La Carencia de Formación Emprendedora: Un Reto Estructural para España
Crear empleo, crecer económicamente, estimular la innovación, atraer inversión o aumentar la competitividad son objetivos comunes y recurrentes de cualquier economía mundial. Un elemento que contribuye de manera significativa a conseguirlos es el emprendimiento, entendido como la puesta en marcha de proyectos empresariales basados en ideas innovadoras orientadas a la creación de valor. Sin embargo, en España, la preferencia por ser funcionarios antes que emprendedores persiste.
Aunque todo parezca ir en contra de un proyecto para crear un negocio propio, Ernest Sánchez, CEO de Nuclio Venture Builder, explica que ahora mismo es cuando hay que aprovechar: “Sin duda es un buen momento para emprender. A nivel económico hay mucho capital para invertir a pesar de la pandemia y la guerra. La economía está creciendo y ya es momento para reactivar”.
La Paradoja Española: Intención vs. Acción
España presenta una paradoja significativa: el 34,5% de los jóvenes entre 18 y 35 años preferiría crear su propia empresa antes que firmar un contrato laboral. Este porcentaje ha crecido considerablemente desde el 18% en 2010. Pese a ello, solo el 12% de los fundadores españoles tienen entre 18 y 34 años. En contraste, en Francia, ese porcentaje es del 38%, y en Alemania, del 29%. Existe una brecha enorme entre lo que se desea y lo que se hace, entre la intención y la acción.
Este bajo índice de emprendimiento juvenil en España responde principalmente a una crisis de autoconocimiento, no a una escasez de talento. El problema de fondo es la ausencia de formación en autoconocimiento aplicado: el 68,4% de universitarios no ha recibido formación emprendedora específica y solo el 15,7% de los jóvenes percibe el emprendimiento como una opción real.
Barreras Estructurales al Emprendimiento
Las barreras estructurales en España son reales y no menores, dificultando enormemente la creación y el crecimiento de nuevas empresas.
Burocracia y Trámites Administrativos
España sigue imponiendo las mayores trabas al emprendimiento de Europa Occidental. Pocos países en Europa tienen tantos trámites y tantas ventanillas. Abrir una empresa en España supone 47 días de media y requiere 10 trámites administrativos. En contraste, en Portugal o Dinamarca, el proceso toma solo 6 días, y en Francia, 7. Gonzalo Illesca resumió este proceso explicando que “en España, abrir un pequeño proyecto es tan complicado como abrir una multinacional, porque la burocracia no diferencia”.
Carga Fiscal y Financiera
Los emprendedores tienen que pagar cuotas e impuestos fijos incluso cuando apenas facturan. Un autónomo con ingresos mínimos en España puede pagar hasta el 40% de sus ingresos en cuotas fijas desde el primer día. En Francia, el primer año es libre de cuotas. Como ejemplo, “abrir una peluquería implica sumar muchos cortes de pelo únicamente para cubrir la cuota, antes de ganar para vivir”. Además, el aparato fiscal fue diseñado para grandes compañías y para recaudar de rentas del trabajo. El emprendedor pequeño no tiene los recursos legales que tienen las grandes empresas para optimizar impuestos.
Para Illesca, mientras que en países como EE. UU. o Chile se fomenta la inversión privada o la financiación basada en la viabilidad de la idea, en España buena parte de las ayudas públicas acaban filtrándose a través de capas intermedias de gestores y consultores. Marta Grañó explicó que muchas líneas de subvenciones y créditos blandos existen más sobre el papel que en la realidad: “todo el mundo habla de ayudas al emprendimiento, pero si preguntas a quienes de verdad están montando un negocio, la mayoría te dirá que acceder a ellas es complicado, lento y lleno de condiciones. Y al final, el banco te pide avales personales”.
Mentalidad Social y Tolerancia al Fracaso
A estos frenos se suma una mentalidad social que privilegia la seguridad. “Aquí, la tolerancia al fracaso es muy baja comparada con la anglosajona”. A ese factor se suma la mentalidad social: la seguridad de un salario fijo, preferiblemente en una gran empresa o en la Administración, sigue siendo para muchos el destino soñado. En muchos países, haber fracasado en un negocio anterior es una credencial que demuestra aprendizaje, resiliencia y conocimiento del terreno. En España, el fracaso sigue siendo un estigma.
El 61% de las empresas fundadas por menores de 30 años en España no supera los cinco años, y el 85% de las startups no llega a los tres. No veas el despenalizar el fracaso como un eslogan, sino como una necesidad para fomentar la innovación y la toma de riesgos calculados.
El Modelo del Estado del Bienestar como Desincentivo
Gonzalo Illesca criticó el diseño actual del modelo del Estado del Bienestar porque se ha convertido en el “peor de los incentivos para emprender”. En este entorno, si bien muchos extranjeros deciden venir a emprender a nuestro país, Grañó resaltó que “la segunda generación de esas familias ya se integra en la mentalidad local y emprende menos”.
La Carencia de Formación Emprendedora
La principal causa del fracaso de muchos negocios se debe a la falta de formación. Y no precisamente a través de estudios de máster o universitarios, sino la más básica.
Educación Escolar y Universitaria: Una Asignatura Pendiente
Los datos no son nada favorables, ya que España es de los últimos países en Europa en los rankings de educación emprendedora en la escuela, pese a que el nivel de formación universitaria es muy elevado. En España, la formación emprendedora sigue siendo una asignatura pendiente: en una escala de 1 a 10, la educación y formación emprendedora en la etapa escolar apenas llega a un 2,6 según la valoración experta. En la etapa universitaria y de formación profesional, la puntuación alcanza un 5,2, una mejora notable respecto al 4,3 de 2023, y sigue una tendencia claramente ascendente. Pese a este avance, se sitúa lejos de niveles considerados sólidos.
Aun así, el emprendimiento ha ganado relevancia dentro de la educación superior en los últimos años: el 92 % de las universidades españolas desarrollan iniciativas para fomentarlo, más del 75 % de las universidades públicas cuentan con estructura propia en este ámbito y casi el 60 % dispone de recursos destinados específicamente a esas acciones.
La capacidad de emprender no es algo con lo que se nazca, pero tampoco depende solo de la formación que se reciba. La educación primaria, secundaria y superior tienen un papel destacado en dar a conocer el emprendimiento como vocación profesional y, a su vez, en dotar al estudiantado de las herramientas, los conocimientos y las destrezas para poder decantarse por esa opción.
Desigualdades en la Oferta Educativa
Aunque la Ley que entró en vigor en enero de 2021 introdujo algunas asignaturas en ESO y Bachillerato sobre emprendimiento y economía, la mayoría de ellas son optativas. Para los economistas, las medidas tomadas por algunas comunidades se basan principalmente en la oferta de un gran número de asignaturas optativas (una entre ocho en 3º de la ESO y entre 13 en 4º). En este sentido, apuntaron los economistas, "hay Comunidades donde sí que se han ofertado suficientes materias -por ejemplo, Castilla y León o Comunidad Valenciana- y otras en las que no. Por lo tanto, hay un desequilibrio total entre unas Comunidades Autónomas y otras".
Es más, el problema no está solo entre comunidades, sino también entre ramas -letras, ciencias o sociales- que escojan los alumnos. Esto es porque actualmente, todas las optativas de economía que hay en Bachillerato se encuentran dentro del Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales y en el General. Por otro lado, otro hecho que los economistas consideran "agraviante" es la estructura de la EBAU, es decir, la selectividad. Las asignaturas con relevancia para el emprendimiento son: Economía y Emprendimiento; Economía, Emprendimiento y Actividad Empresarial; Economía; Empresa y Diseño de Modelos de Negocio; Matemáticas Aplicadas a las Ciencias Sociales.
El Papel del Profesorado y los Currículos
“La competencia emprendedora está en los currículos desde hace años, pero no se enseña de verdad”, lamentó Grañó. “Los profesores no tienen formación ni recursos para impartirla, así que se queda en teoría”. La profesora subrayó que muchos futuros autónomos carecen de nociones elementales de contabilidad, fiscalidad o ventas, algo que ve a diario en incubadoras: "hay una enorme dificultad para preparar un plan de negocio realista". Para Illesca, el problema se agrava por la mentalidad ya que “aquí se enseña a la gente a pagar impuestos, pero no a ganar dinero”. Lo lógico sería que desde la escuela se aprendieran nociones de economía doméstica, ahorro, inversión y riesgo. Saber qué es un cliente, cómo venderle, cómo competir.
Durante mis 30 años vinculado a la “formación emprendedora”, he identificado muchas barreras personales y profesionales que impiden a los profesores estimular con eficacia comportamientos emprendedores entre sus estudiantes. La “educación emprendedora” funciona mal, lenta, tiene poco impacto, es costosa y derrocha muchos recursos.
La Necesidad de Autoconocimiento y Branding Personal
Un joven que no ha reflexionado sobre qué le hace distinto, qué problema puede resolver y cómo comunicarlo tiene pocas herramientas para lanzarse, no porque le falte talento. El 92% de las startups que crecen con intensidad tenían fundadores con experiencia previa en emprendimiento, frente al 22% en las que fracasaron. No es magia. El branding personal en etapas tempranas no es solo un perfil digital, sino el desarrollo del autoconocimiento: ¿qué me hace distinto? y la estrategia: ¿qué problema resuelvo?
Imagina un adolescente que identifica y asume su talento, aprende a explicarlo, conecta con otros perfiles y detecta oportunidades. Ese perfil no espera a que le contraten. Y si eso es así, ¿no tendría sentido empezar a construir esa claridad mucho antes?
Hacia una Educación Emprendedora Efectiva
El diagnóstico de los expertos es claro: hay que repensar los incentivos y apostar por la formación práctica desde la escuela sin esperar a tener que completar esas lagunas con formación post universitaria. España no necesita más emprendedores; necesita educar generaciones para crear empleo, no solo para buscarlo.
Estrategias y Enfoques de Enseñanza
Integrar la formación emprendedora en la educación escolar supone introducir desde etapas tempranas cuestiones clave como la innovación, la generación de valor compartido, la creatividad, el pensamiento crítico, la toma de decisiones en contextos de incertidumbre y la iniciativa personal. Existen varias formas de enseñar emprendimiento: de manera transversal, como asignatura obligatoria o como optativa. Comunicar bien lo que hay disponible, haciendo visible la estrategia emprendedora de los centros, su propósito y el alcance esperado de sus iniciativas. Todo ello desde un enfoque multidisciplinar, promoviendo equipos de trabajo en los que participe estudiantado de distintas áreas de conocimiento.
Cada vez es más aceptado el criterio que la efectiva “educación empresarial” se debe basar en experiencias del mundo real, no en las narraciones de los libros de texto. El corolario de todo esto es que, para ser realmente eficaz, las escuelas deberían no sólo “enseñar emprendedorismo” a sus estudiantes. Más importante es que comiencen modelando el espíritu emprendedor de su profesorado y también tienen que comenzar a educar a las empresas que recibirán el talento emprendedor de los estudiantes que egresan.
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El Rol de las Universidades y Programas de Acompañamiento
Pese a todo, Marta Grañó percibe un cambio generacional ya que “cada vez más jóvenes piensan en emprender después de ganar algo de experiencia”. El 80% de los emprendedores recientes tiene más de 35 años. Emprendemos… pero tarde. Cuando los más jóvenes emprenden, 7 de cada 9 lanzan ideas innovadoras. El problema no está en sus competencias.
Las empresas que completan programas de acompañamiento y mentoría alcanzan una tasa de supervivencia a cinco años del 85%, frente al 66% de media. La diferencia es de 19 puntos porcentuales. En este contexto, habilidades profesionales como la capacidad de lanzar, generar o crear un proyecto que sea sostenible en el tiempo, son requisitos indispensables para emprender. Es fundamental desarrollar un programa formativo de emprendimiento, puesto que hay que entender que no es posible avanzar sin error. Las fortalezas y debilidades son los factores que determinan los valores, creencias y actos que vamos a adoptar durante el emprendimiento.
Un Cambio de Mentalidad Necesario
Una investigación de Harvard Business Review rompió el mito del emprendedor joven brillante. La edad promedio de los fundadores en el momento de crear su empresa es de 42 años. Hemos educado generaciones para encajar, no para diferenciarse. Para buscar empleo, no para crearlo. Y eso no se arregla con más másters. Se prevé antes. El emprendimiento es un factor estratégico que está adquiriendo nuevas formas y medidas.
Resultados de Formación Emprendedora en España y Europa
Los países de la Unión Europea obtienen resultados ligeramente superiores a los de España en la formación emprendedora escolar. En cambio, se sitúan por debajo en la formación postescolar: España alcanza un 5,2, frente al 4,5 de la media europea. A continuación, se muestra una tabla con la valoración experta en formación emprendedora.
| Etapa Educativa | España (2024) | UE (Media) |
|---|---|---|
| Formación emprendedora escolar | 2,6 | Ligeramente superior a España |
| Formación emprendedora postescolar (universitaria y FP) | 5,2 | 4,5 |
