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Comunicación

Francisco de Goya: Influencias y Mentores en la Formación de un Genio

by Admin on 22/05/2026

En 2021 se conmemoró el 275 aniversario del nacimiento de Francisco de Goya y Lucientes, considerado el “primer artista moderno” y uno de los máximos exponentes de la Historia del Arte de todos los tiempos. Con una producción ingente, Goya es autor de obras imprescindibles como “La Familia de Carlos IV” (1804) y “El 3 de mayo de 1808 en Madrid” (1814).

Goya, nacido en Fuendetodos (Zaragoza) el 30 de marzo de 1746, demostró siempre un estilo personal y original, a la vanguardia de las vanguardias. Su individualidad y libertad artística lo convirtieron en precursor del Impresionismo, Realismo, Surrealismo, Existencialismo, Psicoanálisis y del Fotoperiodismo. Fue, además, uno de los mejores retratistas de todos los tiempos, multidisciplinar y polifacético, trabajando hasta el último momento de su vida, como lo evidencia su dibujo "Aún aprendo" (hacia 1826).

Orígenes e Inicios Artísticos

Francisco de Goya y Lucientes nació en el seno de una familia en Fuendetodos, aunque residían temporalmente en este pueblo cuando nació Francisco, su padre, Braulio José Goya, estaba avecindado en Zaragoza donde tenía su taller de dorador. Este oficio del padre supuso el primer contacto con las artes para el niño Goya. El matrimonio Goya tenía casa en Zaragoza, heredada de sus antepasados, donde instaló su taller en la calle de la Morería Cerrada.

En Zaragoza, Goya cursó estudios en el colegio de los Escolapios con su amigo Martín Zapater. Fue en esta ciudad donde entró como aprendiz en el taller de José Luzán Martínez.

José Luzán Martínez, el primer maestro de Goya.

José Luzán Martínez: El Primer Maestro

José Luzán y Martínez fue un pintor barroco español y el maestro más destacado de la pintura aragonesa del siglo XVIII, conocido por haber sido el primer profesor de dibujo y pintura de Francisco de Goya. En 1714, el escultor Juan Ramírez Mejandre creó una Academia de dibujo donde Luzán debió de iniciarse en el dibujo y la pintura. Hacia 1726, la familia Pignatelli, condes de Fuentes, viendo sus dotes para la pintura, decidieron enviarlo en 1730 a Nápoles con el pintor Giuseppe Mastroleo. Laureado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1758, Luzán pintó para iglesias y conventos de Zaragoza, como la Cartuja de Aula Dei.

La actividad inicial de Goya es poco conocida, pero consta que en 1763 y 1766 se presentó en Madrid a sendos concursos convocados por la Academia de San Fernando; los premios fueron otorgados a otros pintores sin que Goya obtuviera ni un voto del tribunal académico.

El Viaje a Italia y el Ascenso en Zaragoza

En abril de 1771, Goya se encontraba en Roma. De su estancia en Italia se sabe muy poco, aunque el viaje, que costeó de su bolsillo, debió ser de corta duración. En este viaje, la Academia de Parma le concedió un segundo premio por su obra "Aníbal vencedor, que por primera vez miró Italia desde los Alpes", pieza que estuvo mucho tiempo desaparecida y fue presentada como obra goyesca en 1994.

A mediados de 1771, Goya ya había regresado a Zaragoza, donde en octubre del mismo año se le confió el primer encargo conocido: la pintura de la bóveda del coreto del Pilar.

El Olimpo: batalla con los gigantes (boceto), 1764, obra de Francisco Bayeu.

Francisco Bayeu: Mentor y Valedor en la Corte

Francisco Bayeu, zaragozano y también discípulo de José Luzán, doce años mayor que Goya, ejerció sobre él un ascendiente no conocido en detalle, pero que debió ser de mentor y maestro. De hecho, en 1771, al participar en el concurso de Parma, Goya declaró explícitamente que era discípulo de F. Bayeu. Cuatro años después de su regreso a Zaragoza, en 1775, Goya contrajo matrimonio en Madrid con Josefa Bayeu, hermana de Francisco Bayeu. Esta unión le facilitó establecerse en la Corte y fue su primer valedor, quien le facilitó el ingreso en la Corte. Gracias a su cuñado, Goya empezó a trabajar como cartonista de la Real Fábrica de Tapices de Madrid, instalándose en Zaragoza por un breve periodo de tiempo. Para esa ocasión, Goya pinta su “Autorretrato” a la edad de 27 años.

Los 63 cartones que ejecutó entre 1775 y 1792 constituyen indudablemente la vertiente más destacada de su producción durante este período. Estos cartones patentizan el progresivo dominio técnico, el afinamiento de paleta y la desenvoltura de invención y observación que el maestro fue desarrollando a lo largo de esos años. Los temas de los cartones, de carácter costumbrista y popular, no fueron elección de Goya, pero le ofrecieron un campo muy propicio para dar una visión fresca, amable, y llena de gracia y de humor de la vida que le rodeaba.

Francisco de Goya. La cometa, 1787-1788.

La serie de los tapices, pese a las diferencias entre los más antiguos y los últimos, muestra cómo en su juventud su arte de componer se fue haciendo cada vez más sabio y cómo su colorido, al principio terroso, se fue aclarando y llenando de luz. Los temas representados son en su mayoría escenas populares del Madrid alegre de fines del siglo XVIII y sus trajes de colores claros en verbenas y romerías, antes de la Guerra de la Independencia. Goya se identifica con ese ambiente y crea un mundo de chisperos que ocultan su rostro en el embozo de la capa y de majas que beben, bailan y se divierten. Varios de los tapices menores están dedicados a los juegos de niños; entre los más antiguos se encuentran "Baile en San Antonio de la Florida" y "La cometa" (1777). En "La gallina ciega", "La florista", "La primavera", "El otoño", "El columpio" o "El pelele", la gracia y ligereza del rococó produce, en manos de Goya, algunas de sus obras más encantadoras.

Francisco de Goya. La nevada, o El Invierno, 1786.

La evolución general de la pintura madrileña en los años setenta y ochenta está marcada principalmente por el influjo en sentido neoclásico derivado de Mengs. En el período que va hasta 1790, Goya se afianza en la Corte. Desde 1780 es miembro de la Academia de San Fernando y asiste regularmente a sus sesiones. Goza de bienestar económico y se va imponiendo como retratista de la nobleza. En 1786 es nombrado pintor de cámara.

La Sordera y la Transformación Artística

Poco antes de 1790, Goya sufrió una enfermedad que dejó huella en su vida y su arte. En el invierno de 1792-1793, Goya estuvo muy enfermo. No se conoce a ciencia cierta la naturaleza del mal que le aquejó, “de las más terribles” a decir de Zapater, y que le dejó completamente sordo (desde que tenía 40 años, dolencia motivada posiblemente por una intoxicación paulatina por plomo y mercurio, al mezclar las pinturas, pigmentos, etc.). Al quedarse sordo, su espíritu se concentró en sí mismo, manifestando una imaginación inaudita hasta entonces. Ya no contemplaba su entorno desde el enfoque optimista de los tapices, se hizo consciente de numerosos defectos sociales y descubrió y representó los aspectos grotescos que descubría en los usos y costumbres de su tiempo en escenas que no podían ser pintadas para su antigua clientela, pero que le proporcionaban el placer de la creación sin trabas.

Apenas restablecido de su enfermedad, Goya pintó un grupo de cuadros. En 1975 fue nombrado, sucediendo a Francisco Bayeu, director de pintura de la Academia de San Fernando. En 1799 llegaba a la cúspide de su carrera oficial con el nombramiento de primer pintor de cámara. Su labor como retratista es inmensa en este tiempo, y de una sabiduría pictórica y profundidad sociológica.

Sus notas críticas se fueron haciendo más hondas en sus pinturas de carácter profano, y a las escenas de los cartones suceden "La casa de los locos" o "Los disciplinantes", ya sin rastro de optimismo. Al pasar al mundo del capricho y de la fantasía, siente especial atracción por la brujería, a la que dedica algunas pequeñas pinturas y la decoración de su casa.

Obras Religiosas y Murales

Aunque lo religioso ocupa un segundo plano en el conjunto de la producción goyesca, es un género que cultiva en alguna ocasión. A esa época juvenil pertenecen asimismo las pinturas de la Cartuja del Aula Dei, muy inspiradas en estampas. Pero donde Goya creó una de sus obras maestras es en las bóvedas de San Antonio de la Florida, sobre la historia del santo. Cuando las realizó hacía dos décadas desde su última bóveda del Pilar y su larga serie de cartones había transformado el estilo del aragonés, centrándolo en torno a lo profano, que invade asimismo estas escenas, cuya técnica presenta sorprendente soltura.

Cronología de Encargos Religiosos de Goya en Aragón
Año Lugar Obra
1771 Zaragoza (El Pilar) Bóveda del coreto
1774 Muel Cuatro padres de la iglesia en la ermita de Nuestra Señora de la Fuente
1774-1775 Zaragoza (Cartuja de Aula Dei) Murales para el claustro y la iglesia
1775 Pedrola (Palacio de la duquesa de Villahermosa) El baile de las máscaras (conservado)
1787-1788 Madrid (San Antonio de la Florida) Bóvedas de la ermita

¿Por qué Goya pintó sus pesadillas en las paredes? El misterio de la Quinta del Sordo

La Guerra de la Independencia y la Quinta del Sordo

La invasión napoleónica causó en él, como en todos sus contemporáneos, días amargos, y presenció el artista escenas de horror y sangre. Lo importante de aquella etapa de su trayectoria, en lo artístico, fue el reflejo de la ruina, la crueldad y el dolor: su veta pesimista, despertada por la sordera y el aislamiento, le hace dibujar escenas de lo que ve, lo que le cuentan o lo que imagina. En 1808, al subir al trono Fernando VII, Goya le retrató. En octubre de aquel año, ya en plena guerra contra los franceses, marchó a Zaragoza llamado por Palafox para ver y examinar las ruinas de aquella ciudad.

Francisco de Goya. El dos de mayo de 1808 en Madrid, 1814.

Restaurado en su trono Fernando VII, Goya se mantuvo como pintor de cámara. Es entonces cuando da forma definitiva a sus escenas de guerra, pero sigue pintando retratos, dibujando escenas de toros que grabó en su serie de "La Tauromaquia" y, sobre todo, renueva su técnica pictórica.

Goya contrajo matrimonio en Madrid, el 25 de julio de 1773, con Josefa Bayeu. Tuvo seis hijos, pero tan solo le sobrevivió Francisco Javier, que nació el 2 de diciembre de 1784. Su último hijo. Poco después, el 20 de junio de 1812, fallece Josefa Bayeu a los 65 años. Viudo desde poco antes de cumplir los setenta y cinco, hacia 1820 sufre otra enfermedad que su naturaleza poderosa vence. Su vida afectiva se centra en su nieto Mariano y en la niña Rosario Weiss, hija de la mujer que está a su cuidado, Leocadia Zorrilla. Se ha llegado incluso a especular con que la pequeña Rosario (nacida en 1814), fuera en realidad hija biológica de Goya. Sea como fuere, el de Fuendetodos mostró por la niña un “afecto paternal” siendo “su discípula predilecta”.

Tras el fallecimiento de su esposa, el 27 de febrero de 1819, Goya compra por 60.000 reales una finca a las afueras de Madrid conocida como “La Quinta del Sordo” con objeto de convertirla en su vivienda habitual y en cuyas paredes pintó las tortuosas “Pinturas Negras”. En sus paredes llevó a cabo las pinturas negras, donde volcó sus pensamientos más oscuros o exaltados.

Francisco de Goya. Maja y celestina al balcón, 1810-1812.

El Exilio en Burdeos y la Obra Gráfica

El absolutismo fernandino que siguió al breve periodo constitucional de 1820 a 1823 despertó temores en el pintor, que se sentía más atraído por los nuevos que por los viejos tiempos y, con permiso del rey, marcha a Francia y se establece en Burdeos, donde frecuenta la amistad de refugiados españoles y de Moratín.

En Burdeos, Goya gozaría de unos años, si no de felicidad, sí de relativa tranquilidad hasta su muerte, el 16 de abril de 1828, a los 82 años de edad, de una parálisis. Fue enterrado en el cementerio de La Chartreuse junto a su consuegro Martín de Goicoechea. Tras un inexplicable periplo, ya en 1919, sus restos (a falta del cráneo) fueron depositados finalmente en la ermita de San Antonio de la Florida (Madrid) donde hoy descansan bajo la maravillosa cúpula que él mismo pintó.

Retratista y Maestro del Grabado

Como retratista, Goya es de una sinceridad sorprendente y a veces despiadada. Pintó a sus modelos, habitualmente, con una penetración admirable, pero delatando también sus simpatías. Ocurre igualmente ante los reyes: mientras en los retratos de Carlos IV se advierte la limitación del monarca, en los de María Luisa pinta con fuerza lo picaresco de su espíritu. Lo femenino y la infancia tienen para Goya un particular atractivo. En su primera etapa vio la gracia femenina con una finura típicamente dieciochesca y algunos de sus retratos parecen figuras salidas de los cartones de sus tapices, como los de la familia del duque de Osuna, la duquesa de Alba o Tadea Arias. Como pintor de retratos de niños solo tiene parangón en la escuela inglesa, por la que pudo dejarse influir.

Por último, la personalidad artística de Goya quedaría incompleta sin su obra gráfica: es en ella donde contempla la realidad desde un ángulo crítico, pesimista o irónico, y donde llevó más lejos su imaginación. El mundo de las brujas ocupa mucho espacio en ellos. En "Los Desastres de la guerra", con sentido realista pero desde un plano muy general, desarrolla el asunto de los horrores de la contienda, a la bestia humana moviéndose sin freno. Su última serie de estampas es "La Tauromaquia".

Francisco de Goya. Disparate nº3. Disparate ridículo, 1864.

No fue un artista precoz, pero su arte y su técnica no dejaron de avanzar a lo largo de su nada corta vida. Pintor esencialmente colorista, desoyó los postulados del neoclasicismo y, partiendo del rococó, ejercería una influencia decisiva en la pintura decimonónica.

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