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Comunicación

El Ataque a la Fábrica Militar de Villa María: Crónica de un Asalto Guerrillero y sus Consecuencias

by Admin on 24/05/2026

En la madrugada del 11 de agosto de 1974, la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María, en la provincia de Córdoba, Argentina, fue escenario de un violento ataque por parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Este suceso, que marcó un hito en la escalada de violencia política en el país durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, dejó un saldo trágico y profundas cicatrices en sus protagonistas.

El Objetivo del Copamiento

El objetivo de los aproximadamente 70 terroristas del ERP era robar armas y apresar al entonces coronel Osvaldo Guardone, jefe de la fábrica, quien se encontraba enfermo en su casa, ubicada en el barrio de oficiales. Al no poder hacerlo, se llevaron secuestrado al entonces mayor Argentino del Valle Larrabure, subdirector de ese establecimiento. También se llevaron al capitán Roberto García, ingeniero químico.

El ataque desató un combate que duró media hora, y el saldo fue de un policía muerto y siete heridos. Uno de ellos fue Jorge Fernández, uno de los primeros soldados conscriptos heridos en la lucha contra la guerrilla, que cumplía con la ley del servicio militar obligatorio durante un gobierno constitucional.

La Trágica Historia del Mayor Larrabure

El Mayor Argentino del Valle Larrabure, subdirector de la fábrica, fue secuestrado por el ERP.

El Mayor Argentino del Valle Larrabure permaneció cautivo, en un pozo, mal llamado “cárcel del pueblo”, exactamente 373 días. El 23 de agosto de 1975, su esposa e hijos recibieron la peor noticia: el cuerpo de quien tanto esperaban volver a ver había sido hallado al lado de una zanja, envuelto en plástico y con una marca, presuntamente de ahorcamiento, que se destacaba alrededor de su cuello.

El ERP nunca se hizo responsable de su muerte. Por el contrario, pretendió cargar la responsabilidad sobre el militar alegando que se suicidó. Que se ahorcó. Por lo tanto, insisten, no habría asesinato. Fernández tiene vívidos recuerdos de Larrabure: “Un tipazo. Un señor con todas las letras. Un señor militar, un tipo muy humano. Se sufrió mucho la espera para que apareciera con vida. Pero bueno... Dios no lo quiso así”.

El Capitán Roberto García y su Intento de Escape

El otro militar secuestrado fue el capitán Roberto García, también químico, el siguiente en la escala de jerarquías dentro de la fábrica. Al igual que Larrabure, también fue ingresado en un auto. Pero García intentó escapar, salió corriendo a toda velocidad y la reacción de los captores fue inclemente: lo acribillaron con una ráfaga de metralleta, hiriéndolo gravemente. Después de dispararle en la espalda y volver a subirlo, quisieron interrogarlo, le hicieron dos disparos a quemarropa en el abdomen y lo tiraron al camino, dándolo por muerto. Fue internado en el Hospital Militar de Córdoba junto a Jorge Fernández.

La Traición de Mario Antonio Eugenio Pettigiani

El emblema del Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).

Los atacantes habían entrado gracias a la ayuda de un soldado conscripto, Mario Antonio Eugenio Pettigiani, considerado por todos como un buen tipo, algo introvertido. Con Fernández se conocían muy bien, y “Petti”, como lo llamaban sus compañeros, se las arreglaba para que otros le comprasen sus cigarrillos preferidos.

Ese día Pettigiani no tendría que haber estado en la fábrica. Había pedido permiso porque su madre estaba enferma, pero como al día siguiente debía presentarse temprano, había preferido dormir allí. Minutos antes del ataque, Fernández se había cruzado con Pettigiani y le dio un par de paquetes de cigarrillos y un puñado de fósforos Ranchera.

Para los soldados fue un duro golpe enterarse de que estaba con los terroristas. Pettigiani era un “topo”, miembro del ERP. Fue secuestrado el 24 de febrero de 1978 en La Plata, permaneció cautivo en la Unidad Penal Nº 9 de La Plata bajo un nombre falso, luego simularon su liberación y fue asesinado. Tenía 24 años y aún continúa desaparecido.

¿EL CUCHILLO REALMENTE CONECTA CON EL CASO… O SOLO IMPACTA VISUALMENTE AL JURADO?

El Calvario de Jorge Fernández

Jorge Fernández, en la foto de su credencial de soldado. Era estafeta en la fábrica militar de Villa María.

Jorge Fernández nació el 16 de agosto de 1953 en Villa María. En los primeros días de marzo de 1974 fue incorporado al Ejército y destinado a la fábrica militar, donde se desempeñaba como estafeta.

El 11 de agosto de 1974, siendo un chico “de campo” de tan solo 20 años, se encontraba haciendo guardia en una de las entradas al predio. Llevaba solo 5 meses en el Servicio Militar Obligatorio y no tenía experiencia de combate. Jorge Fernández sintió como una explosión en su parietal derecho que lo hizo caer boca abajo. Estaba consciente y su primera reacción fue la de alcanzar su fusil para continuar disparando, pero sus piernas no le obedecían. Levantó el fusil, lo cargó y logró disparar cuatro o cinco veces, hasta que se trabó. Manos anónimas habían intercalado en los cargadores proyectiles de fusiles máuser, con un calibre sensiblemente mayor que los FAL. Las armas se trababan.

Sintió que la sangre le inundaba el rostro, pidió la asistencia de un médico y llamó a su madre a los gritos. Luego se desvaneció. Alguien, con una pistola, le disparó de atrás de muy corta distancia. Por lo que le dijeron los médicos, en el momento justo del disparo o al agresor le tembló la mano o Fernández giró su cabeza. Eso explicaría el trayecto de la bala, que entró por el parietal derecho y salió por el mismo parietal y no por la cara. Fernández aseguró a Infobae que no tiene la certeza, pero se presupone que su ejecutor fue el propio Pettigiani, porque no había otro atacante en ese lugar.

La Lucha por la Vida

Cuando todo había terminado, sus compañeros creyeron que Fernández estaba muerto, pero aún vivía. No pudo usarse la ambulancia de la fábrica porque tenía el motor agujereado por los disparos. Se buscó una puerta y se la usó como camilla. Así lo llevaron a un jeep de un soldado, que vivía en el campo y que lo dejaba estacionado en los fondos.

En la Asistencia Pública de Villa María no querían atenderlo, ya que no disponían de los medios. Lo llevaron a Córdoba capital y en el trayecto le transfundieron sangre y le colocaron una vía de suero en la pierna. Los médicos aseguraron que llegó vivo de casualidad. Tan grave estaba que los registros de Ejército lo habían dado como muerto en combate.

Fue internado en el Hospital Militar de la provincia, donde le salvaron la vida. Estuvo casi un mes en coma. Cuando se despertó, pidió a los gritos su fusil para seguir peleando. No entendía por qué estaba vestido de blanco y no con su uniforme. Al mes lo trasladaron al Hospital Militar Central donde entró nuevamente en coma. Esperaban que recuperase la conciencia para saber cómo reaccionaría el cerebro, ya que se creía que no quedaría bien. Durante 26 días le punzaron la columna, y él interpreta como un milagro de Dios que haya podido expulsar los coágulos por la nariz y los oídos.

Tan grave estaba que le suministraron la extremaunción en tres oportunidades. Cuando recuperó la conciencia, se sentó en la cama y pidió una Coca Cola y un cigarrillo. El hermano recorrió el hospital y solo encontró Pepsi. El médico recomendó no contradecirlo y fueron a buscar la bebida que pedía. También lo dejaron fumar. En ese momento pensaron que por el disparo había perdido sus cabales.

Compañeros de Dolor

En el hospital, conoció a Agustín Luna, a quien le habían volado siete falanges por un escopetazo, con cartuchos rellenos de clavos y materia fecal, para que la herida se infectase más rápido. También estaba el teniente coronel Rodolfo Richter, herido gravemente en el combate de Pueblo Viejo, un enfrentamiento con el ERP ocurrido el 14 de febrero de 1975. Y se hizo amigo de “los manchaleros”, los soldados Adrián Segura, César Roberto Mamani, Juan Sulca y Luis Alberto Peñaranda, heridos en el enfrentamiento en Manchalá, también contra miembros del ERP, el 28 de mayo de 1975.

La Vida Después del Ataque

Fernández estuvo internado hasta entrado el año 1977. Con medio cuerpo paralizado, logró entrar en la Dirección General de Fabricaciones Militares, donde estuvo 16 años. Cuando estalló la guerra de Malvinas, a pesar de su estado físico, se presentó para ir como voluntario. No le permitieron ir, era más que obvio, ya no servía ni para barricada en las condiciones que lo dejaron.

A Fernández le habían otorgado una pensión que el gobierno militar le quitó, argumentando que ningún soldado que había sido herido por defender a la Patria merecía una retribución, mientras que los familiares de los guerrilleros cobraron indemnizaciones millonarias. “Nos atacaron, nos hirieron, no lo puedo entender”, expresó.

Matrimonio y Familia

Ese flaco alto, de 1,92, tenía una debilidad: las rubias de baja estatura. Se enamoró de Norma Abram, la enfermera que lo atendía. Ella, 14 años mayor, decía que él era muy joven para ella, pero el muchacho hizo tanto que se casaron. Tuvieron un hijo, Diego. Jorge Fernández ahora es viudo.

Jorge nunca le contó la verdad a su hijo sobre su hemiplejia. Cuando fue grande, se lo dijo. Le explicó que no era cierto que él había chocado con una moto, que es la versión que él tenía hasta ese momento. Su hijo, abogado penalista, le pidió un día que le contara su historia para un examen sobre “terrorismo y dictadura en Argentina”.

Lucha por la Memoria y la Justicia

En 2008, Jorge Fernández se enteró de que en la escuela IPEM 286 (ex ENCO) de Oliva, donde había estudiado Pettigiani, la Asociación de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba había colocado una placa en su honor. Apareció en el camino de Fernández el abogado penalista Mariano Ludueña, quien denunció al intendente de entonces por apología del crimen, argumentando que Pettigiani había sido un traidor a la Patria y no podía ser puesto como ejemplo para la juventud. Luego de un largo peregrinar por la justicia, este año lograron que la quitasen. Aun así, debieron hacer otra presentación para evitar que una calle de un loteo de tierras en las afueras del pueblo llevase el nombre del guerrillero.

Todos los 24 de marzo, en que se conmemora el día de la memoria, la verdad y la justicia, el abogado Ludueña organiza un asado para los veteranos de Malvinas. En uno de esos encuentros invitaron a Fernández. Al entrar al salón, el veterano Sergio Calderón se puso de pie y exclamó “¡llegó el soldado olvidado!”, y todos lo aplaudieron. Fernández confesó que se siente cómodo entre los veteranos, quienes lo tratan como un par.

Fernández continúa luchando contra los fantasmas del pasado, esperando una reivindicación por haber peleado mientras cumplía con la ley del servicio militar obligatorio. “Estamos todos rotos”, confesó Fernández. “En Villa María peleamos como en Formosa cuando atacaron el Regimiento 29; si bien no hubo un Hermindo Luna que gritó que nadie se rendiría, nosotros tampoco lo hicimos. Tenemos mucho amor por la bandera”.

Guarda como recuerdo de esa noche el birrete que usó, con el agujero provocado por el proyectil que casi lo mata. La herida no se le nota, ya que le hicieron cirugía plástica y le colocaron una placa. “No me gusta que me palmeen la espalda, pero hay que entender que los guerrilleros no eran Robin Hood, sino asesinos”. Y hoy, desde su casa en Villa María, tiene claro que los que quedaron vivos representan la voz de los que ya no están.

Cronología del Ataque y Sus Consecuencias

Fecha Evento Descripción
10 de agosto de 1974 (noche) Inicio del Copamiento El ERP domina la Fábrica Militar de Villa María.
11 de agosto de 1974 (madrugada) Ataque Principal Combate en la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María. Secuestro del Mayor Argentino del Valle Larrabure y del Capitán Roberto García. Soldado Jorge Fernández es herido gravemente.
11 de marzo de 1974 Incorporación de Jorge Fernández Jorge Fernández inicia su Servicio Militar Obligatorio.
23 de agosto de 1975 Muerte del Mayor Larrabure El cuerpo de Argentino del Valle Larrabure es hallado tras 373 días de cautiverio.
Febrero de 1978 Secuestro de Mario Pettigiani Mario Antonio Eugenio Pettigiani es secuestrado y asesinado en La Plata.
2008 Homenaje a Pettigiani Colocación de una placa en honor a Mario Pettigiani en la escuela IPEM 286 de Oliva.
Actualidad Lucha Legal por la Memoria Jorge Fernández y su abogado Mariano Ludueña logran retirar la placa de Pettigiani y evitan que una calle lleve su nombre.

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