Historia y Evolución del Mercado de Cuatro Caminos en Madrid
Cuatro Caminos es un barrio vibrante y dinámico situado en el distrito de Tetuán, en el noroeste de Madrid. El nombre "Cuatro Caminos" se debe a la confluencia de varias calles importantes en la zona, convirtiéndolo en un punto estratégico de comunicación desde el siglo XIX.
El barrio de Cuatro Caminos es una zona histórica de Madrid que presenta dos caras diferenciadas. La denominación de esta zona se debe a la glorieta de Cuatro Caminos, situada en el extremo suroeste del barrio. Según la historiadora María Isabel Gea, la glorieta se llamó así porque aquí convergían varios caminos: los dos sentidos del camino de Francia (hoy Bravo Murillo), el camino de Aceiteros (Reina Victoria) y la calle Santa Engracia.
El barrio que se fue formando desde este punto se ha convertido en uno de los más populosos de Madrid. La glorieta de Cuatro Caminos es un espacio amplio, rodeado de edificios de media altura y siempre muy concurrido de vehículos y de peatones. En la glorieta es muy importante la estación de Metro. De hecho, la primera línea que se inauguró del transporte suburbano en Madrid discurría entre la Puerta del Sol y Cuatro Caminos.
Este barrio, que es el más alejado del Centro de este proyecto, ya era un lugar importante en el siglo diecinueve y lo demuestra el hecho de que la primera línea del Metro construida conectara la Puerta del Sol con Cuatro Caminos. Con los años los cronistas llegaron a decir que Cuatro Caminos era una sucursal de la Puerta del Sol, aunque fue mucho más importante que todo eso, ya que por aquí entraban a Madrid las canalizaciones del Canal de Isabel II, lo que permitió la llegada de agua corriente a las casas madrileñas por primera vez.
Cuando Madrid empieza a mirar hacia su extrarradio norte, crecido informalmente a las puertas de la ciudad, lo hace a menudo como un espacio de comercio informal. La venta callejera hacía de la calle de Bravo Murillo un inmenso mercado callejero en el que se abastecían sus vecinos y los madrileños que salían a comprar en busca de mejores precios, ya que algunos productos aforaban impuestos al atravesar, precisamente, Cuatro Caminos.
Pronto empezaron a pedir al Ayuntamiento la construcción de un mercado cubierto vecinos agrupados y algunas figuras influyentes en el nuevo vecindario. Algunos de ellos, conviene tenerlo en cuenta, eran los industriales de la barriada, es decir, comerciantes con establecimiento cuyos pagos al municipio están regulados, por lo que la venta callejera suponía una competencia desleal para sus intereses.
“Es digna de censura la pasividad que preside todos los actos de nuestro Ayuntamiento. Hace varios años existe en la acera de la derecha de la calle de Bravo Murillo, a partir de la glorieta de los Cuatro Caminos, una larga fila de puestos fijos, donde se expenden carnes fritas al aire libre, pescados y verduras. Aparte de lo antiestético de su aspecto, producen emanaciones nada agradables, que aumentan en cuanto caen cuatro gotas, por tener estos vendedores convertida la carretera en depósito de desperdicios, y son un estorbo para la circulación.
En realidad, la imagen de los cajones atestando las calles y formando mercados había sido la normal en Madrid hasta hacía algunas décadas. El primer mercado cubierto fue el de San Ildefonso, que se construyó en 1835. A partir de ese año empezaron a levantarse el resto, lo que no acabó ni mucho menos con la venta en la calle, que a menudo se extendía por los alrededores de los nuevos mercados. Los trámites para la licitación del mercado de los Cuatro Caminos comenzaron en 1915 y el edificio fue una realidad inaugurable en 1919.
El mercado cubierto vino a unirse al resto de hitos y servicios del entorno de la glorieta, que más o menos en los mismos años llegaban a una barriada huérfana de atención municipal. En los alrededores estaban la casa de socorro, el colegio Cervantes, la biblioteca popular o la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Justo enfrente, se levantaron los edificios Titanic que aún dominan las alturas de la glorieta. Fue la misma compañía Metropolitana que llevó el metro a la barriada, en la que fue la primera línea de la red, y urbanizó Reina Victoria. La misma que había levantado las cocheras justo al lado del mercado, que fueron derribadas en 2021 tras una larga lucha vecinal por su conservación. De la enorme infraestructura hoy solo queda, precisamente, el viejo muro de perfil dentado en la calle Esquilache, junto a una de las fachadas del mercado.
El 11 de Mayo de 1931, justo un mes después de iniciarse la Segunda Republica en España, un incendio destruye por completo el Colegio de Nuestra Sra. Siendo alcalde de Madrid Don Pedro Rico López encarga al reconocidísimo arquitecto madrileño Pedro de Muguruza el proyecto de construcción de un Mercado Municipal que por sus dimensiones pasaría a ser el más importante de la capital además del más grande en superficie de toda Europa. Entre otros fue autor del edificio del Palacio de la Prensa en la Gran Vía, del Edificio Coliseum y la Estación del Norte de Ferrocarril.
Siendo ya alcalde de Madrid Don Alberto Alcocer, dichas obras se acometen en dos fases, la primera que se cierne sobre la planta de calle a ras de la calle Palencia teniendo una longitud aproximada de 200 metros lineales hasta llegar a la calle Hernani lindando al frente con la calle Bravo Murillo y por detrás a la calle Zarzalejo.
También es de mencionar la estructura del edificio. En la planta baja es de hormigón armado, con una retícula de 8x11m para los pilares. Los forjados son losas de hormigón armado de 30 cm. de espesor. La Planta comercial se sitúa a 2 metros de cota sobre la entrada principal en la calle Bravo Murillo.
La gran parte de las obras se han realizado para acondicionar el edificio en su faceta comercial, y como restauración de elementos principales. Así se han acondicionado totalmente las cubiertas, retejando e impermeabilizando con doble impermeabilización asfáltica. Ampliación del aparcamiento interior del mercado. Rehabilitación de las fachadas.
Muchos nos hemos sorprendido al encontrarnos en por el número 7 de la Avenida de Reina Victoria, muy cerca de Cuatro Caminos, un moderno edificio acristalado cuya parte baja está recubierta por la fachada de otro edificio anterior de ladrillo, con una profusa decoración a base de ladrillo y azulejo. El nuevo edificio, que fue construido en el año 2005, respetó parte de las fachadas del antiguo mercado de San Antonio de Padua, en la avenida y hacia la pequeña calle de Esquilache. No hemos encontrado noticia de quién fue el arquitecto (en la base de datos del Colegio de Arquitectos de Madrid figura huérfano), aunque en algunos sitios se lo atribuyen a Miguel Álvarez Naya.
Hoy esa primera línea se ha ampliado mucho hacia el norte y hacia el sur. Junto a la boca de entrada al subterráneo por la calle Reina Victoria se erige un tótem de Metro. En el interior de la estación podemos ver una serie de murales que recuerdan la historia de Metro en Madrid. En el andén de la línea dos hay uno que consiste en un tren de varios vagones en los que vemos distintas escenas ambientadas en distintas épocas.
Corría el año 1948 cuando un Tetuán que aún era barriada se anexionaba a la capital. Siete años después, en 1955, se consolidaba definitivamente como un distrito más. Conocer la historia de cada rincón en busca de cada hito artístico y arquitectónico. Empaparse del carácter peculiar de cada uno de los barrios de nuestro distrito recorriendo a pie calles y plazas, murales y esculturas es el objetivo de ‘Camina en Tetuán’, un programa en el que han participado cerca de cien personas que se han paseado por los 120 años de Tetuán de la mano de guías expertos.Las propuestas comenzaron a finales de diciembre por los barrios de Almenara, Castillejos, Cuatro Caminos, Berruguete, Bellas Vistas, Tetuán y Valdeacederas. Estaban organizadas en distintas distancias en función del público participante, cerca del centenar y de distintas edades, y en cuatro categorías: Tetuán Histórico; Tetuán Contemporáneo, Tetuán Neomudéjar y Tetuán Cultural-Saludable.
Desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, se desarrolló el estilo neomudéjar principalmente en las zonas de Valdeacederas, Berruguete y Cuatro Caminos. Las casas adosadas en Bellas Vistas y el Colegio Jaime Vera o el Hospital de la Cruz Roja San José y Santa Adela son ejemplos de este arte de la revolución industrial.
Fue en los siglos XX y XXI cuando el barrio se convertía en un importante enclave artístico en la transición hacia la modernidad con la introducción del acero, el hierro, el cristal o el hormigón armado en sus edificios. También la escultura acogía nuevos lenguajes y materiales como ‘La Broca’ de Vicente Larrea o ‘Generatrices’, de Andreu Alfaro.
El barrio de Cuatro Caminos es bullicioso. Por sus calles principales encontraremos multitud de peatones y muchos vehículos de paso. Es zona de muchos restaurantes, especialmente en la calle Orense y avenida del Brasil, aunque también en el paseo de la Castellana y en Bravo Murillo. Además de la curiosidad de la glorieta, el barrio ofrece otros atractivos que merece la pena destacar.
El Mercado de Maravillas, en la calle Bravo Murillo, es, según el Ayuntamiento, el más grande de Madrid y uno de los mayores de Europa. Dispone de varios accesos por sus cuatro costados y cuenta además con un aparcamiento subterráneo. El extremo sueste del barrio de Cuatro Caminos está ocupado por el complejo Azca, donde abundan los modernos edificios de oficinas de altura considerable.
En el subsuelo de la manzana hay un anillo de circulación de vehículos que facilita la comunicación con las calles de alrededor, así como zonas de aparcamiento. Una parte de la manzana, dando a la calle Orense, está ocupada por edificios de viviendas. En Azca tenemos Torre Picasso, cuyas fachadas blancas se elevan a 157 metros de altitud y que en la fecha de su construcción (1988) fue el techo de Madrid. Otros rascacielos destacados son Torre Europa (120 metros), Castellana 81 (107) y Torre Titania (104), donde estuvo el incendiado Edificio Windsor. Aquí también está uno de los centros comerciales de El Corte Inglés.
Uno de los grandes intercambiadores de transportes de Madrid está en el extremo sureste del barrio de Cuatro Caminos. Su nombre es Nuevos Ministerios y en su subsuelo se combinan líneas de Metro y de Cercanías. Desde aquí el acceso al aeropuerto de Barajas es directo. Se inauguró como estación de trenes en 1967 y el Metro se incorporó doce años después. La superficie del intercambiador es uno de esos puntos del barrio que más movimiento de personas registra durante el día.
Otro de los templos importantes del barrio de Cuatro Caminos es la basílica de la Merced. Por su gran tamaño, ocupa toda una manzana entre las calles Edgar Neville y Aviador Zorita. Mide 66 metros de largo por 42 de alto y de una de sus paredes interiores cuelga un Cristo de 9 metros de alto.
A pesar de que el 1919 todavía este paraje seguía siendo campo, y solo estaba construido el recientemente terminado Hospital de Maudes, se comenzaron a construir a un lado de la glorieta tres edificios monumentales, diseñados por los arquitectos Julián Otamendi y Casto Fernández-Shaw, en terrenos de la Compañía Metropolitana (Metro), de diez pisos de altura y fachada impresionante, cuyo tamaño llevó a los castizos a ponerle el sobrenombre de Titanic.
Un espacio querido en la memoria de los abuelos, punto de referencia para los caminantes de la ciudad, lugar de maravillas cotidianas. Casi un millón 200 mil pesos, cifra considerable para la época y que casi equivalía al dólar, costó el Mercado General de Abastos y Consumo, inaugurado en 1920. El Ayuntamiento de La Habana concedió la obra a Alfredo Hornedo y Suárez, con derecho a operarla durante tres décadas. Por aquel entonces los comerciantes eran sobre todo chinos, dedicados a las verduras y frutas, y españoles que dominaban la carnicería y los tejidos.
No solo fue espacio para negocios pequeños y medianos. También hubo oficinas de compañías comerciales como la Cooperativa de Armadores de Barcos, la Asociación Nacional de la Industria y Comercio de la Pesca de Cuba, la Chomer Fruit Company (Estados Unidos) y la Compañía de Mercados Públicos, dueña de la concesión del coloso. La edificación tiene dos niveles y sótano para ubicar los almacenes y cámaras de refrigeración. Su superficie es de poco más de 11 mil metros cuadrados. Sus cuatro fachadas permitían el acceso al interior. Son impresionantes las hileras de columnas muy gruesas que soportan las grandes cornisas. Los arcos de las entradas principales están coronados por dos enormes cuernos de la abundancia, símbolos del comercio.
Alejo Carpentier, escritor cubano Premio Cervantes, lo describió en una crónica como un lugar muy colorido y lleno de vida, con pinturas populares en sus paredes. Desde entonces ya se comercializaban productos únicos de la zona, como las yerbas y plantas medicinales, algunas utilizadas para prácticas de las religiones afrocubanas.
Como todos los edificios esenciales para una ciudad, sobre él hay historias que pertenecen al patrimonio intangible. También lo visitó Albert Einstein cuando en diciembre de 1930 recorrió la ciudad, sus barrios ricos y pobres. Hoy en día el edificio cuenta con modernos estilos de diseño en su interior, incluyendo el renovado mobiliario. En el primer nivel está el mercado de alimentos, una tienda de rones, vinos y licores, una confitería y espacio para pequeños negocios privados. También conserva el tradicional mercado agropecuario, donde venden frutas típicas, vegetales, viandas, granos y hortalizas. La belleza de la construcción se redimensionó al rescatar sus característicos y enormes ventanales de tipo louver.
Cuatro caminos es una especie de meca para las prácticas religiosas de origen afrocubano y el espiritismo. Visitarlo es una oportunidad para conocer al ciudadano común y vivir un poco su cotidianidad. Muy cerca de este edificio hay otro que recibe el nombre de Torre Alfredo Mahou, que con sus 85 metros de altura y 29 plantas ocupa el lugar décimo séptimo en la lista de edificios más altos de Madrid. Fue construido entre 1987 y 1990 siguiendo los planos concebidos por los arquitectos Raúl Eduardo Salata y Arquitectos Asociados S. A. Salvando mucho las distancias tiene cierto parecido con el Edificio MetLife de Nueva York, por su fachada semicircular. A pesar del logo que aparece en su remate, la empresa Adeslas no tiene ninguna oficina en este edificio, por lo que se trata de un cartel simplemente de carácter publicitario.
Esta iglesia, regentada por los padres capuchinos, fue mandada construir en la primera mitad del siglo XX por la condesa de Gavia. Se trata de uno de esos templos que se llena hasta los topes con regularidad. Exteriormente es sencilla, no llama la atención, y su interior está modestamente decorado. Perteneciente a la ONCE, el Museo Tiflológico ofrece una experiencia diferente para ver y tocar. De acceso gratuito, alberga tres colecciones permanentes. Una de ellas consiste en reproducciones de monumentos nacionales e internacionales, que se pueden ver y tocar, como el Palacio Real, el Taj Mahal o el Patio de los Leones de la Alhambra. Otra está dedicada a artistas ciegos y con discapacidad visual grave. Esta iglesia se encuentra entre la calle San Germán, límite norte del barrio, y la tranquila plaza de San Amaro. Destaca por su tamaño, con 50 de longitud y otros 50 de altura, y una capacidad de unas 600 personas sentadas.
En la plaza de Joan Miró, junto a la de Lima y frente al moderno estadio Santiago Bernabéu, se encuentra el Palacio de Congresos, actualmente en proceso de reforma. En su fachada principal destaca el gran mosaico creado por Miró. Cuando finalice su reforma está previsto que se convierta en sede de la Organización Mundial de Turismo de las Naciones Unidas.
Vivir en Cuatro Caminos es disfrutar de un barrio con todos los servicios necesarios para el día a día, además de una gran variedad de opciones de ocio y entretenimiento. En resumen, Cuatro Caminos es un barrio dinámico y en constante evolución, que ofrece una excelente calidad de vida y una amplia gama de servicios.
Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram.
