Cuando a los empresarios "se les acabó": Causas y señales del fracaso empresarial
Cuando uno emprende y decide montar un nuevo negocio, lo hace con muchas ganas, ilusión y el convencimiento de que la empresa crecerá y será rentable. Sin embargo, el camino empresarial está lleno de desafíos y, en ocasiones, de la necesidad de tomar decisiones difíciles, como el cierre del negocio. En CEDEC, Consultoría de Organización Estratégica, sabemos que tomar la decisión de cerrar un negocio nunca es fácil, pero justamente por eso, consideramos esencial prestar atención a las señales que indican que la supervivencia del mismo está en peligro.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Triunfar en los negocios no es una cuestión de suerte, por lo menos, no a largo plazo. Si hay un indicio inequívoco del fracaso de una empresa es cuando la previsión de gastos anuales supera a la de ingresos. Existen varios motivos que pueden desencadenar el cierre de una empresa, negocio o startup.
Factores externos que impactan la viabilidad
Hay cambios que obligan a meditar sobre el cierre de un negocio, aunque hasta ese momento fuera bien. El decrecimiento del sector, transformaciones normativas importantes, una fuerte entrada de competidores, o incluso mejoras en la red de transportes o en la tecnología pueden hacer un producto o servicio innecesario o poco rentable. En esos casos, no se debe esperar a que se produzcan las pérdidas, sino que lo ideal es valorar un cierre ordenado que sea lo menos costoso posible para el empresario.
Estos indicios son válidos tanto para negocios tradicionales como online. La ventaja del mundo digital es la facilidad de acceder de forma constante e instantánea a información relevante para examinar el desempeño de la empresa. El inconveniente es que, como es más barato emprender, la competencia también es mayor, así que aumentan las posibilidades de fracaso o de que un proyecto tarde en ser rentable.
Otras situaciones externas incluyen el retiro o fallecimiento del propietario sin sucesión, lo que puede llevar al cierre. En CEDEC creemos que todas las empresas deben estar atentas al mercado y a sus propios resultados financieros para conocer la viabilidad real de su negocio.
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Errores internos que conducen al fracaso
Un empresario puede fracasar por muchos factores, tanto internos como externos. Sin embargo, la mayor parte de los fallos suelen provenir de ellos mismos.
Falta de inteligencia empresarial y conocimiento
La falta de autocrítica y de conocimiento, además de la soberbia, son algunos pequeños detalles que empujan al fracaso. Esto se debe a que no son lo suficientemente inteligentes, y no hablamos de cociente intelectual, sino de cociente intelectual empresarial, es decir, de la comprensión holística de las situaciones. Muchos empresarios entienden su idea, pero no si el mercado la aceptará o la rechazará. Tampoco comprenden que existen las circunstancias accidentales, las incontrolables y la innovación no programada, ni quién es la verdadera competencia. Muchos empresarios no profundizan en el negocio y tienen poca idea de aquello de lo que hablan.
Malas decisiones y expectativas poco realistas
- No saber quién es quién: Los empresarios a menudo fracasan porque no saben separar los amigos de los enemigos. No pueden identificar la inteligencia emocional de la charlatanería. No pueden encontrar un buen contador de tiempo parcial y no tienen idea de cómo evaluar las habilidades y la experiencia de un abogado. También fallan porque no pueden reconocer co-fundadores y empleados leales e inteligentes o cómo optimizar sus contribuciones. Fallan porque no pueden separar a los inversores ángeles "mudos" de los disciplinados.
- No encontrar financiación suficiente (o adecuada): Los empresarios a menudo fracasan porque no asumen los gastos. Algunos tiran demasiado de su propio dinero y del de amigos y familiares a los que no tratan como asociados. Muchos no saben valorar su empresa y poner precios adecuados o no saben invertir de forma que el negocio sea rentable.
- Tener expectativas poco realistas: No está mal creer en los milagros, pero lo cierto es que no son más que eso, milagros, y no ocurren siempre. Hay empresarios que fracasan simplemente por ponerse metas muy grandes o por creer que van a cambiar el mundo con sus productos.
- Dotes pésimas: Está claro que nadie nace sabiendo, pero desde luego, todo se puede aprender. Hay empresarios excesivamente sinceros y polémicos a los que les va bien con su soberbia, pero ese no es el camino a seguir. De hecho, generalmente, son así después de haber alcanzado cierto éxito. Mientras dure el camino a la fama, lo mejor para no fracasar es saber escuchar y ser tolerante.
Problemas de asociación y habilidades de venta
- Asociarse con las personas equivocadas: Tratar con las personas equivocadas es una de las causas más frecuentes de fracaso entre empresarios. El término “equivocadas” incluye a personas de diversa índole, desde los colegas que siempre están de acuerdo en lo que el empresario de turno dice, aunque esté mal, hasta los que ponen dinero y no ayudan, pasando por otros que creen saberlo todo y no aconsejan bien, y demás fauna variopinta, desgraciadamente existente en el mundo empresarial. Los buenos empresarios tienen un filtro o propósito por el que pasan casi todo, preguntándose: ¿esta persona realmente aporta algo para conseguir/lograr mi propósito?
- No saber vender: Los empresarios a menudo fracasan porque no venden a los clientes adecuados en el momento correcto y por el precio debido. Las ventas son una parte casi fundamental de cualquier negocio y, si están bien planificadas, no tienen por qué fallar; su ritmo debería ser casi automático. Los buenos empresarios tienen en cuenta todos los detalles, desde el logotipo hasta la persona que comercializa sus productos, para que todo funcione como es menester.
- No saber venderse: Muchos empresarios fracasan porque no saben vender su empresa, porque esta es invisible y pasa impasible ante los ojos de los potenciales clientes. Un buen empresario se encarga de posicionar su empresa en los lugares necesarios, tanto en el mercado como, por ejemplo, en Internet, donde si no estás presente a día de hoy, no eres prácticamente nadie.
Incapacidad de adaptación y retiro
- No saber retirarse a tiempo: Hay empresarios que fracasan porque no saben cuándo salir de la escena en el momento adecuado. A veces un simple traspaso o una salida a bolsa pueden solucionar los problemas. Quienes no saben hacerlo, pueden caer. La cuestión es saber retirarse a tiempo y dar paso a lo nuevo.
- Paralizarse ante los contratiempos: Hay situaciones incontrolables y los buenos empresarios no fracasan si tienen capacidad de adaptación y no se paralizan ante las “inclemencias” laborales. A veces hay que dar un giro a la empresa para mantenerse en el negocio y muchos no saben hacerlo. Además de la capacidad de adaptación, ser observador ayuda mucho.
Distinción entre "acabo" y "a cabo"
Es importante aclarar la diferencia entre las expresiones "acabo" y "a cabo" para evitar confusiones. "Acabo" es un sustantivo masculino que significa ‘acabamiento’, y se usa en referencia al efecto o cumplimiento de algo. También puede ser el verbo acabar conjugado en primera persona de singular de presente en modo indicativo.
Por otro lado, "a cabo" es una locución adverbial que significa ‘después de todo’, ‘al fin’ o ‘por último’. Se utiliza en frases como "Se prometió a sí mismo llevar a cabo su sueño de tener una empresa propia" o "El gobierno había llevado a cabo un plan de alfabetización masiva". La forma “llevar acabo” no es correcta y aconsejamos evitarla. (Coelho, Fabián (s.f.). "Acabo o A cabo". En: Diccionariodedudas.com).
