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Comunicación

Antón Arias y la convulsa presidencia de la Confederación de Empresarios de Galicia

by Admin on 26/05/2026

La Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) ha atravesado un período de intensa inestabilidad, con una sucesión de presidentes que han abandonado el cargo de forma precipitada. Antón Arias Díaz-Eimil fue uno de ellos, y su mandato, aunque breve, estuvo marcado por profundos desafíos internos y económicos que han dejado una huella duradera en la organización.

Antón Arias: Un mandato de apenas un año

Antón Arias Díaz-Eimil presentó su dimisión en el comité ejecutivo de la organización antes de cumplir su primer aniversario en el cargo. Su salida lo convirtió en el tercer presidente de la patronal en abandonar el puesto de forma precipitada en poco más de dos años, escenificando la gravedad de una crisis interna alimentada por una división que ya venía de más atrás. El coruñés Arias no celebró el primer aniversario de su presidencia.

Un proceso electoral polémico

Arias se hizo con la presidencia de la CEG tras un polémico proceso electoral. La candidatura de Arias, la única que se presentó, obtuvo 100 votos a favor, 64 en contra y 1 en blanco en la asamblea general celebrada en Santiago. Las patronales de Pontevedra y Ourense acusaron a la de A Coruña de haber "traicionado" un pacto, en virtud del cual ninguna de las confederaciones presentaría candidato si no tenía el respaldo de las otras tres. Su candidatura llegó por sorpresa desde la patronal de A Coruña y entre acusaciones de "deslealtad" de las organizaciones de Ourense y Pontevedra. Según la versión de estas últimas, los distintos bandos en los que están divididos los empresarios gallegos habían llegado a un pacto para celebrar las elecciones solo en caso de que se lograse un candidato de consenso. Pese a que ese acuerdo no se produjo, Arias se presentó a los comicios en el último minuto para indignación del resto de baronías.

El único candidato que concurrió a las elecciones fue acusado de servir a los intereses de Antonio Fontenla, que, como presidente de la organización empresarial de A Coruña, mantiene aún un gran poder de influencia en el día a día de la patronal gallega. Arias, quien es su número dos en la entidad coruñesa, negó que detrás de su candidatura estuviera la mano del expresidente de la CEG y atribuyó las acusaciones de traición a un "malentendido".

Jorge Cebreiros, presidente de la patronal pontevedresa y afín a José Manuel Fernández Alvariño, declaró a Europa Press tras conocer el movimiento de Arias: "No sé si se le puede llamar kamikaze, valiente, osado..., no sé cómo definirlo". Vaticinó un mandato "complicado".

Justificación de la candidatura y objetivos

Antón Arias justificó su candidatura en la necesidad urgente que tenía la organización de contar con una presidencia y una estabilidad. Aseguró que la CEG no podía eternizarse en un período de provisionalidad, dados sus problemas financieros y la grave crisis institucional que arrastraba, con una imagen lastrada por las luchas internas de poder. Tras vencer en las votaciones, el nuevo jefe de los empresarios de Galicia pidió enterrar el hacha de guerra. "Nos hemos olvidado de nuestro objetivo y nos hemos centrado en luchas para las que no ha sido creada esta casa", lamentó Arias, quien prometió reformar los estatutos para evitar más conflictos y bloqueos.

Perfil de Antón Arias

Antón Arias (A Coruña, 1961) es licenciado en Sociología. Entró en la construcción a través de la empresa familiar Arias Hermanos, donde su familia aún conserva participación. Fue presidente de los constructores coruñeses, de la Federación Gallega de la Construcción entre 2012 y 2015, y vocal de la Confederación Nacional de la Construcción. Es vicepresidente primero de la Confederación de Empresarios de A Coruña y cuenta con el aval de su comité ejecutivo. Hombre dialogante, con un buen reconocimiento en el resto de las provincias, Antón Arias tenía una ventaja sobre Antonio Fontenla, uno de sus principales valedores: era capaz de concitar mucho menos rechazo.

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La dimisión de Antón Arias: Causas y contexto

El tercer proceso electoral celebrado en tres años y medio, que colocó a Antón Arias en la presidencia de la CEG, volvió a evidenciar una patronal gallega dividida entre el norte y el sur. La dimisión de Antón Arias se produjo tras un comité directivo al que no acudieron ni los representantes de Ourense ni los de Pontevedra. Su adiós era, en cierta forma, solo una cuestión de tiempo.

Primero, Arias ya había deslizado que se iría en cuanto se garantizara la viabilidad económica, algo que se logró a mediados del año pasado al obtener la CEG un crédito de 1,2 millones con el edificio de su sede en Santiago como aval. Segundo, Arias ya estaba en el alambre desde octubre, cuando los cuatro vicepresidentes de la patronal, y a la vez presidentes de sus provincias, acordaron una reforma de los estatutos de la CEG que incluía, por vez primera, el reparto de una presidencia rotatoria cada dos años. El motivo, dar estabilidad a una patronal lastrada por la lucha territorial. Este último cambio suponía que Arias perdía el apoyo del que había sido su valedor, Antonio Fontenla. Una circunstancia similar también había precipitado la dimisión, 15 meses antes, del ourensano Antonio Dieter Moure, que cayó cuando Fontenla le retiró el respaldo.

Objetivos cumplidos a medias

Arias dio por cumplido, a medias, el objetivo que se había propuesto: se había logrado la viabilidad económica, pero no la estabilidad institucional. Se lamentó de que desde el primer minuto de su mandato se había encontrado con una total oposición interna para poder sacar una reforma que requería un alto grado de consenso.

La crisis interna de la CEG: Un patrón recurrente

La patronal gallega lleva enzarzada en guerras internas desde 2013, cuando Antonio Fontenla, el constructor coruñés que la dirigió durante 12 años ininterrumpidos, fue sustituido por el jefe de los empresarios pontevedreses, José Manuel Fernández Alvariño, su eterno rival. Alvariño, al tomar posesión, encargó una auditoría que puso en duda la gestión económica de su antecesor. No llegó a cumplir tres años en el cargo y fue forzado a dimitir acusado de ponerle la puntilla a las maltrechas finanzas de la organización externalizando servicios a sus propias empresas. Su sustituto, Antonio Dieter Moure, apenas duró 10 meses.

El último presidente de la CEG antes de Arias, Antonio Dieter Moure, confesó haberse sentido "un reo de los presidentes provinciales". Describió la organización como un reino de taifas donde los barones territoriales defienden con uñas y dientes intereses distintos a los del conjunto. Y admitió que su caída se produjo tras perder el apoyo de Fontenla, que con los cruciales votos de los empresarios coruñeses lo aupó a la presidencia y de quien, dice, obtuvo un respaldo inicial que no era "desinteresado". Curiosamente, las quejas de Fontenla cuando dejó la presidencia en 2013 fueron parecidas. El constructor acusó a los presidentes de Lugo y Ourense de repartirse "cargos y fondos" con su sucesor en el puesto. “Lo que están haciendo es defender intereses particulares de unos cuantos en contra de otros”, afirmó el coruñés.

Los presidentes de la CEG en un periodo de cuatro años y medio:

Presidente Periodo de mandato
José Manuel Fernández Alvariño 2013 - 2016
Antonio Dieter Moure 2016 - 2017
Antón Arias 2017 - 2018

El asiento vacío y el futuro de la CEG

El asiento de la presidencia de la CEG sigue vacío, en una situación de interinidad que ya dura más que los mandatos de los dos últimos presidentes. Después de que el año pasado la organización apuntara dos fechas para elegir a su noveno presidente, y al final tuviera que descartarlas, la definitiva sigue pendiente, porque antes deberá votar otra cosa: sus nuevos estatutos.

Nuevas normas en el horizonte

La propuesta que está sobre la mesa contempla novedades como una limitación de dos mandatos de cuatro años para la presidencia, que, además, sería incompatible con la de otra patronal. También prevé restricciones a la delegación de voto y revisa la representación de las organizaciones sectoriales en la CEG. La junta de vicepresidentes, el órgano que dirige la confederación en este período de interinidad, decidió que la junta directiva debata el 4 de febrero sobre el borrador y las aportaciones recibidas. A la espera de esa asamblea, los planes de la CEG apuntan más allá, y la pueden llevar a elegir al fin presidente antes del mes de mayo. La convocatoria tendrá que realizarse con al menos 45 días de antelación.

Retos económicos y de imagen

Además de los continuos enfrentamientos internos, el desplome de las subvenciones por los recortes del gasto público que ha traído la austeridad ha golpeado con fuerza las arcas de la CEG. Sobre la organización sigue pesando la compra de su actual sede durante los años de vino y rosas de la década de los noventa, un señorial edificio en pleno casco viejo de Santiago tasado en 2,5 millones de euros y pendiente de una hipoteca que los empresarios están obligados a renegociar con los bancos para no quebrar. La patronal de Ourense, contraria a Arias, alertó de que la profunda división no ayudaría a la CEG a superar sus "imperiosas necesidades económicas".

Así las cosas, la patronal tiene ante sí el reto de restañar las heridas de años marcados por la división interna, el deterioro de su imagen y unas dificultades económicas que la situaron al borde del concurso de acreedores, evitado con la firma de una hipoteca en el mandato de Arias y tras un plan de severo ajuste diseñado en el de Antonio Dieter Moure que incluyó despidos.

El resultado de la votación de los nuevos estatutos se antoja clave para desbloquear la situación de la patronal, porque ya está en sus planes relanzar después el proceso de elección de presidente. Pero si no consigue aprobar unas nuevas reglas, el escenario que se abriría ante la organización no sería diferente al de los intentos frustrados antes.

tags: #Antón #Arias #presidente #Confederación #de #Empresarios

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