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Comunicación

Clara Campoamor: Liderazgo, Libertad y la Conquista del Voto Femenino

by Admin on 24/05/2026

Clara Campoamor, abogada, política y una de las principales impulsoras del sufragio femenino en España, dejó un legado de frases y discursos que resuenan con fuerza en el ámbito del liderazgo y la libertad. Su trayectoria personal y profesional, marcada por la perseverancia y el compromiso, la convierte en un referente ineludible para comprender la lucha por la igualdad de derechos.

La libertad se aprende ejerciéndola: Una filosofía de vida

Una de sus frases más conocidas, “la libertad se aprende ejerciéndola”, resume una idea clave sobre la libertad. La libertad no es solo un principio abstracto, sino una práctica que se construye a través de decisiones y responsabilidades concretas. La RAE la define como la facultad natural que tiene la persona de actuar o no actuar, siendo responsable de sus actos. En este sentido, la libertad no solo implica poder elegir, sino también asumir las consecuencias de esas decisiones. Es, por tanto, exige madurez, conciencia y compromiso. De ahí que Campoamor insistiera en que la libertad no se aprende únicamente de forma teórica. Igual que los primeros pasos al aprender a caminar, la libertad se conquista mediante la práctica: intentando, equivocándose, levantándose de nuevo y avanzando poco a poco. Solo cuando las personas pueden ejercer sus derechos y participar en la vida común, desarrollan plenamente esa capacidad de decidir y responsabilizarse de sus actos.

En el caso de las mujeres, durante mucho tiempo esa posibilidad estuvo limitada por leyes y costumbres que restringían su participación en distintos ámbitos. Por ello, la reivindicación del voto femenino no fue solo una cuestión política, sino también un paso fundamental para reconocer a las mujeres como ciudadanas con plena capacidad de decisión en la vida pública.

La historia muestra que la libertad y la igualdad están profundamente relacionadas. Para que todas las personas puedan ejercer su libertad en condiciones reales, la sociedad debe procurar que existan oportunidades y derechos compartidos. Precisamente eso era lo que defendía Campoamor: que hombres y mujeres pudieran participar en igualdad en la construcción de la vida pública. La frase de Campoamor sigue teniendo sentido en esta sociedad porque recuerda algo esencial, y es que la libertad no se mantiene viva por sí sola.

Clara Campoamor: Una vida dedicada a la igualdad

Clara Campoamor Rodríguez nació el 12 de febrero de 1888 en Madrid en el seno de una familia humilde. De familia humilde, trabajó desde muy joven y ejerció como profesora especial de taquigrafía y mecanografía en las Escuelas de Adultas de Madrid. Debido al fallecimiento de su padre cuando ella tan sólo tenía 10 años, se vio obligada a dejar los estudios para trabajar y así contribuir a la economía familiar. Sin embargo, su deseo de formarse la llevó a retomar los estudios ya en la edad adulta. Con 32 años ingresó en la universidad y en 1924 se licenció en Derecho en la Universidad de Madrid. Desde entonces ejerció como abogada y participó activamente en la vida pública defendiendo reformas sociales y jurídicas, entre ellas la primera ley del divorcio.

Fue en sus años de universitaria cuando comenzó a interesarse por la política, haciendo de conferenciante en la Asociación Femenina Universitaria y en la Academia de Jurisprudencia. Este trabajo fue el que le impulsó a moverse por círculos intelectuales y llegar a ser secretaria del director del periódico La Tribuna, Salvador Cánovas Cervantes. Se rodeó de mujeres como la sufragista Carmen de Burgos o Margarita Nelken, quien posteriormente sería su compañera en las Cortes Españolas, lo que la llevó a interesarse especialmente por la situación de la mujer en la sociedad. Tanto fue así, que participó en la fundación de la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas y el Instituto Internacional de Uniones Internacionales. Durante su etapa como política, luchó para que no hubiera discriminación de sexos, por la igualdad entre los hijos extramaritales y el divorcio.

La lucha por el sufragio femenino

En 1931, durante el debate en el Congreso sobre el derecho al voto de las mujeres, se produjo una intensa discusión parlamentaria. En un hemiciclo compuesto por 470 diputados, solo tres eran mujeres. De ellas, Campoamor fue la única que defendió abiertamente el sufragio femenino, incluso frente a miembros de su propio partido. Perteneciente al Partido Radical de Alejandro Lerroux llevó a las Cortes Españolas el debate para aprobar el sufragio universal, el cual no fue bien recibido por sus compañeros de grupo e integrantes de los partidos progresistas, como Victoria Kent. Ellos defendían que para que las mujeres pudiesen votar primero era necesario un cambio en la mentalidad de la sociedad española, porque, de lo contrario, el beneficiario de los votos de las mujeres serían los partidos conservadores, ya que éstas estaban muy influenciadas por la Iglesia. Finalmente, el Parlamento aprobó el voto de las mujeres.

Hoy, 1 de octubre, se cumplen 90 años de la consecución del sufragio activo femenino. Su trayectoria personal da aún más sentido a sus palabras. Clara Campoamor defendió esta idea en un momento especialmente decisivo de la historia española.

Tras proclamarse la Segunda República, Clara Campoamor fue elegida diputada por la circunscripción de la ciudad de Madrid en las elecciones de 1931. Curiosamente, las mujeres en aquella época en España podían ser elegidas, pero no votar. No obstante, el sufragio universal comenzaba a ser una tendencia en el resto del mundo.

El contexto internacional del sufragio femenino

En los primeros años del siglo XX, las mujeres habían ganado el derecho al voto en las elecciones nacionales en varios países.

País Año de Concesión del Sufragio Femenino
Nueva Zelanda 1893
Australia 1902
Finlandia 1906
Noruega 1913
Suecia (elecciones locales) principios del s. XX
Estados Unidos (elecciones locales) principios del s. XX

Así, durante el periodo de las Cortes Constituyentes de 1931, Campoamor contribuyó a elaborar el proyecto de la Constitución de la nueva República. Por su parte, los sectores de la izquierda -con algunas excepciones- se negaban a conceder el sufragio universal porque, según ellos, la mujer estaba muy influida por la Iglesia y votaría a favor de la derecha. En 1934, Clara Campoamor abandonó la política, escribió varias obras, y al estallar la Guerra Civil, se exilió en Ginebra.

Discurso de Clara Campoamor en las Cortes de 1931

Clara Campoamor es considerada el principal artífice en España de la obtención del voto de la mujer, y, en consecuencia, del sufragio universal, en las Cortes de 1931. Un día como hoy, 87 años atrás, Clara Campoamor habló ante Las Cortes en favor del sufragio activo femenino. Su discurso, un claro ejemplo de liderazgo y argumentación, se centró en la igualdad de derechos y la capacidad intelectual de la mujer.

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, VictorConsiderant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto - que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Desconocer esto es negar la realidad evidente. No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate.

Este discurso evidencia la convicción de Campoamor en la capacidad de las mujeres y su derecho inalienable a participar en la vida pública. Sus palabras no solo desmontaron los argumentos en contra del sufragio femenino, sino que también apelaron a la ética y la justicia, sentando las bases para un cambio histórico en España.

La Historia Real de Clara Campoamor y la Lucha por el Voto Femenino | Documental Español

El Día Internacional de la Mujer y el legado de Campoamor

Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer, una fecha que recuerda la participación de las mujeres en la sociedad y la importancia de su derecho a participar plenamente en la vida pública y familiar. No se trata solo de un recuerdo, sino de reflexionar sobre los avances alcanzados y mantener presente la necesidad de que la igualdad entre hombres y mujeres se ejerza con responsabilidad. En España, esta reflexión suele ir acompañada del recuerdo de figuras que contribuyeron decisivamente a ampliar los derechos de las mujeres. Entre ellas destaca Clara Campoamor. Recordar su figura en un día como hoy ayuda a comprender mejor el sentido del 8 de marzo. No se trata solo de mirar al pasado, sino de reconocer cómo determinados avances en derechos han sido fruto del esfuerzo y la perseverancia de muchas personas. La frase de Campoamor sigue teniendo sentido en esta sociedad porque recuerda algo esencial, y es que la libertad no se mantiene viva por sí sola.

El 8 de marzo ofrece, por tanto, una ocasión para recordar ese proceso histórico y a quienes contribuyeron a hacerlo posible. También invita a reflexionar sobre el significado de la libertad en nuestra vida cotidiana. Una libertad que no consiste simplemente en hacer lo que uno desea en cada momento, sino en actuar con responsabilidad, pensando también en el bien común y en la convivencia social.

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