Arturo Beltrán: El Empresario Aragonés que Revolucionó el Mundo Taurino y Más Allá
Arturo Beltrán Picapeo, nacido en la localidad zaragozana de Utebo en 1942 y fallecido el 29 de agosto de 2014 en Madrid a la edad de 72 años, fue un emprendedor nato que dejó una huella imborrable en el panorama empresarial español. Su trayectoria abarcó desde la política local hasta la gestión de un variopinto conglomerado de empresas, pero es, sin duda, su visión innovadora en el mundo taurino la que lo catapultó a la historia.
Los Inicios Políticos y Empresariales
Arturo Beltrán veló sus primeras armas en la política en los años 80 del pasado siglo, de la mano de UCD, partido al que entró como independiente. Fue concejal durante dos legislaturas en Utebo, su lugar de nacimiento. En 1981, como concejal de Urbanismo, participó en el inicio del hipermercado de Alcampo de Zaragoza, contribuyendo así al nacimiento de la primera gran superficie comercial de Aragón.
Tras su incursión en la política, se dedicó a muy diversas actividades como empresario, demostrando ser un hombre peligroso con un destornillador y unos alicates en la mano, capaz de arreglar el fregadero de un bar o comprar en Zaragoza el Gran Hotel, el Casino Mercantil o el edifico Savoy. Al morir, figuraba con cargos en ocho empresas, desde consejero delegado a presidente o administrador único, lo que da una idea de su intensa y variada actividad a lo largo de su existencia. "Fue un hombre emprendedor hasta el límite", manifestó el doctor Carlos Valcarreres, quien lo definió como "una buenísima persona".
La Revolución de las Plazas de Toros Cubiertas
Pero donde Arturo Beltrán destacó con luz propia fue en su vertiente emprendedora en el mundo taurino. A mediados de los ochenta, surge la figura de este empresario innovador que llega al mundo del toro con la idea revolucionaria de cubrir la plaza de toros de Zaragoza.
La Plaza de la Misericordia de Zaragoza: Un Proyecto Pionero
No fue tarea fácil vencer el inmovilismo del sector taurino ni convencer a los políticos de la Diputación Provincial de Zaragoza, propietaria del coso taurino. Al lado de Beltrán se alineó ABC con su crítico Vicente Zabala a la cabeza en una campaña a favor de la modernización de la Fiesta, hasta el punto de que las informaciones y opiniones de este periódico fueron asumidas por los responsables de la corporación como argumentos definitivos para afrontar la obra.
La idea de cubrir este coso se la aportó el arquitecto cubano Bernardo Díaz, quien había abandonado las huestes castristas de la bahía de Cochinos y se había venido a España para seguir su carrera y para hacer alguna incursión en el campo torero con el sobrenombre rumboso de Guajiro. Sin embargo, en lugar de aceptar directamente el proyecto del cubano, Beltrán, de acuerdo con la Diputación de Zaragoza, convocó un concurso de ideas. De ahí surgió el proyecto de los técnicos germanos que necesitó del especial trabajo del arquitecto aragonés José María Valero para que, sobre la estructura renovada de 1918, pudiera anclarse el velarium gigantesco que protegiera a la plaza de las inclemencias meteorológicas tan pródigas en estas tierras en primavera o en otoño. En Zaragoza, el apoyo fue total, sin despreciar el fervor de algunos sectores como Zabala Portolés y el ABC, y sin amilanarse por el discurso del señor Molés que calificaba el invento como de preservativo y abogaba por el sol y las moscas tradicionales. En 1987, logró cubrir la plaza zaragozana de La Misericordia, logrando salvar la Feria del Pilar, siempre a merced del inclemente clima del Moncayo por su tardía celebración en octubre.
La ejecución de esta obra pionera (en París hubo plaza cubierta, en México, en el D.F., el Palacio de Hierro, en donde murió Balderas, y en la frontera con Estados Unidos; y en España, Baltasar Iban le encargó gestiones a Manolo Lozano Martín para construir una en Madrid) tuvo sus más y sus menos resueltos con la colaboración de los técnicos y la aquiescencia de los políticos. Luego, en la liquidación del costo de la obra (500 millones de pesetas) sí se plantearon discrepancias, pero se llegó a un acuerdo satisfactorio para todas las partes.
Beltrán, que no era un empresario taurino al uso, dejó la organización de los festejos en manos de Victoriano Valencia con la consigna de ofrecer lo mejor al aficionado. Asociado con Victoriano Valencia, suegro de Enrique Ponce, logró una etapa de esplendor para la plaza de Zaragoza hasta 1993, fecha en la que la Diputación zaragozana se quedó en el camino. Su apuesta por la innovación tecnológica en el mundo del toro abrió la puerta a las muchas plazas cubiertas que llegaron después.
El cubrimiento de la plaza de toros de Zaragoza abrió la etapa de nuevas plazas con techumbre, aunque es posible que tenga razón el señor Molés porque varias de estas plazas han dejado de funcionar como plazas de toros (Carabanchel, San Sebastián y La Coruña) y otras cuantas lo hacen en precario (Logroño y las periféricas de Madrid). Sin embargo, las motivaciones de estas deserciones son mucho más variadas y complejas. La modernización de la Fiesta que preconizaban los analistas abecedarios no ha tenido los efectos previstos y deseados, si bien la culpa no la tienen los nuevos cosos, aunque es cierto que en estas plazas ni los pasodobles ni las palmas ni los ¡olés! son lo mismo.
La Reconstrucción de Vista Alegre (Palacio de Vistalegre)
Beltrán no cejó en su empeño de emprendedor y llevó a cabo la reconstrucción de la plaza de toros de Vista Alegre (Palacio de Vistalegre) en el barrio madrileño de Carabanchel. Es importante aclarar que la antigua plaza de La Chata, en donde tomamos la alternativa con la pluma como espada y el papel como muleta mi
Arturo Beltrán: El Visionario Empresario que Revolucionó el Mundo Taurino
Arturo Beltrán Picapeo, un empresario polifacético y figura clave en la modernización de la Fiesta, nació en la localidad zaragozana de Utebo en 1942 y falleció el 29 de agosto de 2014 en Madrid, a la edad de 72 años. Su vida estuvo marcada por una intensa actividad emprendedora que abarcó desde la política hasta los negocios inmobiliarios, hosteleros y, sobre todo, taurinos.
De Concejal a Magnate Empresarial
Natural de Utebo, Beltrán fue un emprendedor nato desde sus inicios. Veló sus primeras armas en la política, de la mano de UCD, partido al que entró como independiente y por el que fue concejal dos legislaturas en Utebo en los años 80. Conocí a Arturo Beltrán cuando era concejal de Utebo por UCD y yo de Ejea de los Caballeros por este mismo conglomerado de ideas e ilusiones.
Tras su etapa en la política, Arturo Beltrán se dedicó a muy diversas actividades como empresario. Era un hombre peligroso con un destornillador y unos alicates en la mano y lo mismo te arreglaba el fregadero del bar que compraba en Zaragoza el Gran Hotel, el Casino Mercantil o el edifico Savoy. En Zaragoza, llegó a poseer edificios emblemáticos, como el que acogía el restaurante La Mar, en la plaza de Aragón; el Gran Hotel y otro inmueble de viviendas y oficinas situado en el paseo de la Independencia.
En 1981, como concejal de Urbanismo, participó en el inicio del hipermercado de Alcampo de Zaragoza, contribuyendo así al nacimiento de la primera gran superficie comercial de Aragón.
La Revolución de las Plazas de Toros Cubiertas
Pero sobre todo, Arturo Beltrán pasará a la historia como el pionero de las plazas de toros cubiertas, la primera de España. A mediados de los ochenta, surge la figura de este empresario innovador que llega al mundo del toro con la idea revolucionaria de cubrir la plaza de toros de Zaragoza.
No fue tarea fácil vencer el inmovilismo del sector taurino ni convencer a los políticos de la Diputación Provincial, propietaria del coso taurino. Al lado de Beltrán se alineó ABC con su crítico Vicente Zabala a la cabeza en una campaña a favor de la modernización de la Fiesta, hasta el punto de que las informaciones y opiniones de este periódico fueron asumidas por los responsables de la corporación como argumentos definitivos para afrontar la obra. La campaña abecedaria de Vicente Zabala a favor de la modernidad dio el último (y primer) empujón.
Beltrán llegó a la plaza de toros de Pignatelli acompañado por José y Victoriano Valencia. La idea de cubrir este coso se la aportó el arquitecto cubano Bernardo Díaz, que había abandonado las huestes castristas de la bahía de Cochinos y se había venido a España para seguir su carrera y para hacer alguna incursión en el campo torero con el sobrenombre rumboso de Guajiro. Yo lo conocía de sus andanzas por lo tentaderos de España, de las que la más expresiva muestra era una foto en la que bailaba con El Cordobés verdadero frente a un becerro. Me llamó a Madrid para que conociera su maqueta de madera con grandes ventanales y no hubo ningún problema para que Beltrán conociera su trabajo.
Sin embargo, en lugar de aceptar directamente el proyecto del cubano, Beltrán, de acuerdo con la Diputación de Zaragoza, convocó un concurso de ideas. De ahí surgió el proyecto de los técnicos germanos que necesitó del especial trabajo del arquitecto aragonés José María Valero para que, sobre la estructura renovada de 1918, pudiera anclarse el velarium gigantesco que protegiera a la plaza de las inclemencias meteorológicas tan pródigas en estas tierras en primavera o en otoño.
En 1987 logró cubrir la plaza zaragozana de La Misericordia, logrando salvar la Feria del Pilar, siempre a merced del inclemente clima del Moncayo por su tardía celebración en octubre. El apoyo fue total en Zaragoza, sin despreciar el fervor de algunos sectores como Zabala Portolés y el ABC, y sin amilanarnos por el discurso del señor Molés que calificaba el invento como de preservativo y abogaba por el sol y las moscas tradicionales. A mí me tocó elaborar algún discurso sobre lo ideal de un recinto para ver toros como si fuera un palacio de la ópera o el escenario de la Escuela de Equitación de Viena y lo cierto es que no hubo discrepancia alguna durante la ejecución de la pionera obra.
La obra tuvo sus más y sus menos resueltos con la colaboración de los técnicos y la aquiescencia de los políticos. Luego, en la liquidación del costo de la obra (500 millones de pesetas) sí se plantearon discrepancias, pero se llegó a un acuerdo satisfactorio para todas las partes.
El cubrimiento de la plaza de toros de Zaragoza abrió la etapa de nuevas plazas con techumbre. Su apuesta por la innovación tecnológica en el mundo del toro abrió la puerta a las muchas plazas cubiertas que llegaron después. Asociado con Victoriano Valencia, suegro de Enrique Ponce, logró una etapa de esplendor para la plaza de Zaragoza hasta 1993, fecha en la que la Diputación zaragozana se quedó en el camino. Beltrán dejó la organización de los festejos en manos de Victoriano Valencia con la consigna de ofrecer lo mejor al aficionado.
La Controvertida Cuestión de las Plazas Cubiertas
Es posible que tenga razón el señor Molés porque varias de estas plazas han dejado de funcionar como plazas de toros, Carabanchel, San Sebastián y La Coruña y otras cuantas lo hacen en precario, Logroño y las periféricas de Madrid. ¿Será cierto que los toros son con sol y moscas? Las motivaciones de estas deserciones son mucho más variadas y complejas. La modernización de la Fiesta que preconizaban los analistas abecedarios no ha tenido los efectos previstos y deseados, si bien la culpa no la tienen los nuevos cosos aunque es cierto que en estas plazas ni los pasodobles ni las palmas ni los ¡olés! suenan igual.
Aquí presentamos una tabla comparativa de plazas de toros cubiertas y su situación actual:
| Plaza de Toros | Situación Actual | Comentarios |
|---|---|---|
| Zaragoza (La Misericordia) | Activa | Pionera en la cubrición. |
| Madrid (Vista Alegre) | Activa | Reconstruida por Beltrán, escenario de eventos. |
| Carabanchel | Ha dejado de funcionar como plaza de toros | |
| San Sebastián | Ha dejado de funcionar como plaza de toros | |
| La Coruña | Ha dejado de funcionar como plaza de toros | |
| Logroño | Funciona en precario | |
| Periféricas de Madrid | Funcionan en precario |
He dicho cubrimiento y no cubrición (del Moral) porque lo veo más acorde con la acepción de “acción o efecto de cubrir o tapar”. La segunda acepción parece más relacionada con el acto de fecundar el macho a la hembra.
La Reconstrucción de Vista Alegre y Otros Proyectos
Beltrán no cejó en sus empeño de emprendedor y llevó a cabo la reconstrucción de la plaza de toros de Vista Alegre (Palacio de Vistalegre) en el carabanchelero barrio madrileño. En una de las biografías que se han publicado en estos días sobre Arturo Beltrán se dice que reconstruyó Vista Alegre. No es cierto. La Chata, en donde tomamos la alternativa con la pluma como espada y el papel como muleta mi padre y yo, desapareció completamente y el monstruo de concreto que le sustituyó se nota que es plaza de toros por los dos ejemplares de bronce que guardan la gran escalera. Hasta su muerte ha gestionado como propietario la madrileña plaza de toros de Vista Alegre, convertida además en escenario de importantes eventos deportivos y culturales.
Un Hombre de Múltiples Facetas y Gran Amigo
Arturo Beltrán Picapeo dirigió un variopinto conglomerado compuesto de empresas periodísticas, taurinas, inmobiliarias, hoteleras, hosteleras, del metal e incluso vitícolas. "Fue un hombre emprendedor hasta el límite", manifestó el doctor Carlos Valcarreres, que lo definió como "una buenísima persona". Al morir, el empresario figuraba con cargos en ocho empresas, desde consejero delegado a presidente o administrador único, lo que da una idea de su intensa y variada actividad a lo largo de su existencia.
Se sentía profundamente aragonés, amigo de sus amigos, generoso y amable siempre. Su bodega de la zaragozana plaza de Aragón o la de la madrileña Serrano, han sido durante años lugar de encuentro de toreros, actores, cómicos… y otros amigos. Por encima de todo reinaba el optimismo y no tenían cabida las discusiones políticas, que zanjaba siempre con un chiste al quite o con las recias y nobles notas de una jota.
"Era un hombre amigo de sus amigos", comentó también el doctor Valcarreres. Y esta faceta suya la demostró sobradamente cuando en el 2002 ofreció un puesto de trabajo en una de sus múltiples empresas, Palumi, SA, al exdirector general de la Guardia Civil, Luis Roldán, cuando estaba a punto de obtener el tercer grado penitenciario. El ofrecimiento nunca se materializó, pues el consejo de administración se opuso a esta decisión. Pero Beltrán siguió adelante con su idea, como haría muchas veces en su vida profesional, y ayudó a Roldán "a título personal".
Seguidor de Julio Robles, a quien ayudó en los momentos más duros, o Enrique Ponce, su afición por el toreo le convirtió en el pionero de las plazas cubiertas con Zaragoza como su gran obra, feria que puso en lo más alto con su retransmisión completa por TVE en uno de sus años de mandato.
Labor fecunda la de Arturo Beltrán en muchos aspectos, empresario de grandes ambiciones, algunas continuadas por sus hijas en la gastronomía, verduras y vinos, y con matices muy de la tierra aragonesa. Recuerdo su gran afición por los festejos populares, las vacas, y la jota en la persona de una jotera excepcional que era esposa del dueño del restaurante “Casa Juanico”. Arturo ha sido un tremendo consumidor de vida. Descanse en paz.
