visión sesgada de la historia, donde solo se cuenta el terrorismo de Estado, ignorando los crímenes del otro terrorismo.

En 2007, Arturo Larrabure inició una campaña judicial para reabrir el caso, argumentando que el crimen de su padre constituía un delito de lesa humanidad. Sin embargo, en 2018, la Cámara Federal de Rosario resolvió que lo ocurrido con Argentino del Valle Larrabure (así como tantos otros crímenes del ERP y de Montoneros en los años 70) no merece la calificación de “crimen de lesa humanidad”. Esta decisión se basó en el argumento de que el Ejército Argentino no “combatió”, sino que el ERP se enfrentó a la Policía, un argumento rechazado por la familia de Larrabure, quienes insisten en la existencia de un combate y la presencia de miembros del Ejército defendiendo la fábrica.

Debate sobre Crímenes de Lesa Humanidad: El Dictamen de Palacin

El debate sobre si los delitos del ERP y Montoneros pueden ser considerados crímenes de lesa humanidad ha sido central en la causa Larrabure. En 2007, el exfiscal general Claudio Palacin, quien intervino e impulsó causas por delitos de lesa humanidad cometidos por militares y policías durante la última dictadura, emitió un dictamen que marcó un quiebre. Inicialmente, el primer fiscal que intervino había dictaminado que, para que un delito fuera de lesa humanidad, debía ser cometido por o desde el Estado, características que, según su criterio, no cumplía el ERP.

Sin embargo, Palacin, tras analizar el derecho internacional, concluyó que "había elementos para investigar esos delitos como crímenes de guerra o de lesa humanidad". Argumentó que el derecho internacional establece que los delitos de lesa humanidad pueden ser cometidos desde el Estado, por el Estado, o por "una organización o grupo con un fin político, con estructura militarizada, que pretenda tomar el poder en el marco de un gobierno democrático, que cometa ataques sistemáticos y generalizados contra la población civil". Palacin destacó el apoyo del ERP de Cuba, la exUnión Soviética, la exChecoslovaquia y la Organización para la Liberación de Palestina, así como el entrenamiento de Santucho en Cuba.

A pesar de este dictamen, a fines de noviembre de 2007, el entonces procurador general de la Nación, Esteban Righi, dictó una instrucción general ordenando a los fiscales federales del país que no sostengan la idea de que los delitos de Montoneros o del ERP pudieran ser considerados como de lesa humanidad, sino que se trataba de delitos comunes. Actualmente, la causa se encuentra desde hace dos años en manos de la Corte Suprema de Justicia, que debe resolver si el secuestro, tortura y homicidio de Larrabure fue un delito de lesa humanidad, o no.

El legado de Larrabure trasciende su muerte. Ha sido objeto de homenajes y reconocimientos, con calles y promociones militares que llevan su nombre. En 2022, el Vaticano habilitó su caso para iniciar un proceso formal de canonización, y en 2023 fue declarado "Siervo de Dios". Más recientemente, en mayo de 2024, el gobierno de Javier Milei dispuso que la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María lleve el nombre de "Coronel Argentino del Valle Larrabure", en línea con su reinterpretación de uno de los momentos más oscuros de la historia argentina.

El caso de Argentino del Valle Larrabure sigue siendo un recordatorio de la complejidad y las profundas heridas que dejó la violencia política en Argentina. Su historia invita a la reflexión sobre la necesidad de contar la historia en su totalidad, sin sesgos, y de buscar justicia para todas las víctimas, independientemente de su afiliación.

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