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Comunicación

El Liderazgo Sandinista: Creatividad, Principios y Resistencia Histórica en Nicaragua

by Admin on 22/05/2026

Un revolucionario, en el pleno sentido de la palabra, no puede apartarse de la vida ni conformarse a ser un artesano político: debe concebir la política como un arte; ergo, el primer deber de un revolucionario de alma colosal, como diría Emerson, es ser creador. El romanticismo de un pensamiento, temporal y defectuoso como toda obra humana, puede entusiasmar a más de alguno pero no produce más que hermosos eslóganes, consignas emocionales y seguras derrotas en el incie. La solución de los graves problemas de Nicaragua estaba en la vida, no en la ideología muerta.

El famoso arquitecto danés, Bjarke Ingels, uno de los 100 hombres más influyentes del mundo, según Time, y diseñador de las nuevas Torres Gemelas en Nueva York, soltó esta frase necesaria: “La creatividad es tener el poder de imaginar el mundo que aún no es parte del mundo”. No se trata de copiar, de repetir, de depender del manual teórico o de lo que otros hicieron con magros resultados. Y ahí está la diferencia entre la postergación y el desarrollo, entre el desastre y el logro, entre la mente mediocre y la inteligencia: la fantasía de algunos que les regalen el poder sobre los escombros de Nicaragua y la imaginación de los más, los nicaragüenses crecidos, de construir realmente un país de verdad.

Es lo que el comandante Daniel Ortega ha demostrado desde el último cuarto del siglo XX. Todas las auténticas revoluciones, nos guste o no, tienen un líder, desde la de los Estados Unidos, encabezada por George Washington, hasta la de Cuba, conducida por Fidel Castro. Los hechos, no el mito ni la propaganda, explican en parte por qué el comandante Daniel Ortega es el dirigente del Sandinismo y Jefe de la Revolución. Es bueno escudriñar la Historia y ver las causas de los acontecimientos y sus desenlaces, porque nada es al azar ni se acomoda al gusto de la historia oficial arreglada.

Orígenes e Influencias del Movimiento Sandinista

La historia del liderazgo sandinista tiene sus raíces en la lucha de Augusto César Sandino. “No me rendiré y aquí los espero. Yo quiero patria libre o morir.” Fue la respuesta de Augusto César Sandino a la carta que le había hecho llegar el jefe militar estadounidense, instalado en Nicaragua, donde lo amenazaba con perseguirlo hasta la muerte si no deponía las armas. Hostigadas por las humildes guerrillas de Sandino, el “general de hombres libres”, las tropas invasoras se retiran en 1933. Sin embargo, el 21 de febrero de 1934 Sandino, quien había aceptado una negociación con el gobierno nacional, es detenido y asesinado al salir de una recepción ofrecida por el presidente Juan Bautista. Bajo la tutela de Washington se instauró la dictadura de la dinastía Somoza, que duró más de cuatro décadas.

Las luchas de Sandino no cayeron en saco roto. En 1960, al calor de la revolución cubana, y guiados por los idearios de Sandino, Carlos Fonseca Amador, Tomas Borge Martínez y otros intelectuales darían nacimiento al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). La guerra de guerrillas formaba parte del repertorio contencioso que permanecía disponible para ellos, el mismo que había sido usado por Sandino y los revolucionarios cubanos. La insurrección popular armada es la médula de la lucha contra la dictadura. La lucha, de acuerdo a las circunstancias geográficas de nuestro país y de la gran fuerza material del ejército de la dictadura, tendría que ser de tipo guerrillero, tipo que tantas victorias produjo al glorioso general Augusto César Sandino, cuando combatía en las Segovias contra la infantería de marina de Estados Unidos de Norteamérica.

El asesinato de Somoza García en 1956 y la rebelión del pueblo cubano influyeron significativamente en la conformación de movimientos armados y de resistencia civil. El concepto de estructura de oportunidades políticas (EOP) es útil para explicar cómo en una situación de restricción de oportunidades políticas, los activistas logran romper el bloqueo y crear oportunidades para la movilización colectiva. El año de 1959 fue el más violento de la era somocista, antes de 1978. La hegemonía conservadora se vino reduciendo cuando entró en escena la guerrilla de Raudales y el triunfo de la Revolución Cubana, la que “produjo un tremendo impacto en el movimiento opositor nicaragüense, polarizando las fuerzas y dejando claras diferencias entre los movimientos progresistas y los partidos tradicionales”. Esos movimientos son los “antecedentes más visibles del FSLN”. Fonseca insistiría en agregar el término “sandinista” al Frente de Liberación Nacional (FLN), último movimiento armado del ciclo de protestas, lo que finalmente ocurriría en 1963.

La Crisis y el Renacimiento del FSLN: Liderazgo de Daniel Ortega

Los años 1975-1977 fueron definitorios para el FSLN. La represión desatada por Anastasio Somoza en las ciudades, los campos y las montañas en 1975 y 1976, prácticamente acabó con la guerrilla. Apenas quedaron escasos y dispersos grupos que terminaron perdidos en la montaña, o huyendo. El FSLN como tal, al menos su guerrilla basada en la tesis foquista, había prácticamente desaparecido. El exmiembro de la DN subraya que “A raíz de la muerte de Carlos Fonseca, la Montaña entra en un proceso acelerado de extinción…”.

“Algunos de nosotros -relata Torres- estábamos convencidos, de que la concepción de la lucha guerrillera que se había aplicado hasta ese momento era equivocada, y que no se debería seguir impulsando porque estaba condenada al fracaso”. Es en este contexto de desolación que Daniel y Humberto Ortega, Víctor Tirado López y Germán Pomares reorientan la lucha revolucionaria. Este proceso produjo Octubre de 1977, plataforma de la victoria del 19 de Julio de 1979, y el sandinismo entró así a un nivel superior en la lucha contra el somocismo.

Por algo, desde entonces, se denomina Octubre Victorioso a la organización de varios frentes de combate en 1977. Hay una nueva concepción estratégica y un Plan para derrocar a Somoza. El giro espectacular de los acontecimientos en menos de dos años fue sorprendente. Y el líder del ascenso histórico del FSLN, en el terreno de combate, es el comandante Daniel Ortega. “Comprendimos que la oportunidad para la ofensiva se había presentado en ese momento. Y decidimos lanzarla”, dijo el Comandante Daniel Ortega en 1978. La columna vertebral, más allá del papel, los planos y las proyecciones de escritorio, es el Frente Norte.

El historiador Adolfo Díaz Lacayo lo narra con objetividad, estableciendo el orden de los mandos, sus responsabilidades y actuación en la primera línea de fuego. El 9 de octubre, los guerrilleros se marcharon de Honduras rumbo a Nicaragua; “era una sola columna de combatientes bien apertrechados al mando de Daniel Ortega Saavedra y Víctor Tirado López como segundo jefe, cuyo Estado Mayor integraban Germán Pomares Ordoñez, Joaquín Cuadra y Francisco Rivera, “El Zorro””. El historiador Adolfo Díaz Lacayo anota las victorias del Frente Norte, guiado por el Comandante Daniel Ortega: “Entre el 15 de octubre y el 18 de diciembre de 1977, los fundadores del incipiente frente guerrillero del norte (unos 40), moviéndose en grupos de cinco, diez, quince y dando golpes sin respiro por donde menos lo esperaban, se tomaron temporalmente y con fines específicos los poblados de Mozonte, San Fernando, Santa Clara, el puesto fronterizo de Las Manos y otros pueblitos y algunos planteles madereros [...]”

El comandante Daniel Ortega no estaba cómodamente instalado en un hotel de San José. Todo lo contrario: se movilizaba en las cercanías de Ocotal. Daniel Ortega y Víctor Tirado están conscientes del fracaso del plan original y deciden mantenerse a la ofensiva en el terreno, sobre las vías de comunicación principal y secundaria atacando objetivos fijos pequeños. Esto a partir del 12 de octubre. La campaña en los frentes de combate es decisiva y define el liderazgo sandinista no en una suite de cinco estrellas en el extranjero, ni en una reunión de alto nivel a puertas cerradas en alguna nación vecina, sino en el mismo teatro de operaciones del General Augusto César Sandino: Las Segovias. Porque los liderazgos verdaderos no se regalan, ni se escogen con el dedo, sino que se ganan.

Humberto Ortega expone: “Esta columna del Frente Norte Carlos Fonseca Amador es la primera experiencia de las luchas guerrilleras desde finales de 1950, que logra mantenerse a la ofensiva durante varios meses sobre un limitado territorio, causando importantes bajas al enemigo… En todo el mes de diciembre de 1977, se mantiene la ofensiva sandinista en El Amparo, el Plantel de la Plywood, Las Camelias, El Limón y otras poblaciones. El 2 de diciembre, en la toma del poblado de Santa Clara y del puesto fronterizo de Las Manos. La Columna recupera armamento y documentación”. Estas victorias, lideradas por Daniel Ortega desde octubre de 1977 y los siguientes meses de 1978, ya no se detendrían.

El liderazgo del Comandante Daniel Ortega

La relevancia de la columna dirigida por el comandante Daniel Ortega potencia aún más al Frente Sandinista. El impacto nacional de los ataques de octubre, y los logros militares del Frente Norte que ‘llenan el vacío’ que provoca el fracaso del Plan General, permitió implementar la maniobra política del Grupo de los 12. Es decir, la entrada en la Historia de los Sergio Ramírez, los Tunnermann, el Grupo de Los 12 en sí y otros, es una consecuencia directa de las victorias políticas y militares comandadas por Daniel Ortega y los guerrilleros. Con la exitosa actividad militar del Frente Norte y con la incorporación en el escenario político nacional e internacional del Grupo de los 12, en alianza con los Terceristas, se logró amortiguar el fracaso del intento insurreccional de octubre.

Principios en Acción: La Revolución Sandinista y sus Desafíos

El 19 de julio de 1979 los jóvenes, trabajadores y campesinos de Nicaragua derrocaban la odiada dictadura de la familia Somoza, que había mantenido sojuzgado al país durante 43 años. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), un grupo guerrillero que cuatro años antes apenas contaba con 500 combatientes, llegaba al poder impulsado por el movimiento insurreccional de las masas. Una de las primeras tareas del gobierno sandinista, presidido por el joven Daniel Ortega, fue la Cruzada Nacional de Alfabetización, que en menos de diez años bajó el analfabetismo del 54% al 12%. Los pobres accedieron a los estudios superiores. La atención médica fue dejando de ser privilegio de una minoría. Los campesinos se beneficiaron de una reforma agraria, y se organizó a los pequeños y medianos productores en cooperativas. Se nacionalizaron los recursos estratégicos, mientras se impulsaba la sindicación.

Sin embargo, la revolución enfrentó enormes desafíos. Si desde el gobierno del presidente Carter ya se apoyaba a ex guardias somocistas en la conformación de grupos contrarrevolucionarios, con Ronald Reagan la confrontación fue total. Unos meses antes, en abril de 1980, la casi totalidad de miembros de la oligarquía se había retirado del Frente, uniéndose a la elite somocista para plegarse al plan desestabilizador de Washington. A pesar de los estragos y crímenes que cometía -se calculan 29.000 muertos al final del conflicto-, la contrarrevolución era un fracaso militar. En 1984 los sandinistas ganan ampliamente las elecciones presidenciales y legislativas. En esos momentos la revolución estaba económica y humanamente agotada.

Candidata de Washington y de las fuerzas anti-sandinistas, Violeta Chamorro triunfa en febrero de 1990. Con la señora Chamorro llegaron las políticas neoliberales, apuntaladas por las empresas transnacionales. A partir de 1990, tres presidentes -Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños- arrasaron con lo que realizó la revolución sandinista. Los salarios llegaron a perder la tercera parte de su valor. Ese doloroso retroceso parece no tener freno.

La Resiliencia y el Retorno al Poder del FSLN

Con la derrota electoral de 1990 y el sorpresivo desbande de los cuadros que se consideraban los “sandinistas” más puros, Daniel Ortega se constituyó en el cohesionador del FSLN al evitar el destino de los partidos deshabitados: la fragmentación y el olvido. En 1994, durante el congreso de su partido, se enfrentan dos posiciones. Según Fonseca, “unos predicaron la renuncia al antiimperialismo, al socialismo, al carácter de vanguardia del partido. El otro sector, encabezado por Daniel Ortega, exponía la necesidad de hacer un replanteamiento programático sin apartarse de los principios ideológicos del sandinismo”. De los quince cargos de dirección, los sandinistas liderados por Ortega obtuvieron doce.

Este singular parteaguas de la Historia en 2006, sin menoscabo de los que también hicieron posible derrocar a la sangrienta tiranía, corroboraría que el comandante Ortega fue el principal protagonista del triunfo de la Revolución de 1979. Sorpresivamente, y a pesar de todas las campañas en su contra, el FSLN y Daniel Ortega regresaron al gobierno en noviembre 2006 (con el 38% de los votos). En el gobierno desde el 10 de enero 2007, el FSLN pasó a ganar las elecciones en 105 municipalidades, de las 146 existentes, el 9 de noviembre de 2008. Y esto explica los avances de Nicaragua desde 2007, a pesar del desastre provocado por las momias “cívicas” en 2018.

A pesar de insultos y señalamientos personales contra los dirigentes sandinistas, la salud y la educación han vuelto a ser gratuitos. Miles de niños han regresado a la escuela, dejando de trabajar o pedir limosna. El plan “Hambre Cero” entrega un millón de platos diarios en los centros educativos. El mismo plan busca la soberanía y seguridad alimenticia del país, legalizando tierras, y entregando préstamos al pequeño y mediano productor a muy bajo interés. Unas cien mil familias campesinas se benefician con este proyecto administrado por mujeres, organizadas en cooperativas. Ellas reciben capacitación y les entregan vacas, cerdos, semillas. El programa “Usura Cero” continúa esta labor.

La Contribución Fundamental de las Mujeres al Liderazgo Sandinista

La Revolución Popular Sandinista y sus principales actores fueron objeto de estudio de varias corrientes teóricas, pero es crucial reconocer la participación de las mujeres en todos los niveles de la lucha. Se han agolpado en la memoria una lista enorme de anónimas o muy poco reconocidas protagonistas.

  • No se puede olvidar a una de las primeras caídas, Luisa Amanda Espinoza, de origen proletario, quien cayó en León, el 3 de abril de 1970, a sus 22 años.
  • En 1975, Arlen Siu, de Jinotepe, proveniente de los movimientos cristianos, no solo poseía una gran capacidad de análisis, sino también talento como compositora, adaptando canciones a la lucha sandinista. Tenía 21 años cuando cayó en El Sauce.
  • Mildred Abaunza, investigadora social, fue una de las colaboradoras más firmes de la red de Tomás Borge, muriendo en confrontación con la guardia en 1976.
  • Claudia Chamorro, con gran capacidad física y convicción, fue de las pocas mujeres de la ciudad que aguantó la montaña, cayendo el 9 de enero de 1977.
  • Merceditas Avendaño, extraordinaria obrera de León, pasó a la clandestinidad para formar parte del comando que asaltó la casa de Chema Castillo, cayendo junto a la intelectual Angelita Morales Avilés el 14 de mayo de 1977. Angelita, con buen nivel académico, investigó sobre Sandino y fue reconocida por Jaime Wheelock.
  • El 17 de octubre de 1977, caen combatiendo en Managua, en las inmediaciones del cine Cabrera, las compañeras Martha Angélica, quien se integró con absoluta pasión al frente sandinista desde los 15 años.
  • Urania Zelaya Úbeda, una niña de no más de 17 años, valiente y terca, decidió hacer un ataque a una patrulla en el Reparto Las Palmas en plena insurrección de septiembre del 78, cayendo junto a otros compañeros.
  • El 13 de abril de 1979, en Estelí, junto con el Dr. Alejandro Dávila Bolaños, es asesinada la enfermera Clotilde Moreno.
  • Tres días después, en León, se sufrieron las muertes de casi toda la dirección insurreccional en el Reparto Veracruz, entre las que se encuentran la mexicana Aracelly Pérez e Idania Fernández.
  • Nunca se deberá olvidar el asesinato de las familias González y Castillo en Condega, el 3 de mayo de 1979, incluyendo a Aura Velia González y Vilma González.
  • En Ocotal, la Profesora Antúnez ofreció cooperación incondicional. Su hija, a los 15 años, formó parte de la columna Jacinto Hernández y cayó en la masacre de Nueva Guinea.
  • Perla María Norori, del Movimiento Cristiano de León, fue responsable de los barrios occidentales de Managua antes de su muerte en combate en 1979.
  • Recién graduada en medicina, Aura Ortiz, estudiante de periodismo, se fue a la clandestinidad y cayó combatiendo el 7 de junio de 1979 en Carazo.
  • Lucrecia Lindo, una mujer revolucionaria, encarnaba los ideales por los que luchaban, no admitiendo dobleces ni ambigüedades.
  • María Linnette Martínez, también conocida como Rita, morena de esbelto cuerpo y gran capacidad organizativa, murió en plena insurrección.
  • Otros nombres de mujeres caídas incluyen a María del Pilar Gutiérrez (Chinandega, 1978), Bertha Díaz y Martha Gioconda García (Managua, 1979), Laura Caridad Espinoza, la enfermera Rafaela Padilla y Lilia Velásquez Garay (Masaya, 1979), y Martha Navarro (Catarina, 1979).
  • En Managua, en el combativo barrio Santa Rosa, caen la combatiente sandinista Francisca Delgado Nayre, su hija Dominga y su hermana Marina.
  • Miriam Tinoco era una combatiente aventajada, combinando audacia con disciplina.

Mujeres en Roles de Liderazgo y Colaboración

Además de las combatientes caídas, numerosas mujeres jugaron roles cruciales en la dirección y el apoyo al movimiento.

  • Doris Tijerino siempre jugó un rol moral.
  • Gladys Báez cautivaba con sus sonoras carcajadas y su sencillez.
  • Olga Avilés, “la tía”, tuvo responsabilidades y jefatura, y debió ser comandante guerrillera.
  • Benigna Mendiola, precursora fiel a su origen campesino, sigue luchando por el derecho a la tierra.
  • Michele Najlis, luchadora inclaudicable.
  • Dora María Téllez se destacó no solo por su papel en el asalto al Palacio, sino en su participación en el Frente Norte y luego en León, liderando grandes operaciones militares.
  • Leticia Herrera, una mujer amable que no aparenta la firmeza de su carácter, también participó en estas operaciones.
  • Norita Astorga, conocida por el secuestro y ajusticiamiento del Perro Vega, ejemplificó la renuncia a una vida cómoda y la asunción de tareas sin vacilaciones.
  • Campesinas como María Venencia, Amada Aguilar, Ángela y Cándida García, y Amada Pineda, expusieron la represión y violaciones en las zonas rurales, demostrando coraje y valor.
  • Rosa Argentina Ortiz, herida en combate y capturada, resistió torturas y violaciones en las cárceles, manteniendo una grandeza moral digna.
  • Raquel Balladares, la dentista, resistió la montaña sacando muelas a guerrilleros y campesinos.
  • Mayra, una campesina del norte, actuó como correo, pasando retenes de la guardia con gran capacidad y coraje.
  • Del movimiento estudiantil (FER) y cristiano surgieron muchas mujeres de extracción popular y clase media, como Silvia Torres, Amparo, Ivania, Emilia Torres, Aurora Zamora, Martina Meyrat, Martha Magaly Quintana, Mary y Gilda Bolt, Damaris Vázquez, Ana Isabel Morales, y la osada Luz Marina Acosta.
  • Lourdes Jirón, del movimiento cristiano, destacaba por su abnegación y entrega.
  • También hubo profesionales como la Dra. Vilma Núñez de Escorcia y la Dra. Flores, y colaboradoras como Doña Cela de Porras y Santitos Bervis.
  • En Ocotal, la profesora Rosario Antúnez y la familia de don Lucío Martínez, con Libia Martínez y sus tías, fueron clave.
  • En Condega, las familias Centeno (Amanda, Miriam, Luisa) y Corrales (Vilma, Thelma, Miriam), así como varias mujeres de la familia González, ofrecieron apoyo.
  • En Estelí, colaboradoras como Rosario Altamirano y su familia, Martha Marina González, América Rodríguez, Dolores Arroliga “María” y su hija Reyna Arróliga, y la empleada Paz “Pacita”, fueron fundamentales.
  • Doña Paulina Alonso, “Mama Inés”, albergó a Carlos Fonseca. Su sobrina, Ma. Auxiliadora Cruz, compartió prisión con otras combatientes.
  • El apoyo de Doña Mary Barreda y su familia, incluyendo a su esposo don Felipe y sus hijas, fue insustituible. Doña Mary, pese a vivir cómodamente, fue absolutamente cristiana y consecuente, siendo asesinada y torturada salvajemente.
  • En Estelí, mujeres como Socorro Sirias y Sonia Uriarte, asumieron altas responsabilidades político-organizativas.

Estas historias evidencian que el liderazgo sandinista se forjó no solo en la cúpula, sino en la amplia participación de hombres y mujeres de diversas extracciones sociales, que con su coraje y convicción, transformaron la realidad de Nicaragua. Miembro de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, Daniel Ortega formó parte de la Junta de Gobierno de la cual fue su Coordinador; luego, electo Presidente. Tan altas responsabilidades confirman las razones de su relevancia en la Revolución Popular Sandinista: es el liderazgo más documentado en los ámbitos del conocimiento histórico.

Daniel Ortega, figura central del liderazgo sandinista durante la revolución y en su retorno al poder.
Augusto C. Sandino, el general de hombres libres, inspirador del movimiento sandinista.
Mujeres sandinistas, pilares fundamentales de la lucha y construcción revolucionaria.
Mapa destacando las operaciones del Frente Norte en 1977, cruciales para la ofensiva final.

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