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Comunicación

Empresarios y libre mercado: motores de progreso y riqueza global

by Admin on 17/05/2026

Últimamente, el capitalismo no goza precisamente de buena prensa. De hecho, se le acusa de ser poco menos que el causante de todos los males de la humanidad. Lo vemos en el cine, en la academia, en las redes sociales. Por todas partes se transmite el mensaje de que el mercado es peligroso. Por eso, necesitamos, dicen, que los gobiernos nos protejan de tan imponente enemigo. Y lo dicen tanto las izquierdas como las derechas. Se dice con frecuencia que la nueva ideología es que el capitalismo ha fracasado. A los que producen se les tacha de malvados y se aplaude la oferta de subsidios a quienes no producen, señala Johan Norberg. Pero lo cierto es que el libre mercado lo que ha traído al mundo es riqueza y muchísimas oportunidades.

El libre mercado y la generación de riqueza

Es comprensible el miedo que reina en torno al capitalismo global. Y es que el mundo parece que se ha vuelto más difícil y peligroso. Las dos últimas décadas han sido horrorosas: crisis financieras, guerras, la pandemia, la invasión de Ucrania. Y ahora tenemos la inflación y la espiral alcista de tipos de interés. Así es que, ¿a quién le pueden resultar emocionantes la apertura y la innovación? Lo triste es que, a pesar de los horrores, estos veinte años también han sido los mejores de la historia de la humanidad. Los indicadores objetivos de niveles de vida nunca han mejorado tanto como lo han hecho en las últimas dos décadas. Casi la tercera parte de toda la riqueza que el hombre ha creado a lo largo de su historia ha sido en estos veinte años.

Impacto del libre mercado en la calidad de vida

  • La pobreza extrema ha ido a menos, con 130.000 personas menos al día en esta situación en los últimos veinte años.
  • La mortalidad infantil se ha reducido a la mitad, lo que implica que el año pasado murieron cuatro millones menos de niños que en 2002.

Esto no lo teníamos previsto. Nadie nos dijo lo que teníamos que hacer. Por eso funcionó, porque millones de personas han podido adaptarse. Han mirado al mundo con su poder creativo y han aportado las mejores soluciones que se les podían ocurrir. No había un plan, sino millones. Esto es lo que nos salvó. Cuando empezó la pandemia, todo el mundo empezó a comprar como loco papel higiénico, latas de comida. Y, de pronto, los mercados empezaron a llenarse de estos artículos. Miles de negocios, de agricultores, comerciantes, vieron las señales de los precios, que hablaban de carencias y nuevas oportunidades. Pensaron que, si nos faltan los recursos, ¿qué podemos hacer para fabricar mejor? Si, de pronto, desaparece la mano de obra, ¿qué podemos hacer con los que vienen a trabajar? Si, de pronto, nos vemos en una situación en la que los gobiernos cierran las fronteras, ¿cómo podemos reorganizar la entrega de bienes para que todo funcione?

Luego Putin invade Ucrania y vuelta a lo mismo. Muchas personas pensaron que habría hambrunas y problemas energéticos porque uno de los grandes exportadores de alimentos invadió a otro. Pero, en pocos meses, los precios volvieron a su nivel e, incluso, fueron más baratos que antes de la invasión. Los precios del gas natural bajaron un 80% en unos pocos meses. Los agricultores, las empresas energéticas y los exportadores de gas licuado vieron las oportunidades. Hemos conseguido dejar atrás todas las crisis gracias a la improvisación. Así es que lo que hemos visto en los últimos veinte años es el éxito de los mercados libres. No se han limitado a enfrentarse a la crisis; han sabido mejorar el mundo.

La importancia de la improvisación | Juan López-Aranguren

El papel del empresario en el libre mercado

El liberalismo, el capitalismo, no es que no hagan nada cuando surge un problema. Lo que hacen es permitir a los expertos que analicen los problemas y estudien las soluciones. En tiempos difíciles es cuando necesitamos todos los conocimientos y creatividad posibles. Esto es lo que sucede cuando permitimos a todas estas personas experimentar con sus modelos de negocio, con sus patrones, con su trabajo y con sus innovaciones. Que el gobierno pretenda salvarnos es una forma de sustituir la sabiduría de millones de personas y su constante experimentación. Las ideas intervencionistas no son nuevas. Se han puesto en práctica antes y con poco o ningún éxito.

Un error común es creer que solo son empresarios aquellos que manejan grandes sumas de dinero, o que son propietarios de grandes empresas. No es así. Todos los individuos, sin importar su lugar en la sociedad son en última instancia empresarios. Cualquier persona que actúe en el mercado, ya sea productor, capitalista, dueño de empresa, prestador de servicios o trabajador, debe realizar un cálculo económico a futuro, y someterse a los rigores de la incertidumbre. En ese sentido debe especular en cuanto al resultado final de su emprendimiento económico. Al especular, se vuelve empresario.

El mecanismo de la economía libre y el empresario

Aclaremos mejor este concepto. Para subsistir, el ser humano debe hacer uso de los factores de producción que tiene a su disposición. Estos factores son siempre escasos, por lo que debe en todo momento administrarlos en forma racional. La evolución del actuar del hombre en libertad ha creado el sistema de precios, un sistema maravilloso, que permitió -a través de la oferta y la demanda- la organización y coordinación perfecta entre las necesidades siempre crecientes del ser humano y la escasez de los medios a su disposición. El mecanismo de la economía libre funciona sobre la base de un principio muy básico. Si el precio de una mercadería en particular está alto, se debe a que existe mucha demanda de dicha mercadería o la misma es escasa. Si el precio está bajo, ocurre lo contrario. Significa que existe poca demanda para dicho bien, o que la misma es abundante. Este mecanismo es el resultado de la acción humana y asegura que los deseos del consumidor sean satisfechos perfectamente en todo momento.

¿Pero, nos preguntamos: quién está a cargo de la labor de brindar al consumidor estos bienes? Es aquí donde entra a tallar la labor del empresario. Es el empresario quien tiene la tarea de dirigir este proceso. Es el empresario el mandatario de los deseos siempre cambiantes del consumidor. El empresario no determina lo que debe producirse. Es el consumidor quien lo hace. El empresario lo obedece. ¿Cómo lo hace? Lo hace compitiendo por la propiedad de los siempre escasos factores de producción. El empresario se lanza a producir especulando que en el futuro podrá vender sus productos a precios superiores a sus costos. Si lo hace correctamente, obtiene ganancias. Si se equivoca en sus cálculos incurre en pérdidas. La ganancia será el premio que le otorga el consumidor satisfecho. La pérdida es su castigo, y su reemplazo por otros empresarios más eficientes. Mediante el mecanismo de la rentabilidad y la pérdida, del premio y castigo, la sociedad en general gobierna todo el mecanismo productivo y se asegura que los individuos más eficientes estén siempre a cargo del mismo.

Por ello resulta absurdo vilipendiar al empresario acusándolo detener poderes arbitrarios sobre lo que debe o no producirse. Es todo lo contrario. La realidad es que es un esclavo de los caprichos del consumidor. Al pueblo puede hoy gustarle una cosa, mañana otra. Es un tirano implacable. El empresario deberá en todo momento estar atento a estos cambios y anticiparlos lo mejor posible. Por ello, las objeciones de los detractores del sistema son absurdas. El empresario no podrá jamás maltratar impunemente a sus empleados, o pagarles precios inferiores a los del mercado, pues se arriesgará siempre a que otros empresarios más eficientes se los arrebaten. Al buscar ganancias, cumple su rol de satisfacer al público, y hacer más rica a la sociedad en general. Su función como agente social es crucial.

Intervencionismo estatal vs. libertad económica

El culto al estatismo es cada vez mayor en el mundo moderno. La hostilidad que mucha gente siente contra la libertad económica le induce a ver en el Estado la solución a todos los problemas de la sociedad. El auge del marxismo y de las ideologías nacionalistas de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX son, sin duda, grandes responsables del abandono de las ideas libertarias que tanto daño le han causado a la sociedad.

Consecuencias de la intervención estatal

  • Los controles de precios crean escasez.
  • Las barreras arancelarias se traducen en pérdidas de empleo.
  • Cuando el Estado empieza a subvencionar a los ganadores, cortocircuita el proceso de descubrimiento, impidiendo que los mercados testen la actividad comercial.

Los políticos ponen en tela de juicio las decisiones que han tomado millones de personas. Aquellos que hablan de subvencionar a los ganadores, lo hacen sobre algunos ejemplos. Si lo subvencionas todo, alguien consigue el éxito. Pero los que estudian el resultado de estos intentos ven que tras cada éxito hay cien fracasos. También hay que fracasar. Así avanzan los mercados. Esa prueba es la que dice si algo funciona o no. La población que quiere una solución rápida no acaba de entender lo difícil que resulta innovar, crear riqueza. Es como si creyeran que los negocios simplemente saben imprimir dinero. Nunca ven a los que fracasan. Detrás de cada gran innovación hubo cientos de experimentos, prueba y error, adaptación. A través de pequeños progresos se llega a la meta. Muchas personas fracasan. Pero también hay modelos de negocio con capacidades tecnológicas que enriquecen a la humanidad. Lo que lleva a las personas a embarcarse en estos procesos es la posible recompensa. Si consiguen llegar al otro lado, se quedan con el fruto de su labor. Es la clase de incentivo que anima a la gente a cruzar esos campos de minas. La mayoría no llega a esa clase de riqueza, pero lo importante es que algunos sí lo hacen y pueden pensar en nuevos bienes y servicios. Así puede seguir avanzando la humanidad.

El liberalismo y la defensa del libre mercado

Los enemigos de los mercados libres suelen caracterizar el liberalismo como una ideología sometida a los intereses del empresariado, sobre todo del gran empresariado. Al muy conspiranoico modo, tratan de describir el liberalismo como un conjunto de hipótesis ad hoc dirigidas todas ellas a beneficiar a la plutocracia gobernante: impuestos bajos o inexistentes, ausencia de regulaciones laborales, defensa de la propiedad de quienes ya tienen elevados patrimonios, oposición a la mal llamada legislación de defensa de la competencia, etc. Ciertamente, dando una visión muy parcial y sesgada del asunto, la hipótesis podría resultar verosímil, si bien cuando escudriñamos un poco en la realidad podemos comprobar su escaso fundamento. Para empezar, hay que decir que el liberalismo busca descubrir aquellos principios normativos universales y simétricos que permiten que cada individuo o grupo de individuos pueda satisfacer sus fines vitales de manera voluntaria, cooperativa y mutuamente beneficiosa con otros individuos o grupos de individuos. La materialización práctica de esta saludable premisa es que las relaciones humanas han de venir coordinadas sobre la base del respeto a la propiedad privada y a los contratos voluntariamente firmados, sin que ninguna persona tenga derecho a iniciar la violencia contra la propiedad privada ajena y las cargas que convencionalmente ha asumido (incumplimiento contractual). Por consiguiente, ya desde un comienzo no puede decirse que el liberalismo esté al servicio de la clase empresarial, pues los derechos y deberes fundamentales son los mismos para todos los individuos, sean quienes sean y se hallen en la posición en la que se hallen.

Claro que, frente a lo anterior, la respuesta más común suele ser: si un liberal defiende simétricos derechos y deberes para todos es porque sabe que esa igualdad jurídica beneficia a los empresarios frente al resto de la sociedad (por el motivo que sea: por ser los más hábiles, los más listos, los más guapos o los más ricos); el marco aparentemente razonable no deja de ser un subterfugio para consolidar un régimen de explotación empresarial: no puede tratarse de igual modo a quienes son diferentes. Lo que sí interesa es refutar la hipótesis de que todas las propuestas liberales son, en el fondo, una mascarada dialéctica dirigida a que el empresario pueda lucrarse con impunidad. Ya de entrada, semejante paranoia se enfrenta con un problema irresoluble: los intereses de los empresarios y de los capitalistas no son ni mucho menos homogéneos.

Diferencias entre liberalismo y los intereses empresariales

Aunque fueran los del mejor postor, ese empresario no siempre tiene por qué salir ganando con el libre mercado, pero los liberales coherentes siempre defienden el libre mercado, ¿cómo conjugar eso con las variables posiciones de cada empresario dentro del mercado? Y es que, como digo, no es ni mucho menos cierto que todos los empresarios o que todos los capitalistas salgan permanentemente beneficiados de un mercado libre y, por tanto, no todos ellos -ni siquiera una mayoría- defenderán los principios del liberalismo, o no lo harán en todo momento. En realidad, el mercado libre sólo beneficia a aquellos empresarios o capitalistas que sean capaces de invertir adecuadamente su capital para satisfacer, mejor que el resto, las cambiantes necesidades de los consumidores… y sólo mientras sigan siéndolo: se trata, pues, de un entorno bastante incierto, hostil y mutable en el que pocos empresarios se sienten permanentemente confortables. Lo que la gran mayoría de empresarios desearía es que el Estado les garantizara su acotada parcela de actividad, sus beneficios mínimos anuales y otro tipo de canonjías que les permitieran disfrutar de la vida sin quebraderos de cabeza. Si los liberales estuvieran al servicio del empresariado, sus principales reivindicaciones consistirían en exigir al Estado regulaciones y gastos que maximicen el lucro empresarial. Pero es justamente al contrario: reclaman derogar todas esas regulaciones y gastos públicos que tan lucrativos resultan para cierta casta corporativa.

Prebendas rechazadas por los liberales:

  • Precios garantizados, subvenciones o rescates: En un mercado libre, todas las empresas deben estar sujetas a los deseos de los consumidores. Este principio, claro, no es sólo de aplicación a capitalistas y empresarios, sino a todos los agentes económicos.
  • Barreras de entrada al mercado: Los empresarios que se hallan dentro del mercado adoran, por consiguiente, todo tipo de trabas y de barreras de entrada que impidan que empresarios con nuevas ideas los desbanquen. Los liberales, en cambio, se oponen a toda regulación que bloquee esa sana competencia.
  • Aranceles y otras barreras proteccionistas: Muchísimos empresarios adoran el proteccionismo comercial, mientras que los liberales siempre han sido marcadamente librecambistas.
  • Crédito artificialmente barato: Casi todos los empresarios están encantados con las expansiones crediticias derivadas de la privilegiada situación de los bancos. Por el contrario, los liberales rechazan las manipulaciones inflacionistas del crédito e incluso llegan a proponer para evitarlas el abandono de la moneda fiduciaria.
  • Planes de estímulo y obra pública: Muchas empresas están encantadas con tales planes de estímulo por cuanto incrementan sus ingresos. De hecho, tales estímulos no son más que una forma de subvención y, como todas las subvenciones, son rechazados frontalmente por los liberales.

En suma, que los liberales defiendan un marco jurídico donde los mejores empresarios puedan prosperar y enriquecerse no significa que estén a su servicio, pues también es un marco donde los malos empresarios -sin las redes y los privilegios estatales- están condenados a fracasar y arruinarse; y sucede que los empresarios exitosos de hoy pueden ser los fracasados de mañana. Si los liberales defienden ese marco es porque es el marco óptimo para que todos satisfagan sus necesidades: pues los mejores empresarios se enriquecen sólo después de haber generado mucho valor para los consumidores. La realidad, pues, es más bien la opuesta: son los antiliberales intervencionistas quienes recurren a todo tipo de argucias estatistas para socavar la soberanía del consumidor y, consciente o inconscientemente, llenar los bolsillos de los cuatro empresarios afines al régimen.

Los innovadores, los capitalistas, trabajan día y noche para los demás. Lo arriesgan todo, tienen que pagar a sus trabajadores, a sus proveedores, sus préstamos. Y tienen que crear bienes y servicios por los que la población esté dispuesta a pagar. Solo entonces consiguen quedarse con algo. Esos son los beneficios. ¿Cuánto es eso? Nada, alrededor de un 2%. El resto va a los demás. Tenemos nuevos bienes y servicios y mayor poder adquisitivo porque los precios caen a medida que esto pasa. Y el empresario se queda con un 2% si tiene éxito. Esa es la maravilla del libre mercado, que solo puedes enriquecerte enriqueciendo a los demás. Es el primer sistema en el que solo puedes acumular riqueza trayendo riqueza a los demás.

Concepto Impacto en el Libre Mercado Visión Liberal Visión Intervencionista/Empresarial (generalmente)
Precios garantizados Distorsiona la oferta y demanda Rechazo Aceptación (beneficio)
Subvenciones Asigna recursos ineficientemente Rechazo Aceptación (apoyo)
Barreras de entrada Reduce la competencia y la innovación Rechazo Aceptación (protección)
Aranceles/Proteccionismo Limita el comercio y aumenta precios Rechazo (librecambismo) Aceptación (protección nacional)
Crédito artificialmente barato Crea burbujas y asignación errónea de capital Rechazo Aceptación (impulso de ventas/inversión)
Planes de estímulo/Obra pública Puede generar deuda y proyectos ineficientes Rechazo Aceptación (oportunidades de negocio)

tags: #empresarios #y #libre #mercado

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